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I

La Redención misma fue la subyugación de los infiernos y el restablecimiento del Orden en los cielos y mediante esto la preparación para una Nueva Iglesia.

94. Que esto fue la Redención, puedo decir con toda seguridad, puesto que el Señor está también actualmente realizando una Redención, la cual empezó en el año 1757, junto con el último juicio, que entonces se verificó, y esta Redención continúa todavía. Es que actualmente sé está verificando la segunda venida del Señor y se instituirá una Nueva Iglesia, cuya Iglesia no puede ser instituida, sin que primero sean subyugados los infiernos y restablecido el Orden en los cielos, y puesto que me ha sido concedido verlo todo, podría referir cómo los infiernos fueron subyugados y cómo el cielo nuevo fue arreglado y establecido, pero esto llenaría un volumen. De qué manera se verificó el último juicio, tengo manifestado en un opúsculo publicado en Londres en el año 1758. La subyugación de los infiernos, el restablecimiento del Orden en los cielos y la institución de la Nueva Iglesia fueron la Redención, porque de no haberse realizado estos, ningún hombre hubiera podido ser salvo. Se siguieron también por su orden procedente, porque era necesario que primero fuesen subyugados los infiernos, antes de que pudiera ser formado el cielo nuevo, y necesario que éste cielo fuese formado, antes de que pudiera ser instituida una Nueva Iglesia en la tierra, porque los hombres en el mundo se hallan tan estrechamente unidos con los ángeles del cielo y con los espíritus del infierno, que por ambos lados forman uno en el interior de sus mentes.

95.    Que el Señor, mientras estaba en el mundo, luchaba contra los infiernos, venciólos y subyugólos, poniéndolos así en obediencia bajo Si Mismo, consta por muchos pasajes del Verbo, entre los cuales citaré los siguientes: En Isaías:

«¿Quién es éste, que viene de Edom, de Bosra con vestidos bermejos; este hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia grande para salvar. ¿Por qué es bermejo tu vestido y tu ropa como el que ha pisado el lagar? Pisado he yo solo el lagar y de los pueblos nadie fue conmigo; píselos con mi ira y hollélos con mí furor y su sangre salpicó mis vestidos, y ensucié todas mis ropas; porque el día de la venganza está en mi corazón y el año de mis redimidos es venido. Y miró y no había quien ayudara, y salvóme mi brazo y derribé á tierra su fortaleza. Dijo: He aquí mi pueblo, mis hijos son, y fué su Salvador. En Su amor y en Su clemencia los redimió» (LXIII: 1; 9).

Esto se dice con referencia á los combates del Señor contra los infiernos. Los vestidos que eran hermosos y que eran bermejos significan el Verbo, al cual hicieron violencia los judíos. El combate mismo contra los infiernos y Su victoria sobre ellos se describe con estas palabras: píselos con mi ira y hollélos con mi furor. Que luchó solo y de su propio poder, es manifiesto por estas palabras: de los pueblos nadie fué conmigo, no había quien ayudara; y salvóme mi brazo y derribé á tierra su fortaleza. Que mediante esto salvó y redimió, se ve por estas palabras: Dijo: he aquí mi pueblo; mis hijos son, y fué su Salvador; en su amor, y en su clemencia los redimió. Que esta salvación era objeto de su venida, consta por estas otras: porque el día de la venganza está en mi corazón y el año de mis redimidos es venido.

En otro lugar en Isaías:

«y vio que no había hombre y maravillóse, que no hubiera quien se interpusiera, y salvóle su brazo y afirmóle su misma justicia. Pues de justicia se vistió como de loriga y con un capacete de salud en su cabeza y vistióse de vestido de venganza por vestidura y cubrióse de celo como de manto; y vino el Redentor á Sión» (LIX: 16; 17; 20).

En Jeremías:

«Los vio medrosos; sus valientes fueron deshechos; huyeron á más huir, sin volver á mirar atrás. Este es el día de Jehová, Dios de los ejércitos; día de venganza, para vengarse de sus enemigos y la espada devorará y se hartará» (XLVI: 5; 10).

Ambos pasajes se refieren al combate del Señor contra los infiernos y Su victoria sobre ellos. En David:

«Cíñete tu espada sobre el muslo, oh valiente... tus saetas son agudas y caerán pueblos debajo de ti, enemigos del Rey en el corazón. Tu trono es eterno y para siempre. Amaste la justicia, por tanto te ungió Dios» (Salmo XLV. 47).

Y además en varios otros lugares.

96. Puesto que el Señor Solo venció los infiernos, sin ayuda alguna de los ángeles, es llamado Fuerte, Héroe, Hombre de guerra (Isaías IX: 6; XLII: 13). Rey de Gloria, Jehová, él Fuerte y Valiente, el Héroe en batalla (Salmo XXIV: 8; 10). El Fuerte de Jacob (Salmo CXXXII: 2) y en muchos lugares Jehová Zábaot, i.e. de los ejércitos. Su venida se llama asimismo: el día de Jehová, terrible, cruel, de indignación, de ira, de enojo, de venganza, de ruina, de guerra, de trómpete, ruidoso, tumultuoso, etc. En los Evangelistas leemos:

«Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será echado fuera» (Juan XII: 31).

«El príncipe de este mundo es juzgado» (XVI: 11). «Confiad; yo he vencido al mundo» (XVI: 33).

«Yo vela á Satanás caer del cielo como un rayo». (Lucas X: 18).

En estos pasajes: mundo, príncipe del mundo, satanás y demonio, significan el infierno. Además de esto, en el Apocalipsis, desde el principio hasta el fin, predijo el Señor el estado en que se encuentra la Iglesia Cristiana en el tiempo actual, y también que había de venir por segunda vez, subyugar los infiernos, constituir un nuevo cielo de ángeles y luego establecer una Nueva Iglesia en la tierra. Todas estas cosas fueron predichas en la visión de Juan bajo formas representativas mediante correspondencias, pero no han sido reveladas hasta ahora. El Apocalipsis y todas las profecías del Verbo, fueron escritas mediante puras correspondencias y si éstas no hubieran sido reveladas por el Señor ahora, apenas hubiérase entendido un solo versículo de ellas; pero por causa de la Nueva Iglesia han sido reveladas ahora todas las cosas que allí se hallaban ocultas (Véase Apocalipsis Revelado, publicada en Ámsterdam en el año 1766); y las verán los que creen las palabras del Señor en Mateo XXIV respecto del estado de la Iglesia actual y de la segunda Venida del Señor.

 

El siguiente capítulo [II. Sin esta Redención ningún hombre hubiera podido ser salvo, ni hubieran podido los ángeles permanecer en su estado de integridad. (N. 97-98.)...]