Banner

Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

¿Tienes tú preguntas, comentarios o criticas? Escríbenos en esta dirección, info@swedenborg.es

VII

El Señor es caridad y fe en el hombre y el hombre es caridad y fe en el Señor

278.     El hombre, en el cual hay iglesia, está en el Señor y el Señor en él; esto consta por muchos pasajes del Verbo, entre otros, por los siguientes:

«Estad en Mi y Yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de si, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no estuviereis en Mí. El que está en Mi y Yo en él, éste lleva mucho fruto» (Juan XV: 4; 5).

«El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre en Mí permanece y Yo en él» (VI: 56).

«En aquel día conoceréis que Yo estoy en Mi Padre y vosotros en Mi y Yo en vosotros» (XIV: 20).

«Cualquiera que confesare, que Jesús es el Hijo de Dios, Dios está en él y él en Dios» (I Juan IV: 15).

El hombre mismo no puede sin embargo estar en el Señor, pero lo pueden la caridad y la fe, que del Señor están en el hombre y esto es equivalente; porque es por la caridad y la fe que el hombre esencialmente es hombre. Resulta, pues, que el hombre es caridad y fe en el Señor, que es la Verdad misma y la Fe misma y que influye en el hombre; pero para mayor claridad se explicará como sigue:

  1. Es por la conjunción con Dios que el hombre tiene salvación y vida eterna.

  2. Conjunción con Dios Padre no es posible, sino con el Señor, y mediante El con el Padre.

  3. La conjunción con el Señor es recíproca; es decir que el Señor está en el hombre y el hombre está en el Señor.

  4. Esta conjunción reciproca se verifica por medio de la caridad y de la fe.

279.    (1) Es por la conjunción con el Señor que el hombre tiene salvación y vida eterna. El hombre fue creado receptáculo de la Vida Divina, que es el Divino Amor y la Divina Sabiduría, y por consiguiente de manera á poder tener conjunción con el Señor y por esta conjunción gozar de bienaventuranza. Fue creado habitante del cielo y al mismo tiempo habitante del mundo, y tanto como lo es del cielo tanto es espiritual, pero tanto como lo es del mundo tanto es natural. El hombre espiritual puede pensar en Dios y percibir cosas referentes á Dios, puede asimismo amar á Dios y sentirse inclinado á las cosas que son de Dios; en una palabra: puede tener conjunción con Dios, porque puede tener amor, ó caridad, y fe, ¿y qué es el amor, ó sea la caridad, y la fe, sino conjunción con el Señor? La fe es conjunción con el Señor por medio de las verdades, que se hallan en el entendimiento y por ello en el pensamiento, y el amor ó la caridad es conjunción con el Señor por medio de los bienes, que son de la voluntad y por ello de las inclinaciones. Que el hombre tiene facultad y medios para adquirir amor, ó sea caridad, y fe, y por consiguiente conjunción con el Señor, ha sido demostrado antes (N. 269272). No solamente puede pensar en Dios y adquirir verdades de Dios por medio del Verbo, sino que puede también amar á Dios, como lo demuestran los dos grandes mandamientos dados por Dios Mismo:

«Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazón y de toda tu alma; este el primero y grande mandamiento; el segundo es parecido: Amarás á tu prójimo como á ti mismo» (Mateo XXII: 37; 39).

Que el hombre puede cumplir los mandamientos del Señor, y que cumplirlos es amar á El y ser amado por El, consta por las siguientes palabras de Jesús:

«El que tiene mis mandamientos y los guarda, aquel es el que me ama, y el que me ama será amado de mi Padre y Yo le amaré y me manifestaré á él» (Juan XIV: 21).

El Señor es la Vida eterna y la Bienaventuranza misma y el hombre no puede recibir vida y bienaventuranza del Señor, sino por medio del amor, de la caridad y de la fe, que determinan la conjunción con El. La conjunción del Señor con el hombre es una conjunción espiritual en lo natural y la conjunción del hombre con el Señor es una conjunción natural, procedente de la conjunción espiritual. Al efecto de esta mutua unión, ó conjunción fue creado el hombre habitante del cielo y también habitante del mundo y como habitante del cielo es espiritual, mas como habitante del mundo es natural; por lo tanto, si el hombre es espiritual/racional y al mismo tiempo espiritual/moral, tiene conjunción con el Señor, pero si el hombre es meramente natural/racional y natural/moral la conjunción no es recíproca; existe en él por cierto conjunción del Señor con el hombre, pero no conjunción del hombre con el Señor, y por esta causa tiene muerte espiritual, es decir, vida natural sin vida espiritual; porque en este hombre lo espiritual, en lo cual está la Vida de Dios, se halla extinto.

280.    (2) Conjunción con Dios Padre no es posible, sino con el Señor y mediante El con el Padre.  Así enseña la Escritura y la razón lo aprueba. La Escritura dice, que Dios Padre nunca ha sido visto, ni se ha oído su voz, ni puede ser visto ni oído, y por lo tanto es claro, que no puede operar directamente en el hombre tal como es en su Esse y en su Esencia. Que Dios Padre no ha sido visto ni oído, y que nadie le conoce, sino el Hijo y aquel á quien el Hijo le revela, puede verse en Juan VI: 46; Mateo XI: 27; Juan V: 37; y esto es así, porque el Padre está en los principios mismos de todas las cosas, y por consiguiente eminentemente por encima toda la esfera de la mente humana. Está en los principios mismos de cuanto pertenece al Amor y de cuanto pertenece á la Sabiduría, y no es posible para el hombre tener conjunción directa con estos principios; porque si el Padre se aproximara al "hombre, ó si el hombre se aproximara á El, sin un mediador que modificara y adaptara Su Influencia á la naturaleza del hombre, sería éste consumido como una imagen, que cayere en el fuego del sol. Por eso dijo á Moisés, que nadie puede ver á Dios y vivir (Éxodo XXXIII: 20). Pero con Su Divina Humanidad, que es el Hijo, puede haber conjunción y mediante ella con el Padre, porque en los pasajes del Verbo, arriba indicados (Juan VI: 46; Mateo XI: 27 Juan V: 37) leemos, que el Hijo Unigénito, que está en él seno del Padre, le ha revelado y ha declarado al entendimiento humano las cosas  que son del Padre y que proceden del Padre. Además consta por estos otros pasajes del Verbo:

«En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre y vosotros en Mi y Yo en vosotros» (Juan XIV: 20). «Y la gloria que me diste les he dado, para que sean una cosa como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos y Tu en Mi» (XVII: 22; 23; 26). «Jesús dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre sino por Mí». Felipe deseaba ver al Padre y Jesús le respondió: «El que me ve á Mí ve al Padre; el que me conoce á Mí conoce al Padre también» (XIV: 6; 7).

Esto es así porque el Señor, nuestro Salvador, es Jehová, el Padre Mismo, en Forma Humana, siendo así que Jehová Mismo descendió y adoptó Naturaleza Humana, con el fin de poder así acercarse al hombre y permitir al hombre el acercarse á Él; pudiendo así verificarse la conjunción, por la cual el nombre puede recibir salvación y vida eterna. Mas antes de que pueda haber conjunción es preciso que haya acomodación y aplicación; debe haber acomodación antes de que pueda haber aplicación, y debe haber acomodación y aplicación antes de que pueda haber conjunción; son pues tres que se siguen por su orden. La acomodación por parte de Dios fue, que se dejó nacer hombre. La aplicación por parte de Dios es continua y perpetua, tanto como el hombre á su vez se aplica á El, y si esto hace, se verifica sin falta la conjunción.

281. (3) La Conjunción con el Señor es recíproca; es decir el Señor está en el hombre y el hombre está en él Señor. Esto enseña la Escritura claramente, y la razón lo aprueba también. Que la conjunción del Señor con el Padre es recíproca enseña El Mismo en Juan XIV: 10; 11; X: 38; XVII: 1; 10; y lo mismo enseña con respecto á Su conjunción con el hombre, como consta por los siguientes pasajes:

«Estad en Mi y Yo en vosotros; el que está en Mi y Yo en él, éste lleva mucho fruto» (Juan XV: 4; 5).

«El que come Mi Carne y bebe Mí Sangre en Mi permanece y Yo en él» (Juan VI: 56).

«En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre y vosotros en Mi y Yo en vosotros» (Juan XIV: 20).

«El que guarda los mandamientos de Cristo está en El y El en él» (I Juan III: 24; IV: 13).

«Cualquiera que confesare que Jesús es el Hijo de Dios; Dios está en él y él en Dios» (IV: 15).

«Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta entraré á él y cenaré con él y él conmigo» (Apocalipsis III: 20).

Puesto que la conjunción es recíproca, sigue que el hombre necesariamente debe unirse con el Señor, para que el Señor pueda unirse con el hombre, y que de otra manera no resulta conjunción, sino al contrario retirada y separación, aunque no por parte del Señor, sino por parte del hombre. A fin de que pueda haber unión recíproca es dado al hombre libertad de conducir su vida según desea; puede elegir el camino del cielo y puede asimismo libremente seguir el camino del infierno. Es por esta libertad completa que el hombre tiene la facultad de reciprocar y así de unirse con el Señor ó con el Diablo. Pero esta libertad, su naturaleza y el objeto con el cual fue dada al hombre, se explicará en los capítulos, que tratarán de la Ubre voluntad, de la reformación y regeneración y de la imputación.

282. (4) La conjunción reciproca entre el Señor y el hombre se verifica por medio de la caridad y de la fe. La Iglesia actual sabe y reconoce que la Iglesia constituye el Cuerpo de Cristo y que cada uno, en quien hay iglesia, forma parte de un miembro de este Cuerpo, según dice Pablo (Efesios I: 23; I Cor. XII: 27; Rom. XII: 45). Pero, ¿qué es el Cuerpo de Cristo, sino el Divino Bien y la Divina Verdad? Por eso dice el Señor en Juan:

«El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en Mí y Yo en él» (VI: 56).

La Carne del Señor, así como el pan, significa el Divino Bien, y Su Sangre, así como el vino, significa la Divina Verdad. Esto será explicado más detenidamente en el capítulo que tratará de la Santa Cena. Por esto es claro, que tanto como el hombre se halla en los bienes de la caridad y en las verdades de la fe, está en el Señor y el Señor en él; porque la conjunción con el Señor es una conjunción espiritual, y la conjunción espiritual se verifica por medio de la caridad y de la fe. Que en todo detalle del Verbo así como en su conjunto hay conjunción entre el Señor y la Iglesia y por consiguiente entre el bien y la verdad se ha demostrado en un capítulo anterior, que trata de la Sagrada Escritura (N. 187192), y puesto que la caridad es el bien y la fe es la verdad, existe pues en el Verbo conjunción entre la caridad y la fe. De aquí sigue que el Señor es caridad y fe en el hombre y que el hombre es caridad y fe en el Señor, es decir que el Señor es caridad y fe espiritual en la caridad y la fe natural del hombre, y el hombre es caridad y fe natural por virtud de la caridad y la fe espiritual del Señor, y los dos en conjunción forman la caridad y la fe espiritual/natural.

La siguiente sección [VIII. La caridad y la fe están juntas en las buenas obras. (N. 283-286.)...]