III
Puesto que todos han sido redimidos, pueden todos ser regenerados, cada uno con arreglo á su estado
402.
A fin de que esto se comprenda bien conviene recordar aquí algunas
cosas respecto de la Redención. El Señor vino al mundo
principalmente para apartar el Infierno de los ángeles y de los
hombres y para glorificar á Su Naturaleza Humana; porque antes de la
Venida del Señor los infiernos habían crecido de tal manera, que
infestaban á los ángeles del Cielo y hasta interrumpían la
comunicación entre el Señor y los hombres en la tierra, impidiendo
el paso del bien y de la verdad, que dimanan del Señor, de suerte
que no podían llegar á los hombres, y esto efectuaban con
interponerse entre el Cielo y el mundo. En su consecuencia una
condenación total y general amenazaba á la raza humana, y ni
siquiera los ángeles del Cielo hubieran podido continuar en su
estado de integridad. Por eso, á fin de restablecer él Orden,
apartar el Infierno y así prevenir la inminente condenación, vino el
Señor al mundo, apartó y subyugó á los infiernos y abrió así el
Cielo, de manera que ahora puede estar presente con los hombres en
la tierra y salvar á los que viven según Sus preceptos, es decir
regenerarlos y salvarlos, porque los que son regenerados son salvos.
Esto es 'lo que entendemos cuando decimos que por ser todos
redimidos pueden ser todos regenerados, y puesto que la regeneración
y la salvación son una misma cosa, que pueden todos ser salvos. La
enseñanza de la Iglesia, de que sin la Venida del Señor ningún
hombre hubiera podido ser salvo, debe pues entenderse así, que sin
la Venida del Señor ningún nombre hubiera podido ser regenerado. Con
respecto al otro fin con el cual el Señor vino al mundo, es decir,
el de glorificar á su Naturaleza Humana, éste es inseparable, porque
mediante esta glorificación se hizo Redentor, Regenerador y Salvador
para siempre. No debemos creer que por haberse verificado la
Redención una vez en el mundo, todos los hombres son redimidos, sino
que debemos entender, que el Señor está continuamente redimiendo á
cuantos creen en El y guardan Sus preceptos. Mas sobre este
particular puede verse en el capitulo segundo, que trata de la
Redención.
403.
La regeneración se verifica de diferentes maneras, según y conforme
la condición y el estado del que ha de ser regenerado. Los simples
son regenerados diferentemente de los eruditos, y de varias maneras
según los oficios y las ocupaciones en que se hallan; diferentemente
también según la manera en que se sirven del Verbo, si escudriñan lo
interior ó sólo lo exterior; los que por sus padres tienen un
natural bueno diferentemente de los, que por ellos tienen un natural
malo; los que desde su infancia se han empapado de las vanidades del
mundo diferentemente de los que temprano ó tarde las han desechado;
en una palabra, los que constituyen la Iglesia exterior del Señor
son regenerados diferentemente de los que constituyen Su Iglesia
interior. Esta diferencia es tan variada y tan extendida como la que
existe entre los rostros y las mentes, y cada uno es por lo tanto
regenerado y salvado de una manera particular, individual, es decir,
cada uno según su condición y después de la muerte ocupa cada uno su
lugar en el Cielo también con arreglo al grado en que la
regeneración se ha verificado en él. De acuerdo con esto se
distinguen los cielos en manera general, en manera especial y en
manera particular; en manera general en dos reinos, que se llaman el
reino celestial del Señor y el reino espiritual del Señor; en manera
especial en tres cielos, el intimo ó superior que es el tercero,
donde viven los ángeles celestiales, el intermedió ó segundo, donde
viven los ángeles espirituales y el inferior ó primero, donde viven
los ángeles celeste/espiritual/naturales. En manera particular se
distinguen en innumerables sociedades;
cada regenerado
ocupa su lugar entre sus
parecidos, por
consiguiente según el grado de su regeneración, ó lo que es igual,
según el grado de su amor y sabiduría. Los que en su vida en el
mundo han recibido el amor al Señor, entran en el tercer cielo; los
que han recibido el amor al prójimo, en el segundo y los que
practicaban la caridad natural, reconociendo al mismo tiempo al
Señor por Dios, Redentor y Salvador, entran en el primer cielo.
Todos éstos son salvados y cada uno de manera diferente. Todo hombre
puede ser regenerado y por consiguiente salvado, porque el Señor
está presente en todos con Su Divino bien y Su Divina verdad; de ahí
tiene cada uno su vida; de ahí la facultad de entender y querer y
con esto también la libre voluntad en cosas espirituales. Estos
dones tiene todo hombre, y medios para servirse de ellos son
asimismo dados á todos; los Cristianos los tienen en el Verbo y los
Gentiles en su religión especial, que enseña que hay un Dios y da
preceptos respecto del bien y del mal. Para todo hombre hay pues
medios de salvación: Si no es salvado no es por culpa del Señor,
sino por culpa del hombre mismo, y su culpa consiste en que no
coopera con el Señor.
404.
Que la Redención y la pasión en la Cruz son dos cosas
distintas, que de ninguna manera deben confundirse, ha sido
demostrado en el capitulo segundo, que trata de la Redención, donde
también quedó demostrado que mediante estos actos el Señor asumió
potencia de regenerar y salvar al hombre. Mas por la fe de la
Iglesia actual con respecto á la pasión en la Cruz, de que ésta fué
la Redención misma, han nacido multitudes de falsedades con respecto
á Dios, á la fe, á la caridad y á todo cuanto en continuo nexo
dependen de estos tres: Con respecto á Dios, que decretó la
maldición de toda la raza humana; que consintió en volver á tener
misericordia, transfiriendo la maldición á Su Hijo, El cual la tomó
sobre Sí, y que son salvos los que por previa elección, ó por
predestinación han recibido el dón del mérito de Cristo. De esta
falacia ha nacido otro hijo de esa fe, á saber el dogma de que los
que reciben el dón de la fe son al mismo tiempo regenerados, sin
cooperación alguna por su parte, siendo así libertados de la
condenación de la ley, no estando más bajo la ley, sino bajo la
gracia. Y la Iglesia sostiene estas falsedades por más que el Señor
dijo que no quitó una sola jota, ni un punto de la ley (Mateo V: 18;
19), y que mandó á sus discípulos predicar el arrepentimiento para
remisión de los pecados (Lucas XXIV: 47) como hizo El Mismo,
diciendo: «El reino de Dios está cerca; arrepentíos y creed el
Evangelio». Marcos I: 15). El Evangelio en que debían creer, era la
buena nueva de que desde entonces todos podían ser regenerados y por
consiguiente salvados, lo cual no hubiera podido ser, si el Señor no
hubiese realizado la Redención, es decir, si no hubiera reducido á
la impotencia los infiernos mediante luchas contra ellos y victorias
sobre ellos, y si no hubiera glorificado, es decir, hecho Divina, Su
Naturaleza Humana.
La siguiente sección
[IV. La regeneración se verifica de una manera análoga á la en que el hombre es concebido, llevado en el útero, parido y educado. (N. 405-406.)...]