II
Jehová Dios descendió en Su cualidad de la Divina Verdad,
que es el Verbo, y sin embargo no separó Su Divino Bien.
70. Dos cosas constituyen la Esencia de Dios:
el Divino Amor y la Divina Sabiduría, ó lo que es lo mismo, el
Divino Bien y la Divina Verdad. En el capítulo que antecede queda
demostrado, que estas dos cosas constituye la Esencia de Dios. Estas
dos, como Esencia de Dios, son expresadas con el término Jehová
Dios, Por Jehová se entiende el Divino Amor ó sea el Divino Bien, y
por Dios la Divina Sabiduría ó sea la Divina Verdad. De ahí que
estas dos cosas esenciales en Dios se distinguen en varios lugares
en el Verbo; ora se usa sólo el término Jehová, ora sólo el término
Dios. Donde se trata del Divino Bien, allí se usa el término
«Jehová», y donde se trata de la Divina Verdad, allí se usa el
término «Dios»; donde se trata de ambas cosas juntas allí se dice
«Jehová Dios». Que Jehová Dios descendió en su cualidad de la Verdad
Divina, que es el Verbo, es evidente por el siguiente pasaje en
Juan:
«En
el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios y el Verbo era
Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que
es hecho fue hecho.,. Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre
nosotros» (I; 1; 3; 14).
La
razón por la cual el Verbo aquí significa la Divina Verdad, es
porque el Verbo que está en la Iglesia es la Divina Verdad en Sí
misma, porque fue dictado por Jehová Mismo, y lo que es dictado por
Jehová es la pura Verdad Divina y no puede en manera alguna ser otra
cosa; pero puesto que este Verbo al ser dictado pasó por los cielos
bajando hasta el mundo, fué acomodado á los ángeles en el cielo y.
asimismo á los hombres en la tierra. Por esto hay en el Verbo un
sentido espiritual en el cual la Divina Verdad se halla en su
esplendor y un sentido natural en el cual se halla en su sombra. Que
la Divina Verdad en el Verbo es lo que se entiende en este pasaje en
Juan, se ve aún más claro por esto de que el Señor vino al mundo
para cumplir todas las cosas del Verbo; por lo cual con frecuencia
es recordado por los evangelistas y apóstoles, que esto y aquello
fue hecho por el Señor para que se cumpliesen las Escrituras. El
nombre de Mesías y Cristo significan asimismo la Divina Verdad;—de
igual manera el Hijo del Hombre, y de igual manera también el
Consolador, el Espíritu Santo enviado por el Señor después de Su
salida del mundo.—Más adelante, cuando trataremos de las Sagradas
Escrituras, se verá también que el Señor representaba á Sí Mismo en
Su cualidad de el Verbo cuando se presentó transfigurado ante los
tres discípulos en el monte (Mateo XVII; Marcos IX; Lucas IX), y
cuando se presentó á Juan (Apocalipsis I: 12; 16). Que el Señor en
el mundo era la Divina Verdad, consta además por Sus propias
palabras:
«Yo
soy el camino, la Verdad y la Vida» (Juan XI; 6).
Y
por estas otras:
«Sabemos que el Hijo de Dios es venido para darnos entendimiento,
por que conozcamos la Verdad y estemos en la Verdad, en Su Hijo
Jesucristo; este es el verdadero Dios y la vida eterna» (I Juan V:
'20).
Y
porque es llamado la Luz; como por ejemplo en estos pasajes:
«El
era la luz verdadera que alumbra á todo hombre que viene á este
mundo» (Juan I: 9).
«Aún
por un poco estará la luz entre vosotros; andad entretanto que
tenéis luz porque no os sorprendan las tinieblas. Entretanto que
tenéis la luz creed en la luz para que seáis hijos de luz* (Juan
XII: 35; 36; 46).
Jesús dijo:
«Yo
soy la luz del mundo» (Cap. IX: 5).
Simeón dijo:
«Mis
ojos han visto tu salvación, Luz para ser revelada á los Gentiles»
(Lucas 30; 32).
«Esta es la condenación;—porque la luz vino al mundo y los hombres
amaron más las tinieblas que la luz—el que obra la verdad! viene á
la luz» (Juan III: 19; 21).
Y
en otros lugares. La Luz aquí significa la Divina Verdad.
71.
La razón por la cual Jehová Dios descendió al mundo como la Divina
Verdad, era que sólo así podía realizar la obra de la Redención, y
la Redención fue la subyugación de los infiernos, el
restablecimiento del Orden y arreglo en los cielos, y luego el
restablecimiento de la Iglesia. Para realizar esta obra no bastaba
el Divino Bien; pero la Divina Verdad que procede del Divino Bien lo
puede todo. El Divino Bien, en y por sí mismo, es como la empuñadura
de la espada sin la hoja; ó como el asta de una lanza sin la punta,
ó como el arco sin las flechas. Pero la Divina Verdad que procede
del Divino Bien, es como una espada afilada, como una lanza con
aguda punta, y como un arco con sus flechas, cuyas armas sirven para
combatir al enemigo. En el Verbo, donde se menciona armas, como por
ejemplo espada, lanza, arco, estos términos significan en el sentido
espiritual verdades que luchan contra falsedades y males. Las
falsedades y los males en los cuales se hallaba y siempre se halla
el infierno, no hubiesen podido ser atacados, vencidos y subyugados
por otro medio que por la Divina Verdad del Verbo, ni hubiera podido
ser constituido, formado y arreglado el cielo nuevo, lo cual
entonces también fue hecho; tampoco se hubiera podido establecer la
Nueva Iglesia en la tierra por otro medio alguno. Por lo demás, toda
la fuerza, toda la virtud y toda la potencia de Dios están en la
Divina Verdad, que procede del Divino Bien. Esta es la razón por la
cual Jehová Dios descendió como la Divina Verdad, que es el Verbo.
Por eso dice David:
«Cíñete tu espada sobre el muslo, oh Poderoso—y en tu gloria monta:
cabalga sobre palabra de verdad;—tu diestra te enseñará cosas
maravillosas: Tus saetas son agudas; tus enemigos caerán debajo de
ti» (Salmo XLV: 3; 4; 5).
Estas palabras se refieren al Señor, á sus combates contra los
infiernos y á sus victorias sobre ellos.
72.
Lo que es el bien sin la verdad y lo que es la verdad sin el bien,
puede verse manifiestamente en el hombre. Todo su bien reside en su
voluntad y toda su verdad reside en su entendimiento, y la voluntad
no puede por virtud de su bien efectuar cosa alguna sino por medio
del entendimiento; no puede obrar, no puede hablar, no puede sentir;
toda su fuerza y poder lo tiene por medio del entendimiento, por
consiguiente por medio de la verdad. Él bien con relación á la
verdad y la verdad con relación al bien es como el corazón con
relación, al pulmón y el pulmón con relación al corazón en el cuerpo
humano. EL corazón, sin la respiración de los pulmones, no produce
movimiento ni sentimiento alguno; pero la respiración de los
pulmones por virtud del corazón lo hace todo. En el mundo espiritual
el poder de la verdad es pasmoso. Un ángel que se halla en la Divina
Verdad por el Señor, por más que en cuanto al cuerpo parece ser un
niño, puede ahuyentar y perseguir hasta el infierno y echar en las
cavernas allí á una multitud de espíritus infernales, que tienen la
forma de Anakim y Nephilirn, es decir, de gigantes; y cuando salen
de las cavernas no se atreven ya á acercarse al ángel. Los que se
hallan en la Divina Verdad por el Señor, son en el mundo espiritual
como leones en cuanto á fuerza, por más que con respecto al cuerpo
no tienen más fuerza que una oveja. El caso es idéntico con los
hombres en la tierra, que se hallan en verdades Divinas por el
Señor, cuando luchan contra males y falsedades, por consiguiente
contra hordas de demonios, porque éstas, consideradas en su esencia,
no son ni más ni menos que males y falsedades. La razón por la cual
hay tal poder en la Verdad Divina, es que Dios es el Bien mismo y la
Verdad misma, y crió el Universo por medio de la Divina Verdad, y
todas las leyes del Orden, mediante las cuales mantiene el Universo,
son verdades. Por esto dice Juan:
«Por
el Verbo fueron hechas todas las cosas y sin él nada de lo (que es
hecho fué hecho» (I: 3; 10).
Y en
David:
«Por
la palabra de Jehová fueron hechos los cielos y todo el ejército de
ellos por el espíritu de su boca» (Salmo XXXIII: 6).
73.
Que Dios, por más que descendió como la Divina Verdad, sin
embargo no se separó del Divino Bien, es evidente por la manera en
que se efectuó la concepción de Su Naturaleza Humana, acerca de lo
cual leemos:
«La
virtud del Altísimo te hará sombra» (Lucas I: 35).
y
por la virtud del Altísimo se entiende el Divino Bien, que era el
Padre y el alma misma de Su Naturaleza Humana, llamada Jesucristo.
Esto es evidente también por los pasajes en que Jesús dice, que el
Padre está en El y El en el Padre; que todas las cosas del Padre son
suyas; que él Padre y El son Uno; y otros similares. Por Padre aquí
se entiende el Divino Bien.
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