IV
El Señor está en la Santa Cena en Su plenitud con toda Su Redención
.
489.
Por las palabras del Señor Mismo consta que El está presente en la
Santa Cena en Su plenitud, tanto con respecto á Su Humanidad
glorificada, cuanto con respecto á lo Divino mismo, de lo cual nació
Su Humano. Que Su Humano está así presente en la Santa Cena consta
por lo siguiente:
«Jesús tomó el pan, lo partió y dio á sus discípulos, diciendo: esto
es Mi Cuerpo.—Y tomó el vaso y les dio, diciendo: esto es Mi Sangren
(Mateo XXIV; Marcos XIV; Lucas XXII).
Y en
Juan:
«Yo
soy el pan de vida; si alguno comiere de este pan vivirá para
siempre. El pan que yo os daré es Mi Carne. De cierto, de cierto os
digo: el que come Mi Carne y bebe Mi Sangre en Mi permanece y yo en
él» (VI).
Y
que igualmente está presente plenamente en ella con respecto á Su
Divino, de lo cual procedió Su Humano, consta por eso de que El es
el pan que descendió del Cielo (Juan VI). El descendió del Cielo con
Su Divino, porque se dice:
«El
Verbo era con Dios y Dios era el Verbo; todas las cosas por él
fueron hechas;—y el Verbo fue hecho Carne» (Juan I: 1; 3; 14).
Y
además:
«El
y el Padre son Uno» (Juan X: 30).
«Todas las cosas del Padre son Suyas» (III: 35; XVI: 15).
«El
está en el Padre y el Padre en El» (XIV: 10; 11).
Sin
citar otros muchos pasajes que dan idéntico testimonio. Además, Su
Divino no puede ser separado de Su Humano más que el alma puede ser
separada del cuerpo sin que éste perezca, por lo cual, puesto que el
Señor está presente en la Santa Cena en Su plenitud con respecto á
Su Humano, sigue que lo Divino de lo cual procedió lo Humano,
también está allí presente, y siendo así que Su Carne significa el
Divino Bien de Su Amor y Su Sangre la Divina Verdad de su Sabiduría,
consta pues, que el Señor en Su plenitud, en cuanto á Su Divino y
también en cuanto á Su Humano glorificado, está omnipresente en la
Santa Cena, siendo ésta por consiguiente una comida espiritual.
490.
Que toda la Redención del Señor se halla en la Santa Cena
sigue de lo que se acaba de exponer; porque donde el Señor está en
Su plenitud, allí está también Su Redención entera y totalmente: El
es Redentor en cuanto á Su Humano y por consiguiente la Redención
misma, porque no puede faltar parte alguna de la Redención, donde El
está en Su plenitud; por lo cual todo el que va dignamente á Su
santa Comunión es hecho redimido Suyo; y puesto que la Redención
quiere decir liberación del Infierno, conjunción con el Señor y
salvación (de lo cual más se dirá luego y puede verse detalladamente
en el capítulo, que trata de la Redención), son aplicados al hombre
estos frutos, y éste es hecho partícipe de ellos, no con arreglo á
la inclinación ó deseo del Señor, porque por Su Divino Amor El desea
constantemente hacer al hombre partícipe de todas Sus cosas, sino
con arreglo á la recepción que tiene lugar por parte del hombre; por
lo cual es evidente que los que dignamente se acercan al Señor
participan de los efectos y frutos de Su Redención.
491.
Todo hombre tiene facultad de recibir con eter¬no aumento
sabiduría del Señor, es decir, facultad de multiplicar, por toda la
eternidad, las verdades que la forman; y también facultad de recibir
de El amor, igualmente con eterno aumento, es decir, aumentar
eternamente los bienes que lo constituyen. Este perpetuo aumento del
bien y por consiguiente del amor, y esta perpetua multiplicación de
las verdades y por consiguiente de la sabiduría, existen con los
ángeles y con los hombres que llegan á ser ángeles; y puesto que el
Señor es el Amor mismo y la Sabiduría misma, sigue que el hombre
tiene facultad de entrar en conjunción con el Señor y el Señor con
él eternamente. Sin embargo, el hombre siendo finito, lo Divino
mismo no puede tener conjunción con él, sino tan sólo serle añadido,
así como la luz del sol no puede unirse con el ojo; ni las ondas
sonoras del aire con el oído, sino ser añadidas á estos órganos,
proporcionándoles así la facultad de ver y de oír; porque el hombre
no es vida en sí mismo, como el Señor, quien lo es hasta con
respecto á Su Humano (Juan V: 26), sino sólo un receptáculo de la
Vida, y la Vida misma puede ser añadida al hombre, pero no ingénita
en él ó unida á él. Conste por esto de qué manera el Señor en Su
plenitud, con toda Su Redención, se halla presente en la Santa Cena.