La
Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipresencia de Dios.
40. Hemos tratado del Divino Amor y de la
Divina Sabiduría y hemos demostrado, que estos dos son la Esencia de
Dios. Ahora procede tratar de la Divina Omnipotencia, Omnisciencia y
Omnipresencia, porque estos tres vienen del Divino Amor y de la
Divina Sabiduría y se hallan en todas las cosas, casi de la misma
manera que el poder y la presencia del sol natural se halla presente
en este mundo en todo objeto y detalle del mismo mediante el calor y
la luz; porque el calor, que sale del Sol espiritual en medio del
cual está Jehová Dios, es en su esencia Amor, y la luz, que sale de
este Sol, es en su esencia Sabiduría, por lo cual es evidente, que
la Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipresencia pertenecen á la Divina
Esencia como la Infinidad, la Inmensidad y la Eternidad pertenecen
al Divino Esse. Pero hasta ahora se ha ignorado casi por completo la
manera en que estos tres atributos de la Divina Esencia proceden y
obran en el Universo, por lo cual será explicado en los siguientes
siete artículos.
I
La Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipresencia pertenecen á
la Divina Sabiduría por virtud del Divino Amor.
41.
Que la Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipresencia pertenecen
á la Divina Sabiduría por virtud del Divino Amor, mas no al Divino
Amor mediante la Divina Sabiduría, es un secreto que hasta ahora no
ha llegado al entendimiento de hombre alguno, porque se ha ignorado
lo que en su esencia es el Divino Amor y también lo que en su
esencia es la Divina Sabiduría, que viene del Amor; y menos aún se
ha conocido y comprendido el influjo del uno en la otra; cuyo
influjo es, que el amor con todas sus pertenencias, influye en la
sabiduría y reside en ella, como un rey en su reino ó como un amo en
su casa, cediendo la administración de su justicia al juicio de
ella, y puesto que la justicia es del amor y el juicio es de la
sabiduría, cede pues el gobierno del amor á la sabiduría. Las
siguientes palabras en Juan expresan la Omnipotencia, Omnisciencia y
Omnipresencia de Dios:
«En
el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios y el Verbo era
Dios. Todas las cosas por El fueron hechas y sin El nada de lo que
es hecho fue hecho. En El estaba la Vida y la Vida era la luz de los
hombres. El mundo fue hecho por El, y el Verbo fue hecho carne» (I:
1; 3; 4; 10; 14).
El
Verbo significa la Divina Verdad, ó lo que es lo mismo, la Divina
Sabiduría; por lo cual se llama Vida y luz porque Vida y luz son
sencillamente Sabiduría.
42.
En el Verbo, ó sea en las Sagradas Escrituras, se mencionan á
menudo «justicia» y «juicio»; y donde se mencionan, «justicia» es
predicado del Amor y «juicio» de la Sabiduría. El gobierno de Dios
en el mundo se efectúa por medio de estos dos, lo cual consta por
muchos pasajes del Verbo, entre otros por los siguientes:
Salmo LXXXIX, 15; Jeremías IX: 24; Isaías XXXIII: 5; Amos V: 24;
Salmos XXXVI: 6; XXXVII: 6. LXXII: 2; CXIX: 7; 164. Osea II: 19;
Isaías I: 27; IX: 7; Jeremías XXIII: 5; XXXIII: 15, y en otros
lugares exhorta á hacer justicia y juicio, como por ejemplo en
Isaías I: 21; V: 16; LVII: 2; Jer. IV: 2; XXII: 3; 13; 15. Ezequiel
XVIII: 5; XXXIII: 14; 16; 19. Amos VI: 12. Mica VII: 9. Deut.
XXXIII: 21. Juan XVI: 8; 10; 11.
II
No puede uno formarse idea de la Omnipotencia, Omnisciencia
y Omnipresencia de Dios, si antes no conoce lo que es el Orden, y si
no conoce, lo que al Orden pertenece, es decir, que Dios es el
Orden, y que con la creación introdujo el Orden en el Universo y en
todas las cosas, que hay en el mismo.
43.
Abundantes absurdos se han deslizado en las mentes humanas y por
conducto de innovadores en la Iglesia por no haber entendido lo que
es el Orden, en el cual Dios ha creado el Universo y todo cuanto en
él existe. Esto se verá por lo que más adelante será manifestado.
Aquí explicaremos en un principio lo que es el Orden, mediante una
definición general del término:
«Orden es la cualidad de la disposición, determinación y actividad
de las partes, sustancias y entidades, que hacen la forma; de ahí
viene el estado, cuya perfección es producida por la sabiduría por
virtud de su amor y cuya imperfección es determinada por la
insalubridad de la mente á causa de las concupiscencias.»
En
esta definición se menciona sustancia, forma y estado, y por
sustancia entendemos también forma, por qué toda sustancia es forma,
y la cualidad de la forma es su estado, cuya perfección ó
imperfección resulta del Orden. Estas cosas, siendo metafísicas, no
dejarán de parecer obscuras, pero se aclararán mediante ejemplos.
44.
Dios es el Orden, porque es la Sustancia misma y la Forma misma. Es
la Sustancia misma, porque todas las cosas que subsisten, nacieron y
nacen de El. Es la Forma misma, porque la cualidad de toda
sustancia, surgió y surge por El, y la cualidad viene exclusivamente
de la forma. Ahora bien; puesto que Dios es la primera y sola
Sustancia y Forma, el primer y solo Amor y la primera y sola
Sabiduría, y puesto que la sabiduría, por virtud del amor, determina
la forma, cuyo estado y cualidad se halla según y conforme el orden
que hay en ella, es evidente que Dios es el Orden mismo; que de Sí
mismo introdujo el Orden en el Universo y en todas las cosas que hay
en él y que introdujo el Orden más perfecto; porque todas las cosas
que El creó eran buenas (Gen. I: 31); pero si hay males en el mundo,
éstos no vienen de la Creación, sino que nacieron junto con el
infierno después de la Creación.
45.
Todas las cosas del Universo fueron creadas, cada una en su Orden
especial y particular, con el fin de que pudieran subsistir cada una
por sí y asimismo combinarse en el orden general del Universo, á fin
de que el orden particular pudiese subsistir en el orden general y
así formar uno. Para ilustrar: el hombre fue creado en su orden, y
cada particular parte de él también en el suyo; la cabeza del cuerpo
en su orden, el corazón, los pulmones, el hígado, el páncreas, el
estómago, cada uno en el suyo; no hay en el cuerpo humano la más
mínima arteria ó nervio, que no haya sido creado en su orden
particular, y sin embargo estas partes innumerables se combinan en
el común organismo, que es el cuerpo, insertándose cada detalle de
tal manera, que forman uno y obran en conjunto como una sola cosa.
El caso es igual con las demás cosas; cada animal de la tierra, cada
ave del cielo, cada pez en el agua, cada reptil, cada gusano y hasta
los más pequeños insectos, fueron creados en su orden particular,
igualmente cada árbol de bosque ó de jardín, cada arbusto y planta,
y hasta cada piedra, cada mineral, cada partícula de polvo de la
tierra. ¿Existe imperio alguno, reino, condado, república, estado ó
familia, que no sea la forma de su gobierno? En cada una de ellas
las leyes de la justicia están en el primer lugar, las leyes
políticas en el segundo lugar y las leyes económicas en el tercer
lugar. Si comparamos estas leyes con el hombre, las leyes de
justicia corresponden á la cabeza, las leyes políticas al cuerpo y
las leyes económicas á los vestidos, por lo cual estas últimas
pueden ser modificadas como se cambia ó modifica el modo de vestir.
46.
Pero con respecto al Orden en el cual la Iglesia ha sido establecida
por Dios, este Orden es, que Dios debe estar en toda ella y en cada
uno de sus mínimos detalles y asimismo el prójimo; porque es en el
trato con el prójimo que el Orden debe practicarse. Las leyes de
este orden son tantas como hay verdades en el Verbo. Las leyes que
se refieren á Dios deben formar su cabeza, las que se refieren al
prójimo deben formar su cuerpo, y las ceremonias y la organización
exterior deben formar su vestido; porque caso de no mantener estas
últimas en conjunto y en orden á las primeras, sería como si él
cuerpo estuviera desnudo, expuesto al calor en el verano y al frío
en el invierno; ó como si el techo y las paredes de un templo fueran
quitados, dejando al descubierto las cosas sagradas, el altar y el
púlpito, sin protección, expuestos á toda clase de crudezas.
III
La Omnipotencia de Dios procede y opera con arreglo á las
leyes de Su Divino Orden, en iodo el Universo y en cada detalle del
mismo.
47.
Dios es Omnipotente, porque El tiene todo poder en Sí mismo y
lo demás tiene su poder por El. El poder de Dios forma uno con Su
Voluntad, y puesto que no quiere más que lo que es bueno, no puede
hacer más que lo que es bueno. En el mundo espiritual ninguno puede
obrar en contra de su voluntad; esto tienen todos allí de Dios, cuyo
Poder y Voluntad son uno. Dios es también el Bien mismo, y no puede
salir de Sí mismo, por lo cual es evidente, que Su Omnipotencia
procede y opera dentro de la esfera del bien, cuya esfera es
infinita, porque llena lo interior del Universo y de cada cosa que
hay en él, y desde lo interior gobierna Dios las cosas que están al
exterior, en la medida en que se combinan con lo interior mediante
el orden y conforme el orden particular de cada cosa. Si no se
combinan, las sostiene sin embargo y se esfuerza continuamente para
reconducirlas al orden según el Orden universal en el cual El está
en su Omnipotencia y conforme el cual obra; si la reconducción al
Orden no es realizable, son echadas fuera de El, donde sin embargo
las sostiene desde lo más interior. Por esto es evidente, que la
Divina Omnipotencia no puede en manera alguna salir fuera de sí
misma para ponerse en contacto con mal alguno, ni promover el mal de
Sí misma, porque el mal se aparta de ella espontáneamente. Esta es
la razón por la cual el mal se halla completamente separado de Dios
y echado al infierno, y entre éste y el cielo, donde está Dios, hay
un abismo infranqueable. Estos hechos demuestran cuán delirantes son
los que piensan y aún más los que creen, y sobre todo los que
enseñan que Dios puede condenar á alma alguna, maldecirla y echarla
al infierno; predestinar ciertas almas á muerte eterna, vengar
injurias, ser iracundo y castigar. No puede siquiera apartar su
rostro del hombre ó mirarle con severidad. Estas y parecidas cosas
son contrarias á Su Esencia, y lo que es contrario á Su Esencia es
contrario á El mismo.
48.
La opinión general con respecto á la Omnipotencia de Dios es que El
es omnipotente de la misma manera que lo es un déspota en la tierra;
el cual puede hacer todo cuanto se le antoja, tanto bien cuanto mal.
Puede absolver ó condenar al que quiere absolver ó condenar; puede
declarar culpable al inocente, infiel al fiel, elevar al indigno
sobre el digno; puede bajo cualquier pretexto privar sus súbditos de
sus bienes, sentenciándolos á muerte. A causa de esta absurda
opinión, falsa fe y falsa doctrina, se han introducido en la Iglesia
tantas falsedades, falacias y quimeras, como diferentes clases de fe
y sectas hay en ella actualmente, y todavía pueden entrar en ella
tantas más, cuantas culebras hay en el desierto de África, que salen
de sus escondrijos para tomar el sol. Todo cuanto para ello se
necesita son las palabras «Omnipotencia» y Fe, porque han expulsado
la razón y prohibido todo raciocinio con respecto á ellas, bajo
pretexto de que la razón humana no puede comprender las cosas del
espíritu, cuyas cosas deben creerse ciegamente, con una obediencia
pasiva. ¿Qué es el hombre en este caso con preferencia al animal? No
tiene por espíritu más que el vaho que sube de un establo ó de una
cuadra, el cual agrada á los animales allí, pero no al hombre, que
no se parezca á ellos. Y en este caso; ¿qué más se necesita que el
presentar á las multitudes conjeturas, mitos y cuentos que cautivan
los sentidos del cuerpo? Mas el orden genuino es, que el hombre debe
examinar todo con su razón y conforme su razón recibir las verdades
interiores, espirituales. Si la Divina Omnipotencia pudiera obrar el
mal igualmente que el bien, ¿qué diferencia habría entonces entre
Dios y el Diablo, más que la que hay entre dos déspotas, de los
cuales el uno es rey y al mismo tiempo tirano y el otro tirano, cuyo
poder le ha sido quitado, de manera que no puede ya llamarse rey?
¿Quién no puede comprender, que el bien y el mal son opuestos, que
si Dios por Su Omnipotencia pudiera querer y hacer ambos, no tendría
Omnipotencia alguna? Sería tener dos voluntades opuestas, obrando
ambas simultáneamente, de lo cual resultaría completa inmovilidad y
por consiguiente impotencia.
49.
Si la Omnipotencia de Dios se extendiera, según la creencia actual,
á obrar el mal igualmente que el bien, sería posible y hasta fácil
para Dios elevar todo el infierno al cielo, convertir demonios en
ángeles, limpiar cada pecador de sus pecados en un momento,
renovarle, santificarle, regenerarle y, de ser hijo de la ira, hacer
de él en un momento un hijo de la gracia, es decir, justificarle, lo
cual podría entonces hacer con imputarle la justicia de Su Hijo.
Pero Dios por Su Omnipotencia no puede hacer esto, porque es
contrario á las leyes de Su Orden en el Universo y en el hombre,
cuyas leyes exigen, que la conjunción debe ser mutua, tanto por
parte del hombre cuanto por parte de Dios. Según la mencionada
absurda opinión respecto de la Omnipotencia de Dios, sería posible
para Dios convertir por mero beneplácito cada «cabra» en «oveja» y
de su izquierda pasarle á su derecha; sería posible cambiar los
espíritus del dragón en ángeles de Micael y podría
incondicionalmente dar la vista del águila á un hombre, cuyo
entender fuera como la vista de un topo. Pero Dios no puede hacer
esto, porque es contrario á las leyes de Su Orden; mas está
continuamente esforzándose para hacerlo con arreglo á estas leyes.
Si hubiera podido hacerlo, no hubiera permitido, que Adán fuere
seducido por la serpiente cogiendo del fruto prohibido. Si hubiera
podido obrar así, no hubiera permitido á Caín matar á Abel, á David
contar el pueblo, á Salomón edificar templos á los ídolos, y á los
reyes de Israel y de Judá profanar el templo. Si hubiera podido
obrar así, hubiera, salvado á toda la raza humana sin excepción
alguna, mediante la justicia de Su
Hijo y hubiera extirpado por completo á los infiernos. Tal
concepto de la Omnipotencia de Dios puede uno formarse únicamente
cuando aleja la razón de su mente como muchos han hecho, y así es
que se ha introducido en la Iglesia tanto fanatismo y tanta herejía.
IV
Dios es Omniscio, esto es, percibe, ve y conoce todas las
cosas, hasta el más mínimo detalle de lo que sucede en acuerdo con
el Orden, y mediante esto igualmente lo que sucede contrariamente al
Orden.
50.
Dios es Omniscio, es decir, ve, percibe y conoce todas las
cosas, porque Él es la Sabiduría misma y la Luz misma, y la
Sabiduría percibe todo, así como la luz ve todo. Que Dios es la
Sabiduría misma queda demostrado en lo que antecede; que también es
la Luz misma es porque Él es el Sol del cielo de los ángeles, cuyo
Sol ilumina el entendimiento de todos, tanto el de los Ángeles
cuanto el de los hombres, porque así como el ojo es iluminado por el
sol natural, así el entendimiento es iluminado por el Sol
espiritual, y no solo es iluminado, sino con arreglo al deseo de
recibirlo, es también henchido de inteligencia, siendo así que esta
luz es, en su esencia, sabiduría. Por esto dice David: «Dios mora en
una luz inaccesible»; y en el Apocalipsis leemos: «En la nueva
Jerusalén no tendrán necesidad de lumbre de antorcha, porque el
Señor Dios les alumbrará»; así mismo en Juan, que «el Verbo, que era
con Dios y que era Dios, es la luz, que ilumina á todo hombre, que
viene al mundo». Por el Verbo se entiende la Divina Sabiduría.
Puesto que la luz en su esencia es sabiduría, resulta que la luz en
los cielos es más clara y más intensa donde se hallan los Ángeles
más sabios; menos clara é intensa donde viven los ángeles menos
sabios. Cada uno en el cielo, tiene, pues, luz conforme á su
sabiduría. Es por esta relación, entre la luz y la sabiduría, que en
el Verbo, «luz», significa sabiduría.
51.
La razón por la cual Dios percibe, ve y conoce todas las
cosas, que suceden en acuerdo con el Orden, es que el Orden es
universal, hallándose en cada particular cosa detalladamente, porque
las partes sencillas, tomadas en conjunto, se llaman un «universal»,
así como las partículas, tomadas en un conjunto, se llaman un
«general»; y un «universal» con todas sus partes, es un cuerpo que
adhiere
como una sola cosa, de manera que una parte no puede ser afectada ó
tocada sin que la sensación recibida se comunique
á todas. Por esto hay en todas las cosas creadas cierta ínterjunción
ó percepción común. Para ilustrar: En el cuerpo humano hay cosas
generales y cosas particulares, y las generales envuelven las
particulares, combinadas de tal manera, que se pertenecen
mutuamente. Cada miembro en el cuerpo se halla cubierto por una
membrana, la cual se insinúa en toda partícula del miembro, hasta
formar uno con él en cada oficio y uso. La membrana de cada músculo
entra en cada una de las minúsculas fibras que lo componen y las
reviste por así decir de sí misma. De igual manera la envoltura de
los pulmones, que se llama pleura, entra en toda partícula de los
pulmones, y el pericardio en toda partícula del corazón; las
membranas del cerebro, por finísimos hilos, que salen de ellas,
entran en todas las minúsculas glándulas, que están debajo de ellas,
y por conducto de éstas, entran en las fibras de toda partícula del
cuerpo; así es que la cabeza, desde el cerebro, gobierna todo
detalle del cuerpo, sujeto á ella. Por estas cosas visibles puede
uno hasta cierto punto formarse idea de cómo Dios percibe, ve y
conoce todas las cosas, hasta el más mínimo detalle, que sucede en
acuerdo con el Orden.
52.
La razón por la cual Dios, por las cosas que se hallan según el
Orden, percibe, ve y conoce todo cuanto es contrario al Orden, es
que Dios no mantiene al hombre en el mal, sino que le detiene del
mal. No le guía y lleva adelante por el camino del pecado, sino que
lucha con él para hacerle desistir de su maldad. El mal y la
falsedad están continuamente esforzándose, luchando y resistiendo
con repugnancia y perpetua reacción contra el bien y la verdad de
Dios, y por esta continua lucha, resistencia y repugnancia percibe
Dios su cantidad y su cualidad. Esto viene de que Dios es el Orden
mismo y por consiguiente presente en todo detalle del Orden,
teniendo perfecto conocimiento de todo cuanto hay en el Orden, hasta
el más mínimo detalle; y siendo así que todo cuanto se halla fuera
del Orden hace oposición al Orden y perpetua reacción contra él,
sigue que Dios, desde las cosas, que se hallan dentro del Orden, en
cuyas cosas El mismo está presente, percibe, ve y conoce todas las
cosas que se hallan fuera del Orden por la oposición y reacción de
estas cosas contra las primeras. Es como uno que tiene oído fino y
sensible, que con exactitud puede apreciar las notas musicales; éste
percibe inmediatamente todo sonido discordante é inarmonioso tan
pronto llegue á su oído y nota hasta la extensión y el carácter de
la discordia. Uno que se halla en el goce de su vida, siente
inmediatamente un disgusto que sobreviene, y el sinsabor producido
por la contrariedad es tanto más pronunciado cuanto más exquisito y
completo es el goce. Uno que contempla un objeto hermoso, se impone
de su hermosura más profunda, y completamente si al lado del objeto
hermoso hay otro feo. Así es también con el bien y la verdad, que
son contrarios al mal y á la falsedad; se dejan percibir, ver y
conocer más distinta y completamente, comparadas con su opuesto. El
que se halla en el bien, percibe que una cosa es mala, y el que se
halla en la verdad, percibe que una cosa es falsa, por la oposición
que hay entre el bien y el mal, entre la verdad y la falsedad;
porque el bien se halla en el calor del cielo y la verdad en la luz
celestial, mientras que el mal se halla en el frío del infierno y la
falsedad en las tinieblas infernales. Los ángeles del cielo pueden
observar todo cuanto se hace en el infierno y ver las formas
monstruosas que están allí, pero los espíritus del infierno no
pueden ver cosa alguna de lo que hay en el cielo; no pueden ver los
ángeles que viven allí, más que un ciego, ó más que uno que mira al
través del espacio sin encontrar objeto en que fijar la vista. El
hombre puede hasta cierto punto estar en la luz de la verdad, por
más que se halle en la vida de sus malas inclinaciones; pero la
guardará y la aumentará tan solo en la medida en que venza sus malas
inclinaciones. Al principio, cuando se halla en alguna luz, no ve
sin embargo las verdades, más que como un murciélago ve una sábana
blanca tendida en un jardín, á la que vuela para refugiarse; pero si
continúa en sus malas inclinaciones, se vuelve como una lechuza ó un
búho. Entonces es como un deshollinador, sorprendido en la chimenea
por el humo. Si mira arriba ve por entre el humo la bóveda del
cielo, y mirando abajo ve el fuego del cual sale el humo.
53.
Hay que observar que la percepción de las cosas opuestas difiere de
la de las cosas relativas; porque las opuestas están al exterior y
son contrarias á las cosas que están al interior. Una cosa opuesta
empieza, cuando una cosa cesa por completo de ser algo, y otra nueva
cosa nace con el esfuerzo de contrarrestar la primera, como una
rueda que obra contra otra rueda ó una corriente contra otra
corriente; mas las cosas relativas se refieren á la disposición de
muchas y variadas cosas en orden conveniente y armonioso, como
piedras preciosas de varios colores en el pectoral de una reina, ó
como flores de diferentes colores en una guirnalda, agradables á la
vista. En ambos opuestos hay cosas relativas; en el bien como en el
mal, en la verdad como en la falsedad, por consiguiente en el cielo
como en el infierno; mas las cosas relativas del infierno son
opuestas á las relativas del cielo. Ahora bien; puesto que Dios
percibe, ve y por consiguiente conoce las cosas relativas en el
cielo, por medio del Orden en el cual se halla, y en su consecuencia
percibe, ve y conoce las cosas relativas opuestas en el infierno,
según se acaba de decir más arriba, es pues evidente, que Dios es
Omniscio en el infierno tanto como en el cielo, ¿igualmente entre
los hombres en el mundo; por consiguiente que percibe, ve y conoce
sus males y falsedades por el bien y la verdad, en los cuales El se
halla y los cuales en su esencia es El mismo. De acuerdo con esto,
dice David:
«Si
subiere á los cielos, allí estás tú, y si en el abismo hiciere mi
estrado, he aquí, allí tú estas» (Salmo CXXXIX).
Y en
otro lugar leemos:
«Aunque cavasen hasta el infierno, de allí los tornará mi mano»
(Amos IX: 2).
V
Dios es Omnipresente, desde las primeras hasta las últimas
cosas de Su Orden.
54.
Dios es Omnipresente desde las primeras hasta en las últimas
cosas de Su Orden, por medio del calor y la luz del Sol del mundo
espiritual, en medio del cual El está; el Orden fue hecho mediante
este Sol, el cual despide calor y luz espiritual que llenan el
Universo entero, penetrando en todas sus cosas desde las primeras
hasta las últimas y produciendo la vida de los hombres y. de todo
animal, así como el alma vegetal en todo germen de la tierra. Estos
dos influyen, en todas las cosas, haciendo que cada cosa viva y
crezca según el orden impreso en ella desde la creación, y siendo
así que Dios no es extendido y sin embargo llena todas las
extensiones del Universo, es pues Omnipresente. Que Dios está en
todo espacio sin que haya espacio en El y en todo tiempo sin que
haya tiempo en El, se ha demostrado en otro lugar, y siendo esto
así, resulta que por Su Omnipresencia percibe todas las cosas, por
Su Omnisciencia provee todas las cosas y por Su Omnipotencia opera
todas las cosas, por lo cual es evidente que la Omnipresencia,
Omnisciencia y Omnipotencia de Dios hacen uno, ó sea que la una
implica las otras y que por consiguiente no pueden ser separadas.
55.
Como ilustración de la Divina Omnipresencia se dirá aquí algo
acerca de la milagrosa presencia de los ángeles y espíritus en el
mundo espiritual. En ese mundo, puesto que allí no hay espacio, sino
tan solo apariencia de espacio, puede un ángel ó un espíritu en un
momento llegar á la presencia de otro, con solo entrar en similar
afecto de amor y por consiguiente en similar pensamiento; porque
estos dos determinan la apariencia de espacio. Que la presencia de
cada uno allí es determinada por el estado de la mente me consta,
porque allí he visto habitantes del África muy cerca de habitantes
de las Indias, por más que en la tierra viven tan separados, y más
aún, he podido allí ponerme en presencia de los que viven en otros
planetas de nuestro sistema, y también de los que viven en planetas
de otros sistemas solares. Por virtud de esta presencia, no de
espacio, sino de apariencia de espacio, he conversado con algunos de
los apóstoles, con difuntos papas, emperadores y reyes, con los
fundadores de la iglesia actual, Lutero, Calvin, Melancton, y con
otros de países muy lejanos. Puesto que tal es la presencia de
ángeles y espíritus, ¿qué límite puede ponerse á la Divina presencia
en el Universo, cuya presencia es infinita?
VI
El hombre fue creado forma del Divino Orden
56.
El hombre fue creado imagen y semejanza de Dios, y puesto que
Dios es el Orden mismo, resulta que el hombre fue creado imagen y
semejanza del Orden. Hay dos cosas de las cuales el Orden ha
originado y por las cuales subsiste, á saber: el Divino Amor y la
Divina Sabiduría, y el hombre fue creado receptáculo de éstos, por
lo cual también fue creado en el Orden según el cual obran en el
Universo y principalmente en el cielo de los ángeles; por eso el
cielo de los ángeles en su conjunto es en la mayor efigie la forma
del Divino Orden y ante la vista de Dios es como un solo Hombre,
existiendo asimismo completa correspondencia entre él y el hombre,
por qué no hay sociedad en el cielo que no corresponda á algún
miembro, víscera ú órgano en el hombre, y por eso es común en el
cielo el decir, que una sociedad se halla en la región del hígado,
del páncreas, de los riñones, del estómago, del ojo, del oído, ó de
la lengua, etc. Los ángeles conocen también en qué parte ó región
del hombre viven. He podido convencerme por viva experiencia de que
esto es así: he visto como un solo hombre á una sociedad que
consistía de varios millares de Ángeles; por lo cual me fue
manifiesto que el cielo en su conjunto es una imagen de Dios y una
imagen de Dios es una forma del Divino Orden.
57.
Hay que saber que todas las cosas, que proceden del Sol del mundo
espiritual, en medio del cual está Jehová Dios, tienen relación con
el hombre y que por esta razón todo cuanto existe en ese mundo
tiende hacia la forma humana y en su más íntimo tiene esta forma,
por lo cual todo objeto, que allí se presenta á los ojos, es
representativo del hombre. Allí se ve animales de todas clases y
estos son semejanzas de las inclinaciones del amor y por
consiguiente del pensamiento de los ángeles; de igual manera las
selvas, los jardines florales y las praderas verdulentas allí; y es
dado percibir la inclinación especial, representada por este ó aquel
objeto; y lo que es maravilloso, cuando su íntima vista es abierta,
reconocen su propia imagen en esos objetos, lo cual obedece á que
todo hombre es su propio amor y por consiguiente su propio
pensamiento, y siendo las inclinaciones y por ello los pensamientos
tan múltiples y variados en cada hombre, correspondiendo esta á la
inclinación de cierto animal, esta otra á la de otro animal, resulta
que las imágenes de sus inclinaciones se presentan así. Más se dirá
con respecto á estas cosas en las siguientes páginas que tratarán de
la Creación. Estas cosas demuestran una vez más que el fin, ó el
objeto final de la Creación era un cielo de ángeles de la raza
humana, así pues del hombre, en cuyo cielo pudiera morar Dios como
en su receptáculo, y esta es la razón por la cual el hombre fue
creado forma del Divino Orden.
58.
Antes de la Creación era Dios el Amor mismo y la Sabiduría misma,
ambos en esfuerzo de realizar usos, porque el Amor y la Sabiduría
sin el uso no son más que aire ó viento y desaparecen también si no
se aplican al uso. Separados del uso son como aves que vuelan sobre
un océano interminable y finalmente, fatigadas por el constante
vuelo, caen al mar y se ahogan. Por esto es evidente, que el
Universo fue creado por Dios á fin de que existiesen usos, por lo
cual el Universo puede llamarse un espectáculo de usos, y siendo el
hombre el objeto principal de la Creación, resulta que todas las
cosas, y cada una particularmente, han sido creadas al beneficio del
hombre y que por consiguiente todo cuanto pertenece al orden, y cada
mínimo detalle del mismo, ha sido concentrado en él, á fin de que
Dios mediante él pueda realizar usos primarios. El amor y la
sabiduría, sin la tercera cosa que es el uso, pueden compararse con
el calor y la luz del sol, los cuales, caso de no operar en hombres,
animales y vegetación, serían cosas vanas e imaginarias, pero llegan
á ser reales y efectivos mediante su influjo y su operación en
ellos. Hay tres cosas que siguen por su orden, á saber, la
intención, la causa y el efecto, y el mundo erudito sabe, que la
intención, ó el fin, es nada si no mira á la causa eficiente, y que
ni la intención ni esta causa son algo, si no producen el efecto. La
intención y la causa pueden por cierto ser contempladas
abstractamente en el pensamiento; pero solo al objeto de algún
efecto que la intención intenta y la causa efectúa. El caso es igual
con el amor, la sabiduría y el uso. El uso es lo que el amor intenta
y produce mediante la causa, y cuando el uso queda realizado,
entonces existen realmente el amor y la sabiduría y se hacen en el
uso una morada y habitación para sí. Así sucede también con el
hombre, en quien están el amor y la sabiduría de Dios, realizando
usos; y á fin de que pudiera realizar usos de Dios, fue creado
imagen y • semejanza de Dios, es decir, forma del Orden Divino.
VII
El hombre se halla con poder contra el mal y la falsedad por
la Divina Omnipotencia, en sabiduría con respecto al Bien y la
Verdad por la Divina Omnisciencia y en Dios por la Divina
Omnipresencia, tanto como vive en acuerdo con el Divino Orden.
59.
La razón por la cual el hombre se halla con poder contra el mal y la
falsedad tanto como vive en acuerdo con el Divino Orden, es que
nadie más que Dios puede resistir los males y las falsedades que
proceden de ellos, porque todos los males con todas sus falsedades
son del infierno, y allí adhieren los unos á los otros, formando
uno, de la misma manera que los bienes con sus verdades se unen en
el cielo. El cielo en su conjunto es ante la vista del Señor como un
solo Hombre, según queda dicho, y el infierno, por otra parte, es en
su conjunto como un gigante monstruoso; por lo cual, luchar contra
un solo mal y una sola falsedad es luchar contra este gigante
monstruoso, que es el infierno en su conjunto. Esto nadie lo puede
más que Dios, y El lo puede por Su Omnipotencia. Por esto es claro,
que el hombre, si no se dirige á Dios, no tiene en sí poder alguno
contra el mal y la falsedad. No podría contra ellos más que un pez
contra el océano ó un grano de polvo contra una montaña, que se
derrumbase sobre él. Únicamente si vive en acuerdo con el Divino
Orden tiene poder sobre ellos. Vivir en acuerdo con el Divino Orden
es reconocer á Dios y confiar en El y en su Omnipotencia para
protección contra el infierno y con esta fe luchar por su parte
contra el mal y la falsedad que hay en él. Esta lucha, en unión con
esta fe, es en conformidad con el Divino Orden. Si no hace esto no
puede evitar el ser sumergido y engullido por el infierno,
arrastrado por el mal, como una barca en alta mar, abandonada á
merced de la tempestad.
60.
La razón por la cual el hombre se halla en sabiduría con respecto al
Bien y á la Verdad por la Divina Omnisciencia tanto como vive en
acuerdo con el Divino Orden, es que todo el amor del bien y toda la
sabiduría de la verdad, así como todo el bien del amor y toda la
verdad de la sabiduría, vienen de Dios Solo. Esto reconocen por lo
demás todas las iglesias en el mundo Cristiano. Por esto es claro
que el hombre no puede hallarse interiormente en la verdad de la
sabiduría sino por Dios, puesto que Dios es omniscio y todo hombre
recibe sabiduría y entendimiento de El, siendo en sí mismo una forma
muerta, que recibe su vida de Dios cada instante. El hombre
interior, ó sea la mente humana, se halla compartida en tres grados,
como el cielo de los ángeles, y puede ser elevada á un grado
superior y al más superior; puede asimismo ser rebajada á un grado
inferior y al más inferior. En la medida que es elevada, es elevada
á sabiduría, porque es elevada á la luz del cielo, y esta elevación
nadie la puede efectuar mas que Dios; tanto como la mente humana es
elevada á esta luz, tanto es hombre; pero tanto como es rebajada á
los grados inferiores, tanto se halla en la luz delusoria del
infierno, y tanto deja de ser hombre y se vuelve bestia. Hasta la
forma del cuerpo humano, en comparación con la de la bestia,
manifiesta esta superioridad del hombre sobre el animal. El hombre
anda con su cuerpo levantado y mira hacia el cielo, pudiendo
libremente alzar la vista al cenit; pero la bestia anda con su
cuerpo inclinado mirando la tierra con todo su semblante, y no puede
levantar la vista al cielo sino con mucha dificultad. La mente
humana, según el Orden Divino, debe mirar hacia Dios, aprender á
conocerle mediante las verdades, por El reveladas y vivir en
conformidad con ellas. Así recibe sabiduría é inteligencia de El.
Por otra parte, si deja de hacerlo, y en su lugar imita á la bestia,
mirando sólo á la Naturaleza para su ilustración y considerando las
cosas de la Sabiduría como productos de su propia inteligencia,
entonces no hay sabiduría ni entendimiento en él, sino tan solo la
luz delusoria del infierno. En el primer caso es como un hombre que
desde la cúspide de una alta torre mira á una ciudad, distinguiendo
claramente casas, calles y plazas y los hombres que anidan en ellas,
todo con una ojeada; pero en el último caso es como un hombre que
desde el sótano de la misma torre, por un agujero en la pared mira
hacia la misma ciudad, no distinguiendo mas que una parte de la casa
de enfrente, viendo cómo los ladrillos y las tejas de la misma están
colocadas. En el primer caso el hombre es como un ave que vuela en
las alturas y ve sobre un ancho círculo debajo de sí varios objetos,
dirigiéndose á los que le son beneficiosos; pero en el último caso
es corno un insecto, que se nutre de materias corrompidas, el cual
vuela cerca de la tierra y donde ve un fumiguero, allí se mete y se
goza del mal olor y de la insalubridad. Cada hombre, mientras vive
en el mundo, está en medio entre él cielo y el infierno, en completo
equilibrio entre las dos fuerzas antagonistas, y por consiguiente en
completa libertad de mirar arriba hacia Dios ó abajo hacia el
infierno. Si mira hacia Dios, reconoce que toda Sabiduría viene de
El y con respecto á su espíritu se halla actualmente en el cielo
entre los ángeles. Pero si mira hacia abajo, lo cual hace si está en
la falsedad por el mal, se halla, con respecto á su espíritu,
actualmente en el infierno entre los demonios.
61.
La razón por la cual el hombre se halla en Dios por la Divina
Omnipresencia tanto como vive en acuerdo con el Divino Orden, es que
Dios es Omnipresente, y en Su Orden se halla en Sí Mismo, porque
Dios es el Orden mismo, según ya se ha demostrado, y puesto que el
hombre fue creado en el Divino Orden, sigue que Dios está en el
hombre, siendo así que Dios es el Orden; pero llenamente no está
Dios en el hombre mas que en cuanto éste vive en acuerdo con el
Divino Orden. Si el hombre no vive en acuerdo con el Orden, Dios
está sin embargo en él, pero tan solo en la parte más íntima ó
superior del alma, donde el hombre no tiene conocimiento ni
percepción de tal presencia, y desde allí continúa dando al hombre
la facultad de entender y la inclinación de amar; ó sea el poder
para entender la verdad y querer el bien. Tanto como el hombre vive
contrariamente al orden, cierra la parte interior de su mente ó
espíritu para la influencia Divina, impidiendo á Dios de descender y
llenar su región inferior con Su presencia; y así resulta que por
más que Dios está en el hombre, este hombre no está en Dios. Es una
verdad universalmente reconocida en el cielo, que Dios está en todo
hombre, en el malo como en el bueno, pero que el hombre no está en
Dios, si no vive en acuerdo con el Divino Orden. El Señor dice que
«el hombre debe estar en El y El en el hombre» (Juan XV: 4j.
62. RECUERDO. Una vez oí debajo de mí un ruido semejante al bramido
de las olas del mar en una tempestad y pregunté: ¿qué es esto?
Alguien me dijo, que era un tumulto entre los que se hallaban en la
tierra inferior, que está inmediatamente encima del infierno. Y
luego el suelo, que formaba techo encima de ellos, se abrió de par
en par, y he aquí, por las aberturas salieron grandes bandadas de
aves nocturnas, extendiéndose sobre el terreno del lado izquierdo, y
tras de ellas salieron langostas saltando sobre la hierba del
terreno, convirtiéndolo en un desierto por todas partes donde se
metían. Pasados algunos momentos, oí extraños gritos que procedían
de esas aves nocturnas y alternando con ellos un retintín confuso,
cómo de espectros en los bosques. Después vi unas aves hermosas que
venían del cielo, extendiéndose sobre el terreno á la derecha. Estas
aves tenían sobre todo hermosas alas, que parecían de oro con rayas
y puntos de plata, y algunas de ellas llevaban en la cabeza una
cresta en forma de corona. Mientras yo, sorprendido, miraba estas
cosas, subió un espíritu de la tierra inferior, donde era el
tumulto; este espíritu podía transformarse en un ángel de la luz.
Cuando se encontraba sobre la tierra, se puso á correr por un camino
empedrado, gritando: «¿Dónde está ese que habla y escribe de un
Orden al cual, según dice, se ha obligado y sujetado Dios con
respecto al hombre? Hemos oído estas cosas allí abajo al través del
techo». Llegó á donde estaba yo, y en seguida, fingiéndose un ángel
del cielo y hablando con un acento que no era su ordinario, dijo:
«¿Eres tú el hombre que piensa y habla acerca del Orden? Dime
brevemente lo que es el orden y algunas cosas pertenecientes al
orden»; y le respondí: «te diré lo general, pero no los detalles,
porque no los admitirías»; y le dije: «1.° Dios es él Orden mismo.
2.° Crió al hombre por medio del Orden, según el Orden y al Orden,
3.°.Crió su mente racional según el orden de todo el mundo
espiritual, y su cuerpo según el orden de todo el mundo natural, por
cuya razón el hombre por los ancianos fue llamado «un cielo en
miniatura» y también «un mundo en miniatura». 4.° De ahí viene, que
es una ley del Orden, el que el hombre desde su pequeño cielo ó
pequeño mundo espiritual, debe gobernar su «microcosmos» ó su
pequeño mundo natural, de parecida manera que Dios, desde su grande
Cielo ó mundo espiritual, gobierna el «macrocosmos» ó sea el mundo
natural en su conjunto y en todos sus detalles. 5,° Es una ley del
Orden, resultando de lo antedicho, que el hombre debe introducirse
en la fe mediante las verdades del Verbo y en el amor al prójimo
mediante buenas obras, y así reformarse y regenerarse. 6.° Es una
ley del Orden, que el hombre debe purificarse de sus pecados
mediante su propio esfuerzo y facultad y no permanecer inactivo,
creyéndose impotente, y esperando á que Dios le limpie de sus
pecados sin más preámbulos. 7.° Es también una ley del Orden, que el
hombre debe amar á Dios de toda su alma y á su prójimo como á sí
mismo, y no permanecer inactivo, confiando en que Dios le infunda
estos dos amores, como podría se introducir en su boca el pan del
panadero.» Además otras muchas cosas parecidas. Al oír estas
palabras el satanás contestó con voz meliflua, en la cual se dejó
percibir un engaño interior: «¿Qué es esto, que dices, que el hombre
por su propia fuerza se debe introducir en el Orden mediante
obediencia á las leyes, pertenecientes al mismo? ¿no sabes que el
hombre no está bajo la ley, sino bajo la gracia? que todas las cosas
le son regaladas? y que no puede tomar cosa alguna por sí mismo, si
no le es dada del cielo? y que en cosas espirituales el hombre no
tiene facultad para obrar por si mismo, más que la estatua de la
mujer de Lot? y no más que Dagón, el ídolo de los Filisteos en Ecrón?
y que por consiguiente es imposible para el hombre justificarse á sí
mismo, sino que lo ha de verificar la fe y la caridad?» En
contestación á estas preguntas me limité á decir: «Es también una
ley del orden, que el hombre, mediante su propio esfuerzo y
facultad, debe proporcionarse la fe por medio de las verdades del
Verbo, y sin embargo creer, que ni un grano de la .fe viene de él
mismo sino de Dios, y asimismo que por su propio esfuerzo y poder
debe justificarse y sin embargo creer, que nada de la justificación
viene de él mismo sino de Dios, ¿No ha mandado Dios al hombre de
creer en Dios y de amar á Dios de toda su fuerza y á su prójimo como
á sí mismo? Reflexiona y di, si sería posible, que estas cosas
fueren mandadas por Dios, si el hombre no tuviera facultad para
obedecerlas y realizarlas». Habiendo oído esto, el color del
semblante del satanás mudó de blanco en lívido, luego en negro, y
con su voz natural dijo: «Has hablado disparates contra disparates».
Seguidamente se hundió hasta donde estaban sus compañeros y
desapareció. Las aves del lado izquierdo, junto con los espectros,
profirieron gritos extraños y se lanzaron al mar, que allí se llama
«Suph», y las langostas las siguieron saltando. La atmósfera se
despejó y el terreno quedó libre de aquellas criaturas salvajes. El
tumulto en la profundidad cesó y renació la calma y la serenidad.