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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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V

La primera etapa del nacimiento nuevo se llama reformación y es cosa del entendimiento; la segunda se llama regeneración, la cual es de la voluntad y por virtud de ésta del entendimiento

 

407. En este artículo y en los siguientes se tratará de la reformación y la regeneración, y puesto que, según dijimos antes, la reformación es cosa del entendimiento y la regeneración cosa de la voluntad, conviene bien conocer y distinguir entre ésta y aquél. A este efecto conviene volver á leer lo que acerca de la voluntad y del entendimiento se halla expuesto bajo el N. 297 precedente antes de leer el presente artículo. También quedó demostrado más arriba que los males innatos en el hombre se hallan en la voluntad del hombre natural por engendramiento, y que la voluntad seduce al entendimiento induciéndolo á pensar en armonía consigo; de esto sigue que la regeneración del hombre debe necesariamente verificarse por medio del entendimiento como causa intermedia, y esto se hace mediante instrucción de varias clases recibida por el entendimiento, dada primero por los padres, luego por el Verbo, por escuchar predicaciones, por lecturas y conversaciones. Las cosas que así son recibidas en el entendimiento se llaman verdades, y decir que la reformación se verifica por medio del entendimiento, ó decir que se verifica por medio de las verdades recibidas en el entendimiento es pues una misma cosa. Las verdades enseñan al hombre en Quién debe creer y lo que debe creer, así como lo qué debe hacer, y por consiguiente lo que debe querer, porque todo cuanto uno hace lo hace por virtud de la voluntad con arreglo al entendimiento, y siendo así que la voluntad del hombre es mala desde el nacimiento, y que el entendimiento le enseña á distinguir entre el bien y el mal, pudiendo el hombre elegir el uno y desechar el otro, resulta nuevamente manifiesto que la regeneración debe verificarse por medio del entendimiento. El hombre se halla en su estado de reformación mientras ve y reconoce en su mente, que el mal es malo y que el bien es bueno, y piensa elegir el bien y ponerlo por obra, pero cuando por su voluntad huye del mal y obra el bien, entonces empieza su estado de regeneración.

408. A este efecto ha sido dada al hombre la facultad de elevar el entendimiento casi hasta la luz, en la cual se hallan los ángeles, á fin de que pueda ver lo que debe querer y obrar para prosperar en el mundo temporalmente y recibir eterna bendición después de la muerte. Si adquiere sabiduría y sujeta su voluntad en obediencia á ella prosperará y tendrá bendición; más si sujeta su entendimiento en obediencia á su voluntad será infortunado y desdichado. Porque la voluntad se inclina desde el nacimiento al mal hasta en lo extremo; por lo cual, no siendo restringida por medio del entendimiento, el hombre, abandonándose á su libre voluntad, se precipitaría en toda clase de abominaciones, y por su naturaleza ferina, innata en él, rabiaría con furia contra todos cuantos no quisieren favorecerle y tolerar sus pasiones. Además, si el entendimiento no pudiera ser reformado y perfeccionado separadamente, y luego la voluntad por medio del mismo, el hombre sería sencillamente un animal, porque sin la facultad de poder separar el entendimiento de la voluntad y elevarlo encima de ella, no podría el hombre pensar, ni podría por el pensamiento hablar, sino únicamente sonar su inclinación; tampoco podría obrar por su razón, sino sólo por instinto; mucho menos podría conocer las cosas que son de Dios y mediante ellas conocer á Dios, entrar en conjunción con Él y vivir eternamente; porque el hombre piensa y quiere como por virtud propia, y el hacerlo como por virtud propia es precisamente lo recíproco en la conjunción, la cual no es posible sin reciprocidad, siendo así que no puede haber conjunción entre un activo y un pasivo sin adaptación de éste y aplicación de aquél. Dios Solo obra, y el hombre deja que obre en sí, cooperando con El, en apariencia como por virtud propia, mas interiormente, ó en realidad, por Dios. Una percepción exacta de estas cosas hace comprender de qué cualidad es el amor de la voluntad del hombre si ésta es elevada por medio del entendimiento, y también de qué cualidad es, si no es elevada; hace pues comprender de qué cualidad es el hombre, porque el hombre es tal como es su voluntad, y su entendimiento.

409. Conviene saber que la facultad de elevar el entendimiento hasta la inteligencia en que están los ángeles es por creación inherente á todo hombre, tanto á buenos cuanto á malos y hasta á todo demonio del infierno, porque todos cuantos están en el infierno han sido hombres. Esto me ha sido demostrado con frecuencia mediante viva experiencia; sin embargo, los demonios no tienen inteligencia, sino demencia en cosas espirituales, por la razón de que no quieren el bien, sino sólo el mal, teniendo por consiguiente aversión á las verdades, porque las verdades favorecen al bien y se oponen al mal, y esto es otra razón por qué el nacimiento nuevo debe principiar por la recepción de las verdades en el entendimiento, siendo su segunda etapa el querer poner por obra las verdades y su tercera el obrarlas. Sin embargo, nadie puede ser reformado por el mero conocimiento de las verdades, porque el hombre puede aprenderlas, hablar de ellas, enseñarlas y predicarlas por la facultad que posee de elevar su entendimiento sobre el amor de la voluntad; mas no es reformado si no tiene inclinación á la verdad por ser verdad; porque únicamente esta inclinación se une con la voluntad, y si aumenta, une la voluntad con el entendimiento, y entonces empieza la regeneración.

410. De qué cualidad es el hombre, cuyo entendimiento ha sido elevado, pero no el amor de su voluntad mediante el mismo, se ilustrara por comparaciones. Es como un águila, la cual, volando en las alturas, ve debajo de sí gallinas, palomas y hasta corderitos. Se precipita como una flecha, agarra y devora. Es también como un adúltero, que esconde una ramera en la habitación baja de su casa y sube al piso, donde en presencia de su esposa y otros, habla sabiamente de castidad, mas luego, esquivándose, baja sigilosamente para satisfacer su apetito con la ramera en el piso bajo. Tal es el hombre cuyo entendimiento se halla elevado, mientras que el amor de su voluntad permanece sumergido en la inmundicia de la naturaleza propia y en las livianas prácticas sensuales. Hay entre ellos quienes pueden imitar á los ángeles de la luz, tanto entre los hombres en el mundo, cuanto entre los ángeles del cielo; pero en el cielo, después de una breve examinación, son despojados de sus vestidos y echados fuera, desnudos. Su habilidad en disimular prueba, que pueden elevar el entendimiento de la indicada manera, y que el interior y el exterior del hombre pueden así obrar en sentido opuesto entre sí. Considerando esto y también que el cuerpo muere, mientras que el espíritu continúa viviendo, es pues evidente, que un espíritu monstruoso y negro puede hallarse bajo un rostro hermoso y radiante, y un espíritu ferino detrás de una lengua suave. Hay por lo tanto que conocer al hombre, no por su lengua, sino por su corazón, es decir, no por sus palabras, sino por sus actos y obras; porque el Señor dice:

«Guardaos de los falsos profetas que vienen á vosotros con vestidos de ovejas mas de dentro son lobos rapaces; por sus frutos los conoceréis» (Mateo VII: 15; 16).

La siguiente sección [VI. Lo interior ha de ser regenerado primero y luego lo exterior, siendo así regenerado el hombre. (N. 411-415.)...]