VII
El Señor es caridad y fe en el hombre y el hombre es caridad y fe en el Señor
278.
El hombre, en el cual hay iglesia, está en el Señor y el
Señor en él; esto consta por muchos pasajes del Verbo, entre otros,
por los siguientes:
«Estad en Mi y Yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto
de si, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no estuviereis
en Mí. El que está en Mi y Yo en él, éste lleva mucho fruto» (Juan
XV: 4; 5).
«El
que come Mi Carne y bebe Mi Sangre en Mí permanece y Yo en él» (VI:
56).
«En
aquel día conoceréis que Yo estoy en Mi Padre y vosotros en Mi y Yo
en vosotros» (XIV: 20).
«Cualquiera que confesare, que Jesús es el Hijo de Dios, Dios está
en él y él en Dios» (I Juan IV: 15).
El
hombre mismo no puede sin embargo estar en el Señor, pero lo pueden
la caridad y la fe, que del Señor están en el hombre y esto es
equivalente; porque es por la caridad y la fe que el hombre
esencialmente es hombre. Resulta, pues, que el hombre es caridad y
fe en el Señor, que es la Verdad misma y la Fe misma y que influye
en el hombre; pero para mayor claridad se explicará como sigue:
-
Es por la conjunción con Dios que el hombre tiene salvación y vida eterna.
-
Conjunción con Dios Padre no es posible, sino con el Señor, y mediante El con el Padre.
-
La conjunción con el Señor es recíproca; es decir que el Señor está en el hombre y el hombre está en el Señor.
-
Esta conjunción reciproca se verifica por medio de la caridad y de la fe.
279.
(1) Es por la conjunción con el Señor que el hombre tiene
salvación y vida eterna. El hombre fue creado receptáculo de la Vida
Divina, que es el Divino Amor y la Divina Sabiduría, y por
consiguiente de manera á poder tener conjunción con el Señor y por
esta conjunción gozar de bienaventuranza. Fue creado habitante del
cielo y al mismo tiempo habitante del mundo, y tanto como lo es del
cielo tanto es espiritual, pero tanto como lo es del mundo tanto es
natural. El hombre espiritual puede pensar en Dios y percibir cosas
referentes á Dios, puede asimismo amar á Dios y sentirse inclinado á
las cosas que son de Dios; en una palabra: puede tener conjunción
con Dios, porque puede tener amor, ó caridad, y fe, ¿y qué es el
amor, ó sea la caridad, y la fe, sino conjunción con el Señor? La fe
es conjunción con el Señor por medio de las verdades, que se hallan
en el entendimiento y por ello en el pensamiento, y el amor ó la
caridad es conjunción con el Señor por medio de los bienes, que son
de la voluntad y por ello de las inclinaciones. Que el hombre tiene
facultad y medios para adquirir amor, ó sea caridad, y fe, y por
consiguiente conjunción con el Señor, ha sido demostrado antes (N.
269272). No solamente puede pensar en Dios y adquirir verdades de
Dios por medio del Verbo, sino que puede también amar á Dios, como
lo demuestran los dos grandes mandamientos dados por Dios Mismo:
«Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazón y de toda tu alma;
este el primero y grande mandamiento; el segundo es parecido: Amarás
á tu prójimo como á ti mismo» (Mateo XXII: 37; 39).
Que
el hombre puede cumplir los mandamientos del Señor, y que cumplirlos
es amar á El y ser amado por El, consta por las siguientes palabras
de Jesús:
«El
que tiene mis mandamientos y los guarda, aquel es el que me ama, y
el que me ama será amado de mi Padre y Yo le amaré y me manifestaré
á él» (Juan XIV: 21).
El
Señor es la Vida eterna y la Bienaventuranza misma y el hombre no
puede recibir vida y bienaventuranza del Señor, sino por medio del
amor, de la caridad y de la fe, que determinan la conjunción con El.
La conjunción del Señor con el hombre es una conjunción espiritual
en lo natural y la conjunción del hombre con el Señor es una
conjunción natural, procedente de la conjunción espiritual. Al
efecto de esta mutua unión, ó conjunción fue creado el hombre
habitante del cielo y también habitante del mundo y como habitante
del cielo es espiritual, mas como habitante del mundo es natural;
por lo tanto, si el hombre es espiritual/racional y al mismo tiempo
espiritual/moral, tiene conjunción con el Señor, pero si el hombre
es meramente natural/racional y natural/moral la conjunción no es
recíproca; existe en él por cierto conjunción del Señor con el
hombre, pero no conjunción del hombre con el Señor, y por esta causa
tiene muerte espiritual, es decir, vida natural sin vida espiritual;
porque en este hombre lo espiritual, en lo cual está la Vida de
Dios, se halla extinto.
280.
(2) Conjunción con Dios Padre no es posible, sino con el
Señor y mediante El con el Padre.
Así enseña la Escritura y la razón lo aprueba. La Escritura
dice, que Dios Padre nunca ha sido visto, ni se ha oído su voz, ni
puede ser visto ni oído, y por lo tanto es claro, que no puede
operar directamente en el hombre tal como es en su Esse y en su
Esencia. Que Dios Padre no ha sido visto ni oído, y que nadie le
conoce, sino el Hijo y aquel á quien el Hijo le revela, puede verse
en Juan VI: 46; Mateo XI: 27; Juan V: 37; y esto es así, porque el
Padre está en los principios mismos de todas las cosas, y por
consiguiente eminentemente por encima toda la esfera de la mente
humana. Está en los principios mismos de cuanto pertenece al Amor y
de cuanto pertenece á la Sabiduría, y no es posible para el hombre
tener conjunción directa con estos principios; porque si el Padre se
aproximara al "hombre, ó si el hombre se aproximara á El, sin un
mediador que modificara y adaptara Su Influencia á la naturaleza del
hombre, sería éste consumido como una imagen, que cayere en el fuego
del sol. Por eso dijo á Moisés, que nadie puede ver á Dios y vivir
(Éxodo XXXIII: 20). Pero con Su Divina Humanidad, que es el Hijo,
puede haber conjunción y mediante ella con el Padre, porque en los
pasajes del Verbo, arriba indicados (Juan VI: 46; Mateo XI: 27 Juan
V: 37) leemos, que el Hijo Unigénito, que está en él seno del Padre,
le ha revelado y ha declarado al entendimiento humano las cosas
que son del Padre y que proceden del Padre. Además consta por
estos otros pasajes del Verbo:
«En
aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre y vosotros en
Mi y Yo en vosotros» (Juan XIV: 20). «Y la gloria que me diste les
he dado, para que sean una cosa como también nosotros somos una
cosa. Yo en ellos y Tu en Mi» (XVII: 22; 23; 26). «Jesús dijo: Yo
soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre sino por
Mí». Felipe deseaba ver al Padre y Jesús le respondió: «El que me ve
á Mí ve al Padre; el que me conoce á Mí conoce al Padre también»
(XIV: 6; 7).
Esto
es así porque el Señor, nuestro Salvador, es Jehová, el Padre Mismo,
en Forma Humana, siendo así que Jehová Mismo descendió y adoptó
Naturaleza Humana, con el fin de poder así acercarse al hombre y
permitir al hombre el acercarse á Él; pudiendo así verificarse la
conjunción, por la cual el nombre puede recibir salvación y vida
eterna. Mas antes de que pueda haber conjunción es preciso que haya
acomodación y aplicación; debe haber acomodación antes de que pueda
haber aplicación, y debe haber acomodación y aplicación antes de que
pueda haber conjunción; son pues tres que se siguen por su orden. La
acomodación por parte de Dios fue, que se dejó nacer hombre. La
aplicación por parte de Dios es continua y perpetua, tanto como el
hombre á su vez se aplica á El, y si esto hace, se verifica sin
falta la conjunción.
281.
(3) La Conjunción con el Señor es recíproca; es decir el Señor está
en el hombre y el hombre está en él Señor. Esto enseña la Escritura
claramente, y la razón lo aprueba también. Que la conjunción del
Señor con el Padre es recíproca enseña El Mismo en Juan XIV: 10; 11;
X: 38; XVII: 1; 10; y lo mismo enseña con respecto á Su conjunción
con el hombre, como consta por los siguientes pasajes:
«Estad en Mi y Yo en vosotros; el que está en Mi y Yo en él, éste
lleva mucho fruto» (Juan XV: 4; 5).
«El
que come Mi Carne y bebe Mí Sangre en Mi permanece y Yo en él» (Juan
VI: 56).
«En
aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre y vosotros en
Mi y Yo en vosotros» (Juan XIV: 20).
«El
que guarda los mandamientos de Cristo está en El y El en él» (I Juan
III: 24; IV: 13).
«Cualquiera que confesare que Jesús es el Hijo de Dios; Dios está en
él y él en Dios» (IV: 15).
«Si
alguno oyere mi voz y abriere la puerta entraré á él y cenaré con él
y él conmigo» (Apocalipsis III: 20).
Puesto que la conjunción es recíproca, sigue que el hombre
necesariamente debe unirse con el Señor, para que el Señor pueda
unirse con el hombre, y que de otra manera no resulta conjunción,
sino al contrario retirada y separación, aunque no por parte del
Señor, sino por parte del hombre. A fin de que pueda haber unión
recíproca es dado al hombre libertad de conducir su vida según
desea; puede elegir el camino del cielo y puede asimismo libremente
seguir el camino del infierno. Es por esta libertad completa que el
hombre tiene la facultad de reciprocar y así de unirse con el Señor
ó con el Diablo. Pero esta libertad, su naturaleza y el objeto con
el cual fue dada al hombre, se explicará en los capítulos, que
tratarán de la Ubre voluntad, de la reformación y regeneración y de
la imputación.
282.
(4) La conjunción reciproca entre el Señor y el hombre se verifica
por medio de la caridad y de la fe. La Iglesia actual sabe y
reconoce que la Iglesia constituye el Cuerpo de Cristo y que cada
uno, en quien hay iglesia, forma parte de un miembro de este Cuerpo,
según dice Pablo (Efesios I: 23; I Cor. XII: 27; Rom. XII: 45).
Pero, ¿qué es el Cuerpo de Cristo, sino el Divino Bien y la Divina
Verdad? Por eso dice el Señor en Juan:
«El
que come Mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en Mí y Yo en él» (VI:
56).
La Carne del Señor, así como el pan, significa el Divino Bien, y Su
Sangre, así como el vino, significa la Divina Verdad. Esto será
explicado más detenidamente en el capítulo que tratará de la Santa
Cena. Por esto es claro, que tanto como el hombre se halla en los
bienes de la caridad y en las verdades de la fe, está en el Señor y
el Señor en él; porque la conjunción con el Señor es una conjunción
espiritual, y la conjunción espiritual se verifica por medio de la
caridad y de la fe. Que en todo detalle del Verbo así como en su
conjunto hay conjunción entre el Señor y la Iglesia y por
consiguiente entre el bien y la verdad se ha demostrado en un
capítulo anterior, que trata de la Sagrada Escritura (N. 187192), y
puesto que la caridad es el bien y la fe es la verdad, existe pues
en el Verbo conjunción entre la caridad y la fe. De aquí sigue que
el Señor es caridad y fe en el hombre y que el hombre es caridad y
fe en el Señor, es decir que el Señor es caridad y fe espiritual en
la caridad y la fe natural del hombre, y el hombre es caridad y fe
natural por virtud de la caridad y la fe espiritual del Señor, y los
dos en conjunción forman la caridad y la fe espiritual/natural.
La
siguiente sección
[VIII.
La caridad
y la fe están juntas en las buenas obras.
(N. 283-286.)