Banner

Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

¿Tienes tú preguntas, comentarios o criticas? Escríbenos en esta dirección, info@swedenborg.es

 

III

La fe imputada del mérito y de la justicia de Cristo, nacida de los credos del concilio de Nicea, referentes á tres Divinas Personas desde la eternidad, y reconocida por el mundo cristiano entero hasta ahora, ha sido y es la causa de la devastación y completa destrucción de la iglesia actual

 

434. La fe imputada del mérito y de la justicia de Cristo fue adoptada por todo el mundo cristiano con el credo y los edictos del Concilio de Nicea y es la causa de la devastación, por la cual ha pasado la Iglesia cristiana, y de la destrucción, que actualmente se está verificando en ella, porque la fe en esa imputación ha quitado poco á poco toda vida espiritual de la Iglesia y paralizado todo esfuerzo para buscar la verdad, por haber decretado nula la libre voluntad del hombre en cosas espirituales, arbitraria la elección á gracia y por consiguiente arbitraria también la imputación, por lo cual sus caudillos ni siquiera han pensado en levantar la cabeza por encima de esa fe para buscar la luz genuina. Incurrieron poco á poco en profundos errores y en fanatismo, introduciendo la detestable doctrina de la predestinación, y la abominable creencia de que Dios no considera las obras de la vida del hombre, sino tan sólo la fe, inscrita en su mente. Separaron por completo la caridad, es decir, la vida del amor al prójimo, la cual es la vida de toda verdadera religión y los del mundo Cristiano llegaron por la mayor parte á ser como las langostas, que salieron del abismo (Apoc. IX: 11) y que tienen sobre sí un rey, cuyo nombre es Abbadon ó Apollyon. Estos nombres, el primero hebraico y el último griego significan el destructor de la iglesia por medio de falsedades; y el abismo significa la morada de estas falsedades†.

435. En siete capítulos del Apocalipsis es descrita la consumación de la Iglesia actual de. muy parecida manera que la devastación de Egipto es descrita en el Éxodo; ambos fueron devastados por idénticas plagas ó muy parecidas, cada una de las cuales significa espiritualmente cierta falsedad, que causaba devastación hasta la completa destrucción. Por esta razón la Iglesia actual devastada y destruida se llama en el Apocalipsis Egipto, cuyo término se debe entender espiritualmente (Apoc. XI: 8). Las plagas de Egipto eran las siguientes: las aguas fueron convertidas en sangre, con el resultado de que los peces murieron y las ribas despedían un olor infecto (Éxodo VII). Cosa similar se dice en el Apocalipsis (VIII: 8; XVI: 3); la sangre significa la Divina verdad falsificada (véase Apocalipsis Revelado N. 379; 404; 681; 687; 688) y los peces que murieron significan las verdades en el hombre natural igualmente falsificadas (N. 290; 405). Vinieron ranas sobre el país de Egipto (Éxodo VIII; compárese con el Apocalipsis XVI: 13). Ranas significan raciocinios por el deseo de falsificar las verdades (Apoc. Rev. N. 702). En Egipto hombres y animales fueron heridos con úlceras ó tumores apostemados (Éxodo IX); lo mismo se dice en el Apocalipsis (XVI: 2); úlceras significan males y falsedades interiores, destructivos del bien y de la verdad en la Iglesia (Apoc. Rev. N. 678). En Egipto hubo granizo mezclado con fuego (Éxodo IX); de cosa parecida se habla en el Apocalipsis (VIII: 7; XVI: 21); granizo significa falsedad infernal (Apoc. Rev. 399; 714). Sobre el país de Egipto vinieron langostas (Éxodo X); lo mismo en el Apocalipsis (IX: 111); langostas significan falsedades en las cosas extremas (Apoc. Rev. N. 424; 430). Densas tinieblas cubrieron á Egipto (Éxodo X); igualmente en el Apocalipsis (VIII: 12); tinieblas significan falsedades, que nacen, ora de ignorancia, ora de falsedades de religión, ora de los males de la vida (Apoc. Rev. N. 110; 413; 695). Para concluir: los Egipcios perecieron en el mar bermejo (Éxodo XIV); y en el Apocalipsis (XIX: 20; XX: 10) el Dragón y el profeta falso fueron echados al lago de fuego y azufre. El mar bermejo y en lago significan el infierno. La razón por la cual se dice de Egipto cosas iguales ó parecidas á las que se dice con respecto á la Iglesia, cuya consumación ó fin se describe en el Apocalipsis, es que Egipto era antiguamente la iglesia preeminente y por eso representa la iglesia preeminente en su principio; por lo cual Egipto, tal como era antes de la devastación de su iglesia, se compara en el Verbo con el jardín de Edén y de Jehová (Génesis XIII: 10; Éxodo XXXI: 8). También es llamado la piedra del ángulo de las tribus; el hijo del sabio y de los reyes antiguos (Isaías XIX: 11; 13). Mas acerca de Egipto en su estado floreciente y en su estado de devastación puede verse en el Apocalipsis Revelado (N. 503).

436. Que la fe imputada del mérito de Cristo nació del Concilio de Nicea es evidente por el Credo adoptado por toda la iglesia Cristiana después de ese Concilio, porque este Credo estableció la doctrina de tres Divinas Personas desde la eternidad y esta doctrina implica á su vez la fe imputada del mérito de Cristo. En la primitiva Iglesia Cristiana, que existía antes del Concilio de Nicea, conocida por el nombre de Iglesia apostólica, no se conocía una Divina Trinidad en tres Personas. En ella se reconocía á Jesu Cristo, el Señor Dios el Salvador, como el verdadero Dios y la vida eterna (Juan V; 20, 21), en Quien mora la plenitud de la Divinidad corporalmente (Colos: II: 9); y se adoraba á Dios Padre en El. Desconocía en ella igualmente la fe imputada del mérito de Cristo, creyéndose y enseñándose que la salvación es creer en el Hijo y hacer Su voluntad, porque los Apóstoles enseñaban que la fe nada aprovecha sin el amor, que es su vida (Cor. XIII: y en otros lugares). Sus hombres eminentes y escritores se llamaban Padres y los miembros se llamaban hermanos. Conducían una vida verdaderamente cristiana, una vida de caridad conforme la fe. Estaban muy lejos de pensar, que la Iglesia algunos siglos más tarde, había de degenerar hasta el punto de desfigurar y falsificar la verdadera doctrina, recibida del Señor y de los Apóstoles; adorar á tres Dioses en vez de Uno, separar la caridad de la fe, la remisión de los pecados del arrepentimiento y de una vida nueva, é introducir el dogma de la absoluta impotencia del hombre en cosas espirituales.

La siguiente sección [IV. La imputación del mérito de Cristo y de Su Justicia no es posible. (N. 437-438.)...]