XII
La regeneración no puede tener lugar sin las verdades que forman la fe y con las cuales se une la caridad
428.
El Señor, la fe y la caridad son los tres agentes por los cuales el
hombre es regenerado. Estos tres permanecen ocultos como tesoros del
más grande valor enterrados
en la tierra,
si no son revelados por las Divinas verdades del Verbo; y á
los que niegan la cooperación del hombre permanecen ocultos, aunque
lean el Verbo cien ó mil veces, por más que allí se hallan en plena
luz; porque todos cuantos se han confirmado en la fe de la Iglesia
actual, ven en el Verbo que Dios es tres, no comprendiendo que es
Uno, que el Padre está en el Hijo y el Hijo en el Padre como alma y
cuerpo, y que de éstos dimana lo Divino, ó sea el Espíritu Santo,
como la actividad del hombre. No comprenden que Dios es así, porque
se halla oculto á sus ojos á causa de su carencia de verdades, y con
respecto á la fe la desconocen por el mismo motivo, porque fe y
verdades son una misma cosa. En cuanto á la caridad tampoco pueden
conocerla y comprenderla, porque la caridad engendra el calor
espiritual, que se une con la luz de la fe, por cuya unión ambos
juntos son vida, mas separados son nada, por lo cual no habiendo fe
verdadera, tampoco puede haber caridad genuina. El Señores el Sol
del Cielo, del cual procede la luz y el calor espiritual; esta luz
ilumina y este calor anima y por la conjunción de los dos es
vivificado y regenerado el hombre por el Señor.
429.
Es pues evidente que sin verdades no hay conocimientos acerca del
Señor; no hay fe y no habiendo fe no hay caridad. Sin verdades no
hay, pues, teología y sin teología no hay Iglesia. Tal es el estado
actual de la multitud de pueblos que se llaman Cristianos y dicen
que se hallan en la luz del Evangelio, siendo sin embargo así que se
hallan en las más densas tinieblas, porque las verdades se hallan
ocultas, enterradas debajo de las falsedades, como oro, plata y
piedras preciosas debajo de la multitud de huesos de muertos en el
valle de Hinon. Sé por viva experiencia que esto es el estado del
mundo cristiano actual, porque me ha sido dado percibir en el mundo
espiritual las esferas que hoy día exhala ese mundo, cuyas esferas
se propagan alrededor del mismo. Una de estas esferas se refiere al
Señor; ésta sale de la región del sur del mundo cristiano
espiritual, en cuya región se hallan los eruditos del Clero y de los
legos. Esta esfera, adonde quiera que llegue, se introduce en el
ánimo secretamente; con muchos quita la fe en la Divinidad de la
Naturaleza Humana del Señor; con muchos la debilita y con muchos la
convierte en necedad. Esto sucede, porque simultáneamente introduce
la fe en tres Dioses, causando así confusión. Otra esfera, la cual
destruye la fe, es como una nube negra, de invierno, que lleva
consigo tinieblas; convierte la lluvia en hielo, despoja los árboles
de sus hojas, hiela las aguas y quita todo pasto á las ovejas. Esta
esfera en unión de la primera ocasiona una especie de letargo con
respecto al Dios único, á la regeneración y á los medios de
salvación. Una tercera esfera ataca á la unión de la fe y la
caridad; ésta es de una intensidad irresistible y es abominable,
como una pestilencia que infecta á todos cuantos la respiran y rompe
todo vínculo entre estos dos medios de salvación, establecidos desde
la creación del mundo y restablecidos por el Señor en su Naturaleza
Humana. Esta esfera invade también á los del mundo natural,
rompiendo todo vínculo conyugal entre las verdades y los bienes. La
he sentido y al pensar entonces en la conjunción matrimonial de la
fe y la caridad, se ha interpuesto, procurando separarlas con
violencia. Los ángeles se lamentan mucho de estas esferas y oran al
Señor para que sean disipadas; pero han recibido la contestación de
que no pueden ser disipadas mientras permanezca el Dragón en la
tierra, porque esta esfera viene de los dragonistas. En cuanto al
Dragón se dice de él en el Apocalipsis, que fue arrojado á la
tierra:
«Por
lo cual alegraos, cielos y los que moráis en ellos, y ay de los
moradores de la tierra y del mar» (XII: 12; 13).
Las
mencionadas tres esferas son como otras tantas atmósferas
tempestuosas, que salen de los respiraderos del Dragón y, siendo
espirituales, invaden las mentes con violencia. Las esferas de
verdades espirituales son todavía pocas en el mundo cristiano
espiritual. Aparte del Cielo nuevo solamente las hay con aquellos en
el mundo de los espíritus, que se hallan separados de los
dragonistas, por cuya razón las verdades de la Nueva Iglesia son
hasta ahora escasas entre los hombres en el mundo natural, y por lo
mismo son también escasos los hombres regenerados espirituales que
forman esta Iglesia en la tierra, porque sin esas verdades la
regeneración es imposible. Aumentan sin embargo constantemente, y
conforme aumentan es rechazado el Dragón de la tierra para
finalmente ser echado al infierno, según queda dicho por el Señor en
el Apocalipsis. Entonces abundarán estas verdades y crecerá
rápidamente la Nueva Iglesia; porque sus verdades podrán entonces
ser admitidas por los hombres sin impedimento del Dragón. Esto es lo
que significa el descenso del Cielo de la Nueva Jerusalén, cuyo
descenso presenció Juan después de ser echado el Dragón al Infierno
(Apocalipsis XX: 1; 2; 3 XXI: 1; 2 y siguientes).
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