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VII

Sin la libre voluntad en cosas espirituales no tendría el hombre cosa alguna, perteneciéndole, mediante la cual podría á su vez entrar en conjunción con el Señor, y por consiguiente no habría imputación, sino meramente predestinación, lo cual sería detestable.

 

348.    En el capítulo cuarto, que trata de la fe, queda demostrado plenamente que sin la libre voluntad en cosas espirituales no habría en el hombre caridad ni fe y mucho menos conjunción entre los dos. De ahí que sin la libre voluntad en cosas espirituales no habría en el hombre cosa alguna perteneciéndole, por medio de la cual el Señor podría unirse con él, y sin la conjunción recíproca entre el Señor y el hombre no sería posible la imputación. El confirmarse en la creencia de que el hombre no tiene libre voluntad en cosas espirituales y por consiguiente que no se verifica en él imputación del bien y del mal, trae consigo innumerables consecuencias, y es la causa de todas las herejías, paradojas y contradicciones, que han nacido de la fe de la Iglesia actual referente á la imputación del Mérito y de la Justicia del Señor Dios el Salvador.

349.    El dogma de la predestinación es hijo de la fe de la Iglesia actual, porque ha, venido de la creencia, de que el hombre es en absoluto impotente en cosas espirituales, y podemos decir que nació de esa fe como consecuencia casi inevitable, primero entre los Predestínanos y mediante ellos entre los Godoschalcos, luego por Calvin entre sus compañeros, y finalmente fué firmemente establecido por la Sinoda de Dortrect, de donde los Supra é Infra Lapsarios la llevaron á su iglesia como un paladión de la religión, ó mejor dicho como una cabeza de gorgona ó medusa esculpida en el escudo de Palas. Este abominable dogma demuestra claramente hasta qué punto de extravío ha llegado el hombre, por negar su libre voluntad en cosas espirituales y afirmar, que es en absoluto impotente en todo cuanto se refiere á su salvación. ¿Puede imaginarse cosa más cruel, que el que Dios hubiere predestinado parte de la raza humana á condenación y muerte eterna? ¿Cómo puede Dios, que es el Amor mismo y la Misericordia misma, desear y disponer que multitudes de hombres nazcan para el infierno, ó sea que millones y millones nazcan condenados, es decir, demonios y satanás? ¿Cómo puede Dios por Su Divina Sabiduría, que es infinita, dejar de proveer para que aquellos que viven bien y reconocen á El no sean echados al fuego eterno? El es el Señor, el Creador y Salvador de todos, y El Solo guía á todos y no quiere la muerte de alma alguna; y sin embargo, el dogma de la predestinación enseña y asegura que naciones y pueblos, bajo los auspicios y la dirección del Señor, son entregados por predestinación al Diablo para saciar su apetito. La Nueva Iglesia" aborrece como á un monstruo á ese dogma, hijo de la fe de la Iglesia actual.

La siguiente sección [VIII. Si no hubiera libre voluntad en cosas espirituales seria Dios la causa del mal y por consiguiente no podría haber imputación. (N. 350-351.)...]