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VII

La creencia de que la pasión de la Cruz fue la Redención misma, es un error fundamental en la Iglesia, y este error, en unión del error respecto de tres Personas Divinas desde eternidad, ha pervertido á toda la Iglesia hasta el punto de que no queda ya cosa alguna espiritual en ella.

107. Lo que hoy día más llena los libros de los que se llaman ortodoxos, lo que más celosamente se enseña y se inculca en las escuelas y más frecuentemente se pre¬dica y se proclama desde los pulpitos, es que Dios Padre, estando enfadado con la raza humana, no sólo la apartó de Sí, sino que también la sentenció á una condenación universal, excomulgándola.

 Pero, siendo misericordioso, persuadió á Su Hijo, induciéndole á descender y tomar sobre Sí la condenación decretada, y de esta manera apaciguar la ira de Su Padre, quien así, y no de otra manera, podía mirar al hombre con alguna benevolencia. Luego enseñan que esto fué realizado por el Hijo, quien tomó sobre Sí la condenación de la raza humana, dejándose escarnecer por los judíos, escupir en el rostro y crucificar como el maldito de Dios (Deut. XXI: 23); y que, cumplido esto, el Padre se volvió propicio y por amor al Hijo retiró la sentencia de condenación, mas sólo con respecto á aquellos para quienes intercediera el Hijo, quien así se hizo Mediador entre los hombres y Su Padre para siempre; Estas y otras cosas parecidas hacen actualmente resonar los templos y llenan los oídos de los que en ellos se congregan. Mas todo el que tiene alguna iluminación y sana razón por el Verbo, puede ver que Dios es la Misericordia y la Clemencia misma, porque es el Amor mismo y el Bien mismo, y estas cosas son Su Esencia, y por consiguiente que es una contradicción el decir que la Misericordia y la Bondad misma pueden mirar al hombre con enfado y decretar su condenación, y sin embargo continuar ser Su Divina Esencia. Tales cosas apenas se pueden atribuir á un hombre bueno, sino sólo á un malvado; no se pueden atribuir á un ángel del cielo, sino sólo á un demonio del infierno; por lo cual es abominable atribuirlas á Dios. Mas si se examina de más cerca se verá que la causa es, que los hombres han tomado la pasión de la Cruz por la Redención misma. De ahí han venido los extravíos y las ideas y opiniones erróneas como multitud de reptiles, porque de un principio establecido nacen innumerables teoremas de la misma índole, y siendo el principio falso, nacen de él falsedades en series continuas. Se hallan escondidas dentro del principio falso y proceden del mismo una tras otra. Del principio falso respecto de la pasión de la Cruz, de que esta era la Redención misma, han nacido y aún pueden nacer cosas escandalosas con respecto á Dios, hasta que suceda lo que predice Isaías:

«El sacerdote y el profeta yerran con el vino y con la bebida fuerte; tropiezan en el juicio; todas las mesas están llenas de vómito y suciedad» (XXVIII: 7, 8).

A causa de la idea errónea arriba expuesta, concerniente á Dios y á la Redención, ha degenerado toda la teología, de ser espiritual á ser exclusivamente natural, y se ha rebajado hasta el grado más inferior de lo natural, porque se ha atribuido á Dios propiedades meramente naturales, lo cual á su vez ha determinado en los hombres ideas puramente sensuales y corporales respecto de las cosas espirituales, y con esto han quedado destruidas todas las cosas de la Iglesia entre ellos; porque de la idea respecto de Dios y de la Redención, que forma uno con la Salvación, dependen todas las cosas de la Iglesia. Esta idea es como la cabeza de la cual proceden todas las demás partes del cuerpo, y por lo tanto, si esta idea es espiritual, todas las cosas de la Iglesia resultan espirituales, y si es natural, todas las cosas de la Iglesia resultan naturales. Así es que por haber llegado á ser meramente natural, es decir, sensual y corporal, la idea respecto de Dios y de la Redención, son meramente naturales todas las cosas que el clero y los miembros de la Iglesia ahora enseñan y profesan en su teología dogmática. La razón por la cual nada más que falsedades pueden ser producidas por esas cosas, meramente naturales, es que el hombre natural obra siempre contrariamente al hombre espiritual, y por eso mira á las cosas, espirituales como espectros y fantasmas en el aire. Se puede decir, que á causa de la citada idea sensual respecto dé la Redención y por consiguiente respecto de Dios, los caminos del cielo, que son los caminos del Señor Dios el Salvador, se hallan actualmente invadidos por ladrones y robadores (Juan X: 1, 8, 9), que han quitado las puertas de los templos, de manera que entran en ellos dragones, lechuzas, tziim é ijim y cantan juntos en horrible discordia.

 

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