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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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XI

Recuerdo

294. RECUERDO. De vez en cuando son enviados por el Señor ángeles para visitar á las sociedades cristianas en el mundo de los espíritus, el cual está debajo del Cielo, y éstos se lamentan de la grande oscuridad y las densas tinieblas que reinan entre ellas en todo cuanto se refiere á la salvación. Muchos individuos en estas sociedades no tienen más entendimiento que un loro que habla. Uno de estos ángeles me dijo una vez, que había hablado con dos individuos del Clero, de los cuales el uno se hallaba en la fe separada del amor, y el otro en la verdadera fe, ó sea en la fe unida al amor. Con el que se hallaba en la fe separada del amor habló así: «Amigo, ¿quién eres?» El prelado respondió: «Soy un cristiano reformado». «¿Cuál es tu doctrina y tu religión por ella?» «La fe». «¿Cuál es tu fe?» «Mi fe es que Dios Padre envió al Hijo para tomar sobre Sí la condenación de la raza humana, y que por ello somos salvos». El ángel continuó preguntando: «¿Qué más sabes acerca de la salvación?» Y el prelado respondió:

«La salvación se verifica exclusivamente por la fe». El ángel preguntó de nuevo: «¿Qué sabes acerca de la regeneración?» «Se verifica por esa fe». «¿Qué sabes acerca del amor y de la caridad?» «Ellos son esa fe». «¿Y qué piensas de los mandamientos del Decálogo y de los demás mandamientos del Verbo?» «Están en aquella fe». Entonces el ángel dijo: «¿Nada quieres pues hacer?» El prelado respondió: «¿Qué puedo hacer? No puedo de mí mismo hacer un bien, que sea un bien verdadero». «¿Puedes tener fe por ti mismo?», le preguntó el ángel. «No reparo en eso», respondió el prelado, «tengo que tener fe». «¿Cierto que sabes algo más acerca del estado de la salvación?» «¿Qué más; puesto que la salvación se verifica exclusivamente por esa fe?» Entonces dijo el ángel: «Hablas como uno que suena una sola nota en una flauta; no oigo más que fe; si sabes eso y nada más, nada sabes; vete y júntate con tus compañeros». Fue á buscarlos y los encontró en un desierto, donde no había hierba. Preguntó por qué había de ser así, y le fue dicho: «Porque no tienen en sí nada de la Iglesia». Con el otro, que se hallaba en la fe unida al amor habló el ángel como sigue: «Amigo, ¿quién eres?» Y el prelado respondió: «Soy un Cristiano reformado». «¿Cuál es tu doctrina y tu religión por ella?» «Fe y caridad». «Estas son dos cosas», dijo el ángel; y el prelado respondió: «No pueden ser separadas». El ángel continuó preguntando: «¿Qué es la fe?» Y respondió el prelado: «Es creer lo que enseña el Verbo». «¿Y qué es la caridad?» «Es hacer lo que el Verbo enseña». Pregúntole el ángel: «¿Has creído esas cosas solamente, ó las has también hecho?» Y el prelado respondió: «Las he también hecho». Entonces el ángel del cielo le escudriñó con su mirada y luego le dijo: «Amigo, ven conmigo, y mora con nosotros».

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Siga adelante hasta el séptimo capítulo - La Caridad (amor al prójimo) y las buenas obras