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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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IX

Los pensamientos no son imputados á hombre alguno sino tan solo la voluntad

449. Todo hombre de erudición sabe que en la mente humana hay dos facultades ó partes principales, la voluntad y el entendimiento, pero pocos saben distinguir entre ellas debidamente, examinar sus propiedades separadamente y luego unirlas. Los que no lo saben no pueden formarse más que una idea obscura con respecto á la mente; por lo cual, á fin de que resulte comprensible para todos, que los pensamientos no son imputados al hombre, sino tan sólo la voluntad, se explicará aquí brevemente las respectivas propiedades de estas dos facultades:

I. El amor y todo cuanto le pertenece reside en la voluntad, mientras que los conocimientos, la inteligencia y la sabiduría residen en el entendimiento. La voluntad inspira en éstas su amor, recabando de ellas favor y asentimiento; de ahí viene, que el hombre es tal como es su amor y por éste su inteligencia.

II.    De esto sigue que todo bien y también todo mal pertenecen á la voluntad, porque todo cuanto procede del amor se llama bueno, aunque sea malo; el goce, que es la vida del amor, produce este efecto; por medio de este goce la voluntad entra en el entendimiento determinando su consentimiento.

III.    La voluntad es por esto el esse ó esencia de la vida  del hombre; mientras que el entendimiento es el existere  ó existencia, que resulta del esse; y así como la esencia es nada si no se halla en una forma, así la voluntad es nada si no está en el entendimiento; por lo cual la voluntad toma forma en el entendimiento y en él se manifiesta en luz.

IV.    El amor en la voluntad es el fin y en el entendimiento busca y encuentra causas, mediante las cuales puede exteriorizarse en efectos, y siendo así que el fin es el propósito y éste ejerce la intención, sigue que el propósito es asimismo de la voluntad y entra en el entendimiento por medio de la intención, instigando ésta á considerar y ocuparse de medios y á elegir y adoptar tales que tienden á producir los efectos.

V.    Lo propio del hombre está en su totalidad en la voluntad, y ésta es mala por el nacimiento natural, pero se vuelve buena por el nacimiento nuevo, verificado por el Señor.

Por estos pocos datos se ve que las propiedades de la voluntad no son las mismas que las del entendimiento, y que desde la creación los dos se hallan unidos como el esse y el existere; por consiguiente, que el hombre es hombre primariamente á causa de la voluntad y que la imputación es del bien y del mal, siendo así que éstos residen propiamente en la voluntad y por virtud de ella en los pensamientos del entendimiento.

450. No es imputado al hombre el mal si sólo lo piensa, porque el hombre ha sido creado de manera á poder entender y por consiguiente pensar el bien ó el mal, el bien por el Señor, el mal por el infierno, siendo así que se halla en un plano intermedio, y por su libre voluntad en cosas espirituales tiene la facultad de elegir lo uno ó lo otro. La libre voluntad ha sido objeto de un detenido examen en su capítulo, por lo cual aquí nada diremos acerca de ella. Puesto que el hombre tiene la facultad de elegir con libertad entre las cosas que entran en su pensamiento, puede querer ó no querer, y las que quiere son recibidas por su voluntad y le son apropiadas. Todo mal al cual el hombre se halla inclinado por nacimiento está inscrito en la voluntad de su hombre natural; estos males,  conforme el hombre se inclina á ellos, influyen en los pensamientos. De igual manera influyen los bienes con sus verdades, pero éstas influyen desde arriba del Señor, y en los pensamientos se pesan los bienes contra los males como en los platos de una balanza. Si entonces el hombre elige el mal, éste es recibido por la antigua voluntad y se añade á los males que ya están en ella; pero sí elige los bienes con sus verdades se forma en él una nueva voluntad y un nuevo entendimiento encima de los antiguos, y allí implanta el Señor sucesivamente bienes por medio de verdades y mediante ellos subyuga á los males que se hallan debajo, apartándolos y disponiendo todas las cosas en regla y orden.

Por esto es también evidente que el pensamiento es la sala de purificación y excreción de los males, residentes en el hombre por herencia de los padres; por lo cual, si los males fueran imputados al hombre por pensarlos, no podría verificarse en él la reformación y la regeneración.

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