VI
El sufrimiento en la Cruz fue la última
tentación que sostuvo el Señor en su cualidad de el mayor Profeta y
fue medio de la Glorificación de Su Naturaleza Humana, es decir, de
su unión con lo Divino de Su Padre; pero no era la Redención.
102. El Señor vino al mundo para ultimar dos
cosas esenciales, por medio de las cuales salvó á los ángeles y á
los hombres; á saber la Redención y la Glorificación de Su
Naturaleza Humana. Estas dos cosas son distintas entre sí, por más
que con respecto á la salvación forman uno. En lo que precede se ha
explicado lo que es la Redención, ó sea que fué la subyugación de
los infiernos y el restablecer el orden en los cielos. Por otra
parte, la Glorificación fue la unión ó unificación del Señor con lo
Divino del Padre. Esta unión se verificó sucesivamente durante su
vida en la tierra y fue acabada y consumada con la pasión en la
Cruz. La unión se verificó conforme la ley del Divino Orden, según
el cual todo hombre debe aproximarse á Dios y á medida que se
aproxima, entra Dios en él á Su vez. El medio por el cual se efectúa
la unión es la tentación; y la razón por la cual la unión del Señor
con lo Divino del Padre fue acabada y completa con la pasión y
muerte en la Cruz, es que esta fue la última tentación del Señor en
la tierra y la más severa. En las tentaciones parece al hombre como
si fuera abandonado por Dios, por más que no es abandonado, porque
entonces Dios está más que nunca presente en su interior y le
sostiene; por lo cual cuando la tentación es pasada y vencida, se
halla el hombre más íntimamente unido con Dios. Así también el
Señor, pasada esta última tentación, la más severa de todas, fué
hasta su más íntimo unido y unificado con el Padre, formando con El
una sola alma y cuerpo. Que el Señor en su pasión en la Cruz fue
abandonado á sí mismo indican estas sus palabras: Dios mío; por qué
me has abandonado? y también estas otras: Nadie me quita la vida;
mas yo la pongo de mi mismo; tengo poder para ponerla y tengo poder
para volverla á tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre (Juan X:
18). Estos pasajes demuestran, que el Señor no sufría en cuanto á Su
Divino, sino sólo en cuanto á Su Naturaleza Humana, y que así se
efectuó la unión más íntima y más completa. Cuando sufre el cuerpo,
es el cuerpo solo que sufre y no el alma, la cual solo se
entristece. Después de la victoria Dios quita la tristeza como se
quita las lágrimas de los ojos.
103.
Es necesario que el hombre tenga distinta percepción de las
dos cosas, la Redención y la Glorificación; de otra manera la mente
humana cae, como un buque, entre arenas movedizas ó escollos y se
pierde junto con el práctico, capitán y tripulantes, es decir que
yerra con respecto á todas las cosas referentes á la salvación por
el Señor. Pero á pesar de ser distintas, forman sin embargo uno con
respecto á la salvación, puesto que el Señor por la unión con el
Padre, consumada en la Cruz, fue hecho Redentor hasta la eternidad.
104.
Con respecto á la Glorificación, por la cual se entiende la
unión de la Divina Humanidad del Señor con lo Divino Mismo del
Padre, el Señor Mismo dice como sigue, y por ello se ve que esta
glorificación fue ultimada y completa en la Cruz: Como salió Judas
dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es
glorificado en él; Si Dios es glorificado en él, Dios también le
glorificará en Si Mismo y pronto le glorificará (Juan XIII: 31; 32).
Aquí se dice glorificación, tanto del Padre cuanto del Hijo, porque
se dice que Dios es glorificado en él y Dios le glorificará; que
esto quiere decir unión ó unificación, es evidente. En otro lugar
dice:
«Padre, la hora es venida, glorifica á tu hijo para, que también tu
hijo te glorifique á ti» (XVII: 1; 5).
Así
se dice porque la unión fué recíproca; El Padre estaba en él y él en
el Padre.
«Ahora está turbada mí alma, y dijo: Padre, glorifica tu nombre;
entonces vino una voz del cielo. Y lo he glorificado y lo
glorificaré otra vez» (XII: 27; 28).
Esto
fué dicho porque la unión se verificó sucesivamente.
«¿No
era necesario que Cristo padeciera estas cosas y que entrara en su
gloria?» (Lucas XXIV: 26).
Gloria en el Verbo, cuando se dice del Señor, significa la Divina
Verdad unida al Divino Bien. Por estos pasajes es muy claro que la
Humanidad del Señor es Divina.
105.
La razón por la cual el Señor admitió contra sí tentaciones
hasta la pasión y muerte en la Cruz, es que El era el Profeta, y los
profetas representaban antiguamente la doctrina de la Iglesia,
sacada del Verbo, y por esta causa representaban la Iglesia tal cual
era, y según su estado la representaban mediante varias cosas, hasta
injustas, penosas, y aún tales, que no se deben mencionar, cuyas
cosas les fueron impuestas por Dios. El Señor es el Verbo Mismo y en
su cualidad de Profeta representaba la Iglesia judaica y de que
manera profanaron el Verbo mismo, porque todos los detalles de Su
pasión en la Cruz significan cosas que son de la profanación del
Verbo, y los ángeles las comprenden espiritualmente, cuando los
hombres las comprenden naturalmente. Que el Señor fue el Profeta es
evidente por los siguientes pasajes:
«No
hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa» (Mateo XIII:
57. Marcos VI: 4. Lucas IV: 24).
«No
es posible que profeta muera fuera de Jerusalén» (Lucas XIII: 33).
«Y
tuvieron miedo y glorificaban á Dios diciendo: un gran profeta se ha
levantado entre nosotros» (Lucas VII: 16).
«Este es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea» (Mateó XXI: 11.
Juan VII: 40; 41).
«Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo (Moisés) te
levantará, Jehová tu Dios, á él oiréis» (Déut. XVIII: 15; 19).
Que
el Señor, como el Profeta, representaba la Iglesia y la profanación
y violación que cometieron los judíos con las sagradas cosas del
Verbo, es indicado en los siguientes pasajes:
«Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y soportó nuestros
dolores, mas Jehová cargó con él el pecado de todos nosotros. Con su
conocimiento justificará á muchos y él llevará la iniquidad de
ellos» (Isaías LIII: 4).
En
todo este capitulo se trata de la pasión del Señor.
106. Que el
Señor, como el Profeta, representaba el estado de la Iglesia judaica
con respecto al Verbo, consta por los detalles de Su pasión, como
por ejemplo: que fué entregado traidoramente por Judas; que fue
cogido y condenado por los príncipes de los sacerdotes y pontífices;
que fue abofeteado; que golpearon su cabeza con una vara; que
pusieron sobre su cabeza una corona de espinas; que repartieron sus
prendas y echaron suerte sobre su túnica; que le crucificaron; que
le dieron vinagre para beber; que perforaron su costado; que fue
enterrado y que al tercer día resucitó. El ser entregado
traidoramente por Judas significa, que la nación judaica hizo
traición al Verbo, que ella sola tenía; porque Judas representaba
aquella nación. El ser cogido y condenado por los príncipes de los
sacerdotes y los pontífices, significa que toda esa Iglesia hizo así
con el Verbo. El ser abofeteado, escupido en su cara, lacerado y
golpeado con una vara significa, que los judíos hicieron así con las
Divinas Verdades del Verbo. El poner sobre su cabeza una corona de
espinas significa que falsificaban y adulteraban esas verdades. El
repartir sus prendas y echar suerte sobre su túnica significa, que
dispersaron todas las verdades del Verbo, pero no su sentido
espiritual; este sentido es representado por la túnica del Señor
(vestidura interior). El crucificarle significa, que destruían y
profanaban el Verbo entero. El ofrecerle vinagre para beber
significa, que las verdades que ellos tenían no eran más que
verdades falsificadas, por lo cual no lo bebió. El perforar su
costado significa, que extinguían totalmente toda la verdad del
Verbo y todo el bien. Su entierro significa la expulsión y el
rechazamiento de todo cuanto tenía de la madre. Su resurrección al
tercer día significa la glorificación, ó sea la unión de Su
Naturaleza Humana con lo Divino del Padre. Por esto puede ser claro
que «llevar iniquidades» no quiere decir alejarlas ó quitarlas, sino
representar la profanación de las verdades del Verbo.
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