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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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I

Nadie, que desconozca la correspondencia de las cosas naturales con las espirituales, puede conocer la utilidad y los beneficios de la Santa Cena

 

473.    Esto queda hasta cierto punto explicado en el capítulo anterior, donde dijimos que sin conocer el sentido espiritual del Verbo no se puede saber lo que encierran los dos Sacramentos, el Bautismo y la Santa Cena, ni conocer sus efectos (N.°  454). Aquí decimos: sin conocer las correspondencias de las cosas naturales con las espirituales, lo cual viene á ser lo mismo, siendo así que es mediante las correspondencias que el sentido natural del Verbo se convierte en espiritual en el Cielo; está es la razón por la cual los dos sentidos se corresponden, y el que conoce las correspondencias puede por consiguiente conocer el sentido espiritual del Verbo. Lo que son las correspondencias en general, puede verse en el capítulo que trata de la Sagrada Escritura (N.° 142211), y asimismo en el capítulo que trata del Decálogo y su explicación según el sentido interior (N.° 217255), y detalladamente en Apocalipsis Revelado.

474.     Todo verdadero Cristiano reconoce que los dos Sacramentos son santos y aun lo más santo del Culto cristiano; pero el que no reconoce el sentido espiritual no sabe en qué consiste su santidad, ó de dónde procede. El sentido natural del Verbo trata meramente de la institución de la Santa Cena, y sólo da á conocer que la Carné de Cristo es dada para comer y Su Sangre para beber, y que el pan y el vino están en lugar de ellas. Esto induce por cierto á pensar que estos Sacramentos son santos; pero solamente por ser ordenados por el Señor, por lo cual, á fin de que fueren estimados santos en y por sí mismos, enseñaron los más sagaces de la Iglesia, que cuando el Verbo es añadido al acto de tomar el pan y el vino, se convierten estos elementos en Sacramento. Pero puesto que esta enseñanza, ó declaración, con respecto á la procedencia de la santidad de este Sacramento no cabe en el entendimiento racional, y que en los elementos ó símbolos tampoco se ve señal alguno de tal transformación, siendo ésta meramente cosa de la memoria, resulta que los comulgantes no pueden sacar del santo acto el debido provecho. Algunos observan su uso por creer que mediante el mismo sus pecados le son absueltos, ó por creer que santifica, ó por estimar que corrobora la fe, contribuyendo así a la salvación; mas otros piensan ligeramente del mismo y observan su uso sólo por la costumbre adquirida desde su juventud; muchos omiten su uso estimando que en nada puede beneficiarles, y los impíos se apartan, diciendo á sí mismos: «¿Qué es la Santa Cena mas que una ceremonia á la cual el Clero ha impreso el sello de santidad? ¿Qué hay en ella además del pan y del vino? ¿No es una ficción manifiesta eso de que el Cuerpo del Señor, que fue clavado en la Cruz, y Su Sangre, que fue vertida allí, son distribuidos á los comulgantes junto con el pan y el vino?»

475. Estas y semejantes ideas con respecto á este santísimo Sacramento se profesan en todas partes del mundo cristiano actualmente, porque sólo conocen el sentido literal del Verbo, no habiendo sido divulgado hasta ahora el sentido espiritual, el cual es el único medio para poder conocer el verdadero beneficio que da el uso de la Santa Cena. La razón por la cual este sentido no ha sido divulgado antes, es que hasta ahora la Iglesia cristiana ha sido cristiana más bien de nombre que de esencia, y sólo algunas personas han tenido en sí cierta medida de la verdadera Iglesia, porque desde hace muchos siglos los Cristianos no se han acercado directamente al Salvador Mismo, adorándole á El como Dios Único, en el Cual, hay Divina Trinidad, sino mediatamente, es decir, que sólo le han venerado como la causa, por la cual tienen salvación de Dios, rebajándole así de Su lugar supremo y esencial á un lugar secundario é inferior, no acercándose á El, ni adorando á El Mismo directamente. Mas ahora empieza á amanecer, para la verdadera Cristiandad, y por eso ha establecido el Señor la Nueva Iglesia, significada por la Nueva Jerusalén en el Apocalipsis, en cuya Iglesia Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo son adorados como Uno en la Persona del Señor Dios el Salvador Jesucristo, y á esta Iglesia revela el Señor el sentido espiritual del Verbo, á fin de que en ella los hombres puedan realmente beneficiar del uso de los Sacramentos, el Bautismo y la Santa Cena, y benefician de ellos realmente cuando con los ojos del espíritu, es decir, con el entendimiento, ven la santidad que en ellos hay, pudiendo así aplicarla á sí mismos, valiéndose de los medios que el Señor les proporciona en Su Verbo. La mera atribución de santidad á los Sacramentos por los Cabildos de la Iglesia y su Clero, en virtud de cuya atribución la gente cristiana los estima santos y observa su uso, es como una sombra, ó como nada, en comparación con la santidad de estos Sacramentos reconocida mediante el sentido espiritual.

Para ilustrar esto referiré un suceso, que tuvo lugar en el mundo espiritual en mi presencia: Fue leída allí una epístola, escrita por Pablo mientras estaba en el mundo natural, pero sin publicar, y nadie sabía que era de Pablo. Los oyentes estimaban al principio que tenía poca importancia, pero luego de conocer que era una epístola de Pablo la recibieron con mucha alegría, y las cosas, en ella manifestadas, fueron veneradas y adoradas. Así es también con la santidad atribuida á la Santa Cena por el Clero, comparada con la santidad de la misma, revelada por medio del sentido espiritual; por este sentido la santidad exterior viene á ser santidad interior, y la mera atribución se convierte en reconocimiento y convicción.

La siguiente sección [II. El conocimiento de la correspondencia da información de lo que significan la Carne y la Sangre del Señor y de que el Pan y el Vino tienen una significación similar. Que la Carne del Señor y el Pan significan el Divino Bien dé su Amor así como todo el Bien de la Caridad y que la Sangre del Señor y el Vino significan la Divina Verdad de Su Sabiduría así como toda la Verdad de la Fe y que el tomar el Pan y el Vino significa apropiación. (N. 476-483.)...]