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I

Jehová Dios descendió y asumió Naturaleza Humana, á fin de redimir y salvar á los hombres.

67. La iglesia cristiana actual cree y enseña, que Dios, el Creador del Universo, engendró un Hijo desde Eternidad, y que este Hijo descendió y asumió Naturaleza Humana, á fin de redimir y salvar á los hombres. Pero esta creencia y enseñanza es errónea y cae de sí misma, considerando que Dios es Uno. Es más que fabuloso, que el Dios único engendrara desde eternidad un Hijo, y que Dios Padre, en unión del Hijo y del Espíritu Santo, cada uno de los cuales es Dios, sean un solo y único Dios. Esta representación fabulosa desaparece como el fuego de un meteoro, cuando por el Verbo se demuestra, que Jehová Dios Mismo descendió y se hizo Hombre y asimismo Redentor. En cuanto á lo primero, que Jehová Dios Mismo descendió y se hizo Hombre, es esto evidente por los siguientes pasajes:

«He aquí, la virgen concebirá y parirá hijo y llamará su nombre Emmanuel (Dios con nosotros)» (Isaías VII: 14; Mateo I: 23).

«Un niño nos es nacido, hijo nos es dado y el principado sobre su hombro y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de paz» (Isaías IX: 6).

«Y se dirá en aquel día: he aquí, este es nuestro Dios; le hemos esperado y nos salvará; este es Jehová á quien hemos esperado; nos gozaremos y nos alegraremos en su salud» (Isaías XXV: 9).

«Voz que clama en el desierto: Barred camino á Jehová, enderezad calzada en la soledad á nuestro Dios. Manifestaráse la gloria de Jehová y toda carne juntamente la verá» (cap. XL: 3; 5).

«He aquí, el Señor Jehová vendrá con fortaleza y su brazo se enseñoreará; he aquí, su salario viene con él y su obra delante de su rostro; como pastor apacentará su rebaño» (cap. XL: 10; 11).

«Canta y alégrate, hija de Sión, porque he aquí, vengo y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová, y uniráse mucha gente á Jehová en aquel día» (Zacarías II: 10; 11).

«Yo, Jehová, te he llamado en justicia y te pondré por alianza del pueblo.» «Yo Soy Jehová, este es mi nombre y á otro no daré mi gloria» (Isaías XLII: 6; 8).

«He aquí, vienen los días, dice Jehová, en que despertaré á David renuevo justo, y reinará Rey y hará justicia y juicio en la tierra, y su nombre que le llamarán: Jehová Justicia Nuestra» (Jerem. XXIII: 5; 6. Cap. XXXIII: 15; 16).

Además varios pasajes, donde la venida del Señor se llama el día de Jehová, como por ejemplo en Isaías XIII: 6; 9; 13; 22. Ezequiel XXXI: 15. Joel I: 15. II: 1; 2; 11; 29; 31. III: 1; 14; 18. Amós V: 18; 20. Sophonias I: 7; 18. Zacarías XIV: 1; 421; y en otros lugares.

Que Jehová Mismo descendió y asumió Naturaleza Humana, es evidente por el siguiente pasaje en Lucas:

«María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón. Y respondió el ángel y le dijo: el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del altísimo te hará sombra, por lo cual también lo Santo que nacerá será llamado Hijo de Dios» (I: 24; 35).

y en Mateo:

«El ángel del Señor dijo á José, el marido de María, en un sueño: «Lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es, y José no la conoció hasta que parió á su hijo primogénito; y llamó su nombre Jesús» (I: 20; 25).

Que por el Espíritu Santo aquí se entiende lo Divino, que emana de Jehová, se verá en el capitulo tercero. ¿Quién no sabe que el niño tiene su alma y vida del padre, y que el cuerpo es formado por el alma? ¿Qué es, pues; más claro que esto, que el Señor tenía su alma y su vida de Jehová Dios? y puesto que lo Divino no puede ser partido, ¿no es, pues, claro que lo Divino del Padre, en sí mismo, era Su alma y vida? Por esta razón el Señor llamaba á menudo á Dios su Padre, así como Jehová Dios llamaba á El su Hijo. ¿Puede haber cosa más ridícula que ésta, que el alma del Señor fuere de la madre María? y sin embargo tanto los Católicos cuanto los Reformados se hallan actualmente en esta creencia errónea, no habiendo sido aún despertados por el Verbo. 68. La errónea creencia de que un Hijo de Dios fué engendrado desde eternidad, cuyo Hijo descendió y asumió Naturaleza Humana, es terminantemente contradicha por los pasajes del Verbo, en los cuales Jehová Dios dice, que El Mismo es el Salvador y el Redentor:

«¿No soy Yo Jehová? y no hay más Dios que yo. Dios Justo y Salvador; ningún otro fuera de raí». «Mirad á mí y sed salvos todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios y no hay otro» (Isaías XLV: 21; 22).

«Yo soy Jehová, Dios tuyo...; no conocerás, pues, Dios fuera de mi, ni otro Salvador, sino á mi» (Óseas XIII: 4).

«Y conocerá toda carne que Yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo...» (Isaías XLIX: 26).

«Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre» (Isaías XLVII: 4).

«Su Redentor es el Fuerte; Jehová de los ejércitos es su nombre» (Jeremías L: 34).

«Jehová, roca mía y Redentor mío» (Salmo XIX: 14).

«Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo (Isaías XLVIII: 17. Cap. XLIII: 14. Cap. XLIX: 7).

«Así dice Jehová, tu Redentor: Yo soy Jehová que hago todas . ; las cosas solo, por mi mismo» (XLIV: 24).

«Así dice Jehová, Rey de Israel y su Redentor Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero y yo el postrero, y fuera de mi no hay Dios» (XLIV: 6).

«Tú, oh Jehová, eres nuestro Padre, nuestro Redentor desde siempre es tu nombre» (LXIII: 16).

«Con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor, Jehová» (LIV: 8).

«Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de Verdad» (Salmo XXX: 5).

«Espere Israel en Jehová, porque en Jehová hay misericordia y con El hay abundancia de Redención, y redimirá á Israel de todos sus pecados» (CXXX: 7; 8).

«Jehová de los ejércitos es su nombre, y tu Redentor, el Santo de Israel, Dios de toda la tierra será llamado» (Isaías LIV: 5).

Por estos pasajes y numerosos otros, todo el que tenga ojos, y cuya mente mediante ellos haya sido abierta, puede ver, que Dios, que es Único, descendió y se hizo Hombre con el fin de realizar la obra de la Redención. ¿Quién no puede ver esto, si presta atención á las declaraciones Divinas, aquí citadas? Los que están en la luz de la aurora lo verán; pero los que se hallan en la sombra de la noche, por haber confirmado en sí la idea de otro Dios, nacido desde eternidad, y que este Dios descendió y efectuó la Redención, cierran sus ojos á estas declaraciones Divinas, y á causa de su estado, discurren de qué manera pueden aplicarlas y adaptarlas á su falsa creencia, pervirtiéndolas.

69. Hay varias razones por que Dios no pudo redimir á los hombres—esto es, libertarlos dé la condenación y del infierno—de otra manera que por medio de Su Naturaleza Humana que adoptó. Estas razones serán luego explicadas más detenidamente. La Redención fue la subyugación de los infiernos, el restablecimiento del orden y arreglo en los cielos, y luego el restablecimiento de la Iglesia. Estas cosas podía Dios por su Omnipotencia realizar únicamente por medio de Su Naturaleza Humana, como el hombre puede realizar un trabajo manual únicamente por medio de sus brazos y manos. En efecto: la Naturaleza Humana de Dios es en el Verbo llamada Su Brazo; el brazo de Jehová (Isaías XL: 10. Cap. LIII: 1). La Naturaleza Humana adoptada por' Dios era tan necesaria para la realización de esta Obra, como á los hombres son necesarias adecuadas fuerzas para poder conquistar una ciudad fuerte y destruir los templos de ídolos, que se hallan en ella. En esta Obra Divina tenía Dios Su Omnipotencia por medio de ésta Naturaleza Humana, lo cual también enseña el Verbo. Dios que reside en las cosas más íntimas y por consiguiente en las más puras, no podía en manera alguna salir de ellas y meterse en contacto directo con las cosas más apartadas, impuras, en las cuales se hallan los infiernos y en las cuales se hallaban los hombres de aquel tiempo, sirio por conducto de la Naturaleza Humana que adoptó mediante la Virgen María. Únicamente por conducto de esta Naturaleza Humana podían acercarse á El los infiernos, luchar contra El sobre un terreno común y ser vencidos, subyugados y expulsados del terreno. Si Dios se hubiese acercado al infierno en su Naturaleza Divina pura, sin revestirla de la Naturaleza Humana, todo hubiera sido deshecho y disuelto como sería consumida en un instante una paja que cayere en el fuego del Sol; no sólo los infiernos, sino también la raza humana entera, porque aquella raza pervertida no hubiera podido continuar su existencia al serla quitadas bruscamente, y á pesar suyo, sus malas inclinaciones y falsas ideas, que en su esencia son el infierno, y que constituían su vida;—y destruida la raza humana quedarían destruidos también los cielos, porque los cielos descansan sobre la raza humana como sobre su fundamento y no pueden existir sin ella.—Jehová, tal como es en Sí Mismo, no puede por Su Omnipotencia tocar demonio en el infierno ni demonio en la tierra y subyugar su furia con la necesaria moderación de Su Influencia, sin hallar se en las últimas cosas, así como se halla en las primeras. En las últimas cosas se halla en Su Naturaleza Humana; por lo cual en el Verbo es llamado el Primero y el Último, el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin.

 

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