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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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VI

Sin la libre voluntad en cosas espirituales á nada serviría el Verbo y en su consecuencia la Iglesia sería nada

 

347. Es generalmente reconocido en el mundo cristiano que el Verbo en sentido amplio es la Ley, ó sea el libro de las leyes, según las cuales los hombres deben conducir su vida, á fin de poder heredar la vida eterna; y en efecto, no hay en el Verbo nada más frecuentemente repetido, que las exhortaciones de obrar el bien y de dejar de obrar el mal; de creer en Dios y no en ídolos. El Verbo es lleno de promesas, de bendiciones y recompensas para los que obren el bien y crean en Dios, y lleno de maldiciones y amenazas para los que no lo hagan. ¿De qué serviría todo esto si el hombre no tuviera libre voluntad en cosas espirituales, es decir, en las cosas que se refieren á su salvación y a la vida eterna? ¿No serían palabras vanas, que de nada servirían? Huelga aquí citar pasajes del Verbo, pero en vista de que la Iglesia actual insiste en que la mente humana nada puede en cosas espirituales, en demostración de lo cual cita pasajes del Verbo, falsamente interpretados por ella, indicaremos aquí algunos pasajes, que claramente demuestran la necesidad, que el hombre tiene de obrar el bien y de creer en Dios. Tales pasajes son: Mateo XXI: 43; Lucas III: 8; 9; VI: 46; 49; VIH: 21; Juan IX: 31; XIII: 17; XI: 21; XV: 8; 14; 16; Mateo XII: 33; III: 8; XIII: 23; Juan IV: 36; Isaías I: 16; 17; Mateo XVI: 27; Juan V: 29; Apoc. XXII: 12; Jerem. XXXII: 19; Zacarías I: 6; Mateo XXI: 33; 44; XXV: 14; 30; Lucas XIX: 13; 25. Estos pasajes enseñan la necesidad de obrar el bien; los siguientes enseñan la necesidad de creer en el Señor: Juan XI: 25; 26; VI: 40; 47; III: 36; 15; 16; XXII: 37; 40 y otros. Estos pasajes son muy pocos entre la multitud que hay en las Sagradas Escrituras en apoyo de lo expuesto; son como unas cuantas gotas tomadas del mar. En presencia de estos pasajes resulta evidente la insolidez de los dogmas, citados más arriba (N. 339), sacados de Fórmula Concordia. Si fuera verdad lo que estos dogmas enseñan, ¿qué sería entonces la Religión, sino una palabra vana? Porque Religión es obrar el bien; ¿y qué es la Iglesia sin la Religión? No es más que la corteza del árbol, útil sólo para ser quemada. Esto ve todo hombre sensato y amigo de la verdad, y se aparta de la Iglesia, que enseña locuras tales como los citados dogmas respecto de la libre voluntad, prefiriendo tomar por su guía la sana razón y establecer su fe según ella. A otros la indicada errónea enseñanza de la Iglesia quita toda confianza en la Religión y éstos acaban por negar á Dios, porque ven que no hay Religión en la Iglesia por no haber en ella verdad, y no habiendo Religión ¿qué son entonces el Cielo y el Infierno, sino fábulas inventadas por los pastores y prelados de la Iglesia con el objeto de tener sujeta á la gente sencilla y crédula, dominarla y elevarse á honores? Los que abrazan la detestable enseñanza de la Iglesia, de que el hombre es impotente en cosas espirituales, se complacen en repetir para sí y para otros: ¿Quién puede obrar el bien de por sí mismo? ¿Quién puede por sí mismo adquirir fe? Y viven descuidados como paganos. Pero los hombres sensatos, sinceros, amigos del bien y de la verdad, huyen del mal, obran el bien y creen en el Señor con todo su corazón y con toda su alma, y el Señor les ayuda y les da amor para obrar y fe para creer. Por el amor obran entonces el bien genuino, y por la fe, que es confianza, creen en espíritu y en verdad; y continuando así se verifica poco á poco entre ellos y el Señor una conjunción recíproca, perpetua, que es la salvación misma y la vida eterna.

La siguiente sección [VII. Sin la libre voluntad en cosas espirituales no tendría el hombre cosa alguna, perteneciéndole, mediante la cual podría á su vez entrar en conjunción con el Señor, y por consiguiente no habría imputación, sino meramente predestinación, lo cual sería detestable. (N. 348-349.)...]