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La voluntad y el entendimiento del hombre se hallan en este libre albedrío, pero en ambos mundos, tanto en el espiritual cuanto en el natural, el obrar el mal es restringido por leyes, por cuanto de lo contrario la sociedad perecería por ambos lados.
355.
Queda demostrado que el hombre tiene libre voluntad, tanto en cosas
espirituales cuanto en cosas naturales, y que la libre voluntad es
cosa del pensamiento y de las inclinaciones. Reside, pues, en la
voluntad y en el entendimiento del hombre y la razón porque reside
allí es como sigue:
1.
En la regeneración la voluntad y el entendimiento del hombre
interior deben ser reformados primero y luego por medio de ellos las
correspondientes dos facultades del hombre exterior por virtud de
los cuales habla y obra.
2.
Las dos mencionadas facultades del hombre interior
constituyen su espíritu que vive después de la muerte, cuyo espíritu
se sujeta á la ley Divina exclusivamente, y la exigencia primaria de
esta ley es que el hombre piense en la ley y la obedezca, viviendo
en conformidad con ella, aparentemente por su propio esfuerzo, pero
en realidad por virtud del Señor.
3.
El hombre se halla en cuanto á su espíritu en un estado
intermedio entre el Cielo y el Infierno, ó sea entre el bien y el
mal y así en equilibrio (véase arriba N. 345);pero mientras vive en
el mundo se halla en equilibrio entre el Cielo y el mundo, y
entonces apenas sabe, que en la medida que se retire del Cielo y se
acerque al mundo, se acerca también al Infierno; lo sabe y sin
embargo lo ignora, á fin de que también en cuanto á esto pueda
hallarse en libertad y ser reformado.
4.
Estos dos, la voluntad y el entendimiento, son los dos
receptáculos del Señor en el hombre; la voluntad es el receptáculo
del amor y de la caridad; el entendimiento el receptáculo de la
sabiduría y de la fe. En estos dos opera el Señor, mientras el
hombre se halla en completa libertad á fin de que pueda haber
conjunción mutua y reciproca, por medio de cuya conjunción viene la
salvación.
5
El juicio, efectuado
por el Señor con el hombre después de la muerte, es efectuado con
arreglo al uso que ha hecho de su libre voluntad en cosas
espirituales.
356
De esto sigue que la libre voluntad en cosas espirituales
reside en el alma del hombre en toda su perfección
y desde allí desciende en su mente, en los dos receptáculos
que son la voluntad y entendimiento y por conducto de éstos en sus
sentidos corporales, en su habla y en sus actos, comparativamente
como aguas que salen de una fuente, las cuales disminuyen conforme
aumenta la distancia; porque en el hombre hay tres grados de vida:
el alma, la mente y el cuerpo sensual, y lo que se halla en un grado
superior es más perfecto que lo que se halla en un grado inferior.
Tal es la libertad del hombre; y por conducto de ella, en ella y con
ella, se halla el Señor presente en el hombre, procurando
continuamente ser recibido, mas sin
obligar la libre voluntad del hombre en manera alguna; porque
según queda dicho, todo lo que el hombre hace obligatoriamente no
permanece con él; por lo cual se puede decir que la libertad es la
habitación del Señor en el alma del hombre. Que el obrar el mal es
restringido por leyes en ambos mundos va sin explicar,
puesto que de lo
contrario ninguna sociedad podría existir. Diré, sin embargo, la
razón por la cual sin estas restricciones no solamente perecería la
sociedad, sino también toda la raza humana. El hombre es sujeto á
dos amores: el uno de dominar sobre todos y el otro de poseer las
riquezas de todos. Estos amores, no refrenados, crecen
constantemente, sin medida ni fin; el mal hereditario, con el cual
el hombre nace ha venido principalmente de estos dos amores, y el
pecado de Adán fue, precisamente, el querer ser como Dios
cuyo deseo malo le infundió la serpiente, ó sea su hombre
sensual. Por eso la maldición sobre él fue, que la tierra no le
había de producir más que espinos y cardos (Génesis III: 5; 18), lo
cual significa toda clase de males con sus consiguientes falsedades.
Todo aquél que se ha abandonado á estos amores estima que él mismo
es el sólo y único, de quién y por causa de quién existen los demás
hombres. Tales personas no tienen piedad, no temen á Dios, no tienen
amor al prójimo, y por ello están llenos de inclemencia, inhumanidad
y crueldad, de una pasión voraz de saquear y robar, de maldad y de
astucia para fomentar y ultimar sus designios. Tan crueles pasiones
no tienen siquiera las fieras; éstas no se matan ni se devoran unas
á otras mas que por el deseo natural de apaciguar su hambre, ó para
defenderse; por lo cual un hombre malvado, mirado con respecto á
estos amores, es más inhumano, más fiera, que una fiera. Que los
hombres en sus interiores son así, se ha visto claramente en casos
de insurrecciones, cuando las restricciones de las leyes han
desaparecido; y también cuando ha habido masacres y saqueos,
pudiendo entonces libremente dar venta á su furia contra los
vencidos; apenas uno se contiene hasta ser obligado. Por esto
consta, que si el miedo de las penalidades de la ley no mantuviera á
los hombres dentro de límites, no sólo la sociedad, sino la raza
humana entera perecería. Estos males no pueden ser alejados sino por
medio de la libre voluntad en cosas espirituales, por virtud de la
cual el hombre puede inducir su mente á pensar en el estado de la
vida después de la muerte.