VI
Se acercan á la Santa Cena dignamente los que tienen fe en el Señor y que se hallan en la Caridad ó sea en el amor al prójimo; por consiguiente los que son regenerados
495.
Todo verdadero cristiano, que escudriña el Verbo, sabe, reconoce y
percibe que las tres cosas esenciales de la Iglesia son Dios, la
caridad y la fe; porque son los medios universales de salvación. El
reconocimiento de Dios es indispensable para que en el hombre pueda
haber religión é iglesia; esto admite y aprueba toda razón sana, en
la cual hay algo espiritual; por lo cual el que se acerca á la Santa
Cena sin reconocer á Dios la profana; porque ve el pan y el vino con
sus ojos y los gusta con su lengua, mas en sí mismo piensa: «¿Qué es
esto, sino una mera ceremonia, y qué diferencia hay entre estas
cosas y las que tengo en mi propia mesa? Mas hago esto á fin de que
no me tachen de ateo el Clero y el pueblo.» El reconocimiento de
Dios es pues la primera condición para acercarse dignamente á la
Santa Cena; la segunda condición es hallarse en caridad, lo cual
consta por el Verbo mismo así como por las exhortaciones que se hace
al comulgante en toda Iglesia cristiana antes de que se acerque á la
Santa Cena. Con respecto á esta segunda condición, ó sea á la
caridad, el Verbo, prescribe claramente que el hombre debe amar á
Dios sobre todas las cosas y á su prójimo como á sí mismo. (Mateo
XXII: 3439; Lucas X: 2528), y Pablo dice que son tres las cosas, que
determinan la salvación, y que la mayor de ellas es la candad (I
Cor. XIII: 13). Otros pasajes del Verbo dicen:
«Sabemos que Dios no oye á los pecadores; mas si alguno es temeroso
de Dios y hace su voluntad, á éste oye» (Juan IX: 31).
«Todo árbol, que no lleva buen fruto, córtese y échese en el fuego»
(Mateo VII: 19; 20; Lucas III: 8; 9).
Lo
cual demuestra que la caridad, después del reconocimiento de Dios,
es la condición principal para ir dignamente á la Santa Cena. En
cuanto á las exhortaciones que se hacen á los comulgantes en las
Iglesias cristianas, antes de que se acerquen á la Santa Cena, véase
el extracto del ritual de la Santa Cena, que se usa en la Iglesia
reformada inglesa, consignado más arriba (N. 376).
La
tercera condición es la fe en el Señor, porque la caridad y la fe
hacen uno como el calor y la luz en la primavera, por cuya
conjunción todo árbol «nace de nuevo». Así es también en cuanto al
espíritu; porque por el calor espiritual, que es caridad, y por la
luz espiritual, que es la verdad de la fe, vive todo hombre. Que la
fe en el Señor, después del reconocimiento de Dios y después de la
caridad, es condición indispensable para ir dignamente á la Santa
Cena es evidente por los siguientes pasajes del Verbo:
«El
que cree en mi, aunque esté muerto vivirá, y todo aquel que vive y
cree en mi no morirá eternamente» (Juan XI: 25; 26).
«Esta es la voluntad del Padre: que todo aquel que cree en el Hijo
tenga vida eterna» (VI: 40).
«De
tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á Su Hijo para que todo
aquel que en El cree tenga vida eterna» (Juan XI: 16).
«El
que cree en el Hijo tiene vida eterna, mas el que es incrédulo al
Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él» (III:
36).
«Estamos en la verdad en el Hijo de Dios, Jesucristo. Este es el
verdadero Dios y la vida eterna» (I Juan V: 20).
496.
Que el hombre es regenerado por estos tres: el Señor, la
caridad y la fe, juntos, y que sin ser regenerado no puede entrar en
el Cielo ha sido demostrado en el capítulo que trata de la
reformación y la regeneración, por lo cual consta que el Señor no
puede abrir el Cielo mas que á los regenerados y que después de la
muerte ninguno entra en el Cielo mas que éstos. Los regenerados ó
sea los que se acercan dignamente á la Santa Cena son los que se
hallan interiormente en las indicadas tres cosas esenciales de la
Iglesia y del Cielo, mas no aquellos que sólo se hallan en ellas
exteriormente, porque estos últimos confiesan al Señor, no del alma,
sino sólo con la boca, y obran la caridad con el prójimo, no de
corazón, sino sólo con el cuerpo. Estos son los obradores de
iniquidad á los cuales se refieren estas palabras del Señor:
«Entonces empezaréis á decir: Señor, hemos comido y bebido en tu
presencia; pero yo os protestaré: No os conozco de donde seáis;
apartaos de mi, obradores de iniquidades» (Lucas XIIÍ: 26; 27).
La siguiente sección [VII. Los que se acercan á la Santa Cena dignamente están en el Señor y el Señor en ellos. Mediante la Santa Cena se verifica por consiguiente conjunción con el Señor. (N. 497-499.)...]