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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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No hay fe en los malos.

291.     Todos los que niegan que el mundo fue creado por Dios y que por consiguiente niegan á Dios, son Ateístas y Naturalistas, y éstos son malos, porque el bien verdadero, es decir el bien, que es bien tanto naturalmente cuanto espiritualmente, viene de Dios, y los que niegan á Dios no quieren, y por consiguiente no pueden, recibir bien alguno de otra fuente que de su propia naturaleza, ó sea de sus apetitos carnales, todos los cuales sin excepción son espiritualmente malos, por buenos que parezcan desde el punto, de vista natural. Ésta clase de gente es teóricamente mala; los prácticamente malos son los que no respetan los Divinos mandamientos (sumariamente expresados en el Decálogo), viviendo fuera de la ley. También éstos niegan á Dios en el corazón; porque Dios y Sus mandamientos son una misma cosa, por cuya razón los diez mandamientos en el Arca fueron llamados Jehová allí. (Núm. X: 35; 36; Salmo CXXXII: 7; 8).

292.     (1) Los malos no tienen fe; porque el mal es del Infierno, y la fe es del cielo. Todo mal es del infierno, mas la fe pertenece al Cielo; porque todas las verdades, que constituyen la fe, son del cielo. El hombre, mientras vive en el mundo, es mantenido en medio entre el Cielo y el Infierno, y se halla entonces en equilibrio espiritual, cuyo equilibrio es su libre voluntad. El Infierno está debajo de sus pies, y el Cielo encima de su cabeza; lo que sube del Infierno es malo y falso, mas lo que desciende del Cielo es bueno y verdadero. Por hallarse en medio entre dos fuerzas opuestas y en equilibrio espiritual, puede elegir, adoptar y apropiarse lo uno ó lo otro con toda libertad. Si elige el mal y la falsedad, entra en conjunción con el Infierno; si prefiere el bien y la verdad entra en conjunción con el Cielo. Por esto es evidente, que el mal pertenece al Infierno y la fe pertenece al Cielo, y asimismo que los dos no pueden estar juntos en un mismo individuo; porque si estuviesen juntos, el hombre seria llevado alternativamente en dos direcciones opuestas, como si llevase atadas dos cuerdas y fuera por la una elevado hacia el cielo y por la otra obligado á descender, y así suspendido sería como si volara ora hacia arriba ora hacia abajo, como ciertas aves, y volando hacia arriba adoraría á Dios y hacia abajo al Diablo. Cualquiera puede comprender que esto sería profano. El Señor dice:

«Nadie puede servir á dos maestros; odiarla á uno y amarla al otro» (Mateo VI: 24).

La razón por la cual no hay fe, donde hay males, es también que el mal es como el fuego (el fuego infernal es sencillamente el amor al mal) y devora la fe como paja, reduciéndola á cenizas con todas sus pertinencias. El mal mora también en tinieblas, mientras que la fe mora en la luz, y el mal extingue la fe con sus falsedades, como las tinieblas extinguen la luz; no pueden estar juntos más que un cadáver hediondo y un hombre vivo pueden estar juntos en una cama; no pueden vivir juntos más que lobos y ovejas juntos en un corral; no más que un gavilán y una paloma en un palomar, ni más que una zorra y una gallina en un gallinero.

293. (2) Todos ¿os del mundo Cristiano, que rechazan al Señor y al Verbo, no tienen fe, por más que pueden vivir bien moralmente y hablar, enseñar y escribir racionalmente, aun acerca de la fe. Esto es así porque la verdadera fe está en el Señor y viene del Señor, y toda fe que no esté en El y no venga de El no es fe espiritual, sino meramente natural, la cual no tiene en sí la esencia de la fe. Los que rechazan al Señor no tienen pues fe en sí y lo mismo sucede con los que rechazan al Verbo, porque el Señor es el Verbo (Juan I: 1; 2). Los que rechazan al Verbo rechazan pues igualmente al Señor, y los que rechazan á El y al Verbo rechazan también á la Iglesia, porque la Iglesia viene del Señor por medio del Verbo. Los que rechazan á la Iglesia están á su vez fuera del Cielo, porque la Iglesia es la entrada al Cielo, y los que están fuera del Cielo son condenados, los cuales no tienen fe, por más que en el mundo viven moralmente y hablan, enseñan y escriben racionalmente aun acerca de la fe, porque su vida moral no es espiritual sino meramente natural, y su mente racional es asimismo meramente natural, y la moralidad y racionalidad meramente naturales son muertas en sí mismas. Un hombre meramente natural y muerto con respecto á la fe puede por cierto hablar y enseñar acerca de la fe, de la caridad y de Dios, pero no por virtud de la fe, de la caridad ó de Dios. Sólo los que creen en el Señor tienen fe (Juan III: 18; 36; XVI: 8; 9; VIII: 24; Salmo II: 7; 12). El Señor predijo, que á la Consumación del Siglo, que es el fin de la Iglesia, no habría fe; porque no habría fe en el Señor corno Hijo de Dios, como Dios del Cielo y de la tierra y Uno con el Padre. Dijo:

«Entonces vendrá la abominación del asolamiento y tribulaciones cuales jamás hubo ni habrá> (Mateo XXIV: 15; 21).

Y  también:

«El sol se oscurecerá y la luna no dará su lumbre y las estrellas caerán del cielo» (XXIV: 29).

En el Apocalipsis:

«Satanás será suelto de su prisión y saldrá para engañar á las naciones que están sobre los cuatro ángulos de la tierra, cuyo número es como la arena del mar» (XX: 7; 8).

Y  puesto que sabía que esto había de suceder, preguntó:

«Cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?» (Lucas XVIII: 8).

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