VII
Los que se acercan á la Santa Cena dignamente están en el Señor y el Señor en ellos. Mediante la Santa Cena se verifica por consiguiente conjunción con el Señor.
497.
En lo que precede ha sido demostrado, que los que tienen fe
en el Señor y se hallan en amor al prójimo, se acercan dignamente á
la Santa Cena, así como que las verdades de la fe determinan la
presencia del Señor, y que los bienes de la caridad junto con la fe
determinan la conjunción; de todo lo cual sigue que los que se
acercan dignamente á la Santa Cena entran en conjunción con el
Señor, y los que tienen conjunción con El, están en El y El en
ellos. El Señor Mismo dice que así sucede con los que se acercan
dignamente á la Santa Cena:
«El
que come Mi Carne y bebe Mi Sangre en Mi permanece y Yo en él» (Juan
VI: 56).
Y
que esto es conjunción con El, enseña en otro lugar:
«Permaneced en Mi y Yo en vosotros. El que permanece en Mí y Yo en
él, éste lleva mucho fruto» (Juan XV: 4; 5; Apocalipsis III: 20).
¿Qué
es conjunción con el Señor, sino estar en su Cuerpo? Y los que creen
en El y hacen Su voluntad, están en Su Cuerpo. La voluntad del
Señor, es que el hombre obre la caridad con arreglo á las verdades
de la fe.
498.
La razón por la cual no puede haber vida eterna y salvación sin
conjunción con el Señor, es que El Mismo es esta Vida y la
salvación. Juan dice: Jesucristo es el verdadero. Dios y la vida
eterna (I Juan V: 20); y siendo El Mismo la vida eterna es claro que
es también la salvación misma, porque ésta y la vida eterna son una
misma cosa. Su nombre Jesús significa asimismo, salvación (ó salud;
estado de los salvos) y por ello es llamado Salvador en todo el
mundo Cristiano. Sin embargo, no se acercan dignamente á la Santa
Cena más que aquellos que tengan interiormente conjunción con el
Señor y sólo los regenerados tienen tal conjunción interior con El.
Quienes son los regenerados se ha explicado en el capítulo, que
trata de la reformación y la regeneración. Muchos confiesan al Señor
y obran el bien con el prójimo, mas si no lo hacen por amor al
prójimo y por la fe en el Señor no son regenerados, porque si bien
obran el bien con el prójimo lo obran entonces con fines egoístas y
mundanos, más no á causa del prójimo, como prójimo. Sus obras son
meramente naturales, no llevando en su interior cosa alguna
espiritual, porque tales personas confiesan al Señor con la boca y
con los labios, mientras que sus corazones están lejos de El. El
amor al prójimo y la fe proceden del Señor Solo, y ambos son dados
al hombre, cuando por su libre voluntad obra el bien con el prójimo
naturalmente, y al mismo tiempo cree las verdades racionalmente, y
mira hacia el Señor haciendo estas tres cosas por haber sido
ordenadas por el Señor en el Verbo. Entonces el Señor implanta en él
la caridad y la fe, y hace que estas se vuelvan espirituales. De
esta manera se une al hombre y el hombre á El, porque la unión debe
ser recíproca, no pudiendo haber conjunción sin reciprocidad. Más
sobre esto puede verse en los capítulos, que tratan de la caridad,
la fe, la libre voluntad, y la regeneración.
499.
Sabido es que en el mundo se verifican conjunciones y consociaciones
mediante convites, banquetes, fiestas y comidas particulares. Tales
invitaciones tienen siempre por objeto el fomentar la buena armonía
y amistad. Mucho más así las invitaciones que se hacen con fines
espirituales. Las reuniones, comidas y fiestas en las Iglesias
antiguas y en la primitiva Iglesia cristiana eran fiestas de
caridad; en estas fiestas animábanse los unos á los otros á
perseverar en la adoración del Señor de sincero corazón; y las
fiestas de los hijos de Israel, en las que reunidos comían de los
sacrificios, representaban y significaban también tal fomento de la
buena armonía y amor al prójimo; por esta razón la carne, que así
comían, se cualificaba de santa (Jerem. XI: 15; Hag. II: 12, y en
otros lugares), porque formaba parte del sacrificio. ¿Por qué, pues,
no había de ser santo, también el pan, el vino y la vianda de la
Pascua, la última Cena, que celebró al Señor, Quien se sacrificó á
Sí Mismo en sacrificio por las transgresiones del mundo? Sin
embargo, la santidad no está en el pan y el vino, ó sea en los
elementos naturales, sino en que el pan significa y corresponde al
bien del amor y en que el vino igualmente significa y corresponde á
la verdad de la fe, los cuales ambos son del Señor y proceden de El,
siendo comunicados por El Solo. Así se verifica mediante la Santa
Cena Conjunción con el Señor por virtud del amor unido á la fe
(porque el amor no es amor si no hay en él confianza ó fe) mientras
que los elementos naturales, el pan y el vino, que son
correspondencias, son los medios exteriores, por conducto de los
cuales se sella la Conjunción para los que se acercan á la Santa
Cena dignamente.
La siguiente sección [VIII. A los que se acercan dignamente á la Santa Cena es esta como una firma y un sello de que son hijos de Dios. (N. 500-502.)...]