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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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III

Cuando se concibe lo que se acaba de exponer puede uno comprender, que la Santa Cena contiene todas las cosas de la Iglesia y todas las del Cielo, universal y particularmente

 

484.    En lo que antecede se ha demostrado, que en la Santa Cena se halla el Señor Mismo; que Carne y pan son el Señor con respecto al Divino Bien del Amor, y que Sangre y vino son el Señor con respecto á la Divina Verdad de la Sabiduría, por lo cual la Santa Cena envuelve tres cosas universales, á saber: el Señor, Su Divino Bien y Su Divina Verdad, y puesto que la Santa Cena envuelve y contiene estos tres, sigue que también envuelve y contiene las cosas universales del Cielo y de la Iglesia, y puesto que todo particular, ó detalle, depende de su universal como el contenido de su continente, sigue también que la Santa Cena envuelve y contiene todo particular y hasta el mínimo detalle del Cielo y de la Iglesia. De esto resulta claro, en primer lugar, que la Santa Cena contiene todas las cosas del Cielo y de la Iglesia universal y particularmente por la razón de que la Carne y la Sangre del Señor, como asimismo el pan y el vino, significan el Divino Bien y la Divina Verdad, ambos procedentes del Señor y ambos siendo el Señor.

485.    Es igualmente sabido que las cosas esenciales de la Iglesia son tres, á saber: Dios, la Caridad y la Fe y que todas las demás cosas de la Iglesia tienen relación con estas tres que son sus universales. Estas tres cosas son idénticas con las tres arriba indicadas; porque en la Santa Cena Dios es el Señor, la Caridad es el Divino Bien, y la Fe es la Divina Verdad; puesto que la caridad es el bien que el hombre obra por virtud del Señor, y la íe es la verdad reconocida y creída por el hombre por virtud del Señor. Por esta razón hay también tres cosas esenciales en el hombre, á saber: el alma, ó la mente, la voluntad y el entendimiento, cuyas tres son receptáculos de las tres cosas esenciales antes indicadas; el alma misma, ó sea la mente, es el receptáculo del Señor, porque por El vive; la voluntad es el receptáculo del amor, ó sea del bien, y el entendimiento es el receptáculo de la sabiduría, ó sea de la verdad; por cuya razón toda el alma, ó la mente, y cada mínima partícula ó detalle de ella no sólo tienen relación con estas tres cosas esenciales del Cielo y de la Iglesia, sino que también proceden de ellas. En todo cuanto proceda del hombre, hay algo de su alma, de su voluntad y de su entendimiento, y si uno de estos tres le fuese quitado, el hombre sería como una cosa inanimada. De igual manera hay en el hombre, en sus exteriores, tres cosas con las cuales á su vez tienen relación todas sus cosas exteriores, en conjunto y en cada detalle, á saber: el cuerpo, el corazón y los pulmones. Estos tres, que pertenecen al cuerpo material, corresponden asimismo á las tres cosas esenciales, que pertenecen á su mente; el corazón á la voluntad y los pulmones al entendimiento. La existencia de esta correspondencia ha sido plenamente demostrada antes. Así es que todo el hombre y cada mínimo detalle de él ha sido formado, en su conjunto y en sus detalles, para ser receptáculo de las indicadas tres cosas esenciales del Cielo y de la Iglesia, porque ha sido creado á imagen y según la semejanza de Dios, á fin de que pueda estar en el Señor y el Señor en él.

486. Por contrariedad existen tres cosas universales opuestas á las tres antes mencionadas; éstas son: el Diablo, el mal y la falsedad. El Diablo (por éste se entiende el Infierno) es directamente opuesto al Señor; el mal directamente opuesto al bien y la falsedad directamente opuesta á la verdad. Estos tres forman uno; porque donde quiera que esté el Diablo allí está también el mal y la falsedad, que procede de éste. Estos tres contienen todas las cosas del Infierno y asimismo todas las cosas del mundo, universal y particularmente, cuyas cosas, son opuestas á las del Cielo y de la Iglesia y por ser opuestas se hallan completamente separadas; no obstante son mantenidas en constante conexión por medio de la maravillosa sumisión en la que el Infierno entero se halla al Cielo, sumisión del mal al bien y de la falsedad á la verdad; de cuya sumisión más se puede ver en la obra titulada El Cielo y el Infierno, en la cual se trata detalladamente de ella.

487. Para que las varias partes y detalles de un cuerpo, ó de una entidad, puedan conservar su orden y conexión, es necesario que existan cosas universales, de las cuales nacen y por las cuales subsisten, y necesario también que las varias partículas, ó detalles, correspondan, como imágenes, á sus universales; de lo contrario, el todo perecería junto con las partes. Es á causa de esta relación que todas las cosas del Universo han conservado su integridad desde el primer día de la Creación y que lo conservarán también en adelante. Es ya sabido que todas las cosas del Universo tienen relación con el bien y la verdad, y la tienen porque fueron creadas por Dios, del Divino Bien del Amor mediante la Divina Verdad de la Sabiduría, por lo cual estas tres cosas universales se hallan inscritas en toda cosa creada, sea cual fuera, un animal, un arbusto, una piedra, por la relación que existe entre dichas cosas universales y cada cosa en particular.

488. Por ser el Divino Bien y la Divina Verdad lo más universal de todas las cosas del Cielo y de la Iglesia, he aquí porque Melchisedec, quien representaba al Señor, sacó pan y vino y bendijo á Abraham, según leemos en Génesis:

«Melchisedec, rey de Salem, sacó pan y vino, presentándolo á Abraham, y era el sacerdote del Dios alto, y bendíjole» (Génesis XIV: 17; 18).

Que Melchisedec representaba al Señor, consta por estas palabras en David:

«Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melchisedec» (Salmo CX: 4).

Y que esto se dice con referencia al Señor consta por lo que Pablo dice en la Epístola á los Hebreos (V: 6; 10; VI: 20; VII: 1; 10; 11; 15; 17; 21).

Sacó pan y vino porque estos dos comprendían todas las demás cosas, de igual manera que el pan y el vino en la Santa Cena comprenden todas las demás cosas del Cielo y de la Iglesia.

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