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La Reformación y Regeneración

395. Procede ahora tratar de la reformación y la regeneración, porque éstas acompañan al arrepentimiento y progresan gradualmente por medio del mismo. Existen dos estados, en los cuales el hombre es introducido y los cuales atraviesa durante su nacimiento nuevo, por el cual, de ser hombre natural, se vuelve hombre espiritual. El primer estado se llama reformación y el segundo regeneración. En el primero mira el hombre desde su estado natural hacia un estado espiritual, deseándolo; en el segundo es hecho espiritual/natural. El primero es formado por las verdades, que han de ser de la fe, por medio de las cuales mira hacia la caridad. El segundo es formado por los bienes de la caridad, desde los cuales entra en las verdades de la fe; ó—lo cual es igual—el primero es un estado de los pensamientos por el entendimiento, mas el segundo es un estado del amor por la voluntad. Cuando este último estado empieza y conforme progresa tiene lugar un cambio en la mente, efectuándose una inversión, porque entonces el amor de la voluntad influye en el entendimiento y obra en él, haciéndolo pensar en armonía consigo, y por cuanto el bien del amor entonces hace la parte principal, mientras que las verdades de la fe hacen la secundaria, el hombre es espiritual y una nueva criatura. En este estado obra la caridad y habla la fe; siente el bien de la caridad y percibe las verdades de la fe. Entonces está en el Señor, en paz y regenerado. El que en el mundo ha entrado en el primer estado, puede después de la muerte ser introducido en el segundo, pero el que no ha entrado en el primero mientras vivía en el mundo, no puede ser introducido en el segundo después de la muerte. No puede pues ser regenerado. El progreso del primer estado al segundo puede compararse con el aumento gradual de la luz y del calor en un día de primavera. El primero con el crepúsculo matutino y el segundo con la mañana y la salida del sol, y el progreso del segundo es como el progreso del día desde la mañana hasta medio día, siempre aumentando la luz y el calor. Es también como el trigo del campo, el cual al principio es una hoja, luego una espiga y finalmente trigo en la espiga.

La siguiente sección [I. Si el hombre no nace otra vez y si no es por así decir creado de nuevo, no puede entrar en el Reino de Dios. (N. 396-398.)...]