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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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VI

Lo interior ha de ser regenerado primero y luego lo exterior, siendo así regenerado el hombre

 

411.    Que el hombre interno debe ser regenerado primero y mediante éste el externo se dice comúnmente en la Iglesia actual; pero á los hombres de esta Iglesia el término hombre interno, no despierta más idea que la de la fe, y no la verdadera, sino la que enseña, que Dios el Padre les imputa el mérito del Hijo y les envía el Espíritu Santo. En cuanto al hombre exterior, creen que éste, es decir, el hombre natural y moral, dimana de esa fe, que para ellos es el hombre interno, del cual es un apéndice, comparativamente como la cola del caballo, la cual sin perjuicio del animal puede ser corta ó larga á gusto del amo, porque enseñan que la caridad, si bien acompaña á esta fe, no adhiere con ella ni se une con ella, y hasta dicen que la fe perece, si la caridad desde la voluntad influye en ella. Pero ha sido demostrado antes, que esta fe no es fe y que no puede existir sino en la imaginación, y puesto que para la Iglesia actual representa y constituye el hombre interior, resulta que para esta Iglesia no hay hombre interior, sino tan sólo hombre natural, el cual por nacimiento rebosa de males de todas clases. Enseña además que por la indicada fe vienen espontáneamente la regeneración y la santificación, sin cooperación alguna por parte del hombre; pero ha sido demostrado que la salvación del hombre no puede efectuarse sin la cooperación de éste. Resulta, pues, que en la Iglesia actual se ignora por completo lo que es la regeneración y el nacimiento nuevo, y sin embargo pueden saber que éstos son indispensables para la salvación; porque el Señor dice: «Si uno no nace otra vez no puede ver el reino de Dios.»

412.    Pero el hombre interno y el hombre externo de la Nueva Iglesia son otra cosa. El interno es la voluntad, por virtud de la cual el hombre piensa, cuando se halla solo; pero el externo es sus actos y obras, ó sea su vida, que procede de él en su trato con otros. El hombre interno es por consiguiente la caridad (porque la caridad es cosa de la voluntad) y al mismo tiempo la fe (que es cosa del entendimiento). Antes de la regeneración las dos forman el hombre natural, y éste se distingue en interno y externo, lo cual puede ser claro por el hecho de que el hombre no se permite obrar y hablar en presencia de otros de la manera que obra y habla cuando se halla solo, ó con sus parecidos. La causa de esta distinción es que las leyes civiles imponen castigos á los malhechores y recompensas á los que obran el bien, por lo cual el hombre se obliga á separar su hombre externo de su hombre interno; porque cada uno desea ser recompensado y nadie castigado, y la recompensa es lucros y honores, los cuales el hombre no alcanza si no vive en acuerdo con las leyes; resulta, pues, que la moralidad y la benevolencia pueden existir en el hombre externo, aun en aquellos que no las poseen en su hombre interno. Esto es el origen de la hipocresía, la adulación y el disimulo.

413. Con respecto á la distinción del hombre natural en dos, es una distinción completa, tanto de su voluntad cuanto de su pensamiento; porque todo acto del hombre procede de su voluntad, y toda habla procede de su pensamiento, por lo cual otra voluntad es formada por el hombre debajo ó al exterior de la anterior é igualmente otro pensamiento; ambas voluntades constituyen sin embargo el hombre natural. La voluntad extra exterior, formada por el hombre, puede llamarse su voluntad corporal, porque obliga al cuerpo á disponer sus actos conforme la moralidad, y el pensamiento correspondiente puede llamarse el pensamiento de los pulmones, porque mueve la lengua y los labios á hablar lo que presenta el entendimiento. Esta voluntad junto con el correspondiente pensamiento puede compararse con la membrana que adhiere al lado interior de la corteza de un árbol, ó con la piel que interiormente adhiere á la cáscara de un huevo, porque el hombre natural se halla al interior de ella, y si es malo puede compararse con el tronco podrido de un árbol malo, revestido de su membrana y corteza exteriores, aparentemente sanas; y con un huevo podrido dentro de una cáscara blanca y bonita. El hombre natural interno tiene por nacimiento una voluntad inclinada á toda clase de males, y el pensamiento correspondiente se inclina á toda clase de falsedades. Este es, pues, el hombre interno que ha de ser regenerado, porque sin regenerar tiene odio contra todo cuanto pertenece á la caridad y por este odio un celo ardiente contra todo cuanto pertenece á la fe. De ahí que el hombre interno natural debe ser regenerado primero y por medio del mismo el externo. Esto es conforme el orden; mas el regenerar el interno desde el externo es contrario al orden; porque el interno es el alma del externo, y no sólo en general sino también en todo detalle, y se halla por consiguiente en toda palabra de su habla, sin que se advierta de ello. Es por esto que los ángeles por un solo acto del hombre conocen la cualidad de su voluntad y por una sola frase la cualidad de su pensamiento, si es infernal ó celestial; de esta manera conocen todo el hombre; por el sonido ó acento de la voz perciben la inclinación de su pensamiento, y por el gesto, ó por la forma de su acto, el amor de su voluntad, y lo perciben aunque procure disimular y aparentar ser cristiano y ciudadano moral.

414.    La regeneración del hombre se describe en Ezequiel mediante la visión de los huesos secos, que fueron revestidos de tendones, luego de carne y cutis y finalmente entró en ellos espíritu y vivieron (XXXVII: 114). Que esta visión representaba la regeneración es evidente por mucho que allí se dice, por ejemplo: «todos estos huesos son la casa de Israel» (vers. 11); y á los no regenerados se compara allí con sepulcros, porque se dice: «Jehová Dios abrirá sus sepulcros, los hará subir de sus sepulturas y los traerá á la tierra de Israel.» (Versículos 1214). La tierra de Israel aquí y en otros lugares del Verbo significa la Iglesia. La regeneración se representa en dicho pasaje por el vivificar los huesos y abrir los sepulcros, porque el hombre sin regenerar se llama muerto y el regenerado viviente, puesto que en este último hay vida espiritual, mas en el primero muerte espiritual.

415.    En toda cosa creada en el mundo hay un interior y un exterior; éste no existe sin aquél ni aquél sin éste, porque son como el efecto y su causa, y no hay efecto sin su causa eficiente, ni hay causa eficiente sin su correspondiente efecto. Toda cosa creada tiene valor según su cualidad interior; es estimada por su excelencia, ó despreciada por su inferioridad interior, y de la misma manera se debe despreciar el bien externo, en el cual hay vileza interna. Todo hombre sabio en el mundo piensa así y todo ángel del cielo igualmente. El hombre exteriormente bueno é interiormente vil es como el hombre rico, vestido de púrpura y lino fino, cuyo interior sin embargo era infernal (Lucas XVI: 19). Mas con el hombre regenerado es diferente. Su interior es bueno y su exterior igualmente, siendo este último en apariencia similar al exterior del hombre sin regenerar pero exteriormente bueno; sin embargo, difiere de éste, tanto como el cielo difiere del infierno; porque dentro de su exterior se halla el alma del bien. A este hombre nada importa la gloria ni la nobleza; lo mismo vive en una choza con un mozo por criado que en un palacio rodeado de servidores; igual le da ser un primado y llevar el manto de púrpura y en la cabeza el cidaris de dos grados, ó ser el pobre pastor de una majada de ovejas, vistiendo la capa burda y una gorra en la cabeza. El oro es oro, no importa si brilla en la luz ó si se halla ennegrecido por el humo de la llama de un candil. El exterior vale según la cualidad del interior y no el interior según la apariencia del exterior.

La siguiente sección [VII. Mientras esto se verifica hay una lucha entre el hombre interior y el hombre exterior, y el que vence al otro reina sobre él. (N. 416-419.)...]