V
La primera etapa del nacimiento nuevo se llama reformación y es cosa del entendimiento; la segunda se llama regeneración, la cual es de la voluntad y por virtud de ésta del entendimiento
407.
En este artículo y en los siguientes se tratará de la reformación y
la regeneración, y puesto que, según dijimos antes, la reformación
es cosa del entendimiento y la regeneración cosa de la voluntad,
conviene bien conocer y distinguir entre ésta y aquél. A este efecto
conviene volver á leer lo que acerca de la voluntad y del
entendimiento se halla expuesto bajo el N. 297 precedente antes de
leer el presente artículo. También quedó demostrado más arriba que
los males innatos en el hombre se hallan en la voluntad del hombre
natural por engendramiento, y que la voluntad seduce al
entendimiento induciéndolo á pensar en armonía consigo; de esto
sigue que la regeneración del hombre debe necesariamente verificarse
por medio del entendimiento como causa intermedia, y esto se hace
mediante instrucción de varias clases recibida por el entendimiento,
dada primero por los padres, luego por el Verbo, por escuchar
predicaciones, por lecturas y conversaciones. Las cosas que así son
recibidas en el entendimiento se llaman verdades, y decir que la
reformación se verifica por medio del entendimiento, ó decir que se
verifica por medio de las verdades recibidas en el entendimiento es
pues una misma cosa. Las verdades enseñan al hombre en Quién debe
creer y lo que debe creer, así como lo qué debe hacer, y por
consiguiente lo que debe querer, porque todo cuanto uno hace lo hace
por virtud de la voluntad con arreglo al entendimiento, y siendo así
que la voluntad del hombre es mala desde el nacimiento, y que el
entendimiento le enseña á distinguir entre el bien y el mal,
pudiendo el hombre elegir el uno y desechar el otro, resulta
nuevamente manifiesto que la regeneración debe verificarse por medio
del entendimiento. El hombre se halla en su estado de reformación
mientras ve y reconoce en su mente, que el mal es malo y que el bien
es bueno, y piensa elegir el bien y ponerlo por obra, pero cuando
por su voluntad huye del mal y obra el bien, entonces empieza su
estado de regeneración.
408.
A este efecto ha sido dada al hombre la facultad de elevar el
entendimiento casi hasta la luz, en la cual se hallan los ángeles, á
fin de que pueda ver lo que debe querer y obrar para prosperar en el
mundo temporalmente y recibir eterna bendición después de la muerte.
Si adquiere sabiduría y sujeta su voluntad en obediencia á ella
prosperará y tendrá bendición; más si sujeta su entendimiento en
obediencia á su voluntad será infortunado y desdichado. Porque la
voluntad se inclina desde el nacimiento al mal hasta en lo extremo;
por lo cual, no siendo restringida por medio del entendimiento, el
hombre, abandonándose á su libre voluntad, se precipitaría en toda
clase de abominaciones, y por su naturaleza ferina, innata en él,
rabiaría con furia contra todos cuantos no quisieren favorecerle y
tolerar sus pasiones. Además, si el entendimiento no pudiera ser
reformado y perfeccionado separadamente, y luego la voluntad por
medio del mismo, el hombre sería sencillamente un animal, porque sin
la facultad de poder separar el entendimiento de la voluntad y
elevarlo encima de ella, no podría el hombre pensar, ni podría por
el pensamiento hablar, sino únicamente sonar su inclinación; tampoco
podría obrar por su razón, sino sólo por instinto; mucho menos
podría conocer las cosas que son de Dios y mediante ellas conocer á
Dios, entrar en conjunción con Él y vivir eternamente; porque el
hombre piensa y quiere como por virtud propia, y el hacerlo como por
virtud propia es precisamente lo recíproco en la conjunción, la cual
no es posible sin reciprocidad, siendo así que no puede haber
conjunción entre un activo y un pasivo sin adaptación de éste y
aplicación de aquél. Dios Solo obra, y el hombre deja que obre en
sí, cooperando con El, en apariencia como por virtud propia, mas
interiormente, ó en realidad, por Dios. Una percepción exacta de
estas cosas hace comprender de qué cualidad es el amor de la
voluntad del hombre si ésta es elevada por medio del entendimiento,
y también de qué cualidad es, si no es elevada; hace pues comprender
de qué cualidad es el hombre, porque el hombre es tal como es su
voluntad, y su entendimiento.
409.
Conviene saber que la facultad de elevar el entendimiento hasta la
inteligencia en que están los ángeles es por creación inherente á
todo hombre, tanto á buenos cuanto á malos y hasta á todo demonio
del infierno, porque todos cuantos están en el infierno han sido
hombres. Esto me ha sido demostrado con frecuencia mediante viva
experiencia; sin embargo, los demonios no tienen inteligencia, sino
demencia en cosas espirituales, por la razón de que no quieren el
bien, sino sólo el mal, teniendo por consiguiente aversión á las
verdades, porque las verdades favorecen al bien y se oponen al mal,
y esto es otra razón por qué el nacimiento nuevo debe principiar por
la recepción de las verdades en el entendimiento, siendo su segunda
etapa el querer poner por obra las verdades y su tercera el
obrarlas. Sin embargo, nadie puede ser reformado por el mero
conocimiento de las verdades, porque el hombre puede aprenderlas,
hablar de ellas, enseñarlas y predicarlas por la facultad que posee
de elevar su entendimiento sobre el amor de la voluntad; mas no es
reformado si no tiene inclinación á la verdad por ser verdad; porque
únicamente esta inclinación se une con la voluntad, y si aumenta,
une la voluntad con el entendimiento, y entonces empieza la
regeneración.
410.
De qué cualidad es el hombre, cuyo entendimiento ha sido elevado,
pero no el amor de su voluntad mediante el mismo, se ilustrara por
comparaciones. Es como un águila, la cual, volando en las alturas,
ve debajo de sí gallinas, palomas y hasta corderitos. Se precipita
como una flecha, agarra y devora. Es también como un adúltero, que
esconde una ramera en la habitación baja de su casa y sube al piso,
donde en presencia de su esposa y otros, habla sabiamente de
castidad, mas luego, esquivándose, baja sigilosamente para
satisfacer su apetito con la ramera en el piso bajo. Tal es el
hombre cuyo entendimiento se halla elevado, mientras que el amor de
su voluntad permanece sumergido en la inmundicia de la naturaleza
propia y en las livianas prácticas sensuales. Hay entre ellos
quienes pueden imitar á los ángeles de la luz, tanto entre los
hombres en el mundo, cuanto entre los ángeles del cielo; pero en el
cielo, después de una breve examinación, son despojados de sus
vestidos y echados fuera, desnudos. Su habilidad en disimular
prueba, que pueden elevar el entendimiento de la indicada manera, y
que el interior y el exterior del hombre pueden así obrar en sentido
opuesto entre sí. Considerando esto y también que el cuerpo muere,
mientras que el espíritu continúa viviendo, es pues evidente, que un
espíritu monstruoso y negro puede hallarse bajo un rostro hermoso y
radiante, y un espíritu ferino detrás de una lengua suave. Hay por
lo tanto que conocer al hombre, no por su lengua, sino por su
corazón, es decir, no por sus palabras, sino por sus actos y obras;
porque el Señor dice:
«Guardaos de los falsos profetas que vienen á vosotros con vestidos
de ovejas mas de dentro son lobos rapaces; por sus frutos los
conoceréis» (Mateo VII: 15; 16).
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VI. Lo interior ha de ser regenerado primero y luego lo exterior, siendo así regenerado el hombre. (N. 411-415.)...]