VI
Lo interior ha de ser regenerado primero y luego lo exterior, siendo así regenerado el hombre
411.
Que el hombre interno debe ser regenerado primero y mediante
éste el externo se dice comúnmente en la Iglesia actual; pero á los
hombres de esta Iglesia el término hombre interno, no despierta más
idea que la de la fe, y no la verdadera, sino la que enseña, que
Dios el Padre les imputa el mérito del Hijo y les envía el Espíritu
Santo. En cuanto al hombre exterior, creen que éste, es decir, el
hombre natural y moral, dimana de esa fe, que para ellos es el
hombre interno, del cual es un apéndice, comparativamente como la
cola del caballo, la cual sin perjuicio del animal puede ser corta ó
larga á gusto del amo, porque enseñan que la caridad, si bien
acompaña á esta fe, no adhiere con ella ni se une con ella, y hasta
dicen que la fe perece, si la caridad desde la voluntad influye en
ella. Pero ha sido demostrado antes, que esta fe no es fe y que no
puede existir sino en la imaginación, y puesto que para la Iglesia
actual representa y constituye el hombre interior, resulta que para
esta Iglesia no hay hombre interior, sino tan sólo hombre natural,
el cual por nacimiento rebosa de males de todas clases. Enseña
además que por la indicada fe vienen espontáneamente la regeneración
y la santificación, sin cooperación alguna por parte del hombre;
pero ha sido demostrado que la salvación del hombre no puede
efectuarse sin la cooperación de éste. Resulta, pues, que en la
Iglesia actual se ignora por completo lo que es la regeneración y el
nacimiento nuevo, y sin embargo pueden saber que éstos son
indispensables para la salvación; porque el Señor dice: «Si uno no
nace otra vez no puede ver el reino de Dios.»
412.
Pero el hombre interno y el hombre externo de la Nueva
Iglesia son otra cosa. El interno es la voluntad, por virtud de la
cual el hombre piensa, cuando se halla solo; pero el externo es sus
actos y obras, ó sea su vida, que procede de él en su trato con
otros. El hombre interno es por consiguiente la caridad (porque la
caridad es cosa de la voluntad) y al mismo tiempo la fe (que es cosa
del entendimiento). Antes de la regeneración las dos forman el
hombre natural, y éste se distingue en interno y externo, lo cual
puede ser claro por el hecho de que el hombre no se permite obrar y
hablar en presencia de otros de la manera que obra y habla cuando se
halla solo, ó con sus parecidos. La causa de esta distinción es que
las leyes civiles imponen castigos á los malhechores y recompensas á
los que obran el bien, por lo cual el hombre se obliga á separar su
hombre externo de su hombre interno; porque cada uno desea ser
recompensado y nadie castigado, y la recompensa es lucros y honores,
los cuales el hombre no alcanza si no vive en acuerdo con las leyes;
resulta, pues, que la moralidad y la benevolencia pueden existir en
el hombre externo, aun en aquellos que no las poseen en su hombre
interno. Esto es el origen de la hipocresía, la adulación y el
disimulo.
413.
Con respecto á la distinción del hombre natural en dos, es una
distinción completa, tanto de su voluntad cuanto de su pensamiento;
porque todo acto del hombre procede de su voluntad, y toda habla
procede de su pensamiento, por lo cual otra voluntad es formada por
el hombre debajo ó al exterior de la anterior é igualmente otro
pensamiento; ambas voluntades constituyen sin embargo el hombre
natural. La voluntad extra exterior, formada por el hombre, puede
llamarse su voluntad corporal, porque obliga al cuerpo á disponer
sus actos conforme la moralidad, y el pensamiento correspondiente
puede llamarse el pensamiento de los pulmones, porque mueve la
lengua y los labios á hablar lo que presenta el entendimiento. Esta
voluntad junto con el correspondiente pensamiento puede compararse
con la membrana que adhiere al lado interior de la corteza de un
árbol, ó con la piel que interiormente adhiere á la cáscara de un
huevo, porque el hombre natural se halla al interior de ella, y si
es malo puede compararse con el tronco podrido de un árbol malo,
revestido de su membrana y corteza exteriores, aparentemente sanas;
y con un huevo podrido dentro de una cáscara blanca y bonita. El
hombre natural interno tiene por nacimiento una voluntad inclinada á
toda clase de males, y el pensamiento correspondiente se inclina á
toda clase de falsedades. Este es, pues, el hombre interno que ha de
ser regenerado, porque sin regenerar tiene odio contra todo cuanto
pertenece á la caridad y por este odio un celo ardiente contra todo
cuanto pertenece á la fe. De ahí que el hombre interno natural debe
ser regenerado primero y por medio del mismo el externo. Esto es
conforme el orden; mas el regenerar el interno desde el externo es
contrario al orden; porque el interno es el alma del externo, y no
sólo en general sino también en todo detalle, y se halla por
consiguiente en toda palabra de su habla, sin que se advierta de
ello. Es por esto que los ángeles por un solo acto del hombre
conocen la cualidad de su voluntad y por una sola frase la cualidad
de su pensamiento, si es infernal ó celestial; de esta manera
conocen todo el hombre; por el sonido ó acento de la voz perciben la
inclinación de su pensamiento, y por el gesto, ó por la forma de su
acto, el amor de su voluntad, y lo perciben aunque procure disimular
y aparentar ser cristiano y ciudadano moral.
414.
La regeneración del hombre se describe en Ezequiel mediante
la visión de los huesos secos, que fueron revestidos de tendones,
luego de carne y cutis y finalmente entró en ellos espíritu y
vivieron (XXXVII: 114). Que esta visión representaba la regeneración
es evidente por mucho que allí se dice, por ejemplo: «todos estos
huesos son la casa de Israel» (vers. 11); y á los no regenerados se
compara allí con sepulcros, porque se dice: «Jehová Dios abrirá sus
sepulcros, los hará subir de sus sepulturas y los traerá á la tierra
de Israel.» (Versículos 1214). La tierra de Israel aquí y en otros
lugares del Verbo significa la Iglesia. La regeneración se
representa en dicho pasaje por el vivificar los huesos y abrir los
sepulcros, porque el hombre sin regenerar se llama muerto y el
regenerado viviente, puesto que en este último hay vida espiritual,
mas en el primero muerte espiritual.
415.
En toda cosa creada en el mundo hay un interior y un
exterior; éste no existe sin aquél ni aquél sin éste, porque son
como el efecto y su causa, y no hay efecto sin su causa eficiente,
ni hay causa eficiente sin su correspondiente efecto. Toda cosa
creada tiene valor según su cualidad interior; es estimada por su
excelencia, ó despreciada por su inferioridad interior, y de la
misma manera se debe despreciar el bien externo, en el cual hay
vileza interna. Todo hombre sabio en el mundo piensa así y todo
ángel del cielo igualmente. El hombre exteriormente bueno é
interiormente vil es como el hombre rico, vestido de púrpura y lino
fino, cuyo interior sin embargo era infernal (Lucas XVI: 19). Mas
con el hombre regenerado es diferente. Su interior es bueno y su
exterior igualmente, siendo este último en apariencia similar al
exterior del hombre sin regenerar pero exteriormente bueno; sin
embargo, difiere de éste, tanto como el cielo difiere del infierno;
porque dentro de su exterior se halla el alma del bien. A este
hombre nada importa la gloria ni la nobleza; lo mismo vive en una
choza con un mozo por criado que en un palacio rodeado de
servidores; igual le da ser un primado y llevar el manto de púrpura
y en la cabeza el cidaris de dos grados, ó ser el pobre pastor de
una majada de ovejas, vistiendo la capa burda y una gorra en la
cabeza. El oro es oro, no importa si brilla en la luz ó si se halla
ennegrecido por el humo de la llama de un candil. El exterior vale
según la cualidad del interior y no el interior según la apariencia
del exterior.
La siguiente sección [
VII. Mientras esto se verifica hay una lucha entre el hombre interior y el hombre exterior, y el que vence al otro reina sobre él. (N. 416-419.)...]