II
El conocimiento de la correspondencia da información de lo que significan la Carne y la Sangre del Señor y de que el Pan y el Vino tienen una significación similar. Que la Carne del Señor y el Pan significan el Divino Bien dé su Amor así como todo el Bien de la Caridad y que la Sangre del Señor y el Vino significan la Divina Verdad de Su Sabiduría así como toda la Verdad de la Fe y que el tomar el Pan y el Vino significa apropiación.
476.
Puesto que el sentido
espiritual del Verbo ha sido revelado y al mismo tiempo también las
correspondencias, las cuales son mediadores entre los dos sentidos,
me limitaré aquí á citar algunos pasajes del Verbo para aclarar y
confirmar la significación de Carne y Sangre como asimismo la de pan
y vino en la Santa Cena. Pero antes expondré brevemente lo que dice
la Sagrada Escritura con respecto á la institución de este
Sacramento por el Señor, así como la doctrina del Señor respecto de
Su Carne y Sangre y respecto de pan y de vino.
477.
Con respecto á la institución de la Santa Cena por el Señor
nos dice la Sagrada Escritura que el Señor celebró la Pascua con sus
discípulos, y venida la noche se sentó con ellos:
«Y
comiendo ellos, tomó Jesús el pan y bendijo y lo partió y dio á Sus
discípulos y dijo: Tomad, comed, esto es Mi Cuerpo. Y tomando el
vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos, porque
esto es Mi Sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos»
(Mateo XXVI: 26; 28).
Acerca de la doctrina del Señor respecto de su Carne y Sangre y
respecto de pan y de vino leemos:
«Trabajad, no por la comida que perece, mas por la comida que á vida
eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará. De cierto, de
cierto os digo, Moisés no os dio pan del cielo, mas mi Padre os da
el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es aquel que
desciende del cielo y da vida al mundo. Yo soy el pan de vida: el
que á mi viene nunca tendrá hambre, y el que en mi cree no tendrá
sed jamás. Yo soy el pan que descendió del cielo. De cierto, de
cierto os digo: El que cree en mi tiene vida eterna. Yo soy el pan
de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y son
muertos. Este es el pan que desciende del cielo para que el que de
él comiere no muera. Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo,
si alguno comiere de este pan vivirá para siempre y el pan que yo
daré es Mi Carne, la cual yo daré por la vida del mundo. De cierto,
de cierto os digo, si no comiereis la carne del Hijo del Hombre y
bebiereis Su Sangre no tendréis vida en vosotros. El que come Mi
Carne y bebe Mi Sangre tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el
día postrero; porque Mi Carne es verdadera comida y Mi Sangre es
verdadera bebida. El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre en Mi
permanece y Yo en él» (Juan VI: 27; 32; 33; 35; 41; 47; 51; 53; 56).
478.
El que se halla en alguna iluminación, percibe que Carne y
Sangre en estos pasajes no quieren decir carne y sangre, sino que
ésta y aquélla, en su sentido natural, quieren decir la pasión en la
Cruz, de la cual deben guardar memoria; por cuya razón el Señor, al
instituir esta Cena, la última Pascua judaica y la primera
cristiana, dijo:
«Haced esto en memoria de Mi» (Lucas XXII: 19).
De
igual manera se puede ver, que pan y vino aquí no quiere decir pan y
vino, sino que estos términos, en el sentido natural, quieren decir
la misma Carne y la misma Sangre, es decir, la pasión en la Cruz;
porque leemos:
«Jesús partió el pan y dio á sus discípulos diciendo: Esto es Mi
Cuerpo, y tomó asimismo el vaso y les dio diciendo: Esto es Mi
Sangre.»
Por
la misma razón dijo vaso, cuando habló de la pasión de la Cruz
(Mateo XXVI: 39; 42; Juan XVIII: 11; Marcos XIV: 36).
479.
Mas por otra parte estos cuatro: Carne, Sangre, pan y vino se
refieren á cosas correspondientes espirituales y celestiales, lo
cual es evidente por muchos pa¬sajes del Verbo, donde estos términos
se emplean. Que Carne significa cierta cosa espiritual y celestial
consta por los siguientes:
«Venid y congregaos á la Cena del Gran Dios; para que comáis carne
de reyes y de capitanes y carne de fuertes y carne de caballos y de
los que están sentados sobre ellos; y carnes de todos, libres v
siervos, de pequeños y de grandes» (Apoc. XIX: 17; 18).
Y en
Ezequiel:
«Juntaos y venid; reuníos de todas partes á mi sacrificio que os
sacrifico; un sacrificio grande sobre los montes de Israel y
comeréis carne y beberéis sangre. Comeréis carne de fuertes y
beberéis sangre de príncipes de la tierra, y comeréis gordura hasta
hartaros y beberéis, hasta embriagaros, sangre de mi sacrificio. Y
os hartaréis sobre mi mesa de caballos y caballeros fuertes y de
todos hombres de guerra; y pondré mi gloria en medio de las
naciones» (XXXIX: 17; 21).
¿Quién no ve que en estos pasajes Carne no quiere decir carne, ni
Sangre quiere decir sangre; sino que aluden á las cosas espirituales
y celestiales que les corresponden? De no ser así ¿qué serían, mas
que expresiones extrañas é incomprensibles? ¿Cómo se entendería el
que comerían carne de reyes, de capitanes y de hombres fuertes, de
caballos y de los que montaban en ellos, y que en la mesa se
hartarían de caballos, de hombres fuertes y de guerreros; que
beberían la sangre de los príncipes de la tierra y beberían sangre
hasta embriagarse? Que estas cosas fueron dichas con referencia á la
Santa Gena del Señor es evidente; porque el ángel dijo que era la
Gena del Gran Dios y un gran sacrificio. En cuanto á su
significación espiritual en general, carne significa el bien de la
caridad y sangre significa la verdad de la fe, y en su sentido
supremo significan el Señor con respecto al Divino Bien del Amor y
la Divina Verdad de la Sabiduría; porque todas las cosas
espirituales y celestiales tienen relación con el Bien y la Verdad.
Carne significa bien espiritual también en el siguiente pasaje en
Ezequiel:
«Y
darles he un corazón y espíritu nuevo daré en sus entrañas y quitaré
el corazón de piedra de su carne y daréles un corazón de carne»
(Ezequiel XI: 19; XXXVI: 26).
Corazón en el Verbo significa amor; por lo cual corazón de carne
significa amor al bien. En lo que á continuación sigue se verá aún
más claro que carne y sangre significan el bien y la verdad
espirituales, porque el Señor dice, que Su Carne es pan, y Su Sangre
es el vino que bebieron del vaso.
480.
La Sangre del Señor significa la Divina Verdad del Señor en el
Verbo, porque Su Carne significa espiritualmente el Divino Bien del
Amor y estos dos, el Bien y la Verdad se hallan unidos en El. Es
conocido, que el Señor es el Verbo. Pero el Verbo en su totalidad y
en cada detalle tiene relación con estas dos cosas: el Divino Bien y
la Divina Verdad, por lo cual, sí por el Señor tomamos el Verbo,
resulta claro que las dos cosas mencionadas corresponden á Su Carne
y Sangre, las cuales respectivamente las significan. Que por Sangre
en el Verbo se entiende la Divina Verdad del Señor, ó del Verbo, es
claro por muchos otros pasajes, en los cuales á la sangre se llama
la sangre del pacto, porque pacto es conjunción, y la conjunción se
verifica mediante la Divina Verdad.
En
Zacarías:
«Y
tú también por la sangre de tu pacto serás salva; sacarás por él tus
presos del algibe, en que no hay agua» (IX: 11).
En
Moisés:
«Habiendo leído el libro de la alianza á oídos del pueblo Moisés
tomó la mitad de la sangre y roció sobre el pueblo y dijo: He aquí
la sangre del pacto, que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas
estas cosas» (Éxodo XXIV: 3; 8).
Y
Jesús tomó el vaso y les dio diciendo:
«Esto es Mi Sangre del nuevo pactos (Mateo XXVI).
La
sangre del pacto ó testamento significa el Verbo, el cual se llama
Pacto ó Testamento (el Antiguo y el Nuevo), por consiguiente la
Divina Verdad en él. Esta es la significación de sangre; y por eso
dio el Señor el vino á Sus discípulos diciendo: «Esto es Mi Sangre»,
porque vino significa asimismo la Divina Verdad, por cuya razón
también se llama sangre de uvas (Génesis XLIX: 11; Deut XXXII: 14).
Que Sangre tiene esta significación es aún más claro por estas
palabras del Señor:
«De
cierto, de cierto os digo; si no comiereis la carne del Hijo del
Hombre y bebiereis su sangre no tendréis vida en vosotros; porque mi
carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que
come mi carne y bebe mi sangre en mi permanece y yo en él» (Juan VI:
53; 56).
Es
muy evidente que Sangre en estos pasajes significa la Divina Verdad
del Verbo, porque se dice que el que la bebe tiene vida en sí y la
Iglesia sabe y reconoce que la vida espiritual viene por medio de la
Divina Verdad y una vida en conformidad con ella, confirmándose el
efecto por medio de la Santa Cena. Por significar sangre la Divina
Verdad del Señor, que asimismo es la Divina Verdad del Verbo (la
cual propiamente es el Pacto ó Testamento, tanto el Antiguo cuanto
el Nuevo) era la sangre el símbolo más santo que había en la Iglesia
israelita, cuyos símbolos, todos ellos, eran correspondencias.
«Les
fue mandado tomar de la sangre del cordero de pascua y aplicarla á
los dos postes y al dintel de las casas, á fin de que la plaga no
les hiriese (Éxodo XII: 7; 13; 22). Y la sangre del holocausto debía
rociarse sobre el altar alrededor y sobre Aarón y sus hijos y sobre
sus vestimentas;(XXIX: 12; 16; 20; 21; Lev. I: 5; 11; 15; III: 2; 8;
13; IV: 25; 30; 34; VIII: 15; 24; XVII: 6; Núm. XVIII: 17; Deut XII:
27). También sobre el velo del Santuario, sobre los cuernos del
altar del incienso en el tabernáculo y sobre el propiciatorio» (Lev.
IV: 6; 7; 17; 18; XVI: 12; 15).
La
sangre del Cordero en el Apocalipsis tiene similar significación:
«Estos han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del
Cordero» (VII: 14).
«Y
fue hecho una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles
lidiaban contra el dragón y le vencieron por la sangre del Cordero y
por la palabra de su testimonio» (XII: 7; 11).
Que
sangre aquí significa la Divina Verdad es claro, porque no cabe
pensar que Miguel y sus ángeles vencieron al Dragón por medio de
otra cosa alguna. Los ángeles del Cielo no pueden pensar de sangre,
ni pueden pensar de la pasión del Señor en la Cruz, sino sólo la
Divina Verdad y de la resurrección del Señor, por lo cual, cuando el
hombre piensa de la sangre del Señor, perciben los ángeles la Divina
Verdad de Su Verbo, y cuando el hombre piensa de la pasión del
Señor, perciben los ángeles Su glorificación y piensan sólo en Su
resurrección. Por mucha experiencia me ha sido manifestado que esto
es así. EL siguiente pasaje en David indica también claramente que
sangre significa la Divina Verdad:
«Dios salvará las almas de los menesterosos; la sangre de ellos será
preciosa en sus ojos; v vivirán y El les dará del oro de Seba»
(Salmo LXXII: 1315).
La
sangre preciosa en los ojos de Dios quiere decir la Divina Verdad en
ellos; el oro de Seba es la sabiduría, que de ella nace. Así mismo
lo indica este otro pasaje en Ezequiel:
«Reuníos de todas partes á mi sacrificio, que os sacrifico sobre los
montes de Israel, y comeréis carne y beberéis sangre. Y beberéis
sangre de príncipes de la tierra, y beberéis, hasta embriagaros,
sangre de mi sacrificio; y pondré mi gloria en medio de las
naciones» (XXXIX: 1721).
Aquí
se trata de la Iglesia, que el Señor iba á establecer en la tierra.
Por esto y por lo que antes se ha dicho se puede ver claramente que
sangre no quiere decir sangre, sino la Verdad del Verbo, que habían
de recibir las naciones.
481.
Que pan significa lo
mismo que carne consta por las palabras del Señor:
«Jesús tomó el pan, lo partió y les dio, diciendo: esto es Mi
Carnet, (Mateo XXIV; Marcos XIX; Lucas XXII).
Y en
Juan:
«El
pan que yo daré es mi carne que yo daré por la vida del mundo» (VI:
51).
También dice que El es el pan de vida y que si alguno comiere de
este pan vivirá para siempre (VI: 48; 51; 58). Este es el pan al que
se alude en los siguientes pasajes, donde los sacrificios se llaman
pan (vianda), por ejemplo:
«El
sacerdote hará arder esto sobre el altar, es la vianda (pan) de la
ofrenda hecha por fuego á Jehová» (Lev. III: 11; también vers. 16).
«Los
hijos de Aarón serán santos á su Dios y no profanarán el nombre de
su Dios; porque las ofrendas á Jehová hechas por fuego y el pan de
su Dios ofrecen. Los santificarás, porque el pan de tu Dios ofrecen.
El varón de tu simiente en sus generaciones, en el cual hubiera
falta, no se allegará para ofrecer el pan de su Dios» (XXI: 6; 8;
17; 21).
«Manda á los hijos de Israel y diles: Mi ofrenda, Mi Pan, mis
ofrendas encendidas, en olor á mi agradable, guardaréis,
ofreciéndomelo á su tiempo» (Núm. XXVIII: 2).
«El
varón que hubiere tocado cualquiera reptil ó cosa inmunda no comerá
de las cosas sagradas antes que haya lavado su carne con agua, y
después comerá de las cosas sagradas; porque su pan esi (Lev. XXII:
6; 7).
Comer de las cosas sagradas era comer de las viandas de los
sacrificios, los cuales también aquí se llaman pan; igualmente en
Malachias I: 7. Las ofrendas de tortas en los sacrificios, cuyas
tortas eran de harina fina de trigo, y por lo tanto pan, no tenían
otra significación (Lev. II: 111; VI: 1418; VII: 1913 y en otros
lugares), y lo mismo significaban también los panes sobre la mesa en
el tabernáculo, llamados panes de la proposición ó de las faces
(Éxodo XXV: 30; XL: 23; Lev. XXIV: 59). Que pan en estos pasajes no
quiere decir pan natural, sino pan celestial viene á ser claro por
los siguientes pasajes:
«El
hombre no vive de solo pan, mas de todo lo que sale de la boca de
Jehová vive el hombre» (Deut VIII: 3).
«Enviaré hambre en la tierra; no hambre de pan, ni sed de agua, sino
de oir palabra de Jehová» (Amos VIII: 11).
Además pan representa en general toda clase de alimento (Lev. XXIV:
59; Éxodo XXV: 30; XL: 23; Num. IV: 7; I Reyes VII: 48). Que
igualmente significa alimento espiritual, consta por estas palabras
del Señor:
«Trabajad, no por la comida que perece, mas por la comida que á vida
eterna permanece; la cual el Hijo del Hombre os dará» (Juan VI: 27).
482.
Que por otra parte vino significa lo mismo que sangre es muy
evidente por las palabras del Señor:
«Jesús tomando el vaso dijo: esto es Mi Sangre» (Mateo XXVI; Marcos
XIV; Lucas XXII);
ó
igualmente por lo siguiente:
«Lavó en vino su vestido y en sangre de uva su manto» (Génesis XLIX:
11).
Esto
se refiere al Señor.
Igualmente por esto:
«Jehová de los ejércitos hará á todos los pueblos convite de
engordados, convite de vino nuevo y vino purificado dulce» (Isaías
XXV: 6).
Esto
se refiere al Sacramento de la Santa Cena, que había de instituir el
Señor. Y otra vez en Isaías:
«A
todos los sedientos: Venid á las aguas; y los que no tienen dinero
venid, comprad y comed; venid, comprad vino» (LV: 1).
El
fruto de la vid, que habían de beber nuevo en el reino del Cielo
(Mateo XXVI: 29; Marcos XIV: 25; Lucas XXII: 18), quiere
sencillamente decir la verdad de la Nueva Iglesia y del Cielo. Por
la misma razón la Iglesia se llama en muchos lugares del Verbo una
viña (por ejemplo, en Isaías V: 14; Mateo XX: 18), y el Señor se
llama la vid verdadera, y á los que están injertados en El pámpanos
(Juan XV: 16, y en otros lugares).
483.
Por lo aquí expuesto puede ser claro lo que significa la Carne y la
Sangre del Señor y asimismo el pan y el vino, en sus tres sentidos:
natural, espiritual y celestial. Todo hombre, verdaderamente
cristiano, sabe, y si no sabe puede aprender y comprender, que
existe un alimento natural y un alimento espiritual; que el alimento
natural es para el cuerpo y que el espiritual es para el alma;
porque Jehová, el Señor, dice en Moisés:
«El
hombre no vive de solo pan, mas de todo lo que sale de la boca de
Jehová vive el hombre» (Deut. VIII: 3).
Y
puesto que el cuerpo muere y el alma vive después de la
muerte, sigue que el alimento espiritual es para la salvación
eterna. Por esto es claro que estas dos clases de alimento no deben
ser confundidas, y si alguien las confunde sus ideas con respecto á
la Carne y la Sangre del Señor y con respecto al pan y al vino se
vuelven necesariamente naturales y sensuales (es decir, materiales,
corporales y carnales) y ahogan las ideas espirituales con respecto
á este santísimo Sacramento. Sin embargo, si alguno es sencillo
hasta el punto de no poder concebir y entender más que lo que ve con
sus ojos, le aconsejo, que al tomar el pan y el vino, oyéndolos
llamar la Carne y la Sangre del Señor, que piense que la Santa Cena
es lo más santo de la adoración y que revoque en su memoria la
pasión de Cristo y Su amor por la salvación del hombre, porque El
dice:
«Haced esto en memoria de Mí» (Mateo XXII: 19).
Y
también:
«El
Hijo del Hombre vino para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo
XX: 28; Marcos X: 45). «Yo pongo mi vida por las ovejas» (Juan X:
15; 17; XV: 13).
La siguiente sección [III. Cuando se concibe lo que se acaba de exponer puede uno comprender, que la Santa Cena contiene todas las cosas de la Iglesia y todas las del Cielo, universal y particularmente. (N. 484-488.)...]