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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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IX

Recuerdo

 

503. RECUERDO. Cierta vez fui en cuanto á mi espíritu, elevado al Cielo de los ángeles y allí introducido en cierta sociedad. Algunos de los sabios de la sociedad vinieron y me preguntaron: «¿Qué hay de nuevo de la tierra?» Y les contesté: «Hay esto que es nuevo; que el Señor ha revelado secretos, que por su importancia y transcendencia exceden á cuantos secretos fueron revelados desde el principio de la Iglesia hasta hoy.» Preguntaron: «¿Cuáles son estos secretos?» Y contesté: «Son los siguientes:

1.° Que en el conjunto y en todo detalle del Verbo hay un sentido espiritual, que corresponde al sentido natural, y que el Verbo á causa de este sentido interior es el medio de comunicación entre los hombres de la Iglesia y el Señor, así como un medio de su asociación con los ángeles, y que la Santidad del Verbo se halla en este sentido.

2.° Que las correspondencias, de las cuales consiste el sentido espiritual del Verbo, han sido reveladas.» Preguntaron los ángeles, si los habitantes de la tierra, antes nada sabían de las correspondencias, y dije: «Nada absolutamente, porque la ciencia de las correspondencias ha permanecido oculta desde hace miles de años, siempre después del tiempo de Job. Entre los que vivían entonces y antes la ciencia de las correspondencias era la ciencia de las ciencias; porque es conocer las cosas espirituales que pertenecen al Cielo y á la Iglesia, pero puesto que esta ciencia luego se convirtió en idolatría fue, por la Divina Providencia del Señor, tan borrada y extinta, que después nadie se ha dado cuenta de su existencia. Mas ahora ha placido al Señor volver á revelarla á fin de establecer comunicación entre Sí Mismo y los de la Iglesia y asociación de ellos con los ángeles. Esto se consigue por medio del Verbo en el cual todo y cada mínimo detalle son correspondencias.» Los ángeles se alegraron mucho de oír que había placido al Señor volver á revelar este gran secreto, que ha permanecido oculto durante muchos miles de años, y dijeron que esto ha sucedido, á fin de que la Iglesia cristiana, que es basada en el Verbo y actualmente se halla en su consumación, recobre la vida y reciba espíritu del Señor por conducto del Cielo. Preguntaron si ahora por medio de esta ciencia ha quedado revelado lo que son el Bautismo y la Santa Cena, acerca de cuyos Sacramentos han existido tan diversas opiniones, y dije que había sido revelado.

3.° Dije además que el Señor había revelado muchas cosas acerca de la vida del hombre después de la muerte, á lo cual observaron los ángeles: «¿Qué ha revelado acerca de la vida después de la muerte; quién no sabe que el hombre vive después de la muerte?» Y les contesté: «Se sabe y sin embargo se ignora; dicen que no es el hombre, sino su alma, que vive después de la muerte, y que ésta vive como espíritu, acerca del cual tienen la idea de que es como aire ó éter; creen que el hombre mismo no vive hasta después del día del último juicio, cuando las partículas del cuerpo terrenal, que el alma deja tras sí en el mundo, se volverán á reunir y á formar un cuerpo, por más que estén corrompidas y comidas por gusanos, ratones y peces, y que entonces el hombre resucitará.» A esto exclamaron los ángeles: «¿Qué es esto? ¿Quién ignora que el hombre vive como hombre después de la muerte con la sola diferencia de que entonces vive como un hombre substancial, y no como un hombre material como antes, y que el hombre substancial ve a otro hombre substancial, como el hombre material ve a otro hombre material, y que no conocen la menor diferencia sino que viven en un estado del todo igual que antes?»

4.° Continuaron preguntando: «¿Qué saben los hombres acerca de nuestro mundo y acerca del Cielo y del Infierno?» Dije: «Nada saben acerca de ellos, pero el Señor ha revelado ahora la naturaleza y el carácter del mundo, en el cual viven los ángeles y los espíritus, y por consiguiente cuáles y cómo son el Cielo y el Infierno, como asimismo que los ángeles y los espíritus se hallan en comunicación con los hombres, y además muchas otras cosas referentes á ellos.» Los ángeles se alegraron de que el Señor había hecho esta revelación, á fin de que los hombres no permaneciesen por más tiempo en duda respecto de su inmortalidad, á causa de ignorancia.

5.° Continué diciendo: «El Señor ha revelado ahora que en vuestro mundo hay un Sol, diferente del que hay en nuestro mundo, y que el Sol de vuestro mundo es puro Amor, mientras que todo cuanto sale del sol de nuestro mundo carece de vida, por ser este sol puro fuego, y de ahí viene la diferencia entre lo espiritual y lo natural, cuya diferencia hasta ahora ha sido ignorada, pero ahora es divulgada. Por esto se ha llegado también á conocer la procedencia de la luz, que ilumina el entendimiento humano con sabiduría, y la procedencia del calor, que anima la voluntad humana con amor.»

6.° Además ha sido revelado que existen tres grados de vida y que por consiguiente hay tres cielos, así como que la mente humana se halla compartida en otros tantos grados que corresponden á los tres cielos. A esto dijeron los ángeles: «¿No sabían esto antes?» «No»—respondí—«algo han sabido de grados entre más y menos, pero no entre lo anterior y lo posterior.» Y preguntaron de nuevo los ángeles: «¿Ha sido revelado alguna cosa además de éstas?» Y dije: «Sí; muchas otras cosas; á saber: acerca del Ultimo Juicio, del Señor, que El es el Dios del Cielo y de la tierra, que Dios es Uno, tanto respecto de Su Persona cuanto de Su Esencia; que en El hay Divina Trinidad, y que el Señor es este Dios; además acerca de la Nueva Iglesia que El establecerá y acerca de la Doctrina de esta Iglesia; acerca de la Santidad de la Sagrada Escritura; asimismo que el Apocalipsis ha sido revelado; además varias cosas referentes á los habitantes de los planetas y á las tierras del Universo, aparte de muchas experiencias memorables en el mundo espiritual, por medio de las cuales muchas cosas, pertenecientes a la Sabiduría, han sido reveladas del Cielo.»

Luego hablé con los ángeles de que el Señor ahora había revelado al mundo también otras cosas, y preguntando ellos lo que esto era, les dije: «El amor verdaderamente conyugal y sus goces espirituales.» Los ángeles dijeron: «¿Quién ignora que los goces del amor verdaderamente conyugal exceden á los de todo otro amor, y quién no puede comprender y reconocer que debe existir un amor, en el cual se hallan reunidos cuantos deleites, bendiciones y placeres pueda comunicar el Señor, por corresponder este amor al amor del Señor y de la Iglesia, y por ser su forma la verdaderamente conyugal, cuya forma puede recibirlas y percibirlas con sensación perfecta?» Contesté: «Ignoran esto, puesto que no se han dirigido al Señor, huyendo de los apetitos de la carne, no habiendo podido nacer de nuevo; porque el amor verdaderamente conyugal viene exclusivamente del Señor y es dado á los que nacen de nuevo por El. Estos son también los que reciben la Nueva Iglesia del Señor, la cual en el Apocalipsis es significada por la Nueva Jerusalén.» Añadí que dudo que en el mundo ahora querrán creer que este amor, en y por sí considerado, es espiritual y que por consiguiente se basa en la Religión, porque no tienen otra idea del mismo que una idea meramente corporal, queriendo por lo mismo difícilmente creer que tiene relación con la Religión, es decir, que es espiritual con los espirituales, natural con los naturales y exclusivamente carnal con los lascivazos.»

Habiendo oído los ángeles cuanto había dicho se alegraron en gran manera, pero observando que yo era triste preguntaron: «¿Por qué eres triste?» Les contesté: «Porque estos secretos, que el Señor ahora ha revelado, se consideran en la tierra como algo que carece de todo valor, por más que en excelencia y valor exceden á todos los conocimientos que hasta hoy han sido divulgados.» Los ángeles se asombraron de esto y oraron al Señor á que les permitiese mirar abajo al mundo, y miraron abajo y he aquí, sólo vieron tinieblas. Les fue dicho de escribir ahora estos secretos en un papel y dejar caer éste sobre la tierra y que verían una maravilla. Hicieron así y he aquí, el papel en el cual se hallaban escritos estos secretos, cayó del Cielo y resplandecía como una estrella mientras todavía se hallaba en el mundo espiritual, pero al caer dentro del mundo natural desaparecía el resplandor á medida que descendía y finalmente se obscureció por completo. Y al ser enviados los ángeles allí á una sociedad de eruditos y sabios, clérigos y legos, se oía un rumor de muchos que decían: «¿Qué es esto? ¿Es esto algo? ¿Qué provecho nos da el saberlo ó el no saberlo? ¿No es pura quimera?» Y parecía como si algunos cogieron el papel, plegándolo y desplegándolo y como si algunos lo rasgaron y quisieron pisotearlo; pero el Señor les detuvo de cometer tal iniquidad y los ángeles recibieron encargo de recogerlo, llevarlo consigo al Cielo y conservarlo. Al entristecerse entonces los ángeles y pensar: «¿Hasta cuándo ha de durar esto?» Les fue dicho: «Hasta un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo» (Apoc. XII: 14).

Luego oí un rumor hostil que salía del Infierno, y se dejaron oír estas palabras: «Haz milagros y creeremos». Les dije: «¿No son estas cosas milagros?» Y contestaron: «No».— Pregunté entonces: «¿Qué cosas son, pues, milagros?» «Revela y descubre acontecimientos futuros»—dijeron—«y creeremos.» Mas les contesté: «El Señor no hace tales revelaciones, pues en cuanto el hombre conozca acontecimientos futuros, su razón y su entendimiento, y con ellos su prudencia y sabiduría, caen en inactividad, entumeciéndose y pereciendo.» Pregunté de nuevo: «¿Qué milagros queréis que haga, otros que éstos?» «Haz milagros como los que hizo Moisés en Egipto»—vociferaron. «Quizás—dije—endureceréis entonces vuestros corazones como hicieron Faraón y los Egipcios.» Contestaron: «No.» Volví á decir: «Aseguradme que no bailaréis en tomo del becerro de oro ni le adoraréis, como hicieron los descendientes de Jacob un mes después de haber visto al monte de Sinaí envuelto en fuego y oído hablar desde el fuego á Jehová Mismo, es decir, después de haber visto el más grande de todos los milagros.» (Un becerro de oro significa en sentido espiritual las voluptuosidades de la carne). Y contestaron desde los infiernos: «No seremos como los descendientes de Jacob.» Mas entonces oí del Cielo una voz que les dijo: «Si no creéis á Moisés y á los profetas, es decir, al Verbo de Dios, tampoco creeréis por medio de milagros más que los descendientes de Jacob creyeron en el desierto, ni más que creyeron cuando con sus propios ojos vieron los milagros que hizo el Señor mismo mientras estaba en el mundo.»

Luego vi subir de los infiernos algunos espíritus, y oí desde allí algunos, que me hablaron con acento áspero diciendo: «¿Por qué ha revelado tu Señor á ti, que eres un lego, los secretos que acabas de enumerar tan extensamente, y no á alguno del Clero?» A esto contesté: «Ha placido así al Señor, Quien desde mi primera edad me ha preparado para esta obra; mas permitidme á mi vez haceros una pregunta: «¿Por qué eligió el Señor, cuando estaba en el mundo, á pescadores por discípulos y no á algunos de los doctores de la ley, de los escribas, de los sacerdotes ó rabinos? Deliberad sobre esto entre vosotros y formad conclusión por vuestro entendimiento y encontraréis la causa.» Al oír esto hubo un rumor y luego fue hecho silencio.

Nota:

El libro de Job de nuestro Verbo no es escrito en la época de la Iglesia israelita como muchos suponen. Es un libro del antiguo Verbo, que se usaba en la antigua Iglesia, la segunda Iglesia ge­neral en la tierra, que existía después del Diluvio y es significada en el Verbo por Noáh y sus hijos y descendientes hasta el tiempo de Abraham. Esta Iglesia era espiritual, así como la anterior, sig­nificada por Adán y Eva, era celestial, y la sucesora, la israelita, exclusivamente natural. Los de la Iglesia celestial pensaban y ha­blaban por las correspondencias mismas, por percepción; los de la Iglesia espiritual las conocían aún mediante la ciencia y escribían sus libros por medio de correspondencias, pero con la consumación de esta Iglesia quedó extinta por completo esta ciencia.

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Siga adelante hasta el  Decimocuarto Capítulo - La Consumación del Siglo.