II
97.
Redimir significa libertar de maldición, salvar de la muerte
eterna, rescatar de los infiernos y libertar cautivos y prisioneros
de la mano del demonio. Esto hizo el Señor al subyugar los infiernos
y al formar el cielo nuevo. El hombre no hubiera podido ser salvo
por otro medio alguno, porque el mundo espiritual tiene tal
conjunción con el mundo natural, que no pueden ser separados. Esta
conjunción existe principalmente en el interior de los hombres, ó
sea en sus almas y mentes, las almas de los buenos se hallan unidas
á las almas y mentes de los ángeles y las de los malos á las de los
espíritus infernales. La unión es tal, que sí los ángeles y los
espíritus fueran separados de los hombres, caerían éstos muertos en
el acto; por otra parte, los ángeles y los espíritus no podrían
existir sin los hombres. De ahí se ve por qué la Redención fue
realizada en el mundo espiritual, y por qué los cielos y los
infiernos habían de ser primero arreglados y repuestos en orden,
antes de que pudiera ser establecida la Nueva Iglesia en la tierra.
En el Apocalipsis leemos que después de ser establecido el cielo
nuevo, descendió de ese cielo la Nueva Jerusalén, que es la Nueva
Iglesia (XXI: 1,2).
98.
La razón por la cual los ángeles no hubieran podido conservar
su estado de integridad, si no hubiera efectuado el Señor la
Redención, es que los cielos de los ángeles en su totalidad junto
con la Iglesia en la tierra forman ante el Señor un solo Hombre. Los
cielos forman las cosas interiores de este Hombre y la Iglesia las
exteriores, ó más particularmente, el cielo superior forma la
cabeza, el segundo y el inferior forman el pecho y la parte
intermedia del cuerpo, mientras que la Iglesia en la tierra forma
las piernas y los pies. El Señor Mismo es el Alma, la Vida y el Todo
en este Hombre, el cual, si la Redención no se hubiera verificado,
hubiera sido destruido en cuanto á los pies y las piernas al perecer
la iglesia en la tierra; en cuanto á la región gástrica al perecer
el cielo inferior y en cuanto al pecho, al perecer el segundo cielo
y entonces la cabeza, faltándole el cuerpo, caería en desmayo. Seria
como una gangrena, que empezara por los pies y subiera por las
piernas, luego por el cuerpo, extendiéndose gradualmente hasta
causar la muerte. Cuando la Iglesia en la tierra perece, son
afectados los cielos por la esfera del mal y de la falsedad, que
sube y sofoca la vida de los ángeles, cual exhalaciones venenosas,
que suben de un pozo infecto. Los ángeles, que así son afectados,
son sin embargo guardados por el Señor en cierto lugar hasta el
último juicio y entonces son elevados al cielo nuevo. A estos alude
el siguiente pasaje en el Apocalipsis:
«Vi debajo del altar las almas de los que
habían sido muertos por la palabra de Dios y por el testimonio que
ellos tenían. Y clamaban en alta voz diciendo: «¿Hasta cuándo, Señor
santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que
moran en la tierra?» Y les fueron dadas sendas ropas blancas y fue
les dicho que reposaran todavía un poco de tiempo, hasta que se
completasen sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser
muertos como ellos» (VI: 9, 10,11).
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