XI
La regeneración no puede verificarse sin la libre voluntad en cosas espirituales
426.
Sin libre voluntad en cosas espirituales el hombre no puede ser
regenerado, porque por su libre voluntad debe dirigirse al Señor y
reconocerle por Dios del Cielo y de la tierra, por su Redentor y
Salvador, como El mismo enseña (Mateo XXVIII: 18), y sin libre
voluntad no puede creer en El, es decir, no puede por la fe mirar
hacia El y adorarle: sin ella no puede disponerse á recibir los
medios de salvación y los beneficios que influyen del Señor. En una
palabra, sin libre voluntad no puede cooperar con el Señor al efecto
de su salvación por medio del arrepentimiento y de la regeneración.
¿Quién puede obrar el bien con el prójimo sin libre voluntad? ¿Quién
puede sin ella ejercer la caridad, admitir en su pensamiento y en su
voluntad las cosas que pertenecen á la fe y á la caridad, sacarlas
de allí y exteriorizarlas en actos y obras? Y sin esto no hay
cooperación posible; por consiguiente, tampoco regeneración. Que la
regeneración, que según dicen sigue á la fe de la Iglesia actual,
que imputa el Mérito de Cristo, no es regeneración, ha sido ya
plenamente demostrado; porque esta fe excluye la cooperación del
hombre y niega su libre voluntad, con lo cual el hombre con respecto
á las cosas espirituales queda reducido á una piedra, ó á un tronco
de árbol. En tal caso Dios obraría sólo por Su parte y el hombre no
tendría facultad alguna para cooperar y conseguir conjunción
recíproca con el Señor. Sería un esclavo como los prisioneros de las
galeras, atados con cadenas y obligados á trabajar, los cuales, si
llegan á quitarse la cadena, son castigados y condenados á muerte.
Esto sería en efecto el caso con tal hombre si llegara á librarse de
sus ataduras, es decir, si tuviera que obrar el bien, para con el
prójimo por su propia voluntad y de sí mismo creer en el Señor por
causa de su salvación; porque, siendo su voluntad sin regenerar y
por consiguiente mala, se apartaría con toda su fuerza del Señor y
del Cielo y se precipitaría en la destrucción.
427.
El hombre que cree que la regeneración se verifica sin libre
voluntad en cosas espirituales, por consiguiente sin cooperación, se
vuelve frío como una piedra con respecto á toda verdad de la
Iglesia; ó si es ardiente, es como un tizón que se consume en el
fuego; se convierte en llamas por la materia combustible que hay en
él, porque su ardor es de malas pasiones. Es como uno que vive en un
palacio, que se hunde poco á poco en una tierra fangosa, hasta que
sólo el techo sobresale, y encima de éste se resguarda bajo una
tienda de lona; finalmente se hunde también ésta y entonces se ahoga
en el fango. Si es clérigo es como una nave cargada de mercancías
preciosas sacadas del Verbo, las cuales durante la travesía son
consumidas por ratones, comidas por polillas ó echadas al mar por
los marineros, quedando así los mercaderes defraudados de su
mercancía.
La siguiente sección
[XII. La regeneración no
puede tener lugar sin las verdades que forman la fe y con las cuales
se une la caridad, (N. 428-429.)