III
El hombre adquiere fe con dirigirse al Señor, aprender verdades del Verbo y vivir en conformidad con ellas.
262.
Que el hombre adquiere fe con dirigirse al Señor, aprender verdades
del Verbo y vivir en conformidad con ellas se demostrará en este
artículo; pero antes conviene decir en resumen lo que es la fe de la
Nueva Iglesia, á fin de dar una idea general de esta fe, cuya idea
ayudará á comprender fácilmente los detalles, que luego serán
expuestos, y á ver con más claridad lo que se dirá acerca de la
caridad, que será el tema del siguiente capítulo.
263.
La fe de la Nueva Iglesia, que es una fe espiritual, es en resumen
como sigue:
El
"esse"
de la fe de la Nueva Iglesia es:
1.
Confianza en el Señor Dios, el Salvador Jesucristo.
2.
Convicción de que el que vive bien y cree correctamente es
salvado por El.
La
esencia de la fe de la Nueva Iglesia es:
Verdades adquiridas del
Verbo.
La
existencia de la fe de la Nueva Iglesia es:
1.
Vista espiritual.
2.
Concordancia de las verdades.
3.
Convicción.
4.
Reconocimiento integral en la mente.
Los estados de la fe de la
Nueva Iglesia son:
1.
Fe infantil, fe adolescente, fe adulta.
2.
Fe por verdades genuinas y fe por verdades aparentes.
3.
Fe de la memoria, fe de la razón, fe de la luz.
4.
Fe natural, fe espiritual y fe celestial.
5.
Fe viva y fe milagrosa.
6.
Fe libre y fe obligada.
La
forma de la fe, en general y en detalle, se puede ver en el
prefacio.
264.
A fin de poder comparar la fe de la Nueva Iglesia con la fe
meramente natural, la cual es una mera persuasión é imitación de la
fe espiritual se dirá también en resumen lo que es esa fe. Es una
persuasión de falsedades, se llama fe herética y sus denominaciones
son como sigue:
-
Fe espuria que es una mezcla de falsedades y verdades.
-
Fe meretricia que viene de verdades falsificadas, y fe adulterina que viene de bienes adulterados.
-
Fe cerrada ó ciega, que es fe en cosas místicas, en las cuales se cree por más que no se sabe si son verdades ó si son falsedades; si están por encima de la razón ó si son contrarias á la razón.
-
Fe errante, que es fe en más Dioses que Uno.
-
Fe bizca, que es fe en otro Dios que el verdadero, y en el mundo Cristiano en otro que el Señor Dios, el Salvador.
-
Fe hipócrita y farisaica, que es fe de la boca y no del corazón.
-
Fe visionaria y prepóstera, que resulta cuando las falsedades aparecen como verdades á causa de ingeniosa confirmación.
265.
He dicho que la fe, con respecto á su existencia en el hombre, es
vista espiritual, y puesto que la vista espiritual, que es la vista
del entendimiento y por consiguiente la de la mente, corresponde á
la vista natural, que es la vista del ojo, y por consiguiente la del
cuerpo, se puede comparar los diferentes estados de la fe verdadera
con los diferentes estados normales del ojo, y los diferentes
estados de la fe falsa con los diferentes estados pervertidos del
ojo y de su vista. Comparemos las dos vistas, la mental y la
corporal, con respecto á sus estados pervertidos. La fe espuria,
cuya fe es una mezcla de verdades y falsedades, puede compararse con
la enfermedad del ojo y de su vista llamada mancha blanca, que es
una opacidad de la córnea, que debilita la vista. La fe meretricia
que viene de verdades falsificadas, y la fe adulterina, que viene de
bienes adulterados, pueden compararse con la enfermedad del ojo y de
su vista, llamada glaucoma, que es una sequía y endurecimiento del
cristalino† . La fe cerrada ó ciega,
que es fe en cosas místicas, en las cuales se cree, por más que se
ignora, si son verdades, ó falsedades; si exceden la razón ó si son
contrarias á la razón, puede compararse con la enfermedad del ojo,
llamada amaurosis, que es pérdida de la vista, conservando el ojo un
aspecto sano, como si viera, y resulta por la parálisis de la
retina. La fe errante, que es fe en más Dioses que Uno, puede
compararse con la enfermedad del ojo llamada catarata, que es
pérdida de la vista, por opacidad del humor que existe entre la
lente cristalina y su cápsula. La fe bizca, que es fe en otro Dios
que el verdadero, y en el mundo cristiano en otro que el Señor Dios,
el Salvador, puede compararse con el defecto de la vista, que se
llama estrabismo. La fe hipócrita y farisaica, que es fe de la boca
y no del corazón, puede compararse con la atrofia del ojo y la
consiguiente pérdida de la vista. La fe visionaria y prepóstera, que
resulta, cuando la falsedad aparece como verdad á causa de ingeniosa
confirmación, puede compararse con la enfermedad del ojo llamada
nictalopía, que es ver en la obscuridad por una luz fatua.
266.
Con respecto á la formación de la fe, ésta se verifica, como se ha
dicho, con dirigirse al Señor, aprender verdades del Verbo y vivir
en conformidad con ellas. La formación de la fe se verifica en
primer lugar por dirigirse al Señor, porque la verdadera fe, ó sea
la fe que conduce á la salvación, viene del Señor y y está en el
Señor (Juan XV: 4; 5). Que la fe está en el Señor consta por
múltiples pasajes del Verbo, entre otros por los pasajes indicados
más arriba (n.° 257) para la demostración de que se debe creer en el
Hijo, y puesto que la fe está en el Señor y viene del Señor, se
puede decir que el Señor es la Fe misma, porque la vida y la esencia
de ella están en El y proceden de El. En segundo lugar la formación
de la fe se verifica por aprender verdades del Verbo, porque la fe,
en su esencia, es verdades, es decir, un complejo de verdades, que
resplandecen en la mente del hombre, y las verdades enseñan al
hombre, no solamente que debe tener fe, sino también en quién debe
creer y lo que debe creer. Las verdades se deben sacar del Verbo,
porque allí están todas las verdades que conducen á la salvación y
en ellas hay eficacia, porque han sido dadas por el Señor, y se
hallan por lo tanto inscritas en el cielo de los ángeles, por lo
cual el hombre, que aprende verdades del Verbo, entra en
comunicación con los ángeles más de lo que piensa y sabe. La fe en
la cual no hay verdades, es como un grano de trigo sin médula, el
cual, al ser molido, no da harina. Las verdades son la esencia de la
fe, y si no hay en ella verdades, su sonido es como un silbido
agudo; pero si en ella hay verdades, suena como una voz melodiosa,
anunciadora de buenas nuevas. En tercer lugar la formación de la fe
se verifica por vivir conforme las verdades, porque la vida
espiritual es vivir conforme las verdades, y éstas no tienen
realmente vida, hasta que estén ultimadas en obras. Las verdades,
separadas de sus correspondientes obras, no son más que
pensamientos, y si no llegan á entrar en la voluntad, no están en el
interior del hombre, sino tan sólo en la antecámara, porque la
voluntad es el hombre mismo, mientras que el entendimiento no es el
hombre en su cantidad y en su cualidad más que en la medida en que
forme uno con la voluntad. El que aprende verdades y no las realiza
en obras es como uno que echa simiente en un campo sin labrar y sin
luego cubrirla con tierra; la simiente se hincha por la humedad y se
echa á perder; pero el que aprende verdades y las realiza en obras,
es como uno que echa su simiente en tierra bien labrada y que luego
la cubre; la lluvia hace que brote y crezca hasta la mies, para que
sirva de alimento. El Señor dice:
«Si
sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis» (Juan
XIII: 17).
«El
que recibe la simiente en buena tierra, éste es el que oye y atiende
la palabra, quien también lleva fruto y produce» (Mateo XIII: 23).
«Cualquiera que me oye estas palabras y las hace, le compararé á un
hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña: y cualquiera que
me oye estas palabras y no las hace le compararé á un hombre
insensato que edificó su casa sobre la arena» (Mateo VII: 24; 26).
Las
palabras del Señor son, todas ellas, verdades.
267. Por lo aquí expuesto consta, pues, que la formación de la fe se verifica en el hombre mediante tres cosas: primero dirigirse al Señor, segundo aprender verdades del Verbo y tercero vivir en conformidad con ellas. Estas tres cosas, puesto que son distintas, pueden ser separadas; porque el hombre puede dirigirse al Señor, y sin embargo no conocer más que verdades históricas con respecto á Dios y al Señor, y puede también conocer verdades del Verbo, en abundancia, y sin embargo no vivir en conformidad con ellas. En el hombre, en quien se hallan separadas, la fe es como una simiente estéril, la cual, si es echada en la tierra, no brota, sino que es reducida á polvo; pero en el hombre en quien las tres se hallan unidas, la fe es como una simiente fructífera en buena tierra: brota y crece hasta hacerse un árbol, el cual lleva fruto según su género. Cuando las tres se hallan separadas, no hay salvación en la fe, pero hallándose unidas hay en ella salvación y tal como es la conjunción, tal es la fe.
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Nota:
† Actualmente
el término glaucoma se aplica á otra
enfermedad de la vista. |
La siguiente sección [IV. Una abundancia de verdades, coherentes como si fueran ligadas en manojos, exalta y perfecciona á la fe. (N. 268.)...]