XI
Si el hombre no tuviera libre voluntad en cosas espirituales, todos los hombres en el mundo hubieran podido en un solo día ser inducidos á creer en el Señor, pero esto es imposible por la razón de que lo que el hombre no recibe en completa libertad, no permanece.
357.
Los que no saben cuál y cómo es la Divina Omnipotencia pueden creer,
que no existe Orden alguno, según el cual Dios ejerce Su
Omnipotencia, ó que Dios, si bien le parece, puede obrar en contra
del Orden tan fácilmente como según y conforme el mismo. Mas la
verdad es que la Creación no hubiera sido posible, sino según el
Orden, y el Orden es principalmente, que el hombre sea una imagen de
Dios, por lo cual se debe perfeccionar más y más en amor y sabiduría
y así gradualmente ser hecho esa imagen. Dios está continuamente
activo en el hombre para conseguir este objeto; pero si éste no
tuviera libre voluntad en cosas espirituales, la obra sería vana,
puesto que la libre voluntad en cosas espirituales es indispensable
para que el hombre pueda por su parte inclinarse á Dios, cooperar
con El y á su vez unirse á El. El Universo entero ha sido creado por
medio del Orden y según el Orden, tanto en su conjunto cuanto en sus
detalles, y habiéndose verificado la Obra de la Creación de esta
manera resulta que Dios es el Orden mismo, por lo cual lo que es
contrario al Divino Orden es contrario á Dios. En efecto; Dios no
puede obrar en contra de Su Divino Orden, porque sería obrar en
contra de Sí Mismo, y así es que guía y conduce á todo hombre según
y conforme el Orden, que es El Mismo: á los extraviados procura
reintroducir en el Orden y á los que resisten procura atraer hacia
Sí Mismo, mas siempre sin obligar su libre voluntad espiritual,
cediendo al contrario y dejando al hombre en libertad de seguir su
inclinación, si se empeña en rechazarle; porque como ya se ha dicho,
sin el libre consentimiento del hombre, la obra sería infructuosa,
porque no permanecerían en él las buenas inclinaciones introducidas
por la coacción, sino que desaparecerían tan pronto como
desapareciera ésta. Para que el hombre sea una imagen de Dios debe
haber unión mutua y recíproca entre el Señor y el hombre; el hombre
debe corresponder libre y espontáneamente al Amor Divino lo cual
puede hacer únicamente por su libre voluntad en cosas espirituales.
Sin esta libre voluntad el hombre carecería de lo esencialmente
humano; sería como el animal irracional; podría por cierto ser
obligado por. Dios á creer en El, pero nunca podría llegar á ser Su
imagen y disfrutar de la eterna bienaventuranza. Si el hombre
hubiera sido creado sin libre voluntad en cosas espirituales, ¿qué
cosa más fácil para Dios Omnipotente, qué el hacer creer en el Señor
á todos los hombres del mundo? Por Su Omnipotencia hubiera podido
infundir esta fe, tanto directamente cuanto indirectamente;
directamente mediante una operación irresistible y continua para la
salvación del hombre, é indirectamente por medio de tormentos,
infligidos en su conciencia ó por mortales convulsiones de su cuerpo
y graves amenazas de muerte si no la recibiese; ó de otra manera con
abrir el infierno y presentar á su vista demonios con teas
encendidas, ó hacer que saliesen de allí los muertos, que había
conocido, presentándolos como terribles espectros. Pero no lo hace,
porque sería inútil, lo cual el Señor también enseña con las
palabras dirigidas por Abraham al hombre rico en el infierno:
«Si
no oyen á Moisés y á los profetas tampoco se persuadirán si alguno
se levantare de los muertos» (Lucas XVI: 31).
La
siguiente sección [XII Milagros no se verifican actualmente porque quitan la libre
voluntad en cosas espirituales y obligan. (N. 358.)