VIII
A los que se acercan dignamente á la Santa Cena es esta como una firma y un sello de que son hijos de Dios
500.
La Santa Cena es como una firma, una ratificación y un sello
de que los que se acercan dignamente á ella son hijos de Dios,
porque el Señor está presente en este santo acto y como antes se ha
dicho introduce espiritualmente en el Cielo á los que han nacido de
nuevo por El, ó sea á los que son regenerados. La Santa Cena tiene
este efecto en ellos; por estar el Señor presente en ella hasta en
Su Naturaleza Humana, es decir, en Su Plenitud y con toda Su
Redención, según queda explicado más arriba; porque dice: «esto es
Mi Cuerpo» y «esto es Mi Sangre», y por consiguiente los admite
entonces en Su Cuerpo, y así también en el Cielo, porque la Iglesia
y el Cielo constituyen Su Cuerpo. El Señor está por cierto presente
en el hombre en el proceso de su regeneración preparándole con Su
Divina Operación para el Cielo; pero á fin de poder entrar en el
Cielo es necesario que el hombre efectivamente se presente al Señor;
y así como el Señor en la Santa Cena se presenta al hombre real y
efectivamente, así es necesario que el hombre le reciba de igual
manera real y efectivamente, sin embargo, no tal como era en la
Cruz, sino tal como es en Su Humanidad glorificada, en la cual está
presente en la Santa Cena, y el Cuerpo de esta Humanidad glorificada
es el Divino Bien y la Sangre de ella es la Divina Verdad. Estos son
dados al hombre y por medio de ellos es regenerado y llega á estar
en el Señor y el Señor en él, porque según quedó demostrado más
arriba, el participar de la Santa Cena es comer espiritualmente. Si
esto bien se entiende, se comprende también que la Santa Cena es
como una firma, ratificación y sello de que los que dignamente se
acercan á ella, son hijos de Dios.
501.
Por otra parte, los que por morir en la infancia ó niñez, no
alcanzaron la edad de poder dignamente recibir la Santa Cena, son
introducidos por el Señor, por medio del Bautismo, porque según
quedó demostrado en el capítulo, que trata del Bautismo, este acto
es una introducción en la Iglesia Cristiana y al mismo tiempo una
introducción espiritual entre los Cristianos en el mundo espiritual,
y allí el Cielo y la Iglesia forman uno, por cuya razón, para los
que allí están, la introducción en la Iglesia es asimismo una
introducción en el Cielo; y estos niños, siendo allí educados bajo
los auspicios del Señor, son regenerados más y más, y son hijos
Suyos, porque no conocen á otro Padre. En cuanto á los infantes y
niños, nacidos fuera de la Iglesia cristiana, éstos son introducidos
en el Cielo, asignado á su religión, por otro medio que el Bautismo,
después de haber admitido y recibido la fe en el Señor, mas no se
confunden con los que están en el Cielo cristiano. No existe en todo
el mundo nación ó pueblo que no pueda ser salvo, si reconoce á Dios
y vive bien; porque el Señor ha redimido á todos, y todo hombre es
por nacimiento un ser espiritual, por lo cual tiene la facultad de
recibir el don de la redención. Los que admiten al Señor, es decir,
los que tienen fe en El y conducen su vida conforme ella, se llaman
hijos de Dios y nacidos de Dios (Juan I: 12; 13; XI: 52), también
hijos del reino (Mateo XIII: 38) y asimismo herederos (XIX: 29; XXV:
34). Los discípulos del Señor fueron también llamados hijos (Juan
III: 33) y así se llaman también los ángeles (Job. I: 6; II: 1).
502.
La Santa Cena se puede comparar con un pacto, el cual, habiendo sido
establecidos y convenidos sus artículos, es finalmente ultimado,
firmado y sellado. La sangre del Señor es un pacto, lo cual consta
por lo que El mismo dijo: «Bebed de él todos: esto es Mi Sangre del
nuevo pacto» (Mateo XXVI: 28; Marcos XIV: 24; Lucas XXII; 20). El
Nuevo Testamento es el nuevo Pacto, y por esta razón el Verbo,
escrito por los profetas, antes de la venida del Señor, se llama el
El Antiguo Testamento, ó Pacto, mientras que el Verbo escrito por
los evangelistas y apóstoles después de Su venida se llama el Nuevo
Testamento, ó Pacto. Que sangre significa la Divina verdad del
Verbo, la cual igualmente es representada por el vino en la Santa
Cena, se ha explicado antes (números 480 y 482), y el Verbo, es el
Pacto mismo, el cual el Señor hizo con el hombre y el hombre con el
Señor, porque el Señor descendió como el Verbo, es decir, como la
Divina Verdad y ésta es Su Sangre, por cuya razón á la sangre en la
Iglesia Israelita, que era representativa de la Iglesia cristiana,
llamaban la Sangre del Pacto (Éxodo XXIX: 8; Zacarías IX: 11); y al
Señor el Pacto ó la Alianza del pueblo (Isaías XLII: 6; XLIX: 8;
también en Jeremías XXX: 3134 y Salmo CXI: 9). Es de acuerdo también
con el orden del mundo el que por necesidad haya en el proceso de la
regeneración y salvación del hombre una ratificación y firma, ó
sello, á fin de que haya certidumbre y descanso, lo cual puede
ilustrarse como sigue: ¿Qué valor tiene un testamento para los
herederos, si no lleva la firma del testador? ¿Qué es el juicio con
arreglo á una ley, si no hay decreto firmado para su ratificación y
validez? ¿Qué es un alto oficio en un reino sin el título, firmado y
sellado, que da derecho á ocuparlo? ¿Qué es la promoción á un oficio
sin su correspondiente ratificación ó confirmación? ¿Qué es la
posesión, por adquisición, de una casa sin acta de compraventa con
el propietario? Que estas cosas sirvan de ilustración para los
simples, á fin de que también éstos puedan percibir y comprender,
que la Santa Cena es como una firma, un sello, una garantía y una
carta credencial hasta para los ángeles mismos, de que son hijos de
Dios; y se puede decir que es la llave de su casa celestial, en la
cual han de morar eternamente.
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