Banner

Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

¿Tienes tú preguntas, comentarios o criticas? Escríbenos en esta dirección, info@swedenborg.es

 

X

La voluntad y el entendimiento del hombre se hallan en este libre albedrío, pero en ambos mundos, tanto en el espiritual cuanto en el natural, el obrar el mal es restringido por leyes, por cuanto de lo contrario la sociedad perecería por ambos lados.

 

355. Queda demostrado que el hombre tiene libre voluntad, tanto en cosas espirituales cuanto en cosas naturales, y que la libre voluntad es cosa del pensamiento y de las inclinaciones. Reside, pues, en la voluntad y en el entendimiento del hombre y la razón porque reside allí es como sigue:

1.    En la regeneración la voluntad y el entendimiento del hombre interior deben ser reformados primero y luego por medio de ellos las correspondientes dos facultades del hombre exterior por virtud de los cuales habla y obra.

2.    Las dos mencionadas facultades del hombre interior constituyen su espíritu que vive después de la muerte, cuyo espíritu se sujeta á la ley Divina exclusivamente, y la exigencia primaria de esta ley es que el hombre piense en la ley y la obedezca, viviendo en conformidad con ella, aparentemente por su propio esfuerzo, pero en realidad por virtud del Señor.

3.     El hombre se halla en cuanto á su espíritu en un estado intermedio entre el Cielo y el Infierno, ó sea entre el bien y el mal y así en equilibrio (véase arriba N. 345);pero mientras vive en el mundo se halla en equilibrio entre el Cielo y el mundo, y entonces apenas sabe, que en la medida que se retire del Cielo y se acerque al mundo, se acerca también al Infierno; lo sabe y sin embargo lo ignora, á fin de que también en cuanto á esto pueda hallarse en libertad y ser reformado.

4.     Estos dos, la voluntad y el entendimiento, son los dos receptáculos del Señor en el hombre; la voluntad es el receptáculo del amor y de la caridad; el entendimiento el receptáculo de la sabiduría y de la fe. En estos dos opera el Señor, mientras el hombre se halla en completa libertad á fin de que pueda haber conjunción mutua y reciproca, por medio de cuya conjunción viene la salvación.

5     El juicio, efectuado por el Señor con el hombre después de la muerte, es efectuado con arreglo al uso que ha hecho de su libre voluntad en cosas espirituales.

356     De esto sigue que la libre voluntad en cosas espirituales reside en el alma del hombre en toda su perfección   y desde allí desciende en su mente, en los dos receptáculos que son la voluntad y entendimiento y por conducto de éstos en sus sentidos corporales, en su habla y en sus actos, comparativamente como aguas que salen de una fuente, las cuales disminuyen conforme aumenta la distancia; porque en el hombre hay tres grados de vida: el alma, la mente y el cuerpo sensual, y lo que se halla en un grado superior es más perfecto que lo que se halla en un grado inferior. Tal es la libertad del hombre; y por conducto de ella, en ella y con ella, se halla el Señor presente en el hombre, procurando continuamente ser recibido, mas sin  obligar la libre voluntad del hombre en manera alguna; porque según queda dicho, todo lo que el hombre hace obligatoriamente no permanece con él; por lo cual se puede decir que la libertad es la habitación del Señor en el alma del hombre. Que el obrar el mal es restringido por leyes en ambos mundos va sin explicar,  puesto  que de lo contrario ninguna sociedad podría existir. Diré, sin embargo, la razón por la cual sin estas restricciones no solamente perecería la sociedad, sino también toda la raza humana. El hombre es sujeto á dos amores: el uno de dominar sobre todos y el otro de poseer las riquezas de todos. Estos amores, no refrenados, crecen constantemente, sin medida ni fin; el mal hereditario, con el cual el hombre nace ha venido principalmente de estos dos amores, y el pecado de Adán fue, precisamente, el querer ser como Dios  cuyo deseo malo le infundió la serpiente, ó sea su hombre sensual. Por eso la maldición sobre él fue, que la tierra no le había de producir más que espinos y cardos (Génesis III: 5; 18), lo cual significa toda clase de males con sus consiguientes falsedades. Todo aquél que se ha abandonado á estos amores estima que él mismo es el sólo y único, de quién y por causa de quién existen los demás hombres. Tales personas no tienen piedad, no temen á Dios, no tienen amor al prójimo, y por ello están llenos de inclemencia, inhumanidad y crueldad, de una pasión voraz de saquear y robar, de maldad y de astucia para fomentar y ultimar sus designios. Tan crueles pasiones no tienen siquiera las fieras; éstas no se matan ni se devoran unas á otras mas que por el deseo natural de apaciguar su hambre, ó para defenderse; por lo cual un hombre malvado, mirado con respecto á estos amores, es más inhumano, más fiera, que una fiera. Que los hombres en sus interiores son así, se ha visto claramente en casos de insurrecciones, cuando las restricciones de las leyes han desaparecido; y también cuando ha habido masacres y saqueos, pudiendo entonces libremente dar venta á su furia contra los vencidos; apenas uno se contiene hasta ser obligado. Por esto consta, que si el miedo de las penalidades de la ley no mantuviera á los hombres dentro de límites, no sólo la sociedad, sino la raza humana entera perecería. Estos males no pueden ser alejados sino por medio de la libre voluntad en cosas espirituales, por virtud de la cual el hombre puede inducir su mente á pensar en el estado de la vida después de la muerte.

La siguiente sección [XI. Si el hombre no tuviera libre voluntad en cosas espirituales, todos los hombres en el mundo hubieran podido en un solo día ser inducidos á creer en el Señor, pero esto es imposible por la razón de que lo que el hombre no recibe en completa libertad, no permanece. (N. 357)...]