VIII
La caridad y la fe están juntas en las buenas obras.
283.
En todo acto que el hombre realiza se halla éste exactamente tal
cual es en su interior, ó sea en su mente y por consiguiente tal
cual es en su esencia. Por la mente del hombre entendemos las
inclinaciones de su amor y los pensamientos que de ellas proceden;
éstos y aquéllas forman su carácter y en general su vida, y los
actos del hombre, bajo este punto de vista, son imágenes de él, ó un
espejo, en el cual puede ver su propia imagen. Es con esto como con
la manifestación de la vida en los animales domésticos y en las
fieras; el animal es animal y la fiera es fiera en todos sus actos;
el lobo es lobo; el tigre, tigre; la zorra, zorra; el león, león; la
oveja, oveja; el cabrito, cabrito en todos sus actos. Lo mismo
sucede respecto al hombre, pero éste es tal cual es su hombre
interior. Si en su interior es como un lobo, ó como una zorra,
entonces toda su obra es interiormente de la cualidad y carácter del
lobo ó de la zorra, más lo contrario si en su interior es como una
oveja ó un cordero. En su hombre exterior no se puede ver que el
hombre es así en todas sus obras; porque éste puede obrar
discretamente y en desacuerdo con el interior, aparentando
cualidades y virtudes que no posee en su esencia; mas su verdadero
carácter y su cualidad esencial se hallan ocultos por debajo. El
Señor dice:
«El
hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca el bien y el malo
del mal tesoro de su corazón saca el mal» (Lucas VI: 45).
«Cada árbol por su fruto es conocido; que no cogen higos de los
espinos, ni vendimian uvas de las zarzas» (VI: 44),
Que
el hombre en todos sus actos y obras es tal como es en su interior,
se ve claramente después de la muerte en el mundo espiritual; porque
entonces vive cada uno como hombre interior y no como hombre
exterior. Cuando el Señor, la caridad y la fe están juntos en el
hombre interior, se halla en él el bien, y toda obra que entonces
procede del hombre, es obra buena, en la cual están juntas la
caridad y la fe. Esto será demostrado como sigue:
-
La caridad es desear el bien á otros y querer obrarlo, y las buenas obras son obrar el bien por inclinación.
-
La caridad y la fe no son más que fantasmas, si no tienen por objeto obras útiles y provechosas y si no coexisten en ellas cuando es posible.
-
La caridad por sí sola no puede producir buenas obras; aún menos lo puede la fe sola, mas la caridad y la fe juntas las producen.
284.
(1) La caridad es desear el bien á otros y querer obrarlo. La
caridad y sus obras se distinguen entre si como la voluntad y su
actividad y como la inclinación de la mente y la operación del
cuerpo, por consiguiente como el hombre interior y el hombre
exterior, y la relación entre ellas son como entre la causa y el
efecto, siendo así que la causa dé todo acto del hombre se halla en
el hombre interior, y los efectos son producidos por ella en él
hombre exterior. La caridad que pertenece al hombre interior, es
pues querer obrar el bien y desear el bien al prójimo, mientras que
las buenas obras, que son cosa del nombre exterior, son obrar el
bien por inclinación y deseo. Hay sin embargo infinita variación
entre la buena voluntad de unos y otros. Todo cuanto uno hace en
beneficio de otro parece proceder de voluntad buena, ó benevolencia,
mas puede sin embargo no proceder de la caridad; y no se puede saber
si procede ó si no procede de ella; menos aún se puede saber si
procede de la caridad genuina ó si procede de una caridad espuria.
La infinita variación entre la buena voluntad de unos y otros lleva
su origen del fin mismo, es decir de la intención ó del propósito,
porque éstos se hallan ocultos en el interior de la voluntad del que
quiere hacer obras de beneficencia y ellos determinan la cualidad de
la voluntad en cada uno, mas la voluntad recurre á su vez al
entendimiento para encontrar los medios y modos de realizar su
propósito y llegar á sus fines que son los efectos. En el
entendimiento busca luz, á fin de conocer, no solamente los medios,
sino también la oportunidad y la forma, cuándo y cómo debe obrar y
producir sus efectos, que son las obras, y simultáneamente se
convierte en fuerza activa en el entendimiento. Resulta, pues, que
las obras son esencialmente cosa de la voluntad, formalmente cosa
del entendimiento y actualmente cosa del cuerpo. Así desciende la
caridad, exteriorizándose en las buenas obras.
285.
(2) La caridad y la fe no son más que fantasmas, ó mentales, si no
tienen por objeto obras y si no coexisten en Mas cuando., es
posible. La caridad y la fe, si no se proponen obras y sí no
coexisten en obras, cuando es posible, no son caridad ni fe, sino
sólo una cosa efímera en la mente y como una cabeza separada del
cuerpo. En la cabeza está la mente, que desea y piensa, y en el
cuerpo está la fuerza que ejecuta; con sólo desear y pensar, sin
obrar, el resultado es negativo. La caridad y la fe que sólo desean
y piensan, y no obran cuando pueden, no pueden subsistir; perecen
como perece la cabeza, separada del cuerpo. Son como aves en el aire
sin lugar donde reposarse; caen finalmente por el cansancio y se
ahogan en el mar. No hay cosa alguna en la mente, que no tenga su
correspondiente forma natural, y esta forma puede llamarse su
corporificación. La caridad y la fe, mientras sólo están en la
mente, no se hallan corporificadas en el hombre, sino que son como
ese ser imaginario, que se llama fantasma; carecen de cuerpo y de
existencia real, porque sólo en las obras, ó en el esfuerzo de
realizarlas, pueden realmente existir, y puesto que son fantasmas,
teniendo sin embargo la facultad de pensar, resulta que las personas
sujetas á ellas, se encuentran en constante agitación por sus
fantasías y raciocinios sofísticos. Son como lagunas, llenas de
cañas agitadas por el viento, cuyo fondo es lleno de cieno, y en su
superficie ranas ruidosas. Así son los que conocen varias verdades
del Verbo respecto de la caridad y de la fe y sin embargo no las
ponen por obra. El Señor dice:
«Cualquiera que oye mis palabras y las hace le compararé á un hombre
prudente, que edificó su casa sobre la peña, y cualquiera que oye
mis palabras y no las hace le compararé á un hombre insensato, que
edificó su casa sobre la arena» (Mateo VI: 24; 26).
Muchos otros pasajes del Verbo enseñan también claramente que la
caridad y la fe no tienen valor alguno, si sólo están en la mente,
sin hallarse realizadas y corporificadas en obras; entre otros,
Mateo VII: 19; 20; 21; XIII: 23; 43; Lucas VIII: 21; Juan IX: 31;
XIX: 21; 23; XV: 8; 16; Rom. II: 13; XXII: 12; Ósea IV: 9; Zacarías
I: 6.
286.
(3) La caridad por sí sola no puede producir buenas obras; aun menos
lo puede la fe sola, mas la caridad y la fe juntas las producen.
Caridad sin fe no es caridad, y fe sin caridad no es fe, según queda
demostrado en un precedente artículo (N. 269272). No existe pues
caridad solitaria ni fe solitaria y es por consiguiente evidente,
que la caridad por sí sola no puede producir buenas obras, ni lo
puede la fe sola. El caso es el mismo que con la voluntad y el
entendimiento: no existe voluntad solitaria y por esto nada puede
producir, ni existe entendimiento solitario, y por lo tanto es
también improductivo; toda producción se verifica por ambos juntos,
es decir por el entendimiento por virtud de la voluntad. La
comparación es correspondencia, porque la voluntad es la morada de
la caridad y el entendimiento es la morada de la fe. Dije: aun menos
puede la fe sola producir buenas obras, y así es porque la fe es
verdades, y su oficio es producir verdades para la iluminación de la
caridad y sus gestiones, por lo cual las obras son efectuadas al
impulso de la caridad y por medio de las verdades, ó sea por medio
de la fe. Cuando el hombre hace buenas obras conforme la verdad, las
hace por consiguiente en la luz, es decir, con inteligencia y
sabiduría. El Señor dice:
«El
que obra verdad viene a la luz para que sus obras sean manifestadas,
puesto que son hechas en Dios» (Juan III: 21).
La conjunción entre la caridad y la fe es como la conjunción entre marido y mujer: la prole natural nace del marido como padre y de la mujer como madre; de igual manera la prole espiritual (que son conocimientos del bien y de la verdad) nace de la caridad como padre y de la fe como madre, y así se engendran familias espirituales. En el Verbo marido ó padre significa en el sentido espiritual el bien de la caridad, y mujer ó madre significa la verdad de la fe. Por esto es manifiesto, que ni la caridad sola, ni la fe sola, puede producir buenas obras, más que el marido solo, ó la esposa sola, puede producir prole. Las verdades de la fe no sólo iluminan la caridad, sino que también la califican y la nutren, por lo cual el nombre que tiene caridad, mas carece de las verdades de la fe, es como uno que anda en un jardín de noche, cogiendo y comiendo fruta de los árboles, sin saber si la fruta es buena ó si es venenosa; es también como uno que no tiene por alimento para sostener la vida más que pan duro y agua sucia de algún estanque insalubre.
La
siguiente sección
[IX.
Hay
una fe verdadera, una fe espuria v una fe hipócrita. (N. 287-290.)