CAPÍTULO PRIMERO
Dios
Creador
4. La Iglesia Cristiana desde el tiempo del
Señor ha pasado por todos los estados de la vida desde la infancia
hasta la extrema vejez. Su infancia era mientras vivían los
apóstoles, quienes predicaban por todo el mundo el arrepentimiento y
la fe en el Señor Dios el Salvador, según consta por el siguiente
pasaje en los Hechos de los apóstoles:
«Pablo testificaba a los judíos y á los gentiles arrepentimiento
para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo» (XX: 21).
Digno de mencionarse es, que el Señor, hace algunos meses, juntó á
Sus doce discípulos, enviándolos, por el mundo espiritual con el
encargo de predicar allí nuevamente el evangelio, puesto que la
iglesia, que el Señor estableció por medio de ellos, había llegado á
tal grado de consumación, que apenas quedaba de ella algunos
remanentes, siendo la causa el haber dividido la Divina Trinidad en
tres Personas, cada una de las cuales ha de ser Dios y Señor, á
consecuencia de lo cual una especie de frenesí se ha declarado en la
teología y por consiguiente en la Iglesia, que del Señor lleva el
nombre de Cristiana. Decimos frenesí, porque á consecuencia de la
división del Divino Sor en tres Personas, se ha apoderado de las
mentes humanas un delirio tal, que no saben ya si Dios es Uno ó si
hay varios Dioses. La boca dice uno, pero la mente piensa tres, por
lo cual hay desacuerdo entre la mente y la boca, ó sea entre el
pensamiento y el habla, cuyo desacuerdo conduce á la conclusión de
qué no hay Dios alguno. El Naturalismo, que actualmente florece en
el mundo, no tiene otra causa. Si la mente piensa tres mientras los
labios dicen uno, el pensamiento y las palabras se rechazan
mutuamente en el interior y por esta razón el hombre, cuando piensa
en Dios, apenas tiene más idea de El que la que expresa la mera
palabra Dios, careciendo de toda percepción de su verdadero porte y
alcance, cuya percepción viene por conocimientos referentes á El.
Ahora bien; puesto que la idea y todo verdadero concepto de Dios ha
sido de esta manera deshecho y destruido, trataremos, en lo que
sigue, por su orden procedente, de Dios Creador; del Señor, el
Redentor; del Espíritu Santo, el Operador, y de la Divina Trinidad,
á fin de que lo deshecho y destruido sea de nuevo unificado y
restablecido, lo cual tiene lugar, cuando la razón humana se
convence por el Verbo y por la luz, que del mismo procede, de que la
Divina Trinidad existe en el Señor Dios el Salvador JesuCristo, como
el alma, el cuerpo y la vida que sale del hombre, y que por
consiguiente es verdad lo que dice el Credo de Atanasio que:
«Era Cristo Dios es Hombre y él Hombre es Dios, ó sea que lo Divino
y lo Humano no son dos, sino en una misma persona, y que así como él
alma racional y la carne constituyen un hombre, así Dios y Hombre
constituyen un Cristo.»
La
Unidad de Dios
5.
Puesto que el reconocimiento de Dios, que viene por
conocimientos referentes á El, es la esencia y el alma misma de
cuanto hay en la teología universal, es necesario, que un exordio
sea hecho sobre la Unidad de Dios, la cual será demostrada por su
orden en los siguientes ocho artículos.
I
Toda la Sagrada Escritura, y por ello las doctrinas de las
iglesias en el mundo cristiano, enseñan que Dios es Uno.
6.
Toda la Sagrada Escritura enseña que hay un Dios, porque en
su más íntimo está Dios Mismo, es decir, lo Divino que procede dé
Dios. El Verbo fué dictado por Dios, y de Dios sólo puede proceder
lo que es El Mismo y que se llama lo Divino. Esto es lo que está en
lo más íntimo de la Sagrada Escritura; pero en sus verdades
derivadas, que están debajo y que proceden de lo más íntimo, se
halla acomodada á la percepción de ángeles y hombres. Estas
derivaciones son también Divinas, mas tienen otras formas, que se
llaman lo CelestialDivino, lo EspiritualDivino y lo NaturalDivino,
cuyas formas en realidad son vestiduras de Dios, puesto que Dios
Mismo, tal como es en lo más íntimo del Verbo, no puede ser visto
por criatura alguna (Éxodo XXXIII: 20); porque allí está Dios en Su
ESSE y en su ESENCIA; mas al través de las cosas acomodadas á la
percepción de ángeles y hombres, trasluce lo Divino como al través
de formas cristalinas, sin embargo de diferentes maneras, según el
estado de mente, que el hombre se ha formado por Dios ó por sí
mismo. A los que han formado el estado de su mente por Dios, la
Sagrada Escritura es como un espejo delante de ellos, en el cual ven
á Dios, si bien cada uno le ve de su manera. Las verdades, que el
hombre aprende por el Verbo y las cuales embebe mediante una vida en
conformidad con ellas, componen este espejo.; Es pues evidente, que
el Verbo es la plenitud de Dios. No solamente enseña que hay un
Dios, sino también que Dios es Uno, lo cual consta por las verdades
que, como se acaba de decir, forman el espejo; porque estas se
adhieren en una sola serie, haciendo que el hombre no pueda pensar
de Dios sino como uno. Todo hombre cuya razón ha adquirido alguna
santidad por el Verbo, siente en sí mismo, que Dios es uno y le
parece una locura el decir que hay varios. Los ángeles no pueden
abrir los labios para pronunciar la palabra Dioses porque el aura
celestial, en la cual viven, se opone á ello. La Sagrada Escritura
enseña que Dios es Uno, no solo universal mente, sino también
particularmente en ciertos pasajes, como por ejemplo:
«Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová Uno es» (Deut. VI: 4) (y
en Marcos XII: 29).
«Cierto, en ti está Dios y no hay otro fuera de Dios» (Isaías XLV:
14).
«¿No
soy yo Jehová? Y no hay más Dios que yo» (XLV: 21).
«Yo soy Jehová, tu Dios, y no
conocerás Dios fuera de mí» (Óseas XIÍI: 4).
«Así
dice Jehová, Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos:
yo el primero y yo el postrero y fuera de mí no hay Dios» (Isaías
XLIV: 6).
«En
aquel día Jehová será Rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová
será Uno y su nombre uno» (Zacarías XIV: 9).
7.
La razón por la cual las doctrinas de las Iglesias
en el mundo cristiano enseñan que Dios es Uno, es que, las
han sacado del Verbo; pero estas doctrinas no
adhieren
más que en cuanto se reconozca á un solo Dios, no solamente con la
boca, sino también en el corazón. Para los que profesan un solo Dios
con la boca, pero tres en el corazón, lo cual es el caso con muchos
actualmente en el mundo cristiano, Dios no es más que la mera
palabra en la boca, y todo cuanto se relaciona con la teología, es
para ellos como un ídolo encerrado en un estuche, cuya llave está en
poder de los clérigos; y cuando leen el Verbo, no perciben luz
alguna en él ó procedente de él; ni comprenden que Dios es Uno. Para
esta gente el Verbo es como si estuviera lleno de manchas y borrones
y con respecto á la Unidad de Dios es para ellos enteramente
cerrado. Estos son los á quienes alude el Señor en Mateo:
«De
oído oiréis y no entenderéis y viendo veréis y no percibiréis. Sus
ojos han cerrado para que no vean de los ojos y oigan de los oídos y
del corazón entiendan y yo los sane» (XIII: 14; 15).
II
Un
influjo universal de Dios tiene lugar en las almas de los hombres de
que hay un Dios y que El es Uno.
8.
Que tal influjo existe, consta por el reconocimiento
universal de que todo bien genuino, que está en el hombre y es
realizado por él, es de Dios. Y el Verbo dice:
«No
puede el hombre recibir algo, si no le es dado del cielo» (Juan III:
27).
«Sin mi nada podéis hacer»
(XV: 5),
es
decir, nada que sea de la caridad y de la fe. La razón por la cual
este influjo tiene lugar en el alma del hombre, es que el alma es la
parte más íntima y más elevada del hombre, la cual primeramente
recibe el influjo de Dios, cuyo influjo luego desciende á las cosas,
que están debajo, vivificándolas según la recepción. Las verdades,
que han de ser de la fe, influyen por cierto por él oído y son
implantadas en la mente, es decir, debajo del alma; pero estas
verdades no hacen más que preparar al hombre para la recepción del
influjo de Dios por conducto del alma, y tal como es la preparación
tal es la recepción del influjo y tal es la transformación de la fe
natural en fe espiritual. La razón, por la cual el influjo de Dios
en las almas de los hombres testifica de que Dios es Uno, es que lo
Divino, tanto universal cuanto particularmente, es Dios Mismo, y
puesto que lo Divino adhiere
como uno, no puede dejar de inspirar la idea, de que Dios es Uno, y
esta idea es corroborada cada día, á medida que el hombre es elevado
por Dios á la luz del cielo, en la cual se hallan los ángeles, los
cuales ni siquiera pueden pronunciar la palabra Dioses, por mucho
que se esfuercen; su habla termina al final de cada frase con un
acento, que expresa unidad, y esto por causa del influjo en sus
almas, de que Dios es Uno. Si á pesar de este influjo en las almas
de los hombres, de que Dios es Uno, muchos sin embargo piensan, que
la Divinidad consta de tres Personas, es porque el influjo, conforme
desciende, cae en formas que no corresponden, y la forma recipiente
modifica el influjo, como acontece con todo cuanto hay en los tres
reinos de la Naturaleza: El Mismo Dios, que vivifica á los hombres,
vivifica también á los animales; pero la forma recipiente hace, que
el animal es animal, y el hombre hombre. El hombre puede mediante su
vida introducir en sí la forma del animal, en cuyo caso su
percepción por el influjo es igual á la del animal. El influjo del
Sol es el mismo en cada planta y árbol, pero sufre modificación en
cada especie según la forma. El mismo influjo entra en la vid y en
el espino, pero la forma recipiente hace, que en la vid produce uvas
y si en la vid es ingertado un espino, el influjo, al entrar de la
vid en el espino, adopta la forma de este último. En cuanto á las
mentes humanas varían con arreglo á la fe en Dios según sus formas,
las cuales son interiormente espirituales, y estas formas se vuelven
diáfanas y angelicales por la fe en un solo Dios; pero por la fe en
varios Dioses, cuya fe difiere poco de ninguna fe, se vuelven, por
el contrario, tenebrosas y bestiales.
III
Be
ahí viene que en todo el mundo, no hay nación que, teniendo religión
y sana razón, no reconozca á Dios y que El es Uno.
9.
El arriba indicado influjo Divino en las almas de los hombres
hace, que en todo hombre hay un dictado interior, de que existe un
Dios y que El es Uno. Si á pesar de esto hay quienes niegan á Dios,
reconociendo á la Naturaleza en vez de á Dios, ó reconociendo á
varios Dioses, ó adorando á imágenes como Dioses, es porque han
llenado su razón ó su entendimiento con cosas mundanas y corpóreas,
las cuales han extinguido en ellos la primitiva idea, que en su
infancia tenían de Dios, apartando al mismo tiempo la religión de su
verdadero asiento delante y echándola á sus espaldas. De qué manera
los cristianos reconocen á un solo Dios consta por el credo general
de su fe, que es como sigue:
La
fe católica (universal) es ésta; que debemos adorar á un solo Dios
en Trinidad y á la Trinidad en Unidad. Hay tres Divinas Personas, el
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y sin embargo no hay tres Dioses,
sino un Solo Dios; una es la Persona del Padre, otra la del Hijo y
otra la del Espíritu Santo y su Divinidad es Una, su gloria igual y
su majestad coeterna. Así el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el
Espíritu Santo es Dios; pero por más que la verdad Cristiana exige
que confesemos á cada uno por Dios y Señor, nos es sin embargo
prohibido por la religión católica (universal) el decir tres Dioses
y tres Señores,
10.
Tal es la fe cristiana con respecto á la Unidad de Dios, mas
la Trinidad y la Unidad de Dios, aquí expresadas, son inconsistentes
la una con la otra, lo cual se verá detalladamente en el capítulo
que tratará de la Divina Trinidad. Las demás naciones en el mundo,
que tienen religión y razón sana, coinciden en reconocer que Dios es
Uno: los mahometanos en su imperio, los africanos en muchos reinos
de su continente y los asiáticos en muchos del suyo, además los
Judíos del presente tiempo. De la raza primitiva en la edad de oro
los pueblos que tenían religión, adoraban á un solo Dios á Quien
llamaban Jehová; de igual manera los pueblos antiguos en la edad
subsiguiente, antes de establecerse gobiernos monárquicos, cuando
los amores mundanos y corpóreos empezaron á obstruir las regiones
superiores del entendimiento, que hasta entonces estaban abiertas y
eran como templos y recintos sagrados para la adoración de un solo
Dios, Mas el Señor Dios, á fin de abrirlas nuevamente y así
restablecer la adoración de un solo Dios, instituyó una Iglesia
entre los descendientes de Jacob, y les puso por precepto primero y
principal éste:
«No
tendrás otro Dios delante de mi» (Éxodo XX: 3).
Se
llamó ante ellos de nuevo Jehová, cuyo término significa el Sor
Supremo y único, del Cual vienen y por el Cual existen todas las
cosas del universo. Los antiguos gentiles reconocían por Dios
supremo á Jove, probablemente así llamado de Jehová y á varios
otros, que componían su corte, revestían de divinidad, pero los
sabios de la edad subsiguiente, por ejemplo Platón y Aristóteles,
confesaron que estos no eran dioses, sino otras tantas propiedades,
cualidades y atributos del único Dios, llamados dioses por haber en
cada uno de ellos algo de lo divino.
IV
En
cuanto á cómo es este único Dios, han diferido y difieren naciones y
pueblos por varias causas.
La
primera causa es, que sin revelación no se puede obtener
conocimientos acerca de Dios, ni por consiguiente tener
reconocimiento de El, y los conocimientos, referentes al Señor, con
el consiguiente reconocimiento de que «en El mora toda la plenitud
de la Divinidad corporalmente», no se pueden obtener sino por medio
del Verbo, que es la corona de las revelaciones; porque por medio de
la revelación, dada en él, el hombre puede acercarse á Dios, recibir
su influjo, y de ser meramente natural, llegar á ser espiritual. La
revelación, perteneciente á la primera edad, ha recorrido todo el
orbe, y el hombre natural la ha pervertido de muchas maneras,
surgiendo así disputas, disensiones, herejías y cismas de
religiones. La segunda causa es que el hombre natural nada puede
concebir con respecto á Dios, sino solamente lo que se refiere al
mundo, lo cual aplica á sí mismo; y así es que el hombre natural es
opuesto al hombre espiritual, lo cual también enseña la Iglesia
cristiana, y de ahí que los que por el Verbo ó por otra revelación
han reconocido que hay un Dios, han diferido y difieren todavía con
respecto á Su cualidad y á Su Unidad. Aquellos, cuya vista mental
dependía de los sentidos de su cuerpo, deseando sin embargo ver á
Dios, se formaban ídolos, imágenes de oro, plata, piedra y madera, á
fin de que, bajo estos objetos visibles, pudiesen adorar á Dios; y
otros, que por su religión rechazaban imágenes artificiales, se
formaban imágenes ideales de Dios en el Sol, en la Luna, en las
estrellas y en varias cosas de la tierra. Pero los que se
consideraban sabios con preferencia de la gente común, permaneciendo
sin embargo hombres meramente naturales, viendo la inmensidad y la
omnipresencia de Dios en la creación del mundo, reconocían á la
Naturaleza por Dios, algunos de ellos la Naturaleza en sus íntimas
cosas, otros la misma en sus exteriores; y otros, con el fin de
poder separar Dios de la Naturaleza, concibieron la idea de una cosa
sumamente universal, la cual llamaban «Ente del Universo» (Ens
Universi), y puesto que nada más saben con respecto á Dios, este
Ente viene á ser para ellos un mero razonamiento. Mas los
conocimientos referentes á Dios son espejos ó reflejos de Dios, y
los que no tienen conocimientos con respecto Dios, son como los que
miran al lado posterior de un espejo y no á la luna del mismo para
ver en él la imagen de una persona ó una cosa. La fe entra de Dios
en el hombre por una vía interior, que del alma desciende á la parte
superior del entendimiento; pero los conocimientos referentes á Dios
entran por una vía exterior, porque del Verbo revelado son
absorbidos por el entendimiento mediante los sentidos del cuerpo, y
se verifica un encuentro de ambos influjos en medio del
entendimiento, donde la fe natural, que es una mera persuasión, se
vuelve fe espiritual, la cual es un reconocimiento real y efectivo;
el entendimiento humano es por consiguiente un vaso de refinación en
el cual se verifica la transformación.
V
La
razón humana puede, si quiere, por muchas cosas en el mundo percibir
y concluir que hay un Dios y que El es Uno.
11.
El que hay un Dios y que El es Uno puede confirmarse por
innumerables cosas en el mundo visible; porque el universo es como
un escenario en el cual esta verdad es representada y manifestada
continuamente. Toda la Naturaleza testifica de ella, porque la
demuestra en sus operaciones y la Naturaleza no opera de sí misma,
sino que Dios opera por conducto de ella; y los que creen en la
Divina operación, se confirman á favor de ella por todo cuanto ven
en la Naturaleza; por ejemplo por la manera de nacer los árboles dé
su simiente, la cual á pesar de ser tan minúscula sin embargo
contiene el árbol entero en sus principios; ver cómo luego se
desarrolla gradualmente, echando primero la raíz, luego el tronco,
las ramas, las hojas, las flores y el fruto hasta producir nueva
simiente, todo sucesivamente con tal orden y precisión como si la
simiente conociese el orden progresivo ó el procedimiento, por el
cual ha de renovarse. Ningún hombre racional puede pensar, que el
Sol, que es puro fuego, conoce esto, ó que puede dotar su luz y su
calor de la virtud de producir tales efectos y tener por objeto usos
y provechos. Todo hombre de facultad racional elevada, al ver y
examinar de cerca estas cosas, piensa que son del que tiene
sabiduría infinita, es decir, de Dios. Así también con respecto á la
proliferación de los animales; la manera maravillosa en que el pollo
es formado dentro del huevo, el cual en principio contiene el
avecilla con todo cuanto es necesario para su formación, su primer
desarrollo y su alimentación hasta que llegue á ser un ave, según la
forma de los padres. O bien mirando los insectos y particularmente
los más pequeños, microscópicos y ver cómo tienen sus órganos y
sentidos completos como los animales grandes; que tienen vista,
olfato, gusto y tacto, así como órganos motrices, vuelan y andan,
tienen vísceras combinadas con corazón y pulmones; una multitud de
estos minúsculos insectos se ven como un pequeño punto obscuro, y
sin embargo cada uno de ellos es organizado de manera á poder sentir
y moverse; dotado de fibras y arterias, corazón, tubos pulmonares,
vísceras y cerebro, todo compuesto de la materia más pura que hay en
la Naturaleza, y estos tejidos corresponden á la Vida en su más
inferior grado, la cual pone en movimiento y acción la más
insignificante partícula de ellos. Si la vista del ojo es tan torpe
que ve como un solo punto multitudes de tales insectos,
perfectamente organizados, ¿qué puede, pues, esperarse de ella con
respecto á las cosas espirituales, que son inmensamente más finas y
delicadas?
Observando las aves se puede ver otras cosas maravillosas. Cada
especie conoce su alimento propio y dónde lo ha de encontrar; conoce
sus compañeros por el aspecto ó por la voz; distinguen las aves
amigas de las enemigas; saben parearse y hacen sus nidos con sumo
arte; poner huevos y empollarlos; conocen la duración de la
empolladura, y terminada ésta, ayudan á las crías á salir de los
huevos; las aman tiernamente, cubriéndolas con sus alas y
proporcionándolas alimento hasta que sean capaces de cuidarse ellas
mismas. ¿No testifica esto de la Omnipotencia de Dios en la creación
del Universo y de Su Omnipresencia en el mantenimiento del mismo?
Todo hombre, que quiere pensar en el influjo Divino, que por medio
del mundo espiritual influye en el mundo natural, puede verlo en
estas cosas. Aún más sorprendente es ver á los gusanitos, llamados
orugas, los más humildes é insignificantes animalitos, cómo por el
goce de cierto amor buscan y aspiran á transformar su estado
terrenal en uno que tiene analogía con el celestial, y á este efecto
se colocan en adecuado lugar envolviéndose en un tejido, que ellos
mismos producen; así se vuelven crisálidas, aurelias, ninfas y
finalmente mariposas, y cuando han pasado por estos sucesivos
estados, habiendo sido dotados de hermosas alas, según su especie,
vuelan lejos por el aire libremente, entreteniéndose en juegos y
pareándose; ponen huevos, proporcionándose nueva prole; y entonces
se alimentan del jugo dulce y agradable de las flores. Los que creen
en la Divina Operación por conducto de la Naturaleza no pueden dejar
de ver en estos animalitos una imagen del estado terrenal del
hombre, mientras son orugas, y una imagen de su estado celestial,
cuando son mariposas.
Los
insignificantes animalitos que llamamos abejas, dan igualmente
testimonio de la Sabiduría, Omnipotencia y Omnipresencia de Dios en
la Creación. Es pasmoso observar cómo viven entre sí estos
animalitos, cómo saben coger cera de rosas y otras flores, extraer
el jugo de las flores y hacer miel, construir celdas como pequeñas
habitaciones, arreglándolas en forma de ciudad con calles, por las
cuales pueden entrar y salir; desde lejos sienten el olor de las
hierbas y flores, de las cuales pueden sacar cera y miel para
construir su panal y para su alimento, y cargadas con estas
materias, se vuelven á su panal, á menudo desde puntos muy lejanos,
siempre en la buena dirección, sin desorientarse; de esta manera se
proveen con alimento también para el invierno, como si supieran que
en el invierno no encontrarían estas cosas necesarias para su
existencia. Ponen sobre sí una reina de la cual puede propagarse la
prole y hacen para ella una especie de palacio en la parte superior
del panal, guardado por todos lados. Cuando viene el tiempo de la
proliferación, sale acompañada de sus asistentes, llamados zánganos,
y pasa de celda en celda depositando sus huevos, los cuales los
asistentes cubren con una especie de gelatina á fin de que no les
perjudique el aire, y así nace la nueva prole, la cual, luego,
cuando ha llegado el tiempo y puede hacer otro tanto, es echada del
panal, juntándose primeramente en una bandada, á fin de no ser
dispersada, y luego parte lejos para buscarse otra vivienda. Al
tiempo del otoño los zánganos, que nada han traído al panal, ni cera
ni miel, son conducidos fuera y despojados de sus alas, á fin de que
no vuelvan y consuman el alimento, que fue acumulado por los otros.
Estas y otras cosas, características en estos insectos, indican con
claridad que existe un influjo del mundo espiritual en el mundo
natural, ó sea un influjo de Dios en la Naturaleza, porque ¿quién
puede creer que estos animalitos tienen sus maravillosos instintos
de la Naturaleza y no de la Sabiduría Divina, que por medio del
mundo espiritual influye en ellos? Solo pueden creerlo los que,
negando á Dios y declarándose por la Naturaleza, han cerrado su
razón al influjo de la luz del cielo, sepultándose en las tinieblas
de los sentidos corporales.
Puedo añadir—dice Swedenborg—que en el mundo espiritual he visto á
individuos quienes por las cosas visibles de la Naturaleza se han
confirmado por la Naturaleza hasta el punto de volverse, ateos, y en
la luz espiritual su entendimiento parecía abierto por debajo y
cerrado por encima, á causa de haber mirado hacia abajo, á la
tierra, y no hacia arriba, al cielo. Encima de lo sensual, que es la
parte más inferior del entendimiento, había como una capa que ardía
en fuego infernal; en ciertos casos era negra como el hollín y en
otros lívida como un cadáver. Guárdense por lo tanto todos de
confirmarse por la Naturaleza y confírmense por Dios; medios y
materiales para esto no escasean.
VI
Si
Dios no fuera Uno el Universo no hubiera podido ser creado y
preservado.
12.
La Unidad de Dios puede inferirse de la creación del Universo,
porque el Universo es una obra que
adhiere
como uno, desde sus primeras hasta sus últimas cosas, y depende del
único Dios, de la misma manera que el cuerpo depende de su alma. El
Universo ha sido creado y formado de tal manera, que Dios puede
estar presente en todas sus partículas y tener toda partícula del
mismo bajo su Dirección, manteniéndolo así en conjunto perpetuamente
como un solo cuerpo, y de esta manera preservarlo. Por esto dice
Jehová Dios, que «El es el Primero y el Ultimo, el Principio y el
Fin, el Alfa y la Omega» (Isaías XLIV: 6—Apoc. I: 8; 17); y en otro
lugar, que «El lo hace todo; extiende solo los cielos y extiende la
tierra por Sí mismo» (Isaías XLIV: 24). El grande sistema, que
llamamos Universo, es una obra que
adhiere
como uno desde el principio hasta el fin, porque al crearlo tenía
Dios por objeto final el crear un cielo de ángeles de la raza
humana, y todas las cosas que componen la tierra, son medios para
alcanzar este fin, puesto que quien quiere el fin quiere asimismo
los medios, por lo cual el que mira al mundo como un conjunto de
medios para este fin, puede en el Universo creado ver una obra, que
adhiere
como uno, y puede ver, que el mundo es un complejo de usos en orden
sucesivo para la raza humana, de la cual proviene el cielo de los
ángeles. El Amor Divino no puede menos que anhelar é intentar la
eterna bienaventuranza de los hombres por virtud de Su propio Divino
y Su Divina Sabiduría no puede dejar de producir los medios
necesarios á la realización de este fin. Todo hombre sabio que mira
al Universo con esta idea general, puede comprender, que el Creador
del Universo es Único y que Su Esencia es Amor y Sabiduría, por cuya
razón no existe en todo el Universo cosa alguna que no encierre en
sí un uso más ó menos remoto para el hombre.
VII
El
hombre que no reconoce á Dios es
excomulgado
de la Iglesia y
condenado.
13.
La razón por la cual el hombre, que no reconoce á Dios, es
excomulgado
de la Iglesia y condenado es, que Dios es el todo de la Iglesia, y las cosas
Divinas, llamadas teológicas, constituyen la Iglesia, por lo cual
una negación de Dios es una negación de todo cuanto hay en la
Iglesia, y esta negación por sí sola
excomulga;
también condena, porque todo el que es
excomulgado
de la Iglesia es asimismo
excomulgado
del Cielo,
siendo así que la Iglesia en la tierra y el Cielo forman uno como lo
exterior y lo interior y como lo espiritual y lo natural en el
hombre; porque el hombre ha sido creado por Dios de tal manera que
puede estar en el mundo espiritual en cuanto á su interior, y en el
mundo natural en cuanto á su exterior. Así es, que ha sido creado
habitante de ambos mundos, á fin de que lo espiritual, que es del
cielo, pueda ser implantado en lo natural, que es del mundo, como,
la simiente es plantada en la tierra, y que de esta manera el hombre
pueda adquirir una existencia fija y perpetua. El que por negar á
Dios se ha
excomulgado
de la Iglesia y por consiguiente del Cielo, ha cerrado su hombre
interior en cuanto á la voluntad y por ello en cuanto á su amor
genial; porque la voluntad del hombre es el receptáculo de su amor y
su morada; mas no puede cerrar su hombre interior con respecto al
entendimiento, porque si pudiera hacer esto y lo hiciera, el hombre
no sería ya hombre. El amor de su voluntad infatúa sin embargo las
regiones superiores de su entendimiento con falsedades, á causa de
lo cual el entendimiento llega, por así decir, á cerrarse con
respecto á las verdades, que son de la fe, y con respecto á los
bienes, que son de la caridad, oponiéndose más y más á Dios y al
mismo tiempo á las cosas espirituales de la Iglesia, siendo así
excluido de la comunión de los ángeles del cielo, y cuando así es
excluido, entra en comunicación con los satanás del infierno y
piensa de acuerdo con ellos. Todos los satanás niegan á Dios y
piensan neciamente con respecto á Dios y á las cosas espirituales de
la Iglesia, y así hace también el hombre que se halla en comunión
con ellos, por mas que su hombre exterior puede hablar de otra
manera; porque todo hombre tiene un interior y un exterior, y su
interior constituye el verdadero hombre, llamado espíritu, y éste
vive después de la muerte, mientras que el exterior, por medio del
cual hace el hipócrita, muere y es sepultado en la tierra para nunca
más salir de su tumba; entonces, á causa de su negación de Dios, es
condenado. Todo hombre es, en cuanto á su espíritu, coasociado con
sus semejantes en el mundo espiritual y es como uno con ellos; á
menudo me ha sido dado ver, en sociedades, espíritus de personas,
que todavía vivían en el mundo, algunos en sociedades angelicales,
otros en sociedades infernales; me ha sido asimismo permitido
conversar con ellos durante días, y me he extrañado de que los
hombres, mientras viven en sus cuerpos, nada saben de todo esto. Así
resultó manifiesto, que cualquiera que niega á Dios, se halla ya
entre los condenados, y después de su muerte se reúne con sus
compañeros.
VIII
Con
los que no reconocen á un solo Dios, sino á más que uno, nada de la
Iglesia se adhiere.
14.
El hombre, que por la fe reconoce y en el corazón adora á un solo
Dios, se halla en la comunión de los Santos en la tierra y en la
comunión de los ángeles en los cielos; se les llama comuniones y lo
son; porque están en un solo Dios y un solo Dios está en ellos;
están asimismo en conjunción con todo el cielo de los ángeles y me
atrevo á decir, que tienen conjunción con todos y con cada uno allí;
porque todos son como hijos y descendientes de un mismo padre; sus
mentes, sus maneras y sus rostros son parecidos, de manera que se
conocen mutuamente. El cielo dé ángeles está arreglado en
sociedades, con arregló á todas las variedades del amor al bien,
cuyas variedades son derivaciones de un amor eminentemente
universal, que es el Amor á Dios; de este Amor han sido engendrados
todos cuantos por la fe reconocen y en él corazón adoran á un solo
Dios, el Creador del Universo y al mismo tiempo el Redentor y
Regenerador. Pero el caso es enteramente diferente con los que no se
acercan ni adoran á un solo Dios, sino á varios, y también con los
que profesan un solo Dios con los labios, mientras piensan tres,
como los de la iglesia actual que dividen á Dios en tres Personas,
declarando que cada Persona por sí es Dios y atribuyendo á cada una
cualidades y propiedades particulares, que no pertenecen á las otras
dos. De aquí resulta que en efecto es dividida no solamente la
Unidad de Dios, sino también la teología y asimismo la mente humana
en la cual debe residir. ¿Qué puede resultar de esto sino
perplejidad é incoherencia en todas las cosas de la Iglesia? Y tal
es en realidad el estado de la iglesia actualmente. La verdad es que
la división de Dios, ó de la Divina Esencia, en tres Personas, cada
una de las cuales es Dios, separadamente por sí, conduce á la
negación de Dios.
15. RECUERDO (a).
† Una vez vi á unos espíritus, que acababan de
llegar del mundo natural al mundo espiritual (b)‡.
Conversaban entre sí acerca de la Divinidad, que consta de tres
Personas desde la eternidad. Habían sido clérigos y uno de ellos
Obispo. Se acercaron y conversábamos breves momentos acerca del
mundo espiritual, el cual para ellos hasta entonces había sido
completamente desconocido. Luego les dije: «Os he oído hablar de
tres Divinas Personas desde eternidad y os ruego que tengáis á bien
explicarme este gran secreto, según el concepto que sobre ello os
habéis formado en el mundo natural, del cual acabáis de llegar.» El
Obispo, mirándome, me dijo: «Veo que eres un lego y quiero bien
manifestarte mis ideas acerca de este gran secreto para enseñarte:
Mis ideas han sido y son, que Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu
Santo están sentados en medio del cielo sobre altas y magníficas
sillas ó tronos. Dios Padre está sentado en un trono de oro fino,
con un cetro en la mano. Dios Hijo á su derecha, en un trono de
purísima plata, llevando sobre su cabeza una corona, y Dios Espíritu
Santo al lado de ellos, en un trono de limpio cristal, teniendo una
paloma en la mano. Alrededor de ellos hay un triple círculo de
lámparas suspendidas, resplandecientes por una multitud de piedras
preciosas, y lejos de este círculo se hallan una infinidad de
ángeles, que adoran y cantan alabanzas. El Padre está continuamente
conversando con su Hijo al sujeto de los que han de ser
justificados, y los dos resuelven entre sí, quiénes en la tierra son
dignos de ser elevados entre los ángeles del cielo y coronados con
vida eterna. Dios el Espíritu Santo, al oír pronunciar los nombres,
se apresura á ir al mundo á ellos, llevando consigo los dones de la
justificación, dándolos en fianza de la bienaventuranza á los que
han de ser justificados, y al momento que respira sobre ellos, aleja
de ellos los pecados, como un ventilador aleja el humo de una
estufa. Quita asimismo la dureza de sus corazones, haciéndolos
blandos como carne, renovando su espíritu y su mente, engendrándolos
de nuevo y dándoles la forma inocente de criaturas recién nacidas.
Finalmente estampa en su frente la señal de la cruz y les llama
«elegidos» y «hijos de Dios». Luego me dijo: «De esta manera he
explicado en el mundo este gran secreto. La mayoría de mis
compañeros clérigos han dado su asentimiento á estas mis
explicaciones y estoy seguro de que tú, que eres lego, también las
abrazarás con confianza.» Cuando el Obispo hubo terminado, miré
fijamente á los clérigos, que le acompañaban, y viendo que todos
daban su asentimiento le dije: «He reflexionado sobre lo que me has
manifestado con respecto á tu creencia y he venido á la conclusión,
de que la idea que te has formado y que apruebas con respecto á la
Divina Trinidad, es una idea completamente natural, sensual y hasta
material, de la cual necesariamente nace la idea de tres Dioses. ¿No
es pensar sensualmente de Dios Padre figurársele sentado en un trono
con un cetro en la mano y de Dios Hijo imaginárselo sentado en un
trono con una corona en su cabeza y del Espíritu Santo creerle
sentado en un trono con una paloma en la mano y que se lanza al
mundo después de haber oído la conversación de los dos? Y puesto que
vuestro concepto nace de estas ideas sensuales, no puedo dar crédito
a lo que has dicho. Desde mi infancia no he podido admitir en mi
mente otro concepto de Dios que el de un Dios Único, cuyo concepto
he retenido, retengo y guardo, por lo cual rechazo lo que tú acabas
de manifestar. El trono, en el cual, según las Escrituras, está'
sentado Jehová, comprendo significa su Reino, el cetro y la corona
su Gobierno y su Poder, el estar sentado á le derecha significa la
Omnipotencia Divina por medio de la Naturaleza Humana, y lo que se
dice con respecto al Espíritu Santo significa los efectos de la
Divina Omnipotencia. Admite ahora, si te place, este concepto de un
Dios único y si meditas, hallarás que es el verdadero. Decís sin
embargo que Dios es uno, puesto que de la esencia de los tres hacéis
una esencia indivisible; pero os oponéis á que se diga, que el único
Dios es una sola Persona, insistiendo en que sean tres, á fin de que
vuestro concepto de Dios, tal como lo tenéis interiormente, no sea
destruido. Atribuís también á cada Persona una cualidad
característica, diferente de las dos otras: ¿no dividís así al Ser
Divino? y siendo así ¿cómo podéis entonces pensar y decir que Dios
es Uno? Si á lo menos os limitaseis á decir que lo Divino es uno, no
os reprendería tanto, pero decís el Padre es Dios; el Hijo es Dios y
el Espíritu Santo es Dios; y cada Persona por sí es Dios. ¿Cómo
podéis entonces pensar que Dios es Uno? Es una evidente
contradicción que impide á cualquiera dar su aprobación y confianza.
Con esa idea no se puede decir un Solo Dios, sino á lo sumo igualdad
(de los seres Divinos). No se puede decir de varios individuos, que
juntos forman un gobierno, un senado, un congreso, que son una sola
persona, pero si cada uno de estos individuos opinan de idéntica
manera, se puede decir, que son unánimes. No se puede decir que tres
diamantes de una misma agua son un diamante, sino que son del mismo
género; no dejarían por lo demás de tener diferente valor según su
peso, lo cual no seria el caso si efectivamente fuesen un solo
diamante. Pero comprendo por qué insistís en que tres Divinas
Personas, cada una de las cuales es Dios, sin embargo deben formar
un solo Dios, y por qué habéis ordenado á los de vuestra iglesia el
decir así. La razón es que todo hombre con sentido común percibe y
comprende, que Dios es Uno, y ni siquiera vosotros podéis por
vergüenza decir otra cosa. Pero mientras decís uno pensáis tres, y
vuestra vergüenza no os impide confesar mentalmente otros dos
Dioses, y hasta lo pronunciáis.» Dicho esto se alejó el Obispo con
sus clérigos, mas volviéndose en el camino, quiso exclamar: «Hay un
Dios». No pudo sin embargo pronunciarlo; porque su pensamiento
retenía su lengua y en cambio exclamó finalmente con la boca muy
abierta. «Hay... tres Dioses.» Unos espíritus, que presenciaban esta
escena, prorrumpieron en una ruidosa carcajada y se fueron del
lugar.
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NOTAS
†
(a) Todo cuanto
Swedenborg enseña y expone en sus obras teológicas le fue
revelado por el Señor. Su vista interior, ó sea la de su
espíritu, fue abierta por el Señor, permitiéndole estar
conscientemente en el mundo espiritual, ver y oír, tratar y
hablar, con ángeles y con espíritus como un hombre con otros
hombres y estar al mismo tiempo en su cuerpo natural, en el
mundo natural. Desde que le fue abierta su vista espiritual
hasta su muerte, es decir, durante unos 27 años, estaba de
esta manera diariamente conversando y tratando con ángeles y
con espíritus, y todo lo que así vio y oyó en el mundo
espiritual anotó en un diario al cual llamó su diario
espiritual. En sus obras teológicas refiere varias escenas
del mundo espiritual bajo el titulo de «Memorabilia» ó
Recuerdos para ilustrar lo que en sus obras expone.
‡
(b) El
hombre consta del hombre exterior, que es su cuerpo natural
y el hombre interior, que es su cuerpo espiritual, el cual
tiene la misma forma que el exterior. El hombre interior es
el verdadero hombre. Cuando muere el cuerpo natural resucita
el espíritu seguidamente, entra conscientemente en el mundo
espiritual y continúa allí su existencia. |