I
Si el hombre no nace otra vez y si no es por así decir creado de nuevo, no puede entrar en el Reino de Dios.
396.
Esto es doctrina del Señor. Sus palabras á Nicodemo, según
Juan III: 3; 5; 6, fueron:
«De
cierto, de cierto te digo que el que no naciere otra vez no puede
ver el reino de Dios.»
Y
luego:
«De
cierto, de cierto te digo que el que no naciere de agua y del
espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de
la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.»
Por
el reino de Dios se entiende el Cielo y también la Iglesia, porque
la Iglesia es el reino de Dios en la tierra. Igual significación
tiene en otros lugares del Verbo, donde se menciona, como por
ejemplo en Mateo XI: 11; XII: 28; XXI: 43; Lucas IV: 43; VI: 20;
VIII: 1; 10; IX: 11; 60; 62; XVII: 21 y otros. Nacer de agua y del
Espíritu significa recibir y reconocer las verdades de la fe y
conducir una vida en conformidad con ellas, porque agua significa
verdades† , y Espíritu significa una vida en conformidad con las
Divinas Verdades, lo cual es evidente por las palabras del Señor en
Juan:
«El
Espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha; las palabras
que yo os he hablado son espíritu y son vida» (VI: 63).
En
el Verbo los regenerados se llaman hijos de Dios y nacidos de Dios,
y ser regenerado se llama recibir un "corazón nuevo y un espíritu
nuevo. 397. En el Verbo ser creado significa ser regenerado; por eso
decimos: «Si el hombre no es nacido de nuevo y por así decir vuelve
á ser creado.» Que crear tiene esta significación es evidente por
los siguientes pasajes:
«Crea en mi OH Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto
dentro de mí» (Salmo LI: 10).
«Abres tu mano, hártanse de bien; envías tu espíritu, crianse»
(Salmo CIV: 28; 30).
«El
pueblo que se criará alabará á Jah» (Salmo CU: 18).
«He
aquí yo crío á Jerusalén, una alegría» (Isaías LXV: 18).
«Así
dice ¡Jehová, Criador tuyo, oh Jacob, y formador tuyo, OH Israel: Yo
te redimí; todos los llamados de mi nombre, en la gloria mía los
crié» (XLIII: 1; 7).
«Para que vean y conozcan y adviertan y entiendan todos que el Santo
de Israel lo crió» (Isaías XLI: 20).
Y en
muchos otros lugares, donde el Señor se llama Creador, Formador y
Hacedor. Por esto es evidente que las palabras del Señor á los
discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio á toda
criatura» (Marcos XVI: 15) significan un encargo del Señor de
predicar el Evangelio á todos los que podían ser regenerados; porque
criaturas significa los que pueden ser regenerados; así también en
el Apocalipsis III: 14; y en 2 Cor. V: 17.
398.
Es de toda necesidad que el hombre sea regenerado, porque nace en
toda clase de males ingénitos de los padres, y estos males tienen su
asiento en el hombre natural, el cual en y por sí considerado es
diametricalmente opuesto al hombre espiritual; nació sin embargo
para el Cielo, y no puede entrar en el Cielo á menos de volverse
hombre espiritual, lo cual no se puede verificar sino por medio de
la regeneración. De esto sigue que el hombre natural con sus
concupiscencias debe necesariamente ser vencido, subyugado y
convertido, y que de otra manera el hombre no puede dar un sólo paso
hacia el Cielo, sino que al contrario se introduce más y más
hondamente en el Infierno. Esto no ofrecerá duda alguna para el que
cree que ha nacido en toda clase de males, que sabe y reconoce que
existen bienes y males, y que estos últimos son opuestos á los
primeros; que cree que hay una vida después de la muerte; que hay un
Infierno y un Cielo y que los males constituyen el Infierno y los
bienes el Cielo. El hombre natural, en sí mismo considerado, no
difiere del animal en cuanto á su naturaleza; porque tiene la
ferocidad del animal, perola tiene en su voluntad; por otra parte
difiere del animal en cuanto al entendimiento, el cual puede ser
elevado por encima de las concupiscencias de la voluntad, y no sólo
verlas, sino también moderarlas, por cuya razón el hombre puede
pensar por el entendimiento y hablar por los pensamientos,
diferentemente del animal. Cuál y cómo es la cualidad ingénita del
hombre en cuya cualidad permanece si no es regenerado, puede
ilustrarse por comparaciones con animales feroces de todas clases.
Sin regenerar es como un tigre, una pantera, un leopardo, un jabalí,
un escorpión, una tarántula, una víbora, un cocodrilo, y así en
adelante, y si por la regeneración no es transformado, de ser como
uno de estos animales, á ser como un cordero, manso é inofensivo, es
y permanece un demonio entre los demonios del Infierno. ¿Cuántos son
los individuos de la raza humana que no han nacido sátiros y priapi
ó sea reptiles cuadrúpedos? ¿Y quién de ellos, si no es regenerado,
evita ser un mono? La moralidad exclusivamente externa, que se
aprende con el fin de cubrir y ocultar lo interno, conduce á este
resultado. La cualidad del hombre sin regenerar se puede conocer
también por las siguientes comparaciones y similitudes en Isaías:
«La
poseerán el pelicano y el mochuelo, la lechuza y el cuervo morarán
en ella, y extenderán sobre ella cordel de destrucción y niveles de
asolamiento. En sus alcázares crecerán espinas y ortigas, y cardos
en sus fortalezas, y serán morada de chacales (dragones) patio para
las hijas de los avestruces. Y tzim encontrará á ijim y el sátiro se
echará sobre su compañero; la lamia también tendrá allí asiento. Y
anidará allí el cuclillo, pondrá huevos y los empollará y acariciará
su cría debajo de sus alas; también se ajuntarán allí los buitres
cada uno con su compañera» (XXXIV: 11; 13; 14; 15).
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