VII
Así se hizo Dios hombre y el hombre fue hecho Dios en una
misma Persona.
81. Que Jehová Dios se hizo Hombre y que el
Hombre fue hecho Dios en una misma Persona, sigue como conclusión de
lo que antecede; especialmente de esto: Que Jehová, el Creador del
Universo, descendió y adoptó Naturaleza Humana á fin de redimir y
salvar á los hombres. Y también de esto: Que el Señor mediante
actos, de Redención se unió al Padre y el Padre á El mutua y
recíprocamente; porque por esta unión recíproca resulta claro y
manifiesto, que Dios se hizo Hombre y el Hombre fue hecho Dios en
una misma Persona. Resulta claro también por la naturaleza de la
unión entre ambos, la cual es como la unión entre el alma y el
cuerpo en el hombre. Además, se ha demostrado en lo que antecede por
numerosas citaciones de las Sagradas Escrituras, que Jehová Dios con
respecto á Su Humanidad (ó sea Jesucristo) es llamado Jehová, Jehová
Dios, Jehová Zabaot y también el Dios de Israel. Por esto mismo dice
Pablo que: Un Jesucristo mora la plenitud de la Divinidad
corporalmente (Col. II: 9) y Juan dice que: Jesucristo, el Hijo de
Dios, es el verdadero Dios y la Vida eterna (I Juan V: 20). Por el
«Hijo de Dios» se entiende propiamente la Naturaleza Humana,
adoptada por Jehová Dios, lo cual queda explicado en lo que
antecede. Además Jehová Dios se llama á Sí Mismo y también al Hijo
Señor, porque leemos:
«El
Señor dijo á mi Señor: Siéntate á mi diestra» (Salmo C X: 1).
y en
Isaías:
«Niño nos es nacido, Hijo nos es dado y llamarán su nombre Dios,
Padre Eterno» (IX: 6).
Por
Hijo, en David, se entiende igualmente el Señor (Jehová) con
respecto á Su Humanidad:
«Yo
publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú: yo te
engendré hoy. Besad al Hijo por que no se enoje y perezcáis en el
camino» (Salmo II: 7; 12).
Aquí
no se trata de un Hijo desde eternidad, sino del Hijo nacido en el
mundo, porque es una profecía acerca del Señor, que había de venir,
por lo cual la profecía es llamada un decreto que Jehová hizo
público á David, y en el mismo Salmo más arriba dice:
«He
puesto mi Rey sobre Sión, monte, de mi santidad» (V: 6).
y
más abajo (verso. 8):
«Le
daré por heredad las Gentes.»
por
lo cual hoy en el citado pasaje no es desde eternidad, sino en el
tiempo, porque con Jehová lo futuro es presente.
82.
Muchos en el mundo Cristiano creen que el Señor con respecto á Su
Humano no sólo era, sino también es el hijo de María, pero en cuanto
á esto el mundo Cristiano se halla en un grande error. Es verdad que
era el Hijo de María, pero no es verdad que lo es todavía, porque
mediante los actos de la Redención se despojó de todo cuanto tenía
de la madre y se revistió de un Humano derivado del Padre, cuyo
Humano es lo Divino Humano. De ahí viene que lo Humano del Señor es
Divino y que en El Dios es Hombre y el Hombre es Dios. Los
siguientes pasajes de las Sagradas Escrituras testifican de esta
verdad:
«La
madre de, Jesús díjole: No tienen más vino. Jesús le dijo:
Mujer, ¿qué tengo yo contigo? aún no ha venido mi hora» (Juan II: 3;
4).
y en
otro lugar:
«Jesús desde la Cruz, viendo cerca de Sí á su madre y al discípulo
al que amaba, dijo á su madre: Mujer, he aquí tu hijo, luego dijo al
discípulo: he aquí tu madre» (XIX: 26; 27).
y
cierta vez no la quiso reconocer:
«Algunos dijeron á Jesús: tu madre y tus hermanos están fuera y
desean verte. Jesús respondiendo dijo: mi madre y mis hermanos son
los que oyen la palabra de Dios y la hacen» (Lucas VIII: 20; 21.
Mateo XII: 46; 50. Marco III: 31; 35).
Así
es que el Señor no la llamó madre sino mujer y la dio á Juan por
madre. En otros pasajes es llamada Su madre, pero no por boca del
Señor Mismo. Que se despojó de todo cuanto tenía de la madre, consta
también por esto de que no se reconoció Hijo de David. Leemos en los
evangelistas:
«Jesús preguntó á los Fariseos diciendo: ¿Qué os parece de Cristo?
¿De quién es hijo? Dícenle: de David. El les dice: pues ¿cómo David
en espíritu le llama Señor diciendo: Dijo el Señor á mi Señor:
Siéntate á mi diestra entretanto que pongo tus enemigos por estrado
de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo? Y nadie
podía responder palabra» (Mateo XXII: 42; 45. Marcos XII: 35; 36;
37. Lucas XX: 41; 44. Salmo CX: I).
83.
A esto añadiré esta nueva: Una vez me fue dado hablar con María, la
madre. Apareció pasando por el cielo encima de mi cabeza en
vestidura blanca, aparentemente de seda, y deteniéndose un momento
dijo que era la madre del Señor, y que El nació de ella; pero cuando
fue hecho Dios, extirpó de sí todo cuanto llevaba de ella y que ella
ahora le adora á El como Dios, y no consiente que persona alguna
mire á El como hijo suyo, porque todo en El es Divino; por todo lo
cual resulta evidente, que Jehová es Hombre tanto en las primeras
cuanto en las últimas cosas según sus propias palabras:
«Yo
soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, El que es y que era y
que ha de venir, el Todopoderoso» (Apoc. I: 8; 11. Apoc. I: 13; 17;
XXI; 6. Apoc. XXII: 12; 43).
y en
Isaías:
«Así
dijo Jehová el Rey de Israel y su Redentor Jehová Zabaot: Yo soy el
Primero y Yo el Ultimo» (XLIV: 6; XLVIII: 12).
84. El alma que viene del padre, es el verdadero hombre, y el cuerpo
que viene de la madre, no es el verdadero hombre, sino en cuanto
viene del alma y es formado por ésta; el cuerpo es sencillamente una
vestidura del alma, compuesta de cosas del mundo natural, pero el
alma consiste de cosas del mundo espiritual. Todo hombre al morir se
quita lo natural que recibió de la madre, y retiene lo espiritual
que recibió del padre, junto con una especie de envoltura, hecha de
las cosas más puras naturales. En la simiente, de la cual viene la
concepción, hay siempre una planta ó nueva simiente del alma del
padre en su completa cualidad y forma, envuelta en ciertos elementos
de la naturaleza; por éstos es formado el cuerpo en el útero de la
madre, y puede ser formado según la imagen del padre ó de la madre;
pero al interior de este cuerpo permanece en todo caso la imagen del
padre, que continuamente procura salir y manifestarse; por lo cual,
sino se realiza en la primera generación, se realiza en una de las
siguientes. Con respecto al Señor, El, mientras estaba en el mundo,
extirpó de Sí mediante los actos de la redención, lo humano que
llevaba de la madre y se revistió de lo Humano del Padre, que es lo
Divino Humano, y de aquí que en Él el Hombre es Dios y Dios es
Hombre.
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