IV.
Mientras él hombre vive en el mundo es mantenido en medio entre el cielo y el infierno y allí está en equilibrio espiritual, lo cual es libre voluntad.
345.
A fin de poder conocer lo que es la libre voluntad, es preciso saber
de dónde procede. Una vez reconocido su origen, resulta claro, no
sólo que existe, sino también cuál y cómo es su naturaleza. Su
origen lleva del mundo espiritual, en cuyo mundo, la mente del
hombre, es mantenida por el Señor. La mente es el espíritu del
hombre que vive después de la muerte, y el espíritu se halla en el
mundo espiritual siempre en compañía de espíritus de la misma
cualidad y carácter y por medio del cuerpo se halla al mismo tiempo
en el mundo natural en compañía de hombres. La razón por la cual el
hombre ignora el que en cuanto á su espíritu se halla entre
espíritus, es que los espíritus, en cuya compañía se halla, piensan
y hablan espiritualmente, mientras que el espíritu del hombre
durante su permanencia en el cuerpo piensa y habla naturalmente y el
hombre natu¬ral no puede entender ni percibir el habla y los
pensamientos espirituales, así como un espíritu no puede entender y
percibir el habla y los pensamientos naturales del hombre, cuyos
últimos, sin embargo, forman uno con los pensamientos y el habla de
los espíritus, en cuya compañía se halla en cuanto á su espíritu; y
viceversa: los pensamientos y el habla de los espíritus, que están
en compañía del hombre, forman uno con los pensamientos y el habla
naturales de éste, todo por medio de la correspondencia que existe
entre lo espiritual y lo natural. Por esta razón los espíritus
ignoran el que se hallan con el hombre y el hombre ignora igualmente
el que se halla con los espíritus; éstos no saben que piensan y
hablan á base de la mente natural del hombre, y éste no sabe que
piensa y habla por virtud de los espíritus. Pero cuando el espíritu
del hombre, después de separado del cuerpo, se halla conscientemente
entre espíritus en el mundo espiritual, entonces piensa y habla
espiritualmente como ellos, porque la mente del hombre, ó sea su
espíritu, es espiritual en cuanto á su interior, mas natural en
cuanto á su exterior, por lo cual comunica con espíritus por medio
de sus cosas interiores y con hombres por medio de sus cosas
exteriores. Es á causa de esta comunicación con espíritus que el
hombre puede percibir, pensar y reflexionar analíticamente; sin ella
sólo podría pensar como piensa un animal y si la comunicación fuese
interrumpida, caería muerto en el acto. Los espíritus que están con
el hombre mientras vive en el mundo, son del mundo de los espíritus,
que ni es el Cielo ni el Infierno, sino un estado intermedio y un
lugar intermedio entre éste y aquél. Este lugar intermedio es de
grande extensión y á los que están allí parece un orbe ó un mundo
entero, por lo cual también se llama el mundo de los espíritus. En
él hay una enorme multitud de espíritus, porque allí entra el
espíritu de todo hombre inmediatamente después de la muerte del
cuerpo. Este lugar intermedio, entre el Cielo por una parte y el
Infierno por otra parte, es lo que en el Verbo se llama la grande
sima, que no puede ser franqueada por la una parte ni por la otra
(Lucas XVI: 26). Dentro de este lugar intermedio influye en
abundancia el mal que exhala el Infierno, y por otra parte también
influye allí en abundancia el bien que dimana del Cielo. El Cielo
aparece allí encima de la cabeza y el Infierno debajo de los pies;
no que el Infierno está en el centro del planeta habitado por los
hombres, sino debajo del suelo del mundo espiritual, el cual también
es de origen espiritual y por consiguiente no tiene extensión
material, sino aparentemente extensión espiritual, de cuya
extensión, desde el punto de vista natural, no puede indicarse el
lugar ni la medida. Por el influjo en el mundo de los espíritus, por
una parte del bien, que dimana del Cielo y por otra parte del mal,
exhalado por el infierno, se sostiene todo allí en perfecto
equilibrio; porque el Señor cuida de que la influencia del bien
equivalga exactamente á la influencia del mal y de esta manera los
espíritus allí se hallan en completa libertad, y el hombre en el
mundo natural, que con respecto á su interior se halla en continua
comunicación con espíritus del mundo de los espíritus, pensando,
hablando y obrando por virtud de ellos, participa por consiguiente
del mismo equilibrio entre el bien y el mal, por cuyo equilibrio
tiene su libre voluntad, tanto en cosas naturales, cuanto en cosas
espirituales. Este equilibrio puede compararse con el equilibrio
natural: Figurémonos un hombre que se encuentra entre otros dos de
fuerzas iguales, siendo atraído por cada uno en sentido opuesto; en
esta situación el hombre se encuentra como si ninguna fuerza obraba
sobre él y puede libremente inclinarse hacia el uno ó hacia el otro,
y cuando se inclina hacia el uno, arrastra consigo al otro como si
no ofreciera oposición alguna. En semejante equilibrio se hallan
todos los miembros, órganos y vísceras del cuerpo humano y es por
esta razón, que cada uno de ellos puede desempeñar su oficio y
funcionar con completa libertad; sin este equilibrio cesaría toda
acción y reacción. El corazón, los pulmones, el hígado, el páncreas,
los intestinos, así como los muslos, los nervios, los cerebros, se
hallan en tal equilibrio, y en un equilibrio parecido se halla
también la mente, que está al interior de estos órganos y que
consiste de las cosas espirituales, que se refieren á la voluntad y
al entendimiento. Los animales tienen también libertad, pero son
guiados por sentidos exclusivamente corporales y movidos por
inclinaciones exclusivamente naturales. El hombre no se desemejaría
de ellos, si tuviera completa libertad de acción, como tiene de
pensamiento; seria también llevado por sus sentidos corporales é
impelido por sus apetitos y gustos carnales, mas el caso es
diferente con el que abraza y absorbe las cosas espirituales de la
Iglesia y por medio de ellas inclina su libre voluntad en sentido
del bien; porque éste es guiado por el Señor y se aparta de los
apetitos mundanos y las concupiscencias, siendo poco a poco
libertado de su dominio y adquiere por el contrario inclinación al
bien y aversión al mal; así es poco á poco extraído de entre los
espíritus del mundo de los espíritus y acercado más y más al cielo,
siendo finalmente introducido en la libertad celestial, que es la
verdadera libertad.
La
siguiente sección [V. Por el permiso que
cada uno tiene en su hombre interior de obrar el mal, consta que el
hombre tiene libre voluntad en cosas espirituales. (N. 346.)