V
Mediante actos de Redención se hizo el
Señor la Justicia misma.
77. Que el Señor Solo tiene mérito y
Justicia y que lo tiene á consecuencia de la obediencia, que
tuvo en el mundo para con Dios, el Padre, y especialmente á
causa de la pasión en la Cruz, se enseña y se cree actualmente
en las iglesias Cristianas. Pero por la mayor parte suponen, que
la pasión en la Cruz fue el acto real y verdadero de la
Redención, siendo sin embargo así, que este acto no era la
Redención, sino el último acto de la glorificación de Su
Naturaleza Humana, de cuyo acto hablaremos cuando trataremos de
la Redención. Los actos de Redención mediante los cuales el
Señor se hizo Justicia, fueron la realización del último juicio,
cuyo juicio se verificó en el mundo espiritual, y entonces
separó los malos de los buenos, las «cabras» de las «ovejas» y
expulsó del cielo á los que formaban uno con la bestia y el
dragón; de los dignos formó un cielo nuevo, y de los indignos un
infierno, y sucesivamente redujo á orden todas las cosas en éste
y en aquél; además estableció una nueva Iglesia. Estos actos
fueron los actos de Redención mediante los cuales el Señor se
hizo Justicia, porque Justicia es obrar en todo conforme el
Divino Orden y reducir á Orden las cosas que han caído fuera del
Orden, siendo así que la Justicia es el Divino Orden mismo. A
esto se refieren estas palabras del Señor:
«Conviene que cumplamos—(el Latín dice cumpla (yo)—toda
Justicia» (Mateo III: 15).
y estas otras en el Antiguo Testamento:
«He aquí, vienen los días, dice Jehová, en que despertaré á
David renuevo justo y reinará Rey y hará Justicia en la tierra y
su nombre que le llamarán: Jehová Justicia Nuestra» (Jeremías
XX.III: 5; 6. XXXIII: 15; 16).
«Yo hablo en Justicia, poderoso para salvar» (Isaías LXIII: 1).
«Se sentará sobre el trono de David, confirmándolo en juicio y
en Justicia» (IX: 7).
«Sión (con juicio) será rescatada (y los convertidos de ella)
con justicia» (I: 27).
78. Los prelados de la Iglesia actual describen la Justicia del
Señor de otra manera y pretenden que esta Justicia puede
imputarse al hombre, mediante cuya imputación el hombre es hecho
justo ante Dios, beneficiando del Mérito de Cristo, quien
cumplió y sufrió el castigo en lugar suyo; ó sea que el hombre
es salvado mediante un cumplimiento vicario de la ley y una
expiación vicaria realizados por Dios Hijo para dar satisfacción
á Dios Padre en beneficio del hombre. Pero la Verdad es, que la
Justicia del Señor, por ser tal como más arriba se ha explicado,
y por emanar de Dios Mismo, siendo en Sí misma puramente Divina,
no puede ser introducida en hombre alguno de otra manera que en
él es introducido el Amor Divino y la Sabiduría Divina; es
decir, que influye en el hombre en lo más íntimo de su alma y
allí ,hace que el hombre tenga facultad para comprender la
verdad y para obrar el bien, ó sea facultad de adquirir
justicia; pero no desciende en la conciencia y en los sentidos
del hombre más que en la medida en que el hombre la recibe en
sí, y esto hace viviendo según el Orden Divino, y vivir según el
Orden Divino es vivir según los mandamientos de Dios. Cuando el
hombre así vive, procura para sí justicia, no la Justicia de la
redención del Señor abstractamente, sino que recibe en sí al
Señor Mismo como la Justicia. Los que quieran apoderarse de la
Justicia del Señor de otra manera, no la recibirían. A tales
hombres se refieren estas palabras:
«Si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y de
los fariseos no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo V:
20).
«Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la
Justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (V: 10).
«Al fin del siglo saldrán los ángeles y
apartarán los malos de entre los justos» (XIII: 49).
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