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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

CAPÍTULO PRIMERO

Dios Creador

4. La Iglesia Cristiana desde el tiempo del Señor ha pasado por todos los estados de la vida desde la infancia hasta la extrema vejez. Su infancia era mientras vivían los apóstoles, quienes predicaban por todo el mundo el arrepentimiento y la fe en el Señor Dios el Salvador, según consta por el siguiente pasaje en los Hechos de los apóstoles:

«Pablo testificaba a los judíos y á los gentiles arrepentimiento para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo» (XX: 21).

Digno de mencionarse es, que el Señor, hace algunos meses, juntó á Sus doce discípulos, enviándolos, por el mundo espiritual con el encargo de predicar allí nuevamente el evangelio, puesto que la iglesia, que el Señor estableció por medio de ellos, había llegado á tal grado de consumación, que apenas quedaba de ella algunos remanentes, siendo la causa el haber dividido la Divina Trinidad en tres Personas, cada una de las cuales ha de ser Dios y Señor, á consecuencia de lo cual una especie de frenesí se ha declarado en la teología y por consiguiente en la Iglesia, que del Señor lleva el nombre de Cristiana. Decimos frenesí, porque á consecuencia de la división del Divino Sor en tres Personas, se ha apoderado de las mentes humanas un delirio tal, que no saben ya si Dios es Uno ó si hay varios Dioses. La boca dice uno, pero la mente piensa tres, por lo cual hay desacuerdo entre la mente y la boca, ó sea entre el pensamiento y el habla, cuyo desacuerdo conduce á la conclusión de qué no hay Dios alguno. El Naturalismo, que actualmente florece en el mundo, no tiene otra causa. Si la mente piensa tres mientras los labios dicen uno, el pensamiento y las palabras se rechazan mutuamente en el interior y por esta razón el hombre, cuando piensa en Dios, apenas tiene más idea de El que la que expresa la mera palabra Dios, careciendo de toda percepción de su verdadero porte y alcance, cuya percepción viene por conocimientos referentes á El. Ahora bien; puesto que la idea y todo verdadero concepto de Dios ha sido de esta manera deshecho y destruido, trataremos, en lo que sigue, por su orden procedente, de Dios Creador; del Señor, el Redentor; del Espíritu Santo, el Operador, y de la Divina Trinidad, á fin de que lo deshecho y destruido sea de nuevo unificado y restablecido, lo cual tiene lugar, cuando la razón humana se convence por el Verbo y por la luz, que del mismo procede, de que la Divina Trinidad existe en el Señor Dios el Salvador JesuCristo, como el alma, el cuerpo y la vida que sale del hombre, y que por consiguiente es verdad lo que dice el Credo de Atanasio que:

«Era Cristo Dios es Hombre y él Hombre es Dios, ó sea que lo Divino y lo Humano no son dos, sino en una misma persona, y que así como él alma racional y la carne constituyen un hombre, así Dios y Hombre constituyen un Cristo.»

La Unidad de Dios

5.    Puesto que el reconocimiento de Dios, que viene por conocimientos referentes á El, es la esencia y el alma misma de cuanto hay en la teología universal, es necesario, que un exordio sea hecho sobre la Unidad de Dios, la cual será demostrada por su orden en los siguientes ocho artículos.

I

Toda la Sagrada Escritura, y por ello las doctrinas de las iglesias en el mundo cristiano, enseñan que Dios es Uno.

6.    Toda la Sagrada Escritura enseña que hay un Dios, porque en su más íntimo está Dios Mismo, es decir, lo Divino que procede dé Dios. El Verbo fué dictado por Dios, y de Dios sólo puede proceder lo que es El Mismo y que se llama lo Divino. Esto es lo que está en lo más íntimo de la Sagrada Escritura; pero en sus verdades derivadas, que están debajo y que proceden de lo más íntimo, se halla acomodada á la percepción de ángeles y hombres. Estas derivaciones son también Divinas, mas tienen otras formas, que se llaman lo CelestialDivino, lo EspiritualDivino y lo NaturalDivino, cuyas formas en realidad son vestiduras de Dios, puesto que Dios Mismo, tal como es en lo más íntimo del Verbo, no puede ser visto por criatura alguna (Éxodo XXXIII: 20); porque allí está Dios en Su ESSE y en su ESENCIA; mas al través de las cosas acomodadas á la percepción de ángeles y hombres, trasluce lo Divino como al través de formas cristalinas, sin embargo de diferentes maneras, según el estado de mente, que el hombre se ha formado por Dios ó por sí mismo. A los que han formado el estado de su mente por Dios, la Sagrada Escritura es como un espejo delante de ellos, en el cual ven á Dios, si bien cada uno le ve de su manera. Las verdades, que el hombre aprende por el Verbo y las cuales embebe mediante una vida en conformidad con ellas, componen este espejo.; Es pues evidente, que el Verbo es la plenitud de Dios. No solamente enseña que hay un Dios, sino también que Dios es Uno, lo cual consta por las verdades que, como se acaba de decir, forman el espejo; porque estas se adhieren en una sola serie, haciendo que el hombre no pueda pensar de Dios sino como uno. Todo hombre cuya razón ha adquirido alguna santidad por el Verbo, siente en sí mismo, que Dios es uno y le parece una locura el decir que hay varios. Los ángeles no pueden abrir los labios para pronunciar la palabra Dioses porque el aura celestial, en la cual viven, se opone á ello. La Sagrada Escritura enseña que Dios es Uno, no solo universal mente, sino también particularmente en ciertos pasajes, como por ejemplo:

«Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová Uno es» (Deut. VI: 4) (y en Marcos XII: 29).

«Cierto, en ti está Dios y no hay otro fuera de Dios» (Isaías XLV: 14).

«¿No soy yo Jehová? Y no hay más Dios que yo» (XLV: 21).

 «Yo soy Jehová, tu Dios, y no conocerás Dios fuera de mí» (Óseas XIÍI: 4).

«Así dice Jehová, Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: yo el primero y yo el postrero y fuera de mí no hay Dios» (Isaías XLIV: 6).

«En aquel día Jehová será Rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será Uno y su nombre uno» (Zacarías XIV: 9).

 7.  La razón por la cual las doctrinas de las Iglesias   en el mundo cristiano enseñan que Dios es Uno, es que, las han sacado del Verbo; pero estas doctrinas no adhieren más que en cuanto se reconozca á un solo Dios, no solamente con la boca, sino también en el corazón. Para los que profesan un solo Dios con la boca, pero tres en el corazón, lo cual es el caso con muchos actualmente en el mundo cristiano, Dios no es más que la mera palabra en la boca, y todo cuanto se relaciona con la teología, es para ellos como un ídolo encerrado en un estuche, cuya llave está en poder de los clérigos; y cuando leen el Verbo, no perciben luz alguna en él ó procedente de él; ni comprenden que Dios es Uno. Para esta gente el Verbo es como si estuviera lleno de manchas y borrones y con respecto á la Unidad de Dios es para ellos enteramente cerrado. Estos son los á quienes alude el Señor en Mateo:

«De oído oiréis y no entenderéis y viendo veréis y no percibiréis. Sus ojos han cerrado para que no vean de los ojos y oigan de los oídos y del corazón entiendan y yo los sane» (XIII: 14; 15). 

II

Un influjo universal de Dios tiene lugar en las almas de los hombres de que hay un Dios y que El es Uno.

8.    Que tal influjo existe, consta por el reconocimiento universal de que todo bien genuino, que está en el hombre y es realizado por él, es de Dios. Y el Verbo dice:

«No puede el hombre recibir algo, si no le es dado del cielo» (Juan III: 27).

 «Sin mi nada podéis hacer» (XV: 5),

es decir, nada que sea de la caridad y de la fe. La razón por la cual este influjo tiene lugar en el alma del hombre, es que el alma es la parte más íntima y más elevada del hombre, la cual primeramente recibe el influjo de Dios, cuyo influjo luego desciende á las cosas, que están debajo, vivificándolas según la recepción. Las verdades, que han de ser de la fe, influyen por cierto por él oído y son implantadas en la mente, es decir, debajo del alma; pero estas verdades no hacen más que preparar al hombre para la recepción del influjo de Dios por conducto del alma, y tal como es la preparación tal es la recepción del influjo y tal es la transformación de la fe natural en fe espiritual. La razón, por la cual el influjo de Dios en las almas de los hombres testifica de que Dios es Uno, es que lo Divino, tanto universal cuanto particularmente, es Dios Mismo, y puesto que lo Divino adhiere como uno, no puede dejar de inspirar la idea, de que Dios es Uno, y esta idea es corroborada cada día, á medida que el hombre es elevado por Dios á la luz del cielo, en la cual se hallan los ángeles, los cuales ni siquiera pueden pronunciar la palabra Dioses, por mucho que se esfuercen; su habla termina al final de cada frase con un acento, que expresa unidad, y esto por causa del influjo en sus almas, de que Dios es Uno. Si á pesar de este influjo en las almas de los hombres, de que Dios es Uno, muchos sin embargo piensan, que la Divinidad consta de tres Personas, es porque el influjo, conforme desciende, cae en formas que no corresponden, y la forma recipiente modifica el influjo, como acontece con todo cuanto hay en los tres reinos de la Naturaleza: El Mismo Dios, que vivifica á los hombres, vivifica también á los animales; pero la forma recipiente hace, que el animal es animal, y el hombre hombre. El hombre puede mediante su vida introducir en sí la forma del animal, en cuyo caso su percepción por el influjo es igual á la del animal. El influjo del Sol es el mismo en cada planta y árbol, pero sufre modificación en cada especie según la forma. El mismo influjo entra en la vid y en el espino, pero la forma recipiente hace, que en la vid produce uvas y si en la vid es ingertado un espino, el influjo, al entrar de la vid en el espino, adopta la forma de este último. En cuanto á las mentes humanas varían con arreglo á la fe en Dios según sus formas, las cuales son interiormente espirituales, y estas formas se vuelven diáfanas y angelicales por la fe en un solo Dios; pero por la fe en varios Dioses, cuya fe difiere poco de ninguna fe, se vuelven, por el contrario, tenebrosas y bestiales.

III

Be ahí viene que en todo el mundo, no hay nación que, teniendo religión y sana razón, no reconozca á Dios y que El es Uno.

9.    El arriba indicado influjo Divino en las almas de los hombres hace, que en todo hombre hay un dictado interior, de que existe un Dios y que El es Uno. Si á pesar de esto hay quienes niegan á Dios, reconociendo á la Naturaleza en vez de á Dios, ó reconociendo á varios Dioses, ó adorando á imágenes como Dioses, es porque han llenado su razón ó su entendimiento con cosas mundanas y corpóreas, las cuales han extinguido en ellos la primitiva idea, que en su infancia tenían de Dios, apartando al mismo tiempo la religión de su verdadero asiento delante y echándola á sus espaldas. De qué manera los cristianos reconocen á un solo Dios consta por el credo general de su fe, que es como sigue:

La fe católica (universal) es ésta; que debemos adorar á un solo Dios en Trinidad y á la Trinidad en Unidad. Hay tres Divinas Personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y sin embargo no hay tres Dioses, sino un Solo Dios; una es la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo y su Divinidad es Una, su gloria igual y su majestad coeterna. Así el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios; pero por más que la verdad Cristiana exige que confesemos á cada uno por Dios y Señor, nos es sin embargo prohibido por la religión católica (universal) el decir tres Dioses y tres Señores,

10.    Tal es la fe cristiana con respecto á la Unidad de Dios, mas la Trinidad y la Unidad de Dios, aquí expresadas, son inconsistentes la una con la otra, lo cual se verá detalladamente en el capítulo que tratará de la Divina Trinidad. Las demás naciones en el mundo, que tienen religión y razón sana, coinciden en reconocer que Dios es Uno: los mahometanos en su imperio, los africanos en muchos reinos de su continente y los asiáticos en muchos del suyo, además los Judíos del presente tiempo. De la raza primitiva en la edad de oro los pueblos que tenían religión, adoraban á un solo Dios á Quien llamaban Jehová; de igual manera los pueblos antiguos en la edad subsiguiente, antes de establecerse gobiernos monárquicos, cuando los amores mundanos y corpóreos empezaron á obstruir las regiones superiores del entendimiento, que hasta entonces estaban abiertas y eran como templos y recintos sagrados para la adoración de un solo Dios, Mas el Señor Dios, á fin de abrirlas nuevamente y así restablecer la adoración de un solo Dios, instituyó una Iglesia entre los descendientes de Jacob, y les puso por precepto primero y principal éste:

«No tendrás otro Dios delante de mi» (Éxodo XX: 3).

Se llamó ante ellos de nuevo Jehová, cuyo término significa el Sor Supremo y único, del Cual vienen y por el Cual existen todas las cosas del universo. Los antiguos gentiles reconocían por Dios supremo á Jove, probablemente así llamado de Jehová y á varios otros, que componían su corte, revestían de divinidad, pero los sabios de la edad subsiguiente, por ejemplo Platón y Aristóteles, confesaron que estos no eran dioses, sino otras tantas propiedades, cualidades y atributos del único Dios, llamados dioses por haber en cada uno de ellos algo de lo divino.

IV

En cuanto á cómo es este único Dios, han diferido y difieren naciones y pueblos por varias causas.

La primera causa es, que sin revelación no se puede obtener conocimientos acerca de Dios, ni por consiguiente tener reconocimiento de El, y los conocimientos, referentes al Señor, con el consiguiente reconocimiento de que «en El mora toda la plenitud de la Divinidad corporalmente», no se pueden obtener sino por medio del Verbo, que es la corona de las revelaciones; porque por medio de la revelación, dada en él, el hombre puede acercarse á Dios, recibir su influjo, y de ser meramente natural, llegar á ser espiritual. La revelación, perteneciente á la primera edad, ha recorrido todo el orbe, y el hombre natural la ha pervertido de muchas maneras, surgiendo así disputas, disensiones, herejías y cismas de religiones. La segunda causa es que el hombre natural nada puede concebir con respecto á Dios, sino solamente lo que se refiere al mundo, lo cual aplica á sí mismo; y así es que el hombre natural es opuesto al hombre espiritual, lo cual también enseña la Iglesia cristiana, y de ahí que los que por el Verbo ó por otra revelación han reconocido que hay un Dios, han diferido y difieren todavía con respecto á Su cualidad y á Su Unidad. Aquellos, cuya vista mental dependía de los sentidos de su cuerpo, deseando sin embargo ver á Dios, se formaban ídolos, imágenes de oro, plata, piedra y madera, á fin de que, bajo estos objetos visibles, pudiesen adorar á Dios; y otros, que por su religión rechazaban imágenes artificiales, se formaban imágenes ideales de Dios en el Sol, en la Luna, en las estrellas y en varias cosas de la tierra. Pero los que se consideraban sabios con preferencia de la gente común, permaneciendo sin embargo hombres meramente naturales, viendo la inmensidad y la omnipresencia de Dios en la creación del mundo, reconocían á la Naturaleza por Dios, algunos de ellos la Naturaleza en sus íntimas cosas, otros la misma en sus exteriores; y otros, con el fin de poder separar Dios de la Naturaleza, concibieron la idea de una cosa sumamente universal, la cual llamaban «Ente del Universo» (Ens Universi), y puesto que nada más saben con respecto á Dios, este Ente viene á ser para ellos un mero razonamiento. Mas los conocimientos referentes á Dios son espejos ó reflejos de Dios, y los que no tienen conocimientos con respecto Dios, son como los que miran al lado posterior de un espejo y no á la luna del mismo para ver en él la imagen de una persona ó una cosa. La fe entra de Dios en el hombre por una vía interior, que del alma desciende á la parte superior del entendimiento; pero los conocimientos referentes á Dios entran por una vía exterior, porque del Verbo revelado son absorbidos por el entendimiento mediante los sentidos del cuerpo, y se verifica un encuentro de ambos influjos en medio del entendimiento, donde la fe natural, que es una mera persuasión, se vuelve fe espiritual, la cual es un reconocimiento real y efectivo; el entendimiento humano es por consiguiente un vaso de refinación en el cual se verifica la transformación.

 V

La razón humana puede, si quiere, por muchas cosas en el mundo percibir y concluir que hay un Dios y que El es Uno.

11. El que hay un Dios y que El es Uno puede confirmarse por innumerables cosas en el mundo visible; porque el universo es como un escenario en el cual esta verdad es representada y manifestada continuamente. Toda la Naturaleza testifica de ella, porque la demuestra en sus operaciones y la Naturaleza no opera de sí misma, sino que Dios opera por conducto de ella; y los que creen en la Divina operación, se confirman á favor de ella por todo cuanto ven en la Naturaleza; por ejemplo por la manera de nacer los árboles dé su simiente, la cual á pesar de ser tan minúscula sin embargo contiene el árbol entero en sus principios; ver cómo luego se desarrolla gradualmente, echando primero la raíz, luego el tronco, las ramas, las hojas, las flores y el fruto hasta producir nueva simiente, todo sucesivamente con tal orden y precisión como si la simiente conociese el orden progresivo ó el procedimiento, por el cual ha de renovarse. Ningún hombre racional puede pensar, que el Sol, que es puro fuego, conoce esto, ó que puede dotar su luz y su calor de la virtud de producir tales efectos y tener por objeto usos y provechos. Todo hombre de facultad racional elevada, al ver y examinar de cerca estas cosas, piensa que son del que tiene sabiduría infinita, es decir, de Dios. Así también con respecto á la proliferación de los animales; la manera maravillosa en que el pollo es formado dentro del huevo, el cual en principio contiene el avecilla con todo cuanto es necesario para su formación, su primer desarrollo y su alimentación hasta que llegue á ser un ave, según la forma de los padres. O bien mirando los insectos y particularmente los más pequeños, microscópicos y ver cómo tienen sus órganos y sentidos completos como los animales grandes; que tienen vista, olfato, gusto y tacto, así como órganos motrices, vuelan y andan, tienen vísceras combinadas con corazón y pulmones; una multitud de estos minúsculos insectos se ven como un pequeño punto obscuro, y sin embargo cada uno de ellos es organizado de manera á poder sentir y moverse; dotado de fibras y arterias, corazón, tubos pulmonares, vísceras y cerebro, todo compuesto de la materia más pura que hay en la Naturaleza, y estos tejidos corresponden á la Vida en su más inferior grado, la cual pone en movimiento y acción la más insignificante partícula de ellos. Si la vista del ojo es tan torpe que ve como un solo punto multitudes de tales insectos, perfectamente organizados, ¿qué puede, pues, esperarse de ella con respecto á las cosas espirituales, que son inmensamente más finas y delicadas?

Observando las aves se puede ver otras cosas maravillosas. Cada especie conoce su alimento propio y dónde lo ha de encontrar; conoce sus compañeros por el aspecto ó por la voz; distinguen las aves amigas de las enemigas; saben parearse y hacen sus nidos con sumo arte; poner huevos y empollarlos; conocen la duración de la empolladura, y terminada ésta, ayudan á las crías á salir de los huevos; las aman tiernamente, cubriéndolas con sus alas y proporcionándolas alimento hasta que sean capaces de cuidarse ellas mismas. ¿No testifica esto de la Omnipotencia de Dios en la creación del Universo y de Su Omnipresencia en el mantenimiento del mismo? Todo hombre, que quiere pensar en el influjo Divino, que por medio del mundo espiritual influye en el mundo natural, puede verlo en estas cosas. Aún más sorprendente es ver á los gusanitos, llamados orugas, los más humildes é insignificantes animalitos, cómo por el goce de cierto amor buscan y aspiran á transformar su estado terrenal en uno que tiene analogía con el celestial, y á este efecto se colocan en adecuado lugar envolviéndose en un tejido, que ellos mismos producen; así se vuelven crisálidas, aurelias, ninfas y finalmente mariposas, y cuando han pasado por estos sucesivos estados, habiendo sido dotados de hermosas alas, según su especie, vuelan lejos por el aire libremente, entreteniéndose en juegos y pareándose; ponen huevos, proporcionándose nueva prole; y entonces se alimentan del jugo dulce y agradable de las flores. Los que creen en la Divina Operación por conducto de la Naturaleza no pueden dejar de ver en estos animalitos una imagen del estado terrenal del hombre, mientras son orugas, y una imagen de su estado celestial, cuando son mariposas.

Los insignificantes animalitos que llamamos abejas, dan igualmente testimonio de la Sabiduría, Omnipotencia y Omnipresencia de Dios en la Creación. Es pasmoso observar cómo viven entre sí estos animalitos, cómo saben coger cera de rosas y otras flores, extraer el jugo de las flores y hacer miel, construir celdas como pequeñas habitaciones, arreglándolas en forma de ciudad con calles, por las cuales pueden entrar y salir; desde lejos sienten el olor de las hierbas y flores, de las cuales pueden sacar cera y miel para construir su panal y para su alimento, y cargadas con estas materias, se vuelven á su panal, á menudo desde puntos muy lejanos, siempre en la buena dirección, sin desorientarse; de esta manera se proveen con alimento también para el invierno, como si supieran que en el invierno no encontrarían estas cosas necesarias para su existencia. Ponen sobre sí una reina de la cual puede propagarse la prole y hacen para ella una especie de palacio en la parte superior del panal, guardado por todos lados. Cuando viene el tiempo de la proliferación, sale acompañada de sus asistentes, llamados zánganos, y pasa de celda en celda depositando sus huevos, los cuales los asistentes cubren con una especie de gelatina á fin de que no les perjudique el aire, y así nace la nueva prole, la cual, luego, cuando ha llegado el tiempo y puede hacer otro tanto, es echada del panal, juntándose primeramente en una bandada, á fin de no ser dispersada, y luego parte lejos para buscarse otra vivienda. Al tiempo del otoño los zánganos, que nada han traído al panal, ni cera ni miel, son conducidos fuera y despojados de sus alas, á fin de que no vuelvan y consuman el alimento, que fue acumulado por los otros. Estas y otras cosas, características en estos insectos, indican con claridad que existe un influjo del mundo espiritual en el mundo natural, ó sea un influjo de Dios en la Naturaleza, porque ¿quién puede creer que estos animalitos tienen sus maravillosos instintos de la Naturaleza y no de la Sabiduría Divina, que por medio del mundo espiritual influye en ellos? Solo pueden creerlo los que, negando á Dios y declarándose por la Naturaleza, han cerrado su razón al influjo de la luz del cielo, sepultándose en las tinieblas de los sentidos corporales.

Puedo añadir—dice Swedenborg—que en el mundo espiritual he visto á individuos quienes por las cosas visibles de la Naturaleza se han confirmado por la Naturaleza hasta el punto de volverse, ateos, y en la luz espiritual su entendimiento parecía abierto por debajo y cerrado por encima, á causa de haber mirado hacia abajo, á la tierra, y no hacia arriba, al cielo. Encima de lo sensual, que es la parte más inferior del entendimiento, había como una capa que ardía en fuego infernal; en ciertos casos era negra como el hollín y en otros lívida como un cadáver. Guárdense por lo tanto todos de confirmarse por la Naturaleza y confírmense por Dios; medios y materiales para esto no escasean.

VI

Si Dios no fuera Uno el Universo no hubiera podido ser creado y preservado.

12. La Unidad de Dios puede inferirse de la creación del Universo, porque el Universo es una obra que adhiere como uno, desde sus primeras hasta sus últimas cosas, y depende del único Dios, de la misma manera que el cuerpo depende de su alma. El Universo ha sido creado y formado de tal manera, que Dios puede estar presente en todas sus partículas y tener toda partícula del mismo bajo su Dirección, manteniéndolo así en conjunto perpetuamente como un solo cuerpo, y de esta manera preservarlo. Por esto dice Jehová Dios, que «El es el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega» (Isaías XLIV: 6—Apoc. I: 8; 17); y en otro lugar, que «El lo hace todo; extiende solo los cielos y extiende la tierra por Sí mismo» (Isaías XLIV: 24). El grande sistema, que llamamos Universo, es una obra que adhiere como uno desde el principio hasta el fin, porque al crearlo tenía Dios por objeto final el crear un cielo de ángeles de la raza humana, y todas las cosas que componen la tierra, son medios para alcanzar este fin, puesto que quien quiere el fin quiere asimismo los medios, por lo cual el que mira al mundo como un conjunto de medios para este fin, puede en el Universo creado ver una obra, que adhiere como uno, y puede ver, que el mundo es un complejo de usos en orden sucesivo para la raza humana, de la cual proviene el cielo de los ángeles. El Amor Divino no puede menos que anhelar é intentar la eterna bienaventuranza de los hombres por virtud de Su propio Divino y Su Divina Sabiduría no puede dejar de producir los medios necesarios á la realización de este fin. Todo hombre sabio que mira al Universo con esta idea general, puede comprender, que el Creador del Universo es Único y que Su Esencia es Amor y Sabiduría, por cuya razón no existe en todo el Universo cosa alguna que no encierre en sí un uso más ó menos remoto para el hombre.

VII

El hombre que no reconoce á Dios es excomulgado de la Iglesia y condenado.

13. La razón por la cual el hombre, que no reconoce á Dios, es excomulgado de la Iglesia y condenado es, que Dios es el todo de la Iglesia, y las cosas Divinas, llamadas teológicas, constituyen la Iglesia, por lo cual una negación de Dios es una negación de todo cuanto hay en la Iglesia, y esta negación por sí sola excomulga; también condena, porque todo el que es excomulgado de la Iglesia es asimismo excomulgado del Cielo, siendo así que la Iglesia en la tierra y el Cielo forman uno como lo exterior y lo interior y como lo espiritual y lo natural en el hombre; porque el hombre ha sido creado por Dios de tal manera que puede estar en el mundo espiritual en cuanto á su interior, y en el mundo natural en cuanto á su exterior. Así es, que ha sido creado habitante de ambos mundos, á fin de que lo espiritual, que es del cielo, pueda ser implantado en lo natural, que es del mundo, como, la simiente es plantada en la tierra, y que de esta manera el hombre pueda adquirir una existencia fija y perpetua. El que por negar á Dios se ha excomulgado de la Iglesia y por consiguiente del Cielo, ha cerrado su hombre interior en cuanto á la voluntad y por ello en cuanto á su amor genial; porque la voluntad del hombre es el receptáculo de su amor y su morada; mas no puede cerrar su hombre interior con respecto al entendimiento, porque si pudiera hacer esto y lo hiciera, el hombre no sería ya hombre. El amor de su voluntad infatúa sin embargo las regiones superiores de su entendimiento con falsedades, á causa de lo cual el entendimiento llega, por así decir, á cerrarse con respecto á las verdades, que son de la fe, y con respecto á los bienes, que son de la caridad, oponiéndose más y más á Dios y al mismo tiempo á las cosas espirituales de la Iglesia, siendo así excluido de la comunión de los ángeles del cielo, y cuando así es excluido, entra en comunicación con los satanás del infierno y piensa de acuerdo con ellos. Todos los satanás niegan á Dios y piensan neciamente con respecto á Dios y á las cosas espirituales de la Iglesia, y así hace también el hombre que se halla en comunión con ellos, por mas que su hombre exterior puede hablar de otra manera; porque todo hombre tiene un interior y un exterior, y su interior constituye el verdadero hombre, llamado espíritu, y éste vive después de la muerte, mientras que el exterior, por medio del cual hace el hipócrita, muere y es sepultado en la tierra para nunca más salir de su tumba; entonces, á causa de su negación de Dios, es condenado. Todo hombre es, en cuanto á su espíritu, coasociado con sus semejantes en el mundo espiritual y es como uno con ellos; á menudo me ha sido dado ver, en sociedades, espíritus de personas, que todavía vivían en el mundo, algunos en sociedades angelicales, otros en sociedades infernales; me ha sido asimismo permitido conversar con ellos durante días, y me he extrañado de que los hombres, mientras viven en sus cuerpos, nada saben de todo esto. Así resultó manifiesto, que cualquiera que niega á Dios, se halla ya entre los condenados, y después de su muerte se reúne con sus compañeros.

VIII

Con los que no reconocen á un solo Dios, sino á más que uno, nada de la Iglesia se adhiere.

14. El hombre, que por la fe reconoce y en el corazón adora á un solo Dios, se halla en la comunión de los Santos en la tierra y en la comunión de los ángeles en los cielos; se les llama comuniones y lo son; porque están en un solo Dios y un solo Dios está en ellos; están asimismo en conjunción con todo el cielo de los ángeles y me atrevo á decir, que tienen conjunción con todos y con cada uno allí; porque todos son como hijos y descendientes de un mismo padre; sus mentes, sus maneras y sus rostros son parecidos, de manera que se conocen mutuamente. El cielo dé ángeles está arreglado en sociedades, con arregló á todas las variedades del amor al bien, cuyas variedades son derivaciones de un amor eminentemente universal, que es el Amor á Dios; de este Amor han sido engendrados todos cuantos por la fe reconocen y en él corazón adoran á un solo Dios, el Creador del Universo y al mismo tiempo el Redentor y Regenerador. Pero el caso es enteramente diferente con los que no se acercan ni adoran á un solo Dios, sino á varios, y también con los que profesan un solo Dios con los labios, mientras piensan tres, como los de la iglesia actual que dividen á Dios en tres Personas, declarando que cada Persona por sí es Dios y atribuyendo á cada una cualidades y propiedades particulares, que no pertenecen á las otras dos. De aquí resulta que en efecto es dividida no solamente la Unidad de Dios, sino también la teología y asimismo la mente humana en la cual debe residir. ¿Qué puede resultar de esto sino perplejidad é incoherencia en todas las cosas de la Iglesia? Y tal es en realidad el estado de la iglesia actualmente. La verdad es que la división de Dios, ó de la Divina Esencia, en tres Personas, cada una de las cuales es Dios, separadamente por sí, conduce á la negación de Dios.

15. RECUERDO (a). Una vez vi á unos espíritus, que acababan de llegar del mundo natural al mundo espiritual (b). Conversaban entre sí acerca de la Divinidad, que consta de tres Personas desde la eternidad. Habían sido clérigos y uno de ellos Obispo. Se acercaron y conversábamos breves momentos acerca del mundo espiritual, el cual para ellos hasta entonces había sido completamente desconocido. Luego les dije: «Os he oído hablar de tres Divinas Personas desde eternidad y os ruego que tengáis á bien explicarme este gran secreto, según el concepto que sobre ello os habéis formado en el mundo natural, del cual acabáis de llegar.» El Obispo, mirándome, me dijo: «Veo que eres un lego y quiero bien manifestarte mis ideas acerca de este gran secreto para enseñarte: Mis ideas han sido y son, que Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo están sentados en medio del cielo sobre altas y magníficas sillas ó tronos. Dios Padre está sentado en un trono de oro fino, con un cetro en la mano. Dios Hijo á su derecha, en un trono de purísima plata, llevando sobre su cabeza una corona, y Dios Espíritu Santo al lado de ellos, en un trono de limpio cristal, teniendo una paloma en la mano. Alrededor de ellos hay un triple círculo de lámparas suspendidas, resplandecientes por una multitud de piedras preciosas, y lejos de este círculo se hallan una infinidad de ángeles, que adoran y cantan alabanzas. El Padre está continuamente conversando con su Hijo al sujeto de los que han de ser justificados, y los dos resuelven entre sí, quiénes en la tierra son dignos de ser elevados entre los ángeles del cielo y coronados con vida eterna. Dios el Espíritu Santo, al oír pronunciar los nombres, se apresura á ir al mundo á ellos, llevando consigo los dones de la justificación, dándolos en fianza de la bienaventuranza á los que han de ser justificados, y al momento que respira sobre ellos, aleja de ellos los pecados, como un ventilador aleja el humo de una estufa. Quita asimismo la dureza de sus corazones, haciéndolos blandos como carne, renovando su espíritu y su mente, engendrándolos de nuevo y dándoles la forma inocente de criaturas recién nacidas. Finalmente estampa en su frente la señal de la cruz y les llama «elegidos» y «hijos de Dios». Luego me dijo: «De esta manera he explicado en el mundo este gran secreto. La mayoría de mis compañeros clérigos han dado su asentimiento á estas mis explicaciones y estoy seguro de que tú, que eres lego, también las abrazarás con confianza.» Cuando el Obispo hubo terminado, miré fijamente á los clérigos, que le acompañaban, y viendo que todos daban su asentimiento le dije: «He reflexionado sobre lo que me has manifestado con respecto á tu creencia y he venido á la conclusión, de que la idea que te has formado y que apruebas con respecto á la Divina Trinidad, es una idea completamente natural, sensual y hasta material, de la cual necesariamente nace la idea de tres Dioses. ¿No es pensar sensualmente de Dios Padre figurársele sentado en un trono con un cetro en la mano y de Dios Hijo imaginárselo sentado en un trono con una corona en su cabeza y del Espíritu Santo creerle sentado en un trono con una paloma en la mano y que se lanza al mundo después de haber oído la conversación de los dos? Y puesto que vuestro concepto nace de estas ideas sensuales, no puedo dar crédito a lo que has dicho. Desde mi infancia no he podido admitir en mi mente otro concepto de Dios que el de un Dios Único, cuyo concepto he retenido, retengo y guardo, por lo cual rechazo lo que tú acabas de manifestar. El trono, en el cual, según las Escrituras, está' sentado Jehová, comprendo significa su Reino, el cetro y la corona su Gobierno y su Poder, el estar sentado á le derecha significa la Omnipotencia Divina por medio de la Naturaleza Humana, y lo que se dice con respecto al Espíritu Santo significa los efectos de la Divina Omnipotencia. Admite ahora, si te place, este concepto de un Dios único y si meditas, hallarás que es el verdadero. Decís sin embargo que Dios es uno, puesto que de la esencia de los tres hacéis una esencia indivisible; pero os oponéis á que se diga, que el único Dios es una sola Persona, insistiendo en que sean tres, á fin de que vuestro concepto de Dios, tal como lo tenéis interiormente, no sea destruido. Atribuís también á cada Persona una cualidad característica, diferente de las dos otras: ¿no dividís así al Ser Divino? y siendo así ¿cómo podéis entonces pensar y decir que Dios es Uno? Si á lo menos os limitaseis á decir que lo Divino es uno, no os reprendería tanto, pero decís el Padre es Dios; el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios; y cada Persona por sí es Dios. ¿Cómo podéis entonces pensar que Dios es Uno? Es una evidente contradicción que impide á cualquiera dar su aprobación y confianza. Con esa idea no se puede decir un Solo Dios, sino á lo sumo igualdad (de los seres Divinos). No se puede decir de varios individuos, que juntos forman un gobierno, un senado, un congreso, que son una sola persona, pero si cada uno de estos individuos opinan de idéntica manera, se puede decir, que son unánimes. No se puede decir que tres diamantes de una misma agua son un diamante, sino que son del mismo género; no dejarían por lo demás de tener diferente valor según su peso, lo cual no seria el caso si efectivamente fuesen un solo diamante. Pero comprendo por qué insistís en que tres Divinas Personas, cada una de las cuales es Dios, sin embargo deben formar un solo Dios, y por qué habéis ordenado á los de vuestra iglesia el decir así. La razón es que todo hombre con sentido común percibe y comprende, que Dios es Uno, y ni siquiera vosotros podéis por vergüenza decir otra cosa. Pero mientras decís uno pensáis tres, y vuestra vergüenza no os impide confesar mentalmente otros dos Dioses, y hasta lo pronunciáis.» Dicho esto se alejó el Obispo con sus clérigos, mas volviéndose en el camino, quiso exclamar: «Hay un Dios». No pudo sin embargo pronunciarlo; porque su pensamiento retenía su lengua y en cambio exclamó finalmente con la boca muy abierta. «Hay... tres Dioses.» Unos espíritus, que presenciaban esta escena, prorrumpieron en una ruidosa carcajada y se fueron del lugar.

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NOTAS

(a)  Todo cuanto Swedenborg enseña y expone en sus obras teológicas le fue revelado por el Señor. Su vista interior, ó sea la de su espíritu, fue abierta por el Señor, permitiéndole estar consciente­mente en el mundo espiritual, ver y oír, tratar y hablar, con ángeles y con espíritus como un hombre con otros hombres y estar al mismo tiempo en su cuerpo natural, en el mundo natural. Desde que le fue abierta su vista espiritual hasta su muerte, es decir, durante unos 27 años, estaba de esta manera diariamente conversando y tratando con ángeles y con espíritus, y todo lo que así vio y oyó en el mundo espiritual anotó en un diario al cual llamó su diario espiritual. En sus obras teológicas refiere varias escenas del mundo espiritual bajo el titulo de «Memorabilia» ó Recuerdos para ilustrar lo que en sus obras expone.

(b)   El hombre consta del hombre exterior, que es su cuerpo natural y el hombre interior, que es su cuerpo espiritual, el cual tiene la misma forma que el exterior. El hombre interior es el verdadero hombre. Cuando muere el cuerpo natural resucita el espíritu seguidamente, entra conscientemente en el mundo espiritual y continúa allí su existencia. (Volver al section)