II
Los dos árboles, colocados en el jardín del Edén, el uno de vida, el otro de ciencia del bien y del mal, significan que fue dado al hombre libre albedío en cosas espirituales.
340. Muchos han opinado que Adán y Eva, de
quienes leemos en el Génesis, no eran los primeros seres humanos que
fueron creados, y en apoyo de esta opinión han presentado argumentos
respecto de la existencia de preadamitas, basándolos en las
computaciones y cronologías de ciertos países Gentiles, como
asimismo en lo que dijo Caín, el primogénito de Adán, á Jehová:
«Seré errante y extranjero en la tierra, y sucederá que cualquiera
que me hallare me matará» (Génesis IV: 14).
«Entonces Jehová puso señal en Caín para que no lo hiriese
cualquiera que le hallare» (IV: 15).
»Y
salió Cain de delante de Jehová y habitó en la tierra de Nod, y
edificó una ciudad» (IV: 16; 17).
En
esto creen ver una prueba de que la tierra era habitada antes del
tiempo de Adán. La verdad es que Adán y su mujer significan la
antigua Iglesia primitiva en esta tierra, lo cual ha sido demostrado
detalladamente en Arcana Coelestia, y en la misma obra se ha
demostrado también, que el jardín de Edén significa la sabiduría de
los hombres de esa Iglesia. El árbol de vida significa el Señor en
el hombre y el hombre en el Señor; el árbol de ciencia del bien y
del mal, significa el hombre apartado del Señor, y en su propia
naturaleza, como aquel que piensa y cree que todo cuanto hace,
incluso el bien, lo hace por virtud de sí mismo; y el comer de este
árbol significa la apropiación del mal.
341.
El jardín de Edén en el Verbo no quiere decir un jardín, sino
inteligencia, y árbol no quiere decir ár¬bol sino hombre. Que el
jardín de Edén significa inteligencia y sabiduría es evidente por
muchos pasajes del Verbo: En Ezequiel XXVIII: 4; 12; 13; se habla
del Príncipe y Rey de Tiro, el cual allí es cualificado de
inteligente y sabio, porque Tiro en el Verbo significa la Iglesia
con respecto á conocimientos de verdades y bienes, por los cuales
viene la sabiduría. Las piedras preciosas que le adornaban
significan asimismo conocimientos de bienes y verdades y no adornos,
porque el rey de Tiro en persona no estuvo en el jardín del Edén. En
otro pasaje en Ezequiel (XXXI: 3; 8; 9; 18) se habla en términos
similares de Asur (el Asirio); porque Asirio en el Verbo significa
racionalidad y la inteligencia que viene por ella. En Isaías LI: 3,
se habla de Sión en combinación con Edén, porque Sión significa la
Iglesia y Edén y jardín de Dios significan sabiduría é inteligencia.
En el Apocalipsis I: 7 y XXII: 2, se habla del árbol de vida en
medio del paraíso de Dios y á uno y otro lado del río, como
descripción de como ha de ser la Nueva Iglesia, que es la Nueva
Jerusalén, en cuanto á su sabiduría é inteligencia. Es pues
evidente, que el jardín de Edén, mencionado en los indicados
pasajes, en cuyo jardín fué puesto Adán, significa inteligencia y
sabiduría; porque estas mismas virtudes se atribuyen allí á Tiro,
Asur y Sión. Jardín en el Verbo significa inteligencia también en
los demás pasajes, donde es mencionado, como por ejemplo en Isaías
LVIII: 11; en Jeremías XXXI: 12; en Amos IX: 14; en Números XXIV: 6.
Esta significación espiritual de la palabra jardín viene de las
representaciones en el mundo espiritual. Allí en los lugares, donde
viven los ángeles que se hallan en eminente inteligencia y sabiduría
aparecen paraísos. La inteligencia y sabiduría que reciben del
Señor, presentan á su vista tales cosas; y esto viene de las
correspondencias, porque todas las cosas que existen en el mundo
espiritual son correspondencias. Que árbol significa hombre consta
por los siguientes pasajes: Ezequiel XVII; Salmo I:13; Jeremías
XVII: 8; Salmo CXLIII: 9; Salmo CIV: 16; Mateo III: 10; V. 1621;
XII: 33; Lucas VI: 43; 44; Ezequiel XX: 47. Era á causa de esta
significación que los judíos en el país de Canaán debían observar
como estatuto e que el fruto de un árbol alimenticio contara por
incircunciso (por tres años). Lev. XIX: 23). El olivo significa e
hombre de la iglesia celestial y por esta razón los dos testigos que
profetizaban (Apoc. XI: 4) se llaman «los dos olivos que están
delante del Señor de toda la tierra» Igualmente en Zacarías (IV: 3;
1114). En David (Salmo LIII: 8) y en Jeremías (XI: 16) se habla
también del olivo con referencia al hombre/iglesia, así como en
varios otros lugares del Verbo.
342. Conociendo la significación espiritual de los términos jardín
de Edén, Adán, árbol de vida y árbol de ciencia del bien y del mal,
se ve con facilidad que estos árboles en el jardín del Edén
significan que fue dado al hombre libre voluntad en cosas
espirituales; porque éste podía libremente comer del árbol de vida y
de todo árbol del jardín, exceptuado el árbol de la ciencia del bien
y del mal, y vivir, es decir, estar en el Señor y el Señor en él,
por consiguiente en inteligencia y sabiduría por virtud del bien.
Mas tenía también libre voluntad para comer del árbol de ciencia del
bien y del mal—lo cual finalmente hizo,—porque si no hubiera tenido
libre voluntad para comer también de este árbol, le hubiera impedido
Dios de hacerlo, siendo así que El es Omnipresente y Omnipotente,
mas no lo impidió, porque impedirlo hubiera sido violar la libre
voluntad del hombre, y por consiguiente destruir todo cuanto en él
hay de humano; porque el hombre es hombre y no animal precisamente á
causa de su libre voluntad; y destruido este elemento esencialmente
humano del hombre, no podía este luego ser reformado, regenerado y
salvado. Comer del árbol de vida significa, que el hombre por su
libre voluntad mira al Señor, se acerca á El, se deja guiar por El y
vive en conformidad con Su voluntad, por lo cual recibe de El la luz
del Cielo que es inteligencia y sabiduría, procedentes del Señor;
así está el hombre en el Señor y el Señor en el hombre; mas comer
del árbol de ciencia del bien y del mal significa, que el hombre por
su libre albedrío se aparta del Señor, deja de seguirle y de recibir
de El luz y guía para conducir su vida por el sendero del bien; y en
vez de mirar al Señor mira á sí mismo y sigue sus inclinaciones
mundanas y egoístas, que son su propia naturaleza, y éstas envuelven
la mente en obscuridad y tinieblas espirituales, en vez de
introducir en ella la inteligencia y sabiduría que son la luz del
Cielo, procedente del Señor.
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[III. El hombre
no es vida sino un receptáculo de vida. (N. 343-344.)