II
El nacimiento nuevo ó la nueva creación es efectuada por el Señor solo, por medio de la caridad y la fe y con la cooperación del hombre
399.
Que la regeneración es efectuada por el Señor por medio de la
caridad y la fe se desprende de lo que se ha demostrado en los
capítulos que tratan de la caridad y de la fe, especialmente de esto
de que el Señor, la caridad y la fe hacen uno, como la vida, la
voluntad y el entendimiento en el hombre, y que si son separados
parece cada uno como una perla reducida á polvo. Dije por medio de
la caridad y la fe; porque éstas unen al nombre con el Señor y la
unión hace que la caridad en el hombre sea verdadera caridad y que
la fe sea verdadera fe; mas esta unión no se puede verificar si el
hombre no toma parte en la regeneración, y por esto se dice: con la
cooperación del hombre. De la cooperación del hombre con el Señor se
ha hablado ya en varios artículos precedentes; pero puesto que la
mente humana, por su naturaleza, percibe y se figura que el hombre
efectúa esta cooperación por propia virtud, conviene ilustrar este
punto otra vez:
Todo movimiento y por consiguiente todo acto, es producto de
una cooperación entre un activo y un pasivo; el activo obra y el
pasivo coopera por virtud del activo; de ahí que de los dos resulta
un solo acto, como cuando una cosa inanimada obra por virtud de una
fuerza viva, y en general como lo instrumental obra por virtud de lo
principal; es bien
conocido que éstos dos juntos producen un solo acto. Con respecto á
la caridad y á la fe el Señor obra, y el hombre coopera por virtud
del Señor; porque en la pasividad del hombre está la actividad del
Señor, y la inclinación de obrar, que así resulta, parece venir del
hombre; porque su voluntad se halla en completa libertad,
por lo cual el hombre puede obrar de acuerdo con el Señor, es
decir, cooperar con El, y así unirse con El. Por la misma libertad
puede también obrar de acuerdo con la fuerza infernal que está al
exterior y así separarse del
Señor. La actividad del hombre de acuerdo con la actividad
del Señor, es lo que entendemos por cooperación.
400.
De esto sigue que el Señor se halla en continua actividad
para regenerar al hombre, porque está continuamente esforzándose
para salvarle, y nadie puede ser salvo sin que sea regenerado, según
dijo el Señor Mismo:
«El
que no naciere otra vez no puede ver el reino de Dios» (Juan III:
3).
La
regeneración es por consiguiente el medio de salvación como la
caridad y la fe son los medios de regeneración. Creer que la
verdadera regeneración sigue á la fe de la Iglesia actual, es la
vanidad de las vanidades, porque esa fe excluye la cooperación del
hombre. Una acción y reacción tales como las que se acaban de
describir, pueden observarse en todo objeto que se halla en
actividad y movimiento. Tal acción y reacción son las del corazón y
cada arteria relacionada con él; el corazón obra y la arteria
coopera con sus membranas ó capas; de ahí viene la circulación de la
sangre. El caso es igual con los pulmones; el aire obra por su
presión según la altura de la atmósfera y la cooperación hacen
primero las costillas por virtud de los pulmones y acto seguido los
pulmones por virtud de las costillas; así se verifica la respiración
de toda membrana en el cuerpo; similar acción y reacción se
verifican continuamente en todo órgano, víscera y miembro del
cuerpo; y de ahí tienen éstos su existencia y subsistencia. Quien
reflexiona puede comprender que si no hubiera tal acción y
cooperación entre la vida, que influye, y el organismo espiritual
del cerebro, no podría posiblemente haber pensamiento ni voluntad;
porque la vida influye de Dios en este organismo, y por la
cooperación del mismo resulta la percepción de lo que llamamos
pensamiento y también de lo que en el pensamiento se contempla, se
decide y se determina en acto. Si la vida tuviera que obrar por sí
sola, sin que el hombre cooperase con ella, no podría éste pensar
más que un tronco, ó más que el templo, en el cual se pronuncia un
sermón. Así sería el hombre con respecto á la caridad y la fe, si no
cooperase con el Señor.
401.
Lo que sería el hombre, si no cooperase con el Señor, puede
ilustrarse también por medio de las siguientes comparaciones: Al
percibir y sentir cualquiera cosa espiritual, perteneciente al Cielo
y á la Iglesia, sería como si influyera en él una cosa insípida ó
discordante; como un olor ofensivo que hiriese la nariz, como un
sonido discordante en el oído, como un espectáculo monstruoso
delante del ojo y como un gusto malo, asqueroso, en la boca. Si el
goce de la caridad y el placer de la fe influyeran en la mente
espiritual de que se hallan en el goce del mal y en el placer de la
falsedad, haciendo así intrusión en ellas, sentirían ansiedad y
tormento y finalmente caerían en desmayo: El organismo espiritual de
la mente consiste de perpetuas hélices, y en un caso como el aquí
indicado, se arrollaría en espirales, retorciéndose como una culebra
sobre una hormiguera. Por mucha experiencia en el mundo espiritual
sé que esto es así.
La siguiente sección [III. Puesto que todos han sido redimidos, pueden todos ser regenerados, cada uno con arreglo á su estado (N. 402-404.)...]