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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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I

Si el hombre no nace otra vez y si no es por así decir creado de nuevo, no puede entrar en el Reino de Dios.

396.    Esto es doctrina del Señor. Sus palabras á Nicodemo, según Juan III: 3; 5; 6, fueron:

«De cierto, de cierto te digo que el que no naciere otra vez no puede ver el reino de Dios.»

Y luego:

«De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.»

Por el reino de Dios se entiende el Cielo y también la Iglesia, porque la Iglesia es el reino de Dios en la tierra. Igual significación tiene en otros lugares del Verbo, donde se menciona, como por ejemplo en Mateo XI: 11; XII: 28; XXI: 43; Lucas IV: 43; VI: 20; VIII: 1; 10; IX: 11; 60; 62; XVII: 21 y otros. Nacer de agua y del Espíritu significa recibir y reconocer las verdades de la fe y conducir una vida en conformidad con ellas, porque agua significa verdades† , y Espíritu significa una vida en conformidad con las Divinas Verdades, lo cual es evidente por las palabras del Señor en Juan:

«El Espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (VI: 63).

En el Verbo los regenerados se llaman hijos de Dios y nacidos de Dios, y ser regenerado se llama recibir un "corazón nuevo y un espíritu nuevo. 397. En el Verbo ser creado significa ser regenerado; por eso decimos: «Si el hombre no es nacido de nuevo y por así decir vuelve á ser creado.» Que crear tiene esta significación es evidente por los siguientes pasajes:

«Crea en mi OH Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí» (Salmo LI: 10).

«Abres tu mano, hártanse de bien; envías tu espíritu, crianse» (Salmo CIV: 28; 30).

«El pueblo que se criará alabará á Jah» (Salmo CU: 18).

«He aquí yo crío á Jerusalén, una alegría» (Isaías LXV: 18).

«Así dice ¡Jehová, Criador tuyo, oh Jacob, y formador tuyo, OH Israel: Yo te redimí; todos los llamados de mi nombre, en la gloria mía los crié» (XLIII: 1; 7).

«Para que vean y conozcan y adviertan y entiendan todos que el Santo de Israel lo crió» (Isaías XLI: 20).

Y en muchos otros lugares, donde el Señor se llama Creador, Formador y Hacedor. Por esto es evidente que las palabras del Señor á los discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio á toda criatura» (Marcos XVI: 15) significan un encargo del Señor de predicar el Evangelio á todos los que podían ser regenerados; porque criaturas significa los que pueden ser regenerados; así también en el Apocalipsis III: 14; y en 2 Cor. V: 17.

398. Es de toda necesidad que el hombre sea regenerado, porque nace en toda clase de males ingénitos de los padres, y estos males tienen su asiento en el hombre natural, el cual en y por sí considerado es diametricalmente opuesto al hombre espiritual; nació sin embargo para el Cielo, y no puede entrar en el Cielo á menos de volverse hombre espiritual, lo cual no se puede verificar sino por medio de la regeneración. De esto sigue que el hombre natural con sus concupiscencias debe necesariamente ser vencido, subyugado y convertido, y que de otra manera el hombre no puede dar un sólo paso hacia el Cielo, sino que al contrario se introduce más y más hondamente en el Infierno. Esto no ofrecerá duda alguna para el que cree que ha nacido en toda clase de males, que sabe y reconoce que existen bienes y males, y que estos últimos son opuestos á los primeros; que cree que hay una vida después de la muerte; que hay un Infierno y un Cielo y que los males constituyen el Infierno y los bienes el Cielo. El hombre natural, en sí mismo considerado, no difiere del animal en cuanto á su naturaleza; porque tiene la ferocidad del animal, perola tiene en su voluntad; por otra parte difiere del animal en cuanto al entendimiento, el cual puede ser elevado por encima de las concupiscencias de la voluntad, y no sólo verlas, sino también moderarlas, por cuya razón el hombre puede pensar por el entendimiento y hablar por los pensamientos, diferentemente del animal. Cuál y cómo es la cualidad ingénita del hombre en cuya cualidad permanece si no es regenerado, puede ilustrarse por comparaciones con animales feroces de todas clases. Sin regenerar es como un tigre, una pantera, un leopardo, un jabalí, un escorpión, una tarántula, una víbora, un cocodrilo, y así en adelante, y si por la regeneración no es transformado, de ser como uno de estos animales, á ser como un cordero, manso é inofensivo, es y permanece un demonio entre los demonios del Infierno. ¿Cuántos son los individuos de la raza humana que no han nacido sátiros y priapi ó sea reptiles cuadrúpedos? ¿Y quién de ellos, si no es regenerado, evita ser un mono? La moralidad exclusivamente externa, que se aprende con el fin de cubrir y ocultar lo interno, conduce á este resultado. La cualidad del hombre sin regenerar se puede conocer también por las siguientes comparaciones y similitudes en Isaías:

«La poseerán el pelicano y el mochuelo, la lechuza y el cuervo morarán en ella, y extenderán sobre ella cordel de destrucción y niveles de asolamiento. En sus alcázares crecerán espinas y ortigas, y cardos en sus fortalezas, y serán morada de chacales (dragones) patio para las hijas de los avestruces. Y tzim encontrará á ijim y el sátiro se echará sobre su compañero; la lamia también tendrá allí asiento. Y anidará allí el cuclillo, pondrá huevos y los empollará y acariciará su cría debajo de sus alas; también se ajuntarán allí los buitres cada uno con su compañera» (XXXIV: 11; 13; 14; 15).

La siguiente sección [II. El nacimiento nuevo ó la nueva creación es efectuada por el Señor solo, por medio de la caridad y la fe y con la cooperación del hombre. (N. 399-401.)...]