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V

El Señor está presente y abre el cielo á los que se acerquen dignamente á la Santa Cena. También está presente con los que se acercan indignamente, pero á éstos no abre el cielo. Por consiguiente: así como el Bautismo es una introducción en la Iglesia, así la Santa Cena es una introducción en el Cielo

 

492. En los dos artículos que siguen se dirá quiénes son los que se acercan dignamente á la Santa Cena, y esto indicará al mismo tiempo quiénes son los que se acercan á ella indignamente; viendo que por lo que se dice de aquéllos puede conocerse también á éstos, ya que las dos clases son opuestas. A causa de Su Omnipresencia tanto en el Cielo cuanto en el Infierno y asimismo en el mundo, el Señor está presente con los dignos y también con los indignos, por consiguiente con los malos igualmente que con los buenos; mas con los buenos, es decir, con los regenerados, está presente, no sólo universalmente, sino también individualmente, siendo así que El está en ellos y ellos en El, y donde está el Señor, allí está el Cielo. EL Cielo constituye además el Cuerpo del Señor, por cuya razón estar en Su Cuerpo es estar en el Cielo. Por otra parte, en los que se acercan á la Santa Cena indignamente, Su presencia es por cierto universal, mas no individual; es decir, que es externa, mas no interna; y Su presencia universal ó externa hace que el hombre vive como hombre, que disfruta de la facultad de conocer, entender y hablar racionalmente por el entendimiento, porque el hombre nace para el Cielo y por lo tanto nace espiritual y no como el animal, meramente natural. Asimismo disfruta de la facultad de querer y de obrar las cosas que por el entendimiento puede conocer, entender y por ello hablar racionalmente; mas si la voluntad rechaza las cosas del entendimiento, verdaderamente racionales, cuyas cosas por su índole también son espirituales, entonces el hombre se vuelve externo, y así resulta que en los que sólo entienden la verdad y el bien la presencia del Señor es solamente universal ó externa, mientras que en los que también quieren y obran la verdad y el bien la presencia del Señor es universal y también individual, ó sea, é interna y externa. Los que sólo entienden y hablan de los bienes y las verdades son como las vírgenes fatuas, que tenían lámparas mas no aceite, mientras que los que no sólo los entienden y hablan, sino que también los quieren y hacen, son como las vírgenes prudentes, que fueron admitidas á la boda; las fatuas llamaron luego á la puerta, mas no fueron admitidas (Mateo XXV: 112). Consta por esto que el Señor está presente y abre el Cielo á los que se acercan á la Santa Cena dignamente, y que también está presente con los que se acercan indignamente, mas á éstos no abre el Cielo.

493.    Hay que saber, sin embargo, que no es el Señor, quien cierra el Cielo á los que se acercan indignamente; esto no hace con hombre alguno, tanto como viva en el mundo; mas el hombre mismo cierra el Cielo para sí, con rechazar la fe y con el mal de su vida. No obstante es continuamente mantenido en un estado en que el arrepentimiento y la conversión son posibles, porque el Señor está constantemente presente y se esfuerza para ser recibido. El Mismo dice:

«He aquí; Yo estoy á la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz y abriere la puerta entraré á él y cenaré con él y él conmigo» (Apoc. III: 20).

Es por lo tanto el hombre mismo que tiene la culpa por no abrir la puerta. Después de la muerte es diferente; entonces el Cielo está cerrado y no se abre para aquellos, que hasta el fin de su vida en el mundo se han acercado á la Santa Cena indignamente; porque entonces el interior de sus mentes sé halla fijo y establecido.

494.   Que el Bautismo es una introducción en la Iglesia queda demostrado en su capítulo; más que la Santa Cena es una introducción en el Cielo consta por lo que más arriba ha sido expuesto y asimismo por la percepción común. Estos dos Sacramentos, el Bautismo y la Santa Cena, son como dos puertas, por las cuales se entra en la vida eterna. Mediante el Bautismo, que es la primera puerta, todo Cristiano es admitido é introducido en lo que la Iglesia enseña por medio del Verbo con respecto á la vida futura; todo lo cual sirve como medio para preparar el hombre para el Cielo y para conducirle allí. La otra puerta es la Santa Cena. Mediante ella todo hombre, que se ha dejado preparar y guiar por el Señor, es admitido é introducido en el Cielo; no hay otras puertas universales. La ida del hombre al Cielo y su entrada en él por medio de estas dos puertas pueden compararse con la educación y la coronación y gobierno de un príncipe, nacido para el trono: primero es iniciado y educado en toda ciencia, relacionada con el oficio y la misión que ha de desempeñar, y luego entra en su función real y efectivamente. Las dos puertas son como dos períodos, debiendo el uno necesariamente preceder al otro y preparar la entrada en él, á fin de que éste á su vez pueda conducir al resultado final, el cual no se consigue de otra manera. La palma de la victoria es concedida sólo después de la batalla; la recompensa no es dada hasta terminado el combate y ganada la victoria.

La siguiente sección [VI. Se acercan á la Santa Cena dignamente los que tienen fe en el Señor y que se hallan en la Caridad ó sea en el amor al prójimo; por consiguiente los que son regenerados. (N. 495-496.)...]