Banner

Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

¿Tienes tú preguntas, comentarios o criticas? Escríbenos en esta dirección, info@swedenborg.es

 

VI

Mediante los mismos actos uníose el Señor al Padre y el Padre á El igualmente con arreglo al Divino Orden.

79. La ley del Divino Orden, según la cual se verifica la conjunción entre Dios y el hombre, es que el hombre debe prepararse para recibir á Dios, cuya preparación se hace con adquirir conocimientos de Dios por las Divinas Verdades del Verbo y vivir en conformidad con ellas. De esta manera el hombre sale por así decir al encuentro de Dios, es elevado por El y conforme asciende, desciende Dios en él, uniéndose con él y uniéndole consigo. Estos actos del hombre son en otras palabras restablecer el orden y el acuerdo en las cosas de su vida que han caído en desorden y en desacuerdo. Esto hace cada hombre que es regenerado, y estos actos son sus actos de redención con respecto á su pequeño mundo individual, y es una imagen de los Divinos actos de redención realizados por el Señor con respecto al Universo entero. La diferencia es sin embargo, que el Señor realizó estos actos de y por Sí Mismo y en un grado infinito, Divino, mientras que el hombre los realiza, no de sí mismo, sino de y por el Señor y en un grado finito, limitado. La Unión entre el Señor y el Padre se verificó de esta manera por medio de actos de Redención, hechos por El, porque los hizo desde su Naturaleza Humana, y conforme operaba se acercó lo Divino, llamado Padre, asistía y cooperaba y finalmente se unían mutuamente de tal manera, que no eran más dos sino uno. Esta Unión es la Glorificación, de la cual hablaremos en su artículo. Es como la unión entre el alma y el cuerpo, y la unión entre lo Divino, llamado Padre, y Su Humano, llamado Hijo, era de esta naturaleza, lo cual se ve claramente por  el Verbo que dice que Su Humano «fue concebido por Jehová el Padre» (Lucas I: 34; 35) y de allí era por lo tanto su alma y vida. Por esto dice que «El y el Padre son Uno» (Juan X: 30), que «el que le ve y conoce á él ve y conoce al Padre» (XIV: 9). «Si me conocieseis á mi conocierais á mi Padre» (VIII: 19). El que á mí recibe, recibe al que me envió» (XIII: 20). «Que El está en el seno del Padre» (I: 18). «Que todas las cosas del Padre son Suyas» (XVI: 15). Que es llamado «Padre eterno» (Isaías LX: 6). Que por eso «tiene potestad sobre toda carne» (Juan XVII: 2) y que «tiene toda potestad en el cielo y en la tierra» (Mateo XXVIII: 18).

80.    La unión entre el Señor y el Padre fue recíproca. Esto consta por los siguientes pasajes del Verbo:

«Felipe: ¿no crees que yo soy en el Padre y el Padre en mi? Creedme que yo soy en el Padre y el Padre en mí» (Juan XIV: 10; 11).

«Para que todos sean una cosa, como tú, OH Padre, en mi y yo en ti» (XVII: 21).

«Padre, todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío» (XVII: 10).

Toda unión es reciproca, porque no existe conjunción alguna entredós cosas á menos de que accedan mutuamente la una á la otra. La conjunción en el cielo, en el mundo y en el hombre no tiene otra causa. Todas las partes y partículas que  forman el conjunto acceden mutuamente unos á otros, teniendo un mismo deseo. De ahí viene cierta homogeneidad, simpatía, unanimidad y concordancia en cada partícula del conjunto. De esta índole es la conjunción del alma con el cuerpo en cada hombre; así es la conjunción entre el espíritu del hombre y todos los órganos sensorios y motrices del cuerpo. Así es la conjunción entré el corazón y los pulmones, entre la voluntad y el entendimiento; así la conjunción de los varios miembros y vísceras en él cuerpo humano entre ellos, así la conjunción de dos mentes, que interiormente se aman. En todas sus particulares se halla inscrito amor y amistad, porque el amor desea amar y desea ser amado. Si la conjunción no es recíproca, si no nace del mutuo asentimiento de ambas partes, no es una conjunción interior, y tal conjunción se disuelve en su tiempo, á veces hasta el punto de que no se conozcan más. Puesto que no puede haber conjunción alguna sin que se efectúe mutua y recíprocamente, sigue que la conjunción del Señor con el hombre es igualmente mutua y recíproca. Esto consta también por muchos pasajes en el Verbo:

«El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él» (Juan VI: 16).

«Permaneced en mi y Yo en vosotros. El que permanece en mi y Yo en él, este lleva mucho fruto» (XV: 4; 5).

«Si alguien abriere la puerta entraré á él y cenaré con él y él conmigo» (Apoc. III: 20).

y en otros lugares. Esta conjunción se efectúa con acceder el hombre al Señor y el Señor al hombre. Es una ley fija é inmutable, que cuanto el hombre accede al Señor, tanto accede el Señor al hombre.

 

El siguiente sección [VII. Así Dios se hizo Hombre y el Hombre fue hecho Dios en una misma Persona..]