108. RECUERDO.
Cierta vez, en el mundo de los espíritus, entré en un templo
en el cual se hallaban muchas personas reunidas, y antes del sermón
raciocinaban entre sí sobre la Redención. El templo era cuadrado y
no había ventanas en las paredes, pero había una grande abertura en
medio del techo, por la cual entraba una luz del cielo, que daba más
claridad que si hubiera habido ventanas en las paredes; y he aquí,
mientras hablaban de la Redención, vino de repente del norte una
nube negra, que cubrió la abertura con el resultado de que se
produjo tan densa obscuridad, que no podían verse unos á otros, y
apenas podía uno ver la palma de su mano. Mientras sorprendidos de
esto estaban mirando, he aquí que esa nube negra fue partida por el
medio y al través de la abertura se veían ángeles, descendidos del
cielo, quienes apartaron la nube á ambos lados, devolviendo así la
claridad al templo. Luego los ángeles enviaron uno de entre ellos,
el cual de parte de ellos preguntó á la congregación, cuál era el
objeto de su contención, que pudo atraer una nube tan negra sobre
ellos, quitar la luz y producir tan densa obscuridad. Contestaron
que era la Redención; que ésta fue realizada por el Hijo de Dios
mediante la pasión y el sufrimiento en la Cruz, y que por este medio
hizo expiación y libertó la raza humana de la maldición y de la
muerte eterna. A esto el ángel emisario dijo: «¿cómo por la pasión
de la Cruz? Explicad por qué por ésta.» Adelantose entonces un
clérigo y dijo: «Expondré por su orden lo que sabemos y creemos; es
como sigue: Dios, el Padre, estando enojado con la raza humana, la
condenó, la excluyó de su clemencia, declaró á todos malditos y
réprobos, sentenciándolos al infierno; quiso que Su Hijo tomara
sobre Sí esta condenación; el Hijo consintió y á este efecto
descendió y adoptó Naturaleza Humana, dejándose crucificar y
transfiriendo así á Sí Mismo la condenación de la raza humana,
porque está escrito: Maldito es cualquiera, que es colgado en el
madero de una Cruz. Así el Hijo apaciguó la ira del Padre mediante
su intercesión y mediación. Entonces el Padre, por su amor al Hijo y
conmovido por la miseria que vio en El en la Cruz, se decidió á
perdonar: «pero sólo á aquellos á quienes imputaré Su justicia; á
éstos, de ser hijos de la ira y de la maldición, haré hijos de
gracia y de bendición; los justificaré y los salvaré; pero los demás
deben permanecer hijos de la ira como antes». Esto es nuestra fe y
estas cosas son la justicia, que Dios, el Padre, introduce en
nuestra fe, la cual por sí sola justifica y salva». Oídas estas
palabras, el ángel guardó silencio largo rato, porque quedó atónito
de sorpresa. Luego rompió el silencio y habló estas palabras:
«¿Puede el mundo cristiano ser tan insensato; apartarse de la sana
razón y extraviarse entre tales alucinaciones, haciendo conclusiones
acerca del artículo fundamental de la salvación por tales
disparates? ¿Quién no puede ver, que estas cosas son diametralmente
opuestas á la Divina Esencia misma? ¿Contrarias al Divino Amor del
Señor y contrarias a su Divina Sabiduría, y también contrarias á Su
Omnipotencia y Omnipresencia? Un amo bueno no puede tratar así á sus
criados; un animal feroz no es tan cruel con sus crías, ni un ave de
rapiña con sus pequeñuelos. ¿No es contrario á la Divina Esencia
anular el llamamiento Divino, hecho a todos y a cada uno de la raza
humana? ¿No es contrario á la Divina Esencia volver á sentir
misericordia por ver la miseria en el Hijo, es decir, volver á su
propia Esencia, puesto que Misericordia es la Esencia misma de Dios,
y no es abominable pensar, que jamás se salió de ella, siendo
Inalterable desde eternidad hasta eternidad? Por lo demás es
imposible introducir en una fe como la vuestra la justicia de la
Redención, que en sí misma es una obra de la Divina Omnipotencia, é
imputarla, transferir esta justicia al hombre, declarándole justo,
puro y santo, sin otros medios. ¿No es imposible perdonar pecados á
quien sea, renovarle y salvarle mediante la mera imputación,
transformando así injusticia en justicia y maldición en bendición?
¿Si esto fuera posible, no sería también posible transformar el
infierno en Cielo y el Cielo en infierno; el dragón en Micael ó
Micael en dragón, y así poner término al combate entre ellos? ¿Qué
más se necesitaría, que el quitar la imputación de uno y ponerla en
otro? De esa manera nosotros en el cielo estaríamos en perpetuo
temblor. Tampoco es de acuerdo con la justicia y el juicio, el que
uno tome sobre sí la maldad de otro; que el malvado sea declarado
inocente, y la maldad así lavada y limpiada. ¿No es esto contrario á
toda justicia, tanto á la Divina cuanto á la humana? El mundo
cristiano ignora todavía que existe el Orden, y menos aún sabe lo
que es el Orden que Dios introdujo en el mundo al crearlo; ni sabe
que Dios no puede obrar contrariamente á este Orden, porque si lo
hiciera, obraría en contra de Sí Mismo, siendo así que Dios es el
Orden mismo». El clérigo comprendió las palabras que dijo el ángel,
porque los ángeles, que estaban arriba, infundían luz desde el
cielo. Y entonces suspiró profundamente y dijo: ¿qué hemos de hacer?
Hoy día todos predican, oran y creen como yo he dicho. Todos dicen:
«Padre bueno, ten misericordia de nosotros y perdónanos nuestros
pecados por la sangre de tu Hijo, que derramó por nosotros en la
Cruz»; y á Cristo dicen: «Señor, intercede por nosotros», y nosotros
los clérigos añadimos: «envíanos tu Santo Espíritu». Entonces dijo
el ángel: «Veo que los clérigos preparan del Verbo un ungüento para
los ojos, no entendiéndolo interiormente, cuyo ungüento aplican á
los ojos cegados por su fe; ó bien hacen de él un emplasto para sí
mismos, aplicándolo sobre las heridas causadas por sus dogmas; sin
embargo no las curan, porque se han inveterado; por lo cual dirigíos
á este aquí presente (y me señaló á mí con su dedo); él os informará
por el Señor, que la pasión en la Cruz no fue la Redención, sino que
fue la unión de la Humanidad del Señor con lo Divino del Padre,
mientras que la Redención fue la subyugación de los inflemos y el
restablecimiento del Orden en los cielos, y si el Señor no hubiera
realizado estas cosas mientras estaba en el mundo, no hubiera podido
ser salvo hombre alguno en la tierra, ni ángel alguno en los cielos.
El os enseñará también acerca del Orden, introducido por Dios en la
Creación, de acuerdo con el cual el hombre debe vivir, para que
pueda ser salvo, y que los que viven conforme el Orden, son contados
entre los redimidos y llamados elegidos». Cuando acabó el ángel de
hablar estas palabras, fueron hechas ventanas en las paredes del
templo, por las cuales influía luz de los cuatro puntos cardinales
del mundo, y aparecieron querubines volando en el esplendor de la
luz. El ángel fue recogido por sus compañeros en lo alto, encima de
la abertura, y nosotros nos retiramos, llenos de gozo y alegría.
Siga adelante hasta el tercer capítulo ~ El espíritu santo y la divina operación.