III
El Señor redimió pues, no sólo á los hombres, sino también á
los ángeles.
99. Con
efectuar la Redención el Señor redimió no sólo á los hombres, sino
también á los ángeles, puesto que tanto éstos como aquéllos
necesitaban liberación de la influencia del mal y de la falsedad de
los infiernos. Estos, al tiempo de la primera venida del Señor,
habían crecido á tal altura que llenaban todo el mundo dé los
espíritus, donde entran los hombres en primer lugar después de la
muerte, y no sólo confundían al cielo inferior, sino que asaltaron
también al cielo intermedio, infestándole de mil maneras. Parecido
estado hubo en la Iglesia y en el mundo espiritual al tiempo de la
consumación de la Iglesia espiritual, representada en el Verbo por
Noé, sus hijos y sus descendientes. El crecimiento de los infiernos
se significa allí por la torre que edificó la gente en la tierra de
Shinar, cuya cúspide había de alcanzar al cielo. La subyugación de
los infiernos y la destrucción de esta Iglesia se significan por el
impedimento de este designio por Dios y la dispersión del pueblo
sobre toda la tierra. En este caso la Iglesia había entrado en aquel
estado por la grande multitud de idólatras, magos y falsificadores
del Verbo; pero en el caso actual, en la segunda venida del Señor,
la causa del estado pervertido de la Iglesia y de la preponderancia
de los infiernos son los llamados cristianos, tanto los que son
impregnados del Naturalismo cuanto de los que han falsificado el
Verbo por su falsa fe y fabulosa creencia, de que hay tres Divinas
Personas desde eternidad, y de que la pasión del Señor en la Cruz,
fué la Redención misma; estos cristianos son los que se entienden
por el dragón y sus dos bestias en el Apocalipsis XII y XIII: 2:
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