IV
Una abundancia de verdades, coherentes como si fueran ligadas en manojos, exalta y perfecciona á la fe.
268.
El concepto que actualmente se tiene de la fe no permite comprender
y reconocer, que la fe en su conjunto es un complejo de verdades,
menos aún que el hombre puede contribuir algo á la formación de la
fe en sí mismo. Mas la esencia de la fe es realmente verdades,
porque la fe es sencillamente verdades resplandecientes en su luz, y
es por consiguiente claro que el hombre puede procurarse fe, puesto
que puede procurarse verdades. ¿Quién no puede dirigirse al Señor,
si quiere? ¿Quién no puede aprender verdades del Verbo, si quiere? Y
toda verdad que está en el Verbo, o que procede del Verbo,
resplandece, y las verdades resplandecientes en su luz constituyen
la fe. El Señor, que es la Luz misma, influye en todo hombre y en el
hombre en quien hay verdades del Verbo, hace resplandecer estas
verdades, convirtiéndolas así en fe. A esto se refieren estas
palabras del Señor en Juan:
«Si
estuviereis en mi y mis palabras estuvieren en vosotros pedid todo
lo que quisiereis y os será dado» (XV: 7).
(1)
Las verdades de la fe pueden ser multiplicadas infinitamente.
La sabiduría de los ángeles del cielo aumenta eternamente y, como
toda sabiduría, su aumento se verifica por multiplicación de sus
verdades. Los ángeles mismos dicen, que la sabiduría no tiene límite
ni fin, y que viene de las verdades Divinas, que son analíticamente
distribuidas en formas por medio de la luz que influye, procedente
del Señor. La verdadera inteligencia humana viene también de esta
fuente. Verdades Divinas pueden ser multiplicadas infinitamente;
porque el Señor es la Divina Verdad misma, ó sea la Verdad en su
infinidad, y eleva hacia Sí á todos, si bien los ángeles y los
hombres, por ser finitos, no pueden seguir la corriente de Su
atracción, más que hasta donde alcancen sus medidas, continuando sin
embargo el esfuerzo de la atracción infinitamente.
(2)
Las verdades son dispuestas y agrupadas en series como si
dijéramos en manojos casi de la misma manera que en forma natural
disponemos y arreglamos una obra literaria en series y secciones,
por ejemplo: La presente obra en su primer capítulo, que trata de
Dios el Creador, se halla arreglada en series y secciones; la
primera sección es acerca de la Unidad de Dios; la segunda acerca
del Esse de Dios, que es Jehová; la tercera acerca de la Infinidad
de Dios; la cuarta acerca de la Esencia de Dios, que es el Divino
Amor y la Divina Sabiduría; la quinta acerca de la Omnipotencia de
Dios y la sexta acerca de la Creación, El arreglo de una sección en
sus artículos hace una serie, y ata por así decir el contenido en
manojos. Así son las series que tanto unidas cuanto por separado
contienen las verdades que según su abundancia y coherencia exaltan
y perfeccionan la fe. El que no sabe, que la mente humana se halla
organizada como el cuerpo natural hasta en su más mínimo detalle, y
que por consiguiente es un organismo espiritual que termina en
organismo natural, en el cual y conforme el cual la mente produce
sus ideas y pensamientos, puede difícilmente dejar de suponer que
percepciones, pensamientos é ideas son meramente radiaciones y
variaciones de la luz, que influye en la cabeza, exhibiéndose en
formas que el hombre percibe y reconoce como raciocinios, mas esto
es una falacia; porque la cabeza está llena de materia cerebral
organizada y en ella reside la mente en sus principios, y las ideas
de ésta se fijan en esa materia organizada y permanecen allí tales
cuales han sido recibidas y confirmadas. ¿Cuál es la naturaleza de
este organismo? Es la clasificación y el arreglo de todas las cosas
en series, ó por decirlo así en manojos, y las verdades, que
pertenecen á la fe, se hallan dispuestas y arregladas en la mente
humana de esta misma manera.
(3)
La fe es perfecta según la abundancia y coherencia de las verdades.
Esto es evidente por lo que acabamos de exponer respecto de la
disposición y arreglo de las verdades en series, y observadores que
reúnen multitud de raciocinios y observan el efecto producido por
series multiplicadas, cuando adhieren como uno, reconocen este
hecho; porque en las series una cosa corrobora y confirma otra,
reuniéndose todas en conjunto en una sola forma, la cual, puesta en
actividad, hace que juntas produzcan un mismo efecto, y siendo esto
así con respecto á las verdades, es igualmente así con respecto á la
fe, puesto que la fe en su esencia es verdades. Conforme la
abundancia y coherencia de las verdades, la fe se vuelve más y más
espiritual; por consiguiente menos y menos sensual/natural; porque
es elevada á la región superior de la mente, desde donde ve, por
debajo de sí en la naturaleza del mundo, multitud de confirmaciones
de sí misma. Por la abundancia de verdades, coherentes y por así
decir atadas en manojos, la fe se vuelve también más lucida, más
perceptible, más clara y evidente; adquiere asimismo mayor facultad
de combinarse con los bienes de la caridad, y es más fácilmente
aliviada de los males; se aparta sucesivamente con mayor firmeza de
las seducciones de la vista y de los apetitos de la carne, y es por
consiguiente más feliz. Particularmente adquiere mayor poder contra
los males y las falsedades y se vuelve más y más viva, acreciendo
así su eficacia salvadora.
(4)
Las verdades de la fe, por numerosas que sean, y por diversas que
parezcan, forman sin embargo uno por el Señor, que es el Verbo, el
Dios del Cielo y de la tierra, el Dios ole toda carne, el Dios de la
Iglesia, el Dios de la fe, la Luz misma, la Verdad y la Vida eterna.
Las verdades de la fe son varias y parecen distintas y diversas. Por
ejemplo: Algunas se refieren á Dios Creador, otras al Señor el
Redentor, otras al Espíritu Santo, otras á la fe y á la caridad,
otras á la libre voluntad, al arrepentimiento, á la reformación, á
la regeneración, á la imputación y así en adelante. No obstante esto
forman uno en el Señor, y en el hombre por el Señor, como otros
tantos pámpanos en una vid (Juan XV: 1 y siguientes); porque el
Señor junta las verdades, distribuidas y separadas, y las reúne en
una misma forma, donde presentan un mismo aspecto común y ejecutan
juntas un acto común, de la misma manera que los miembros, vísceras
y órganos en el cuerpo humano obran en conjunto. Estos son también
varios, y á la vista de los hombres diversos, y sin embargo el
hombre, que es la forma común de ellos, las percibe y ve como una
sola cosa, y cuando obra, obra por virtud de ellos como por una sola
cosa. Esto es también el caso con el Cielo, el cual, por más que se
distingue en innumerables sociedades, es sin embargo, ante la vista
del Señor como un solo hombre, según se ha explicado antes. Que el
Cielo con sus innumerables sociedades forma uno, es por virtud del
Señor, quien con Su Divino Bien y Su Divina Verdad influye en él,
uniendo á los ángeles consigo, y uniéndolos entre sí hasta formar
uno; y por virtud del Señor sucede lo mismo con las verdades de la
fe que forman la Iglesia; porque el Señor es el Verbo, del cual
vienen todas las verdades de la fe, el Dios del cielo y de la
tierra, el Dios de toda carne, el Dios de la Iglesia, el Dios de la
fe, la Luz misma, la Verdad y la Vida eterna.
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[V.
Fe sin caridad no es fe y candad sin fe no es caridad, y ni ésta ni aquélla tiene vida, sino por el Señor. (N. 269-273.)...]